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El plan de paz de Trump para Ucrania anticipa un desastre estratégico sin precedentes para Occidente


Por Ignacio Montes de Oca

 

Trump volvió a plantear la idea de finalizar a invasión rusa a Ucrania entregándole territorio ucraniano a Putin. Pero además propone un cambio radical de reglas de convivencia con sus aliados de la OTAN. Analicemos la propuesta y sus posibles consecuencias a largo plazo.


Trump propone la paz con Rusia a cambio de que Ucrania ceda parte de su territorio y comprometerse a no ingresar en la OTAN. A Europa le avisa de un retiro de su presencia terrestre de 100.000 hombres en el continente y que la defensa mutua será condicionada al gasto militar. La respuesta de Zelensky fue dura y previsible. Instó a Trump a reunirse para que le explique cómo funcionaría su plan, habida cuenta de que estaría negociando la entrega del territorio ucraniano. El candidato de MAGA aun no respondió a la invitación. La respuesta de Zelensky va al núcleo de la debilidad del plan de Trump, que pareciera animarse con el mismo espíritu que hacía sus negocios inmobiliarios: nadie le pregunta a una propiedad a quien elige pertenecer. El vaciar a Ucrania de decisión va en la misma línea.

Este es un error crucial en el plan de Trump, porque la decisión de Ucrania de continuar la lucha para desalojar a las tropas rusas de su territorio está tomada y está más allá de los deseos del republicano. E incluso del propio Zelensky. Sin ese factor, el plan es inviable. Pero, además, Trump está esquivando también la decisión de los países europeos que comprenden que Ucrania es una estación inicial del vía crucis que propone Putin para Europa. Polonia, Finlandia, Moldavia, Bulgaria, Rumania y los países bálticos saben que están en la mira.



Putin creó o revivió conflictos con varios países europeos. Con Noruega por las islas Svalbard. Con Estonia por la demarcación del límite en el río Narvia. Con Moldavia por la autonomía de la minoría rusa en Transnistria y con Estonia, Letonia y Lituania por los límites del Báltico.

Luego Rusia sostiene diferendos por la soberanía y explotación de los recursos del Ártico con Dinamarca, Canadá y EEUU. Hay otro conflicto con Noruega por la exploración petrolera hecha por Rusia en su zona antártica y otro con Japón por las islas Kuryles. Incluso desde el entorno de Putin objetaron a venta de Alaska a EEUU en 1867. Luego tantearon dentro de los pantalones de Trump y no encontraron ninguna de sus reacciones furibundas frente a otros temas. En consecuencia, deben haber sonreído satisfechos.

A partir de la nueva doctrina del “mundo ruso” aprobada en septiembre de 2022, Putin se arrogó unilateralmente el derecho a intervenir en defensa de las poblaciones eslavas en otros países. Esa medida expande el potencial de excusas para crear conflictos hacia Europa y Asia. Hay presencia de pueblos eslavos en los países bálticos, Moldavia, Polonia, Checa, Serbia, Bulgaria, Eslovaquia, Macedonia del Norte, Montenegro y Rumania. Cada uno de esos puntos puede calentarse con solo invocar el principio de defensa de la etnia eslava en el exterior.



Es por eso que el quite de la asistencia militar estadounidense podría no ser solo una tragedia para Ucrania. Además, obligará a Europa a redoblar sus esfuerzos a pesar de Trump, porque de a poco se impone la idea de que enfrentar a Putin es una cuestión básica de conservación.

Incluso sin barajar la idea de una invasión, la generación de incidentes y el ser sometidos a variantes de la guerra híbrida abona esa intranquilidad. El arrojar migrantes en las fronteras, la infiltración política y el corte de cables submarinos son apenas parte de ese repertorio.



