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Frente al desafío por llegar al espacio


En América Latina, el camino hacia el espacio nunca ha sido fácil, con presupuestos bajos y falta de desarrollo tecnológico en la mayoría de los países. Solo Argentina y Brasil tuvieron algún desarrollo local, con programas para vehículos de lanzamiento y satélites. Si bien el progreso es lento, se están dando nuevos pasos.

Por Santiago Rivas

La actividad espacial latinoamericana es muy disímil entre los países, con los casos de Argentina y Brasil con grandes programas y una larga historia, y otros que no tienen ningún desarrollo. Además de los dos países nombrados, en todos los demás que tienen alguna actividad espacial, esta se circunscribe a la compra de satélites en Estados Unidos o Europa, en algunos casos con alguna participación local, el desarrollo de cubesats localmente y algunas investigaciones realizadas por universidades y organizaciones estatales, pero con alcance limitado.

La crisis económica en Argentina y Brasil frenó la mayoría de sus proyectos, pero ambos países aún se están moviendo para alcanzar sus ambiciones de tener sus propios lanzadores y satélites.

Argentina

Si bien el país tiene el mayor desarrollo de satélites de la región y también apunta a tener sus propios vectores para desplegar cargas útiles, la actual crisis económica ralentizó la mayoría de los proyectos. Toda la actividad espacial está dirigida por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y su presupuesto se ha reducido en más de un 70% desde 2017, de alrededor de 180 a 45 millones de dólares hasta 2019 y el presupuesto actual es aún menor. Esto obligó a detener o ralentizar muchos proyectos.

En cuanto a los vectores, el único programa aún en marcha