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Israel se prepara para ir contra Hezbollah: radiografía de un grupo terrorista más poderoso de lo que se supone




Por Ignacio Montes de Oca

 

Israel avisó que una confrontación directa con Hezbollah es inevitable. Es tiempo de revisar el poderío de la organización sostenida por Irán y advertir que, en esta nueva fase de la Crisis de Medio Oriente, el riesgo de un derrame de la violencia se extiende a escala global. A diferencia de Hamas, Hezbollah cuenta con algunas ventajas militares considerables. La primera y más obvia es que no es posible cercar a sus fuerzas como se pudo hacer en el perímetro acotado de Gaza, rodeado por Israel, Egipto y el Mediterráneo. Este contraste es importante para el tiempo que demandaría una campaña. Es casi imposible cortar sus rutas de suministro que se extienden desde el sur de El Líbano a dos tercios de Siria, el sur Irak y todo el territorio iraní. Son 2,1 millones de km2 frente a los 360 km2 de Gaza.

Si Israel tiene el propósito de terminar con Hezbollah, debe adentrarse cientos de kilómetros para alcanzar rutas de suministro y bases de Hezbollah y los grupos y estados asociados que operan en suelo iraquí y de manera inevitable sobre el de Irán. Son cuatro estados en total. Esto trae una complicación política, porque ir contra el poderío de Hezbollah implica entrar en territorio de Siria y El Líbano con las implicaciones diplomáticas consecuentes y las reacciones que podría recoger Israel al ser calificado como estado invasor por los estados de la zona.

A su vez, Israel se ve obligado a terminar antes la campaña de Gaza en donde los lanzamientos de cohetes y combates contra Hamas demuestran que, incluso en las zonas que se suponía controladas, el grupo terrorista logró sobrevivir y continuar sus ataques. No puede hacer una tarea a medias.



Considerando que Hezbollah es otra franquicia del sistema terrorista sostenido por Irán, también es previsible que los hutíes renueven y amplíen los ataques contra Israel con misiles y contra el tráfico comercial en el Mar Rojo. Como se ve, son varios frentes simultáneos.

Veamos con cuánto poderío militar cuenta Hezbollah, advirtiendo que se trata de una milicia mucho más numerosa que la de Hamas, estimada en unos 38.000 combatientes como máximo al iniciarse el ataque e invasión a Israel el pasado 7 de octubre. Aquí hay otra diferencia clave. Hezbollah cuenta con un mínimo de 100.000 milicianos según las fuentes más conservadoras. Otras fuentes elevan esa cifra a los 130.000. En cualquier caso, implica una amenaza tres veces mayor que la que debe enfrentarse en la campaña de Gaza, que ya lleva 8 meses. Las fuerzas de Hezbollah se dividen entre un núcleo permanente de unos 25.000 soldados de sus cuerpos de élite con el mejor armamento, entrenamiento y experiencia en combate. Luego, hay un segundo nivel de 20.000 milicianos de capacidades y armamento regular. En el tercer nivel están las reservas formadas por grupos locales listos para sumarse a los batallones permanentes o para servir como apoyo a las fuerzas principales hasta totalizar los 100.000 hombres que su líder espiritual, Hassan Nasrallah, admitió movilizar en 2021. Pero en un eventual combate hay que sumar otras fuerzas a las que posee Hezbollah. Por ejemplo, unos 8.000 hombres de Hamas y la Jihad Islámica que operan fuera de Gaza y que, al responder también a Irán, deben considerarse como un refuerzo asegurado en caso de escalada. Hay que contabilizar al otro Hezbollah, el Kataeb Hezbollah de Iraq, con 30.00 combatientes, y a unas 60 facciones armadas de ese país, en su mayoría chiitas agrupadas bajo el patrocinio iraní bajo el paraguas de la Fuera de Movilización Popular que reúne a unos 100.000 milicianos. No es menor el aporte que podría llegar si los hutíes de Yemen, también cobijados en el Eje de la Resistencia armado por Irán, cumplen la promesa hecha en noviembre de 2023 de enviar un contingente a luchar contra Israel. Los hutíes movilizan en total unos 130.000 hombres.



No es sólo una cuestión de números, porque además Hezbollah cuenta con una fuerza blindada basada en un centenar de tanques T-90, T-72, T-62 y algunos viejos T-45/55, acompañada por una cantidad similar de transportes de tropas y unos pocos cañones autopropulsados. Hezbollah tiene su propia fuerza de defensa antiaérea con modelos tan avanzados como el SA-17 ruso. Sus sistemas demostraron cierta eficacia al derribar un F-16 en julio de 2006 y al menos a cuatro drones Hermes israelíes en lo que va del año 2024.