Pero el plan de Trump tiene otras fallas en esa misma dirección. Propone que la OTAN cambie su sistema de membresías de acuerdo con el gasto en defensa y que el artículo 5° se active solo cuando un miembro asuma un gasto militar de más del 2% del PBI. El concepto de “defensa según el gasto” necesita de algunas aclaraciones. Es cierto que el presupuesto de defensa de EEUU de US$ 916.000 es muy superior al conjunto del resto de los países de la OTAN, que acumulan unos U$S 414.000 millones. Pero es un enfoque engañoso. Hasta ahora EEUU no asumió el mayor peso de la defensa de Ucrania frente a la agresión rusa, sino que el esfuerzo más grande le corresponde a Europa, que hasta abril de 2024 había entregado € 102.000 millones frente a los € 74.000 millones de EEUU. En aportes comprometidos entre asistencia militar, financiera y humanitaria la UE va a entregar € 75.800 millones – más que todo lo enviado por EEUU hasta hoy – y Washington comprometió otros € 24.700 millones. https://www.ifw-kiel.de/topics/war-against-ukraine/ukraine-support-tracker/



Si medimos el apoyo a Ucrania en relación con el PBI de cada estado, EEUU queda más rezagado. El 0,34% de EEUU está muy por debajo del 1,6% de Estonia y Dinamarca, del 1,4% de Lituania, el 1,3% de Letonia y el 0,8% de Finlandia. El esfuerzo refleja el nivel de compromiso. En donde sí hay una diferencia a favor de EEUU está en la cantidad de material militar aportado, que en ese caso alcanza los € 50.400 millones, seguido muy atrás por Alemania con € 10.200, el Reino Unido con € 8.800, Dinamarca con 5.600, Polonia con 3.000 y Francia con 2.690. Es en ese punto en donde Trump basa su estrategia para presionar a Ucrania a ceder ante Rusia, aunque si se observan los aportes bilaterales, es decir los que llegan separadamente del apoyo de la UE, hay países que establecieron un compromiso político mayor que contraría ese plan.



EEUU le entregó a Ucrania 76 tanques, incluyendo 31 Abrams. Polonia le envió 324 y Holanda 104. Si contamos vehículos de combate de infantería, EEUU entregó 252, es el mayor aportante. Pero los tres siguientes, Holanda, Alemania y Checa, casi triplican ese número. Ucrania necesita el apoyo de EEUU, pero en los seis meses del bloqueo ordenado por Trump logró resistir una brutal ofensiva rusa y en ese lapso Europa asumió el faltante mediante envíos bilaterales, mientras resolvía el embargo de Orban y se preparaba para un retiro estadounidense.



Es una cuestión de puntos de vista. Para Trump es suficiente con la coacción y una personalidad arrolladora. Para Ucrania y Europa, incluso con ese chantaje, no hay otra alternativa que frenar a Putin en suelo ucraniano o enfrentarlo en el propio en algún momento del futuro. Ucrania avisó que persistirá incluso si debe luchar en soledad. El aporte grupal y bilateral de los países europeos alejó el riesgo de un abandono incluso ante una defección de EEUU. Los inmuebles del plan de Trump tienen opinión y son capaces de tomar decisiones propias.

Europa teme por su futuro y Ucrania tiene demasiadas cuentas pendientes como para aceptar la presión de Trump, por más extrema que sea. Cientos de miles de muertos y otros tantos niños y mayores secuestrados en Rusia se suman al problema irresuelto de la ocupación. Hay además un mapa económico de Ucrania. Las zonas agrícolas, industriales y de recursos mineros más productivas están ocupadas o amenazadas por Rusia. Ucrania las necesita para liberarse y para ser viable. Y sus socios para recuperar el apoyo enviado.



Europa invoca el principio de defensa común al que apeló EEUU tras el ataque de Al Qaeda en 2001 y que llevó a 14 países europeos a enviar tropas en Iraq y Afganistán o el esgrimido para formar la coalición que respondió a la invasión de Kuwait o a la crisis en la ex Yugoslavia. No sirve un criterio de comparaciones contables sino de un principio de acompañamiento político para fijar una contención ante amenazas comunes, en donde cada país aportaba de acuerdo con su tamaño. No es un asunto de generales o contadores, sino de seguridad cooperativa.

Es cierto que Europa cayó en la pereza militar durante décadas y en casos como el de Alemania desatendieron sus responsabilidades mientras Merkel fumaba gas ruso y oía discursos de Greta Thunberg. Pero desde 2022 hay 12 países que superaron el 2% del PBI en gasto de defensa. De acuerdo con el SIPRI, 11 de los 31 miembros europeos de la OTAN alcanzaron o superaron ese umbral y el compromiso de destinar al menos el 20% del gasto al equipamiento fue cumplido por 28 integrantes. Pero para subir aún más el gasto, se necesitan a los parlamentos.



