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Crónicas desde Ucrania - 10° parte y final: Lecciones que deja la guerra

 

A un mes de mi viaje a Ucrania escribo este último artículo en el que trataré de resumir los aprendizajes sobre cómo este país está llevando adelante su resistencia contra la invasión rusa. En los once días en que estuve recorriendo el país puede no solo aprender sobre cómo están haciendo la guerra, sino también de sus costumbres y la manera en que la sociedad en general lleva adelante la situación, donde por un lado hay acostumbramiento, pero también hartazgo, aunque eso no implica que se acepte la posibilidad de entregarle nada a Rusia. En general toda la gente con la que hablé explica que quieren que la guerra termine cuanto antes, pero también afirman que no están dispuestos a aceptar que se cedan territorios o se haga lugar a las demandas rusas que apuntan a una Ucrania debilitada, que le permita a Rusia volver a invadirla una vez que se recupere de la enorme pérdida de hombres y material que están teniendo.

Monumento al Holodomor, la hambruna provocada por Stalin en Ucrania en los años 30.
Monumento al Holodomor, la hambruna provocada por Stalin en Ucrania en los años 30.

En Kyiv la vida en esos días estaba relativamente normal, aunque los cortes de electricidad se daban de manera constante y en los días en que estuve tuve un promedio de dos por día, con una duración de unas cuatro horas cada uno, aunque en los últimos días fueron más largos, llegando a tener la mayor parte del día sin electricidad. Sin embargo, la situación empeoró desde entonces, con el inicio de la actual ola de ataques masivos que apuntan sobre todo a la infraestructura energética, los cuales comenzaron el 26 de diciembre, en momentos en que yo dejaba Kyiv en tren rumbo a Varsovia. Rusia sigue apuntando a la población civil con el objetivo de doblegarla, aunque solo ha logrado hacerla más resiliente y defender más la decisión del gobierno de seguir resistiendo, ya que los ataques rusos solo les están dando una pequeña muestra de lo que les espera si dejan que Rusia gane. Las historias que llegan de los territorios ocupados hacen el resto. La sociedad ucraniana sufre, pero saben que la opción a resistir es mucho peor. Y ya la historia les muestra de lo que son capaces los rusos contra ellos, como recuerda el museo y monumento al Holodomor en el centro de Kyiv.


Memorial a los caídos, ubicado en la plaza Maidan en el centro de Kyiv, entre ellos, combatientes de Argentina, México, Brasil y Colombia. Los colombianos componen el mayor grupo entre los latinoamericanos combatiendo en Ucrania.


Las alarmas de ataque aéreo suenan casi todos los días durante mi estadía, pero la gente ya casi no va a los refugios, prefiere seguir su vida normal y esperar que esa vez no le toque. En general, el efecto de los drones Shahed, Geran y Gerbera es limitado, aunque en cada ataque hay al menos varios heridos y muchas veces hay muertos. Las defensas antiaéreas logran derribar entre el 80 y el 90 % de los drones, pero con ataques de más de 500 por día, eso implica que una gran cantidad igualmente logran golpear algo. Con los misiles la tasa de derribo es mucho menor y su poder destructivo es mucho más grande, pero Rusia ahora no tiene capacidad para lanzar de a cientos. Los dos bandos siguen innovando en esta parte de la guerra, con Rusia mejorando sus drones para aumentar el alcance, la carga útil y la velocidad (adoptando motores a reacción en algunos casos), así como su resistencia a las interferencias e incluso habiendo montado misiles aire-aire en algunos Geran con el objetivo de derribar a los helicópteros y aviones usados para interceptarlos. Ucrania, por su parte, además de las defensas de misiles y armas de tubo, ha sumado el uso de todo tipo de aeronaves, pero también drones interceptores, que han incrementado su eficacia.


Por todo Kyiv se ven defensas antitanque, hoy en casi todos los casos colocadas al costado de la calle, que recuerdan a cuando las tropas rusas casi logran ingresar en la ciudad en febrero de 2022.
Por todo Kyiv se ven defensas antitanque, hoy en casi todos los casos colocadas al costado de la calle, que recuerdan a cuando las tropas rusas casi logran ingresar en la ciudad en febrero de 2022.

