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Argentina y los ejercicios combinados: una necesidad no comprendida desde la política

Por Santiago Rivas


Cada año, las Fuerzas Armadas Argentinas precisan de una ley del Congreso que autorice la entrada y salida de tropas, debido a que, según el Artículo 75 de la Constitución Nacional, en su inciso 28, corresponde al Congreso Nacional “permitir la introducción de tropas extranjeras en el territorio de la Nación, y la salida de las fuerzas nacionales fuera de él”, lo cual el congreso habilita año a año en función de los ejercicios ya planificados por cada fuerza. La falta de interés desde los legisladores por la defensa, así como la falta de políticas de defensa ha llevado a que en muchos años esta aprobación se dé con demasiado retraso o directamente no se haga, simplemente porque una o ambas cámaras no le dieron la importancia necesaria para tratar el tema a tiempo.

Este año, el retraso en la ley, que fue finalmente sancionada el pasado 15 de septiembre, luego de que la Cámara de Diputados tarde más de un mes en tratarla (el Senado la había aprobado el 10 de agosto), llevó a que la Armada Argentina no pueda participar en el Ejercicio UNITAS, que comenzó en Brasil el 10 de septiembre y es la mayor ejercitación naval que se realiza en aguas de América del Sur.

Si bien desde el Ministerio de Defensa se restó importancia a la demora en la sanción de la ley, indicándose que ya se había tomado la decisión de no participar debido a que habría un buque de la Armada Británica, fuentes de la Armada Argentina confirmaron que la fuerza sí tenía previsto tomar parte hasta hace pocos días, que conocían de la participación de la Armada Británica (esto era conocido desde las primeras reuniones de planificación del ejercicio, hace varios meses) y que fue la falta de la ley lo que realmente impidió que se participe del ejercicio.


Aviones Mirage de Chile, Francia, Argentina y Brasil en la primera edición del Ejercicio Cruzex, en 2002. Argentina solo pudo participar hasta el año 2006. Foto: Santiago Rivas

Es importante destacar que el buque británico participante del ejercicio es el patrullero HMS Forth, de escasa capacidad militar, y que la Argentina, desde la guerra de Malvinas, no solo ha participado en muchos otros ejercicios donde también participaron fuerzas británicas (incluso en noviembre de 1999 realizó un ejercicio combinado con ellas, llamado Millenium), sino que operan junto a ellas en la Misión de Paz en Chipre y durante varios años se realizaron distintos tipos de intercambios entre oficiales de las fuerzas de ambos países, sin que eso haya afectado el reclamo argentino por Malvinas.

La participación de dos naciones con disputas o intereses antagónicos es algo regular en grandes ejercicios combinados, como ha sido, por ejemplo, la participación de Estados Unidos y Venezuela en varios ejercicios Cruzex en Brasil, o la participación de China en los ejercicios RIMPAC de Estados Unidos en los años 2014 y 2016.

Sin embargo, lo preocupante no son las excusas relacionadas al UNITAS, sino la poca importancia que el congreso y el Poder Ejecutivo dan a los ejercicios combinados con fuerzas de otros países y el efecto perjudicial que eso tiene para el desarrollo de la defensa.

La demora del congreso en sancionar esta ley ya ha generado en el pasado que, por ejemplo, la Armada Argentina tampoco haya participado en el UNITAS en 2021 o que la Fuerza Aérea Argentina no haya participado en las ediciones de 2008, 2010, 2013 y 2018 del Ejercicio Cruzex, el más importante de la aviación latinoamericana (solo pudo participar en las ediciones 2002, 2004 y 2006).


Salida de la Base Naval Mar del Plata del buque sudafricano SAS Drakensberg tras participar del Ejercicio Atlasur I en 1992. Estos ejercicios permitieron tomar contacto con una fuerza que hasta entonces casi no se conocía, pero con intereses complementarios a los argentinos en el Atlántico Sur. Foto: Santiago Rivas.

¿Por qué los ejercicios son importantes?

A diferencia de las ejercitaciones que puede hacer una fuerza, donde se pone en práctica el entrenamiento, la doctrina y la formación, o los ejercicios conjuntos, en donde además se mejora la interoperabilidad entre las fuerzas de un país, los ejercicios combinados ofrecen muchos otros beneficios.

En primer lugar, permiten estrechar los lazos con fuerzas amigas o aliadas, mejorando la confianza mutua y el conocimiento con el personal de fuerzas con las que en un futuro se puede tener que operar de manera combinada o con quienes ya se realiza algún tipo de operación. También permiten iniciar relaciones con fuerzas de países distantes, como ha ocurrido con los ejercicios Atlasur iniciados ya a comienzos de los años ’90 con Sudáfrica (además de Brasil y Uruguay).

Permiten mejorar los métodos de trabajo entre los distintos países, empleando lenguajes comunes y aprendiendo a trabajar de forma combinada.

Por otro lado, hacen posible aprender a trabajar en fuerzas de mayor tamaño, en misiones mucho más complejas que las que se pueden ejercitar si solo se trabaja con las fuerzas propias. Como ejemplo, en el Ejercicio Cruzex 2018, en el que participaban más de cien aeronaves en cada misión, en uno de los días la tarea de Mision Commander estuvo a cargo de un oficial de la Fuerza Aérea Uruguaya. A pesar de ser una fuerza muy pequeña, que no llega nunca a operar ni siquiera la mitad de las aeronaves que volaban ese día, su participación constante en el Cruzex, desde el año 2004, además de otros ejercicios multilaterales como el Salitre y el Ceibo y otros bilaterales con Argentina y Brasil, permitió que los oficiales de la FAU puedan cumplir la misión con éxito, comandando la operación de, entre otros, los F-16 de la USAF.