Esta capacidad se traslada a los sistemas antitanques. Hezbollah posee sistemas rusos Knonkurs y Kornet que demostraron su eficacia en el frente del Líbano, además de numerosas versiones del RPG y algunos TOW y Milan occidentales capturados o provistos por Irán. El arsenal incluye también diversos modelos de drones de procedencia iraní o desarrollados por los ingenieros del Hezbollah. Entre los modelos iraníes están los Ababil, Mohajer y Yasir. En total, se estima que podría desplegar una fuerza de drones cercana a los 2.000 ejemplares.



No debe menospreciarse la capacidad de los drones de Hezbollah que fueron capaces de colarse en la defensa israelí en varias oportunidades en semanas anteriores e incluso golpear a un lanzador y a radares del sistema Iron Dome, el núcleo de la defensa contra este tipo de aparatos. A diferencia de Hamas, Hezbollah también representa una amenaza a las fuerzas navales en el Mediterráneo, por la presencia de sistemas antibuque Ghadir y Khalij Fars de diseño iraní, con un alcance de 400 km, aunque es posible que hayan recibido la nueva versión de 700 km. Cuenta además con misiles de rango medio como los Khaibar 1 de 300 mm con un alcance de 100 km y dotados con ojivas de fragmentación, el Zelzal 1 de 610 mm, un alcance de 250 km y una cabeza explosiva de 600 kg o el Fateh 110 de 610 mm, que transporta una ojiva de 650 kg a 250 km.

Hezbollah tiene cerca de 150.000 cohetes y misiles balísticos. Incluye un arsenal de 45.000 a 50.000 cohetes con un alcance de hasta 45 km. Es un desafío para el Iron Dome y su capacidad para evitar ser saturado y contar con reservas suficientes para afrontar un ataque sostenido. El peligro mayor reside en la cantidad y la posibilidad de saturar las defensas israelíes, que ya han hecho un esfuerzo considerable desde octubre. Miles de lanzadores Tipo 63 chinos, Grad y Urugan rusos y Fajr 3 y Falaq 1 de diseño iraní esperan del otro lado de la frontera. Este es un factor importante porque, a menor distancia, menor es el tiempo que le lleva a un cohete o misil llegar a su objetivo, por lo que se acorta el lapso para detectarlo y derribarlo. Y Hamas aún continúa lanzando cohetes desde Gaza e Irán permanece como riesgo latente.



Para entenderlo mejor, durante el ataque del 13 de abril, los drones y misiles iraníes tardaban entre una y tres horas para llegar a Israel. Ahora esa demora se reduce a minutos o segundos, en algunos casos. Y la cantidad crea una ecuación compleja de resolver para el Iron Dome. El 13 de abril hubo tiempo para que incluso los aviones israelíes, occidentales y jordanos se desplegaran para sumarse a la caza de drones y misiles de crucero. Esta vez, Israel deberá restar de la fórmula a las capacidades ajenas por motivos políticos y de distancia.

Una campaña terrestre trae riesgos similares a los que se plantean en Gaza, porque Hezbollah copia las mismas tácticas de usar zonas y edificios civiles en donde opera sus medios militares. En Gaza, Hamas se esconde entre 2 millones. Hezbollah entre 14 millones. Una batalla en regiones urbanas plagadas de civiles y de recovecos o zonas de emboscada es una apuesta militar muy complicada, pero también lo es en el campo político. La reacción de los países de la zona y de los aliados de Israel ante el avance en Gaza no es auspiciosa.

Pero Irán, como ya lo hizo con Hamas, está atrayendo a Israel a un combate mediante el ataque constante desde las zonas urbanas y semiurbanas controladas por Hezbollah en países vecinos. Si la respuesta en Gaza afectó a Israel, un conflicto aun mayor podría repetir las condenas. En 1982 y en 2006 Israel entró en territorio libanés para ir contra Hezbollah. Fueron campañas cruentas con un alto número de bajas militares y civiles en ambos bandos. La experiencia indica que esta vez puede ser peor. Las incursiones anteriores no trajeron soluciones decisivas.