Algo que puede resultar llamativo para quien siga la guerra desde afuera es que, a pesar de los ataques y los cortes de electricidad, la gente en Kyiv intenta mantener una vida normal todo lo que pueda, con restaurantes y bares concurridos, incluso veo bastante gente en un parque de diversiones armado en una plaza, con pista de patinaje sobre hielo incluida. Incluso en Navidad, el 24 de diciembre por la tarde veo muchos negocios llenos de gente comprando regalos e incluso visitando una librería encuentro a un grupo de chicos disfrazados que hacen una representación teatral navideña llamada Vertep por todo el local, una tradición ucraniana que combina escenas del nacimiento de Cristo con otras satíricas y que normalmente hacen casa por casa pidiendo regalos a cambio. Es una tradición local que tiene más de 400 años y, como muchas otras, ha revivido en estos tiempos en que los ucranianos han reforzado como nunca su identidad. Por la noche, el dueño de una de las empresas de sistemas antidrones me invita a pasar la Nochebuena en un restaurante junto a su novia y un soldado británico que combate en Ucrania desde 2016, conociendo más sobre la cultura local, con sus comidas típicas, y hablando también sobre la realidad en el frente. El restaurante está lleno de familias y el ambiente parece el de cualquier otra ciudad en Navidad. Sin embargo, en la madrugada, luego de ir a dormir, una vez más suenan las alarmas de bombardeo, aunque ya se ha vuelto parte de la rutina.

 

Edificio con daños en el centro de Kyiv, cerca de la estación central de trenes.
Edificio con daños en el centro de Kyiv, cerca de la estación central de trenes.

Lecciones

Cuando me voy de Kyiv, en un viaje largo en tren que dura toda la noche, hasta llegar a Varsovia, poco a poco voy empezando a analizar todo lo aprendido, viendo de cerca una guerra que plantea una revolución tecnológica y doctrinaria tal vez tan grande como la Segunda Guerra Mundial, donde los drones, si bien ya llevan muchos años en el frente de batalla, ahora por primera vez en un conflicto a gran escala se han vuelto el eje central y muestran un futuro donde muy posiblemente todo lo que se enfrente en la primera línea, al menos en una primera fase de cualquier combate, sea no tripulado.

Hoy vemos ya operaciones realizadas por drones terrestres con apoyo de drones aéreos, y lo mismo vemos en el mar. Los blindados y tanques, aunque no han desaparecido, hoy juegan un rol secundario frente a los drones, ya que han demostrado ser sumamente vulnerables ante un arma que reúne dos conceptos en uno: el de masa y el de precisión.

A partir de la Segunda Guerra Mundial occidente fue cambiando el foco de sus operaciones militares para pasar de la masa (el empleo masivo de medios para lograr una ventaja abrumadora sobre el adversario) al de precisión, llevado al máximo en el concepto de Operaciones Basadas en Efectos, en donde el foco no está en qué se hace contra el adversario, sino en el efecto que se logra. Sin embargo, la precisión es cara y eso lleva a que sea difícil sostener operaciones precisas a gran escala en el tiempo. Ya Estados Unidos lo vivió durante la ocupación de Irak, en donde tuvieron serios problemas para mantener sus stocks de armamento de precisión. Esto hace que la mayoría de las naciones piense en guerras limitadas, ya que su capacidad de sostener operaciones a gran escala durante un largo período de tiempo, y además hacerlo con precisión, es algo imposible para casi todos los países.


Feria navideña en el centro de Kyiv.
Feria navideña en el centro de Kyiv.

La guerra en Ucrania y el uso de drones de muy bajo costo con una enorme precisión ha cambiado totalmente este escenario, permitiendo generar el concepto de masa precisa, en donde un país que no es sumamente rico ni tenía una gran industria de defensa puede sostener operaciones con armamento de precisión a gran escala como es el frente en Ucrania, que tiene unos 1200 kilómetros de largo, durante un período largo de tiempo (los casi cuatro años que lleva la guerra). El secreto ha sido la capacidad de generar drones muy económicos, en muchos casos con valores en el orden de los 1000 dólares, producirlos con impresoras 3D en pequeños talleres, generando un entramado industrial muy resiliente, logrando una enorme precisión, tanto para el empleo táctico como estratégico.

