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“Una empuñadura celeste y blanca” - Primera parte

“Una empuñadura celeste y blanca” - Primera parte


Por Luis Briatore*


La empuñadura que están observando pertenece a un Mirage argentino, protagonista estelar en la guerra por nuestras Islas Malvinas.

Por aquellos días, en los que certeros ataques se sucedían una y otra vez, fue tomada con fuerza por una vigorosa y decidida mano derecha de valientes pilotos gauchos que marcaron una profunda huella.

Con fiereza y sin titubeos, agarrada con toda la anatomía de la mencionada extremidad, mediante movimientos perfectamente sincronizados, condujo al rápido delta con destreza y valentía hacia el enemigo invasor.



La embestida fue extremadamente dura, pues frente a sus ojos, el piloto tenía a un poderoso Goliat de la guerra. Pero esta vez, el coraje y la convicción de defender a “La Patria” pudo más, luchando en contra de una diferencia tecnología pocas veces vista en la historia de la guerra moderna.

Con garra, valor, pero, sobre todo, con corazón, una muñeca activa logró una y otra vez vulnerar las defensas de lo que hasta ese momento se creía como inexpugnable.

Fue una batalla totalmente desigual y épica al mismo tiempo, no solo por los resultados, sino también, por el arrojo mostrado por nuestros soldados alados durante la dura contienda.

Muchos se preguntan al ver esta rudimentaria empuñadura:

¿Cómo esta pieza austera y de dimensiones insignificantes, puede ser acusada de causar tantos estragos en la poderosa flota inglesa?



Este pedazo de metal moldeado a la medida de la mano de un guerrero del aire fue el instrumento quirúrgico que permitió, mediante un mínimo esfuerzo físico, protagonizado por un fino dedo índice en primer término, y luego, por el vigoroso pulgar, lograr que los cañones zurcieran las superestructuras de los buques colonialistas, y, a posteriori, sin hacerse esperar, provocar que las bombas se incrustaran en el corazón de decenas de poderosos navíos de guerra británicos, causando daños nunca imaginados por un enemigo embriagado de arrogancia, el que se creía indestructible, y que, al mismo tiempo, desmotivado, desconocía porque realmente estaba luchando.

¡He aquí, el segundo gran interrogante!

¿Cómo el protagonismo de dos dedos pequeños hizo que una flota catalogada de invencible regresara al Reino Unido disminuida en número por numerosos hundimientos, y a la vez maltrecha, con sus enormes cascos grises severamente castigados, plagados de profundas y sangrantes heridas, a causa de un feroz combate? Daño propinado a la tercera potencia y pocas veces visto en la historia de las batallas aeronavales.



No es fácil de entender

Buscando el lado humano de esta hazaña, ante una respuesta nunca imaginada por el adversario, describiremos sensaciones de muchos momentos sublimes, los que permitirán poder encontrar una razón y la dimensión del valor que debemos otorgarles a los protagonistas, ante lo acontecido hace unas cuantas décadas atrás, de un hecho memorable, ocurrido en las gélidas y turbulentas aguas del Atlántico Sur.

Una empuñadura celeste y blanca

Empuñadura que, al momento de atacar, estaba empapada de un helado sudor guerrero, rodeada por un puño que se adosaba con fuerza al frio metal.

Empuñadura acariciada por la mano de un héroe que corría el riesgo de entregar su vida y dejar todo por una causa noble, la de defender a “La Patria”.

Empuñadura que percibía la enorme tensión y el miedo lógico de un caballero alado, ante un temerario ataque donde probablemente perdería la vida.

Empuñadura, rodeada por una mano decidida, la que sin titubeos, cumplió con el ¡Sí juro! Frase sagrada que, con un grito emitido desde un pecho bien inflado, el que se escuchó con fuerza aquel memorable 20 de junio (día en que se jura la bandera), quien sabe de qué año.

Empuñadura que, cuando un buque ocupaba todo el ancho de una anticuada mira, fue accionada una y otra vez, buscando justicia, por la recuperación de nuestro territorio insular, el que nunca debió dejar de ser celeste y blanco.

Para ponernos en situación de lo que vivieron estos próceres y valientes custodios de los cielos argentinos, asociaremos diferentes imágenes, que fueron seleccionadas de entre muchas.



Cada una es prueba de lo acontecido y, además, es un documento histórico celosamente guardado.

Tomas con imágenes que reflejan distintos pasajes de una cruenta guerra, llevada a cabo por diferentes próceres, nuestros guerreros del aire.

Al observar este material fotográfico con tanto peso simbólico para los argentinos, buscaremos trasladarnos con la mente a los tiempos en que se ejecutaron estos mortíferos ataques, los que hicieron mella en el corazón de la flota enemiga.

Nos ubicaremos con la imaginación dentro de la pequeña cabina de un Mirage. Intentaremos imaginar lo vivido por cada patriota en esos pocos segundos de gloria, donde se jugaron la vida por nosotros y por “La Patria”.

¡En unos días, disfrutaremos el desenlace de esta impactante historia!




* Luis Alberto Briatore nació en la ciudad de San Fernando (Buenos Aires) en el año 1960.

Egresó como Alférez y Aviador militar de la Escuela de Aviación de la Fuerza Aérea Argentina en 1981 (Promoción XLVII) y como Piloto de Combate de la Escuela de Caza en 1982. Fue Instructor de vuelo en la Escuela de Caza y en aviones Mirage y T-33 Silver Star (Bolivia).

A lo largo de su carrera en la Fuerza Aérea Argentina tripuló entrenadores Mentor B45 y MS-760 Paris, aviones de combate F-86F Sabre, Mirage IIIC, IIIEA y 5A Mara ocupando distintos cargos operativos, tales como Jefe de Escuadrón Instrucción X (Mirage 5 Mara/Mirage biplazas) en la VI Brigada Aérea y Jefe del Grupo 3 de Ataque en la III Brigada Aérea.

En el extranjero voló Mirage IIIEE como Jefe de Escuadrilla e Instructor en el Ala 111 del Ejército del Aire (Valencia, España) y T-33 Silver Star como Instructor de Vuelo en el Grupo Aéreo de Caza 32 y Asesor Académico en el Colegio Militar de Aviación en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia).

Su experiencia de vuelo incluye 3.300 horas de vuelo en reactores y 200 horas en aviones convencionales.

Es también Licenciado en Sistemas Aéreos y Aeroespaciales del Instituto Universitario Aeronáutico (Córdoba, Argentina) y Master en Dirección de Empresas de la Universidad del Salvador.

Tras su pase a retiro en el año 2014, se dedicó a la Instrucción en aviones convencionales PA-11 Cub y PA-12 Super Cub en el Aeroclub Tandil (Buenos Aires) y el Aeroclub Isla de Ibicuy (Entre Ríos) y en el año 2018 se empleó como Piloto de LJ-60 XR – operando desde Aeroparque Jorge Newbery.



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