La guerra de 1982 movilizó 100.000 soldados israelíes. Finalizó un año después con 657 soldados muertos, 4.000 heridos y 40.000 libaneses muertos. La operación de 2008 causó 43 muertes israelíes y 1.500 heridos, además de 17.000 libaneses muertos. En lo que va del actual conflicto, Israel perdió más de 700 soldados, además de los 1.163 asesinados de octubre y los 130 secuestrados que siguen sin aparecer. Queda claro que la nueva fase de la guerra es mucho más costosa, incluyendo la cifra por develar de gazatíes muertos. Este conteo indica una cifra muy superior de bajas entra civiles y filas israelíes que en escaladas anteriores, incluso antes de avanzar hacia el norte y pueden tener un efecto interno imprevisible, más aun si se prevé una campaña aún más larga y violenta que la de Gaza.

Si las repercusiones de la acción de Hamas y la respuesta israelí fueron enormes, una confrontación que multiplique las bajas militares y civiles en ambos bandos podría enervar aún más los ánimos de los contendientes y profundizar las respuestas o incorporar nuevos actores. Si el número de bajas civiles en Gaza impactó negativamente sobre el gobierno y la reputación de Israel, un avance sobre Líbano y Siria tendrá un efecto político que se agregará a los que ya le afectaron tras la decisión de responder al 7 de octubre con una respuesta categórica.

No obstante, Israel está atrapado en una circunstancia que la obliga a tomar alguna clase de determinación respecto a la amenaza que representa Hezbollah. Desde octubre, el grupo terrorista lanzó más de 5.000 ataques con cohetes, drones y misiles contra territorio israelí. La amenaza de Hezbollah generó al menos 90.000 refugiados internos en Israel que debieron huir de sus casas en la zona norte. En un recorrido por estos ataques, hay por lo menos 60 muertos entre militares y civiles. Aún queda considerar el temor a otro 7 de octubre desde el norte.


La cuestión no solo es un dilema para Israel, sino que involucra a cualquiera que esté leyendo estas líneas sin importar el país donde habite, su religión, nacionalidad u opinión política. Empecemos a explicarlo a partir del nombre de una organización llamada “Al Quds”.

Al Quds es la rama de la Guardia Revolucionaria Islámica del régimen teocrático de Irán en el exterior. Hezbollah, por lo tanto, es uno de los tantos grupos que utilizan los ayatolas para expandir su revolución chiita en la región. Pero también, al resto del mundo. En 1992 y 1994, el Hezbollah, con la coordinación de la embajada iraní en Argentina, perpetró atentados contra la representación israelí en Buenos Aires y la mutual judía Amia con un saldo de 100 muertos y 600 heridos. Queda claro que Irán y Hezbollah son dos caras de una misma moneda.

Hezbollah se encuentra esparcida en cinco continentes y su potencial de daño va mucho más allá de las fuerzas que pudiera desplegar el norte de Israel. Repasemos algunos incidentes recientes para corroborar la dimensión de la amenaza que representa este grupo terrorista de Irán. Tomando solo los incidentes desde 2014 que involucran a Hezbollah fuera del área del conflicto, hay suficientes indicios. Por ejemplo, en Chipre, en donde una célula de seis integrantes fue detenida en septiembre de 2021 cuando planeaba el asesinado de 6 empresarios israelíes.

En Bulgaria, la justicia local condenó en septiembre de 2020 a un australiano y un canadiense de origen libanés que integraban un grupo organizado por Hezbollah por el ataque suicida en el aeropuerto de Sarafovo en 2012 en el que murieron 5 turistas israelíes.

En marzo de 2020 el ministerio del interior de Alemania publicó un dossier en el que reveló que Hezbollah estaba realizando desde 2014 actividades de reclutamiento en su territorio con el objetivo de realizar ataques terroristas en varios puntos de Europa.

En Irlanda se identificó una alianza pactada desde 2016 entre Hezbollah y el Cartel de Kinahan, el más poderoso grupo de crimen organizado local, para manejar el tráfico de droga sudamericana y lavar los activos logrados con su comercio. Esta pista conduce al continente americano.



Desde la década de 1990 se detectó el vínculo entre el cártel de Sinaloa y otros grupos de narcotraficantes mexicanos y Hezbollah a través del lavado de activos y el tráfico de armas y personas, incluyendo el uso de las rutas migratorias a EEUU para introducir a sus partidarios. Esas rutas fueron usadas para el ingreso ilegal de dos miembros de Hezbollah a EEUU con la complicidad del iraquí Shihab Ahmed Shihab, maniobra que fue detectada por una investigación iniciada en Columbus, Ohio, y que sirvió para reconstruir las rutas de contrabando humano.

El vínculo con la droga se repite con las FARC y los carteles colombianos. La influencia se extiende a Ecuador, en donde operan también grupos aliados del crimen organizado y hacia Venezuela y la alianza del gobierno chavista con Irán que facilita su presencia.