Hasta ahora, casi todas las armas disruptivas que emergieron desde la Segunda Guerra Mundial tenían un costo muy alto para ser producidas y solo países con un alto grado de industrialización podían producirlas, como es el caso de los aviones de combate a reacción, misiles y bombas guiadas. Esto hizo que muchas solo fueran adoptadas por un puñado de países, como los submarinos nucleares, aviones de baja firma radar (stealth) o misiles de crucero, o que los países con menos posibilidades las adopten, pero en pequeñas cantidades (como suele ser en el caso de los misiles antibuque y antitanque o kits de guiados para bombas).


Entrega de drones a las Fuerzas Armadas Ucranianas.
Entrega de drones a las Fuerzas Armadas Ucranianas.

En Ucrania aún no se emplean drones para alcanzar superioridad aérea y la guerra aérea no ha alcanzado niveles de empleo de medios que generen un cambio significativo en las condiciones de la guerra en tierra, pero sí los drones ya han demostrado ser decisivos tanto en la guerra terrestre como marítima.

En el mar, los drones demostraron ser extremadamente efectivos para lograr lo que se conoce como Anti-Access / Area Denial, cuyo objetivo es negar el acceso o el uso de un espacio marítimo al adversario. Ucrania, empleando solamente drones que cuestan como mucho algunos cientos de miles de dólares, logró negarle a Rusia el uso de todo el Mar Negro, llegando al punto de que los buques rusos ni siquiera están seguros en sus bases, aún cuando puertos como Novorosiisk están a unos 600 kilómetros de las costas más cercanas en poder de Ucrania.

Los ucranianos se aseguraron una victoria completa en el mar, aun sin emplear buques de guerra ni submarinos ni aviones con capacidad antibuque.

Trasladado a América Latina, esto plantea un dilema, pero también una oportunidad, ya que, para las armadas regionales, con una concepción defensiva, la negación al adversario del acceso o del uso de los espacios marítimos es una de sus misiones principales. Queda por verse aún la efectividad que pueden tener los drones actuales, por su reducido tamaño, en aguas como las del Atlántico o el Pacífico Sur.


Material ruso destruido y capturado exhibido en Kyiv.
Material ruso destruido y capturado exhibido en Kyiv.

En la guerra terrestre, los drones han llevado a que la “kill zone” (la zona desde la línea de contacto en la que se produce la mayor cantidad de bajas), que al comienzo de la guerra se extendía por un par de kilómetros hacia cada lado de la línea de contacto, para fines de 2024 ya alcanzaba unos 6 kilómetros a cada lado y a fines de 2025 llegaba a los 15 kilómetros, estimándose que llegue a unos 25 para fines de 2026. Esto implica que toda persona o vehículo dentro de esa franja tiene altas probabilidades de ser atacado. Además, ya se han registrado ataques de drones FPV a más de 40 kilómetros del frente.

Esto ha obligado a la dispersión de las tropas y vuelve muy difícil poder ejecutar asaltos sobre las posiciones enemigas usando infantería o caballería, ya que el enemigo puede causar un nivel de bajas enorme aún sin que se alcance la línea de contacto. Esto permite anticipar un futuro en donde las operaciones ofensivas se lleven a cabo solo con sistemas no tripulados, tanto terrestres como aéreos, donde los primeros se encarguen de la captura de la posición enemiga apoyándose entre sí con fuego de ametralladoras, algunos tipos de cañones ligeros o misiles antitanque, mientras los segundos cacen a las tropas enemigas e intercepten a sus drones.

El empleo de IA en los drones también es cada vez más relevante, permitiendo que puedan elegir blancos y atacar por su cuenta. Esto es útil tanto para operar en entornos de mucha interferencia, por si el operador pierde el contacto con el dron, como en operaciones a gran distancia de su base, como fue la Operación Telaraña, donde los drones actúan por su cuenta buscando y atacando los blancos que les fueron designados, incluso sabiendo en qué punto deben golpearlos para que el ataque sea más efectivo (en la Operación Telaraña los drones golpearon en los motores o los tanques de combustible de los aviones).

 

Mi-24 ruso capturado, exhibido en Kyiv.
Mi-24 ruso capturado, exhibido en Kyiv.

