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Obediencia sin lealtad - El vaso medio vacío

Por Hernán Martínez Soler


La verdad es que siempre sabes qué es lo correcto. Lo difícil es hacerlo

Norman Schwaczkopf


Ríos de tinta han corrido para ponerse de acuerdo sobre la obediencia en el ámbito militar, su alcance y significado. La definición de obediencia consiste en acatar y cumplir las órdenes, normas o instrucciones emitidas por una figura de autoridad o por el marco legal establecido. La obediencia es un comportamiento o acción situacional, simplificando una reacción (obedecer) a una acción (ordenar), aunque es algo más complicado. Thomas Hobbe dice que la obediencia es el resultado de un acto previo de sometimiento o acuerdo, obedecemos porque hemos aceptado una autoridad, damos legitimidad a quien ordena. John Locke manifiesta que la obediencia es moral solo cuando el poder es legítimo.

Cuando se obedece por miedo a las consecuencias de no hacerlo se trata de una obediencia por coacción, lo hago por la amenaza, para Immanuel Kant es una acción “conforme al deber” y no “por deber” y no tiene valor moral. Para Hanna Arendt, la obediencia ciega es profundamente inmoral. Por ejemplo, una orden claramente inmoral o ilegal, tal cual sería ejecutar a un prisionero o a civiles.

Vemos entonces que la obediencia no es un valor en sí misma, no es un valor moral absoluto, sino que se considera moral bajo ciertas premisas como la legitimidad de la autoridad o la conformidad con la razón. La obediencia no es pues una simple reacción inevitable sino una decisión por la cual el sujeto sique siendo responsable y está atravesada por la libertad y por el juicio racional.



La obediencia del militar, más bajo fuego, es una situación particular y extrema, no es una “obediencia normal”, el derecho, la filosofía y la ética se entrecruzan con gran intensidad.

La obediencia en este caso es un deber funcional, si se deliberara habría caos y más riesgo, esto se encuadra en el concepto de T. Hobbe donde la obediencia y el orden aseguran la supervivencia colectiva. Esta situación coaccional fuerte disminuye la libertad, pero no la elimina, el deber moral no desaparece y esto está en el concepto de I. Kant, donde obedecer órdenes no exime de responsabilidad.

Entra a tallar entonces otro concepto que es el de Lealtad, que a diferencia de la obediencia es algo emocional, una conexión o compromiso emocional sostenido basado en valores compartidos.

El ejemplo lo encontramos en el sitio de Zaragoza en 1808, donde el Mariscal de Napoleón Jean Lannes da la orden de atacar, las tropas francesas vacilan, ya que era una carnicería ante defensas de parapetos, murallas y trincheras. Las tropas no cumplen la orden, entonces Lannes toma una escalera y pronuncia la frase: “Les haré ver que antes que Mariscal he sido Granadero y aún lo soy” y avanzó. Sus soldados avergonzados lo siguen en el asalto. Las tropas no obedecen una orden abstracta de avanzar pues la consideraban irracional, pero por Lealtad a su jefe atacan aun a costa de sus vidas.



Más acá en el tiempo, el 14 de junio de 1982, el BIM 5 había agotado la munición. Su Jefe, el CF Robacio, reúne a sus jefes de compañía y les da órdenes para ejecutar un contrataque que no se lleva a cabo pues llega la noticia del cese del fuego. Tiempo después en una reunión de camaradería, Robacio les pregunta: “Cuando di la orden del contrataque vi sus caras, ¿ustedes que hubieran hecho?”, la respuesta fue: “Pensamos que estaba loco, pero hubiéramos cumplido la orden”.

Esto solo es posible por la lealtad que el comandante inspiraba en sus subordinados, los cuales a su vez sabían de la lealtad de su jefe hacia ellos. Una orden abstracta o proveniente de un comandante sin carisma, en dicha circunstancia hubiera sido por lo menos cuestionada.

La obediencia es el pilar fundamental de la vida militar, pero como dice el dicho, lo más importante en combate no es la fuerza física sino los quince centímetros que hay entre las orejas.



El mando no se mide por la orden sino por la conducta que inspira, la distancia entre ordenar y obedecer se recorre con el ejemplo. El subordinado a su vez no es un instrumento sino quien elige obedecer. Incluso bajo órdenes siempre hay margen -mínimo- de decisión, ya que la obediencia no elimina la responsabilidad, cumplir una orden no suprime el juicio, sino que lo pone a prueba.

En definitiva, la obediencia militar no puede entenderse como un fenómeno puramente mecánico ni unilateral. Desde el mando la autoridad no se limita a la emisión de la orden, sino que se consolida con el ejemplo, la legitimidad y la asunción de riesgo. Desde el subordinado, la obediencia implica una decisión que en toda circunstancia mantiene vigente su responsabilidad. Por eso el Derecho no admite la obediencia ciega, siempre existe en toda circunstancia un núcleo de juicio que impide ejecutar ordenes inmorales o manifiestamente ilegales.

Está en la conciencia de cada uno el obedecer, y tener la grandeza de que, si no se está de acuerdo dar el paso al costado, cumplir la orden bajo fuego o de no hacerlo asumir las consecuencias, aunque la razón nos asista.

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