En enero de 2021, se desactivó en Colombia una célula del Hezbollah que preparaba un atentado contra un oficial de la embajada israelí en Bogotá con ayuda de miembros de la FARC en venganza por la muerte del jefe de Al Quds, Salem Soleimani.

En julio de 2019, el Departamento del Tesoro de EEUU reveló la presencia del dirigente del Hezbollah Salman el Reda en Chile para organizar ataques contra intereses israelíes y miembros de la comunidad judía local. El Reda participó de los ataques de 1992 y 1994 en Buenos Aires. Argentina fue advertida desde hace décadas de la presencia de Hezbollah en la triple frontera que comparte con Brasil y Paraguay, en donde se realizan actividades de lavado, financiamiento y reclutamiento, en la que participan prominentes hombres de negocios de los tres estados.


La presencia de Hezbollah fue detectada incluso en escenarios tan lejanos como Bahréin, en donde una redada ocurrida en agosto de 2021 permitió identificar y arrestar a 16 miembros del grupo terrorista. En una operación similar en 2018, arrestaron a 169 integrantes de Hezbollah.

En África, hay varios casos. Se puede citar el arresto en Uganda en julio de 2019 de Hussein Yassine, identificado como miembro del Hezbollah, en donde realizaba actividades de reclutamiento e identificación de posibles blancos estadounidenses e israelíes. Al año siguiente las autoridades de Costa de Marfil detuvieron al sheikh Ghaleb Khojok por liderar la “Red Z”, un grupo de Hezbollah dedicado al lavado de dinero y el enrolamiento de partidarios. Su predecesor, Abd Al Menhem Qubayasi había sido deportado por el mismo motivo.

Incluso China detectó actividades de lavado de Hezbollah en su territorio. En 2021, dos ciudadanos chinos fueron arrestados en Hong Kong luego que se detectaran actividades relacionadas con el financiamiento de Hezbollah y Al Quds a través de empresas iraníes. Siguiendo con el extremo oriente, encontramos el caso de un paquistaní detenido en 2019 en Tailandia luego que se descubriera su pertenencia a Hezbollah. Estos son solo algunos de los eventos recientes que indican la extensión de las actividades del grupo terrorista.

Es factible que, si Israel avanza contra Hezbollah en su frontera norte, haya una réplica mediante ataques en los rincones del mundo en donde opera, ya sea contra instalaciones o individuos israelíes o contra ciudadanos o instituciones judías o de países que colaboren con Israel.

En ese escenario y dado que Hezbollah es otro instrumento del Al Quds de Irán, es posible que allí donde haya una representación diplomática iraní exista una base operativa potencial para el grupo terrorista, protegida además con las inmunidades diplomáticas como cobertura. Es por eso que Hezbollah es mucho más que el desafío que representa Hamas, y su capacidad de daño y proyección son mucho más poderosas. No solo es un ejército formidable al norte de Israel, también puede extender sus tentáculos mucho más allá de Oriente Medio. El agravamiento de la situación en la zona y una casi segura ofensiva de Israel tiene el potencial de convertirse en un asunto de alcance global. Allí donde esté presente Irán o se haya detectado la presencia de Hezbollah, es un escenario en donde puede replicarse el conflicto.



Y por centrarnos en las capacidades de Hezbollah, dejamos de lado la participación eventual de los ejércitos sirios y libanés si Israel cruza la frontera. O la participación directa de Irán si se suma a la contienda en defensa de sus mastines. Dado que Israel anunció que irá por Hezbollah, es cuestión de tiempo para que los hechos se precipiten, con todas las consecuencias que fuimos evaluando. En esta pelea no hay espectadores porque en las tribunas también se esconden algunos de los contendientes.

La ferocidad del ataque del 7 de octubre, la determinación del gobierno de Israel a dar una respuesta contundente y el continuo ataque de Hezbollah hizo que una confrontación sea de momento inevitable. Esta nueva fase de la guerra que se avecina podría ser aún más descarnada.

La cantidad de furia y poder de fuego que se acumuló en ambos bandos prevé que atravesemos una etapa aún más violenta y costosa para todos los implicados que la anterior. Y que los involucrados sean mucho más numerosos en escenarios que hasta ahora eran ajenos. El poder de Israel es conocido. Ahora también sabemos hasta dónde llega el que se esconde detrás del nombre de Hezbollah. Como fuerzas tectónicas que se acumularon durante mucho tiempo, habrá que esperar el terremoto que podría dejar a la guerra en Gaza como un sismo menor.

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