Poder aéreo

El empleo del poder aéreo en este conflicto es bastante particular, principalmente porque ha sido sumamente limitado. En gran parte, esto se debe a que ambos contendientes tienen una enorme capacidad antiaérea, pero también porque ambos carecen de una capacidad efectiva para supresión de las defensas antiaéreas del oponente. Ucrania ha destruido una gran cantidad de sistemas antiaéreos rusos, pero su fuerza aérea todavía es bastante reducida como para poder ejecutar operaciones ofensivas a gran escala dentro del territorio ruso. Por su parte, Rusia no ha tenido tanto éxito destruyendo sistemas antiaéreos ucranianos, por lo que tampoco ha podido ejecutar operaciones de ataque a gran escala volando dentro del territorio ucraniano y se han limitado mayormente a lanzar el armamento sin cruzar las líneas.

Si bien Rusia posee una aviación de caza más poderosa, su empleo no ha sido determinante para lograr superioridad aérea y han alcanzado pocos derribos en combate aire-aire. Sus aviones de caza nunca se adentran en territorio controlado por Ucrania y la pérdida de casi toda su capacidad AEW&C, por derribos, destrucción en tierra o porque quedaron fuera de servicio, limita mucho la capacidad de intentar controlar el espacio aéreo.



En cuanto a operaciones de ataque, Rusia ha enfocado el empleo de su aviación estratégica en lanzar operaciones contra la población civil, lanzando misiles desde sus Tupolev Tu-22, Tu-95 y Tu-160 y desde sus MiG-31, con prácticamente nulo efecto en las operaciones militares. En la aviación táctica sí han logrado éxito con la modificación de sus bombas no guiadas con kits de guiado y de planeo para darles precisión y más alcance, lo cual han perfeccionado en 2025, incrementando notablemente su uso y efectividad. Sin embargo, al igual que con las operaciones de ataque de la aviación ucraniana (que generalmente usa armas guiadas de origen occidental), solo se logran efectos a nivel táctico y, en algunos, casos, a nivel operacional, pero no han tenido una incidencia a nivel estratégico.

Ucrania está incorporando sus F-16 y Mirage 2000, pero es un proceso lento y por ahora se están enfocando en misiones antidrones y no se han empleado en misiones de caza ni de supresión de defensas antiaéreas, principalmente dado que la poca cantidad de aviones y pilotos de la que aún disponen obliga a no exponerlos a operaciones muy riesgosas. Es posible que, en un futuro no muy lejano, cuando dichas flotas se hayan consolidado y sean mayores, empiecen a intentar lograr superioridad aérea.

Sin embargo, Ucrania no ha logrado cerrar nuevos acuerdos por la transferencia o compra de grandes cantidades de aviones de combate, a pesar de algunas conversaciones por aviones Gripen NG o Dassault Rafale, pero que no estarían disponibles hasta dentro de varios años. Esta considero que es una gran falencia de Ucrania, ya que el poder aéreo es el único que podría romper el práctico estancamiento del frente de combate.

Si bien Rusia logró pequeños avances en 2025, capturó solo 4800 km2 de territorio ucraniano, con un costo excesivamente alto de más de 30.000 bajas mensuales y con una tendencia a subir hacia fin de año, alcanzando casi las 40.000 en diciembre y un total de unas 416.000 bajas en el año (https://understandingwar.org/research/russia-ukraine/russian-offensive-campaign-assessment-december-31-2025/), llevando a que por primera vez desde el inicio de la guerra el número de bajas iguale al de soldados incorporados. Este costo es insostenible en el tiempo para Rusia y Ucrania se ha planteado causarles 50.000 bajas mensuales durante 2026, de manera de que Rusia no pueda sostener la cantidad de tropas desplegadas en el frente.



Si Ucrania se enfocara en desarrollar su poder aéreo a gran escala podría, en un mediano plazo, generar operaciones detrás de las líneas para golpear la cadena logística (de manera que las tropas en el frente empiecen a carecer de abastecimientos, especialmente de drones), la capacidad de mando y control y los fuegos de apoyo de los rusos. Esto, sin embargo, implica una gran inversión y llevaría al menos un par de años en el mejor de los casos, pero, viendo la situación en el frente, Ucrania tiene pocas opciones.

Rusia no va a frenar la guerra si eso no implica algún tipo de victoria, algo que Ucrania no está dispuesta a concederle mientras tenga los medios para resistir. Los ucranianos saben que esta es una guerra de supervivencia, por lo que seguirán dando todo de sí mientras tengan que hacerlo. Saben que nadie les dará garantías de seguridad, que las propuestas de paz presentadas hasta ahora por Estados Unidos son más bien propuestas de rendición y que Rusia mantiene como objetivo a largo plazo la ocupación completa del país.

 

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