Esta complejidad también se da por trabajar con medios distintos a los conocidos, con fuerzas que tienen doctrinas distintas, idiomas distintos y culturas distintas.

Para países con capacidades sumamente limitadas con el caso de la Argentina y sin haber participado en conflictos de última generación, el poder ejercitarse con fuerzas de las grandes potencias, como los países de la OTAN, da la posibilidad de poder asimilar algunos de los aprendizajes que estos han tenido a lo largo de diferentes conflictos, permitiendo actualizar la doctrina propia, la asimilación de nuevos conceptos e ideas por parte del personal, que puedan luego replicar en las propias fuerzas, difundiendo esos conocimientos al resto.


Participantes del Cruzex 2013, en donde la Argentina debió cancelar a último momento su participación debido a que el congreso no trató la ley de salida de tropas. En ese ejercicio participaron F-16 estadounidenses y venezolanos. Las diferencias entre ambos países no impidieron su participación. Foto: Santiago Rivas.

Permite tener un contacto con las últimas tecnologías, saber cómo se usan, para qué sirven, si son adaptables a la realidad y las necesidades locales. Como ejemplo, hablando con un piloto de Kfir de la Fuerza Aérea Colombiana que participó en dos ediciones del Ejercicio Red Flag en Estados Unidos, me describía la capacidad de procesamiento de información (gracias a su computadora de misión y el datalink) que tiene el F-35 Lightning II y la capacidad de trabajar en red con otras plataformas, que pudo conocer en buena medida cuando le tocó operar en un mismo entorno con ellos durante estos ejercicios y ver la ventaja que sus pilotos tenían gracias a esa capacidad, que les permitía tener una conciencia situacional inigualable y así poder tomar mejores decisiones. Esto les hizo ver a los colombianos en primera mano no solo el nivel de desarrollo de la aviación de combate estadounidense, sino la importancia que tiene la llamada Network-centric Warfare y poder pensar su futura aviación de combate desde esa óptica, adaptándola a sus posibilidades locales.


El 9 de octubre de 1965 durante el Unitas VI, los USS John Willis y USS Van Voorhis navegan detrás del USS Norfolk frente a las costas argentinas.

Una oportunidad para aprender

Es preciso entender que unas Fuerzas Armadas no se hacen solo con equipamiento, sino con la capacidad de su personal, que se logra a través de su formación constante, y el conocimiento en defensa no es tan fácil de adquirir si se quiere seguir el ritmo del desarrollo de la defensa mundial. La tecnología de defensa avanza no solo a un ritmo muy acelerado, sino que existe una enorme brecha entre las grandes potencias y los países de segundo y tercer orden, que se agranda cada vez más y donde el conocimiento es uno de los factores que más puede hacer la diferencia.

La falta de recursos para construir unas Fuerzas Armadas bien equipadas, como ocurre con todos los países de América Latina, puede contrarrestarse en cierta medida con un uso más eficiente de lo que se tiene, a través de la aplicación del conocimiento, que debe partir de comprender de las capacidades del oponente y sus tecnologías para poder contrarrestarlas.

Así, los ejercicios combinados son una oportunidad única para aprender qué hace el mundo, qué hacen nuestros aliados y cómo se opera en ambientes complejos.

Estar aislado, sin participar en ejercitaciones con otros países, lleva a mantener doctrinas anticuadas y con poca certeza de su utilidad, así como a la incapacidad de poder determinar con eficiencia qué equipamientos se ajustarán adecuadamente a las necesidades que puedan surgir en un conflicto armado.

La Guerra en Ucrania y el pobrísimo desempeño del aparato militar ruso es una muestra cabal de lo que sucede cuando una fuerza participa poco y nada en ejercicios combinados con otras fuerzas de primer orden. Su doctrina y la formación de su personal, así como su equipamiento, se vuelven obsoletos, las fuerzas son incapaces de comprender sus fortalezas y sus debilidades, haciendo que el uso de su maquinaria bélica sea deficiente, llevando a victorias costosas o amargas derrotas.


El ARA Almirante Brown de la Armada Argentina en el Unitas LII, junto a una fragata brasileña y un buque del US Coast Guard.

¿Qué hacer?

El Congreso Nacional y el Poder Ejecutivo deberían comprender la importancia de facilitar la realización de ejercicios combinados, adaptando el marco legal para hacer más fácil el proceso y priorizando la sanción de las leyes que permitan estas actividades. El Artículo 75 de la Constitución no es específico en que esa autorización por parte del congreso deba ser por un período determinado, lo que permitiría, por ejemplo, que se sancione una ley donde el congreso autorice de manera permanente la salida o ingreso de tropas solo con fines de adiestramiento e instrucción, mientras que se deba definir caso por caso cuando se trate de operaciones dentro del marco de la ONU u otro organismo internacional en misiones de mantenimiento de la paz o en situaciones de conflicto.

Además de ello, sobre todo, ambos poderes deben comprender que la recuperación de las capacidades de defensa son algo fundamental para el desarrollo del país y actuar en ese sentido, con medidas concretas y claras, que vayan más allá de lo discursivo y que permitan generar efectos reales. Facilitar la realización de ejercicios combinados es una de ellas.



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