Allí hay otra trampa escondida en el plan de Trump. La “membresía VIP” otorgada por el 2% de gasto miliar es casi un regalo para Putin, en la medida que los partidarios del Kremlin en los parlamentos de cada país tendrán una llave para desactivar la defensa común europea. La mayor representación de partidos prorrusos o cercanos a la posición de Putin como el Afd alemán o el lepenismo francés podría impedir que se eleve el gasto militar desde su mayor presencia parlamentaria y con ello sería suficiente para activar la “cláusula Trump” en la OTAN.

A Putin le alcanzaría con invertir unos cuantos millones en el apoyo a partidos afines en Europa para lograr un ahorro de decenas de miles de millones en gastos y acortar los tiempos de su rearme al asegurar que EEUU no respaldará a los miembros no VIP de la OTAN si son agredidos.

En esa misma línea, el plan de Trump incluye el retiro de gran parte de las tropas y equipos desplegados en Europa para dejar la disuasión basada principalmente en el sistema de misiles nucleares desplegados en silos, submarinos y bombarderos de largo alcance. La experiencia de la Guerra del Golfo y la más reciente en Ucrania indican que para desplegar una fuerza militar se necesitan meses. El repliegue de EEUU en Europa implica darle a Putin una carta extra para su juego de tensiones y amenazas y concederle el tiempo a su favor.



Si Rusia realizara un movimiento, por ejemplo, en el paso de Suwalki hacia el enclave de Kaliningrado a través de Polonia, sabría que contará con mucho tiempo antes de que EEUU refuerce militarmente a sus aliados. Ese lapso es suficiente para escalar y luego negociar una desescalada.

La otra cesión implícita en el plan de Trump es la promesa de un freno a la expansión de la OTAN hacia el este. De este modo, países como Georgia y Armenia que hoy están amenazados u ocupados parcialmente por Rusia o sus aliados quedarían a merced de Putin.

Esa promesa incluye a Ucrania y como sucedió con el Acuerdo de Minsk, la dejaría expuesta a una tercera invasión luego de las ocurridas en 2014 y 2022. El prometer que no entrará dentro del paraguas defensivo de la OTAN es casi una invitación a repetir la historia y la masacre. O bien podría darle una carta muy valiosa a Putin para negociar con Turquía un nuevo ataque a Armenia de su aliado, Azerbaiyán, para que tome la zona de Zanghesur y una su enclave occidental con el territorio principal. Desarticulada, la OTAN quedaría tan inerte como la OTSC.



La “membresía VIP” y el retiro de Europa además parece ser una ofrenda imprevista para China. Si Europa debe concentrarse en defenderse de Putin en Ucrania sin apoyo de EEUU, le quedaría poco resto militar y presupuestario para sumarse a una defensa conjunta en otro frente. En un efecto dominó, se desgarraría la sinergia estratégica al romper el principio de bloques políticos y militares que, al menos hasta ahora, tienen un efecto disuasivo enorme frente a las apetencias regionales de China. EEUU es poderoso, pero no tanto como Occidente en conjunto.

Al abandonar el principio de defensa cooperativa, Trump propone que EEUU vaya por un lado y Europa y el resto de sus aliados por el otro. Esta construcción aislacionista quedó en evidencia con el bloqueo de MAGA a la asistencia a los aliados, que también incluyó a Israel y Taiwán. Sin el compromiso asegurado de EEUU, Taiwán, Japón, Filipinas, Corea del Sur, Australia e incluso India deberían tomar precauciones frente a las apetencias chinas y norcoreanas ante una eventual evasión de su mayor socio. Se propone un desastre estratégico sin precedentes. Irónicamente, el plan de paz de Trump podría desatar nuevos conflictos y escalar los que están en curso ante la seguridad de que EEUU buscará no involucrarse y dejar de lado la protección de sus socios como lo hizo hasta el presente. Chamberlain se regocija en su tumba.



Hay también un efecto económico global; el posible retiro de EEUU dispararía el gasto militar que ya en 2023 creció un 6,8% en promedio en todo el mundo. Japón y Taiwán subieron su gasto militar en un 11% en 2023, Israel un 24%, en el Medio Oriente en promedio creció un 9%. Estos aumentos tienen relación con el quiebre del sistema de disuasión global y la proliferación de conflictos. Con EEUU en una postura aislacionista, de no beligerancia con las autocracias o de intervención condicionada, cada cual deberá arreglarse por su cuenta y gastar aún más.



Hay signos de preparación para la posible defección de Trump. Al igual que Europa occidental, Japón cambió su enfoque para hacer más autónoma militar y tecnológicamente. Taiwán y Corea del Sur tomaron medidas similares. Tokio incluso advirtió que podría explorar la ruta nuclear.

La visita de Putin a Vietnam es otro signo, al igual que el acercamiento de India y Armenia a Francia en busca de equipamiento militar. Los vacíos tienden a llenarse y las empresas de defensa de EEUU no deben estar del todo contentas con este viraje que se propone.

Detrás de la política exterior, se desarrollan el mercado de armas sobre la confiabilidad estratégica del país fabricante. EEUU maneja el 42% de las exportaciones mundiales y el aislacionismo podría implicar retrocesos. No solo se compra un arma, se adquieren aliados o garantes. No es una mera especulación, el principio que guía al plan de Trump es que no hay enemigos externos y lo afirmó en varias oportunidades antes de recordarlo en su último discurso en Virginia: Rusia, China y Corea del Norte dejarán de serlo con un enfoque pragmático.



Ese rumbo implica negociar constantes cesiones a cambio de evitar conflictos, como lo demostró en la práctica al exhibirse con Kim Jung Un o al ordenar en 2020 el retiro de las tropas de EEUU de Afganistán e Irak para aplacar las apetencias de talibanes e Irán los respectivamente.

Al centrarse en la disuasión nuclear solo deja como opción una respuesta extrema y de aplicación improbable. Si la idea es evitar una catástrofe, ante la presencia de otra potencia nuclear se debería optar por ceder en conflictos de menor envergadura en Venezuela, Mongolia o Cuba.

Esa idea calza a la perfección con la doctrina de Putin y sus amenazas para que lo dejen invadir tranquilo bajo amenaza de un Armagedón. Casi como si fuese una coreografía, Trump propone consolidar la idea de las pequeñas derrotas estratégicas para apaciguar a los tiranos.

EEUU tiene un arenal nuclear de 1.770 ojivas listas para usarse y Rusia 1.674. Europa, solo cuenta con la fuerza nuclear de Francia y el Reino Unido que despliegan 400. Esta disparidad dejaría aún más frágil a Europa si Putin decidiera concentrar su intimidación en esa dirección. Incluso sin la amenaza nuclear, alcanza un ultimátum de escalada y el asegurarse de que EEUU no intervendrá por cuestiones de membresías o la prioridad de otros temas internos, como la frontera con México para que Rusia, China, Irán o Corea del Norte se aseguren un marco previsible.



Es por eso que el plan de Trump carece de realismo y propone una catástrofe política global sin atenuantes. Queda claro que ni Ucrania ni Europa dejarán de resistir a las amenazas de Putin. En el Medio y Extremo Oriente, la cuestión de la supervivencia funciona con igual sentido. La propuesta se parece mucho en su orientación a la que hizo Putin y que fuera ignorada en la reciente Cumbre de Suiza. Ya le dijeron muchas veces a Putin que el principio de paz por saqueo de territorios es inaceptable. Trump parece no haberlo entendido e insiste con lo mismo. El que formuló el plan de Trump parece saber poco de historia o ser un propagandista ruso al estilo de Douglas Macgregor, Scott Ritter, Carlson Tucker o Jackson Hinckle por lo demencial de su planteo. O es una oferta pensada por un humorista que trabaja al servicio de Biden.

El plan llega a tiempo mientras Rusia se sigue estrellando contra las defensas ucranianas y pagando un costo inadmisible por cada metro que invade. Putin necesita una maga que realice un truco de prestidigitación de alianzas y apoyos para Ucrania y le evite admitir su impotencia.

A poco de revelarse la propuesta de Trump para Ucrania, Putin se apuró para anunciar que apoya el plan y que está listo para reiniciar el diálogo con EEUU tras las elecciones. Si tiene 4 patas, una cola y dice “miau” es poco probable que se trate de un Mustang GT500 anaranjado.

PS: Zelensky desafió a Trump a reunirse para que le explique por qué trafica terrenos ajenos. El republicano puede responder o ignorarlo y seguir dirigiéndose a Europa y la OTAN como lo hace Putin al negar el derecho a la existencia de Ucrania y la legitimidad de su presidente.

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