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Una visión holística de los problemas, necesidades y lecciones aprendidas de la tragedia climática de Rio Grande do Sul

Más de 145 muertos, 132 desaparecidos y más de dos millones de afectados en la mayor catástrofe natural jamás registrada en la historia de Rio Grande do Sul movilizaron un grupo de trabajo sin precedentes de la población brasileña a favor del envío de ayuda humanitaria y voluntarios que se desplazaron desde diferentes ubicaciones para apoyar a toda la población afectada.

Hablemos un poco de los motivos que llevaron a este escenario catastrófico que afectó a 441 de los 497 municipios de Rio Grande do Sul, obligando a 340 mil personas a abandonar sus hogares y a 71 mil sin hogar.

El evento meteorológico es la suma de una intensa corriente de viento que trae inestabilidad al sur de Brasil, sumada a una ola de calor formada en el centro-oeste y sureste, la humedad traída desde el Amazonas y el aumento de la humedad resultante de las acciones de El Niño que potenciaron los efectos que trajo una acumulación que superó los 600mm de lluvia en cuestión de 10 días.

Las inundaciones provocaron daños como colapso de puentes, bloqueo de carreteras por deslizamientos de tierra, dejando algunas ciudades completamente aisladas, sin electricidad, sin comunicación y sin agua por la rotura de tuberías.

En la capital de Porto Alegre y sus alrededores, el río Guaíba alcanzó un nivel de 5,3 metros, dejando bajo el agua ciudades vecinas como Canoas, donde se ubica una base aérea de la FAB.

 

Un problema histórico

No es la primera vez que un volumen de agua de proporciones colosales llega al estado. En 1941, el mismo río Guaíba alcanzó un nivel de 4,76 m en sólo 10 días de lluvia con un agua acumulada de 791 mm registrada en todo Rio Grande do Sul, en el mismo mes de mayo.

En septiembre de 1967, las lluvias provocaron que el río creciera hasta los 3,13 m y, a partir de entonces, se construyó un sistema anti inundaciones alrededor de la ciudad.

El sistema cuenta con un muro de hormigón armado de 2,65 kilómetros de longitud en la Avenida Mauá, 14 puertas de acero, 23 casas de bombeo y 68 kilómetros de diques, lo que daría a la ciudad protección contra inundaciones incluso si el Guaíba alcanzara un nivel de seis metros. Sin embargo, el descuido en términos de mantenimiento y actualización inutilizó el sistema.

 



Abandono y falta de preparación ante las emergencias

El sistema anti inundaciones tenía algunas bombas inoperativas, puertas con desperfectos, motores robados y huecos entre la puerta y la pared de hasta 10cm.

Lo que para los años 70, cuando fue diseñado, tenía buenas dimensiones, ahora necesitaba actualización tecnológica, refuerzos estructurales y nuevas obras de ampliación y protección. Hace 25 años, decenas de estudios e informes ya indicaban que podría ocurrir una posible tragedia. El caos era seguro, pero no sabíamos cuándo sucedería.

La falta de previsibilidad de las alertas, los “apagones” de información en momentos críticos, el desconocimiento de la población sobre la situación real de las zonas de riesgo en las que se encontraban y la falta de comunicación en tiempo real cambiaron la percepción de los habitantes de varias ciudades en Rio Grande do Sul que no pudieron ver el riesgo que corrían y la proximidad de la tragedia. Los expertos mencionan la necesidad de contar con más puntos de medición del volumen de agua, tanto electrónicos como manuales en caso de corte de energía e internet para la transmisión de datos.

Con información errónea, en las ciudades rurales, muchos se fueron a dormir sin preocuparse y se despertaron encontrando que el agua invadía sus hogares.

Tampoco hay preparación por parte de la población, por parte de las autoridades, de sirenas de alerta, sobre procedimientos de evacuación, rutas de escape, sobre qué tipo de pertenencias llevar ante una situación como la que se vive en el estado, las precauciones a tomar y cómo actuar después de la evacuación.

Según los expertos, las lluvias más intensas serán más frecuentes y es necesario que exista un plan específico para cada ciudad, según su geografía y ubicación en el estado, para proceder de la mejor manera. Se deben estudiar caso por caso las obras de estructura, prevención y recuperación en zonas nativas, así como equipar adecuadamente los servicios de defensa civil que adolecen de falta de capacitación y equipamiento, incluyendo embarcaciones, chalecos, radios de comunicación, combustible y otros.

 

Junto a la tragedia llegó la movilización a nivel nacional que ha recolectado todo tipo de insumos para ayudar a las personas afectadas, desde alimentos hasta ropa.

Entender dónde se concentran estos puntos de distribución, qué hay en cada uno de ellos y cómo distribuir de la forma más adecuada según las necesidades de cada región es muy importante para que la ayuda pueda llegar a todos los necesitados.

Otro problema que también aparece en la gestión de los recursos humanos que se movilizan para trabajar en el Estado es que, a pesar de ser numerosos y que personas y empresarios aportan sus propios recursos como barcos y motos de agua, no parece haber una coordinación unificada para explorar de manera más eficiente las acciones de miles de héroes anónimos, lo que podría acelerar el trabajo.


Seguridad Pública

A pesar de toda la corriente de solidaridad, hay quienes buscan el mayor beneficio posible a costa del dolor de la mayoría. La seguridad pública también se ve amenazada por la tragedia con las acciones de “piratas” que aprovechan la situación de vulnerabilidad de las casas y negocios abandonados para llevar a cabo saqueos, robos, y lamentablemente, incluso, violaciones. El escenario inestable ha obstaculizado el trabajo en su conjunto y ha disuadido a la gente de abandonar sus hogares en lugares peligrosos por miedo a los delincuentes.

Se están contratando empresas de seguridad privada para brindar protección contra este tipo de delitos, segmento de negocio que ha crecido en todo el Estado.

 

Pérdidas por incompetencia pública

De 1991 a 2022, más de 3.900 personas murieron por cuestiones climáticas en el país, ya sea en inundaciones, vendavales y otros, mientras que casi 17 millones resultaron afectados por estos eventos. Los daños materiales superan los 5 mil millones de dólares y hoy hay casi 8,5 millones de personas expuestas a este tipo de eventos en el país.

Aunque las inversiones en tecnología son costosas, se estima que gastar en prevención cuesta 14 veces menos que en reconstrucción.

 

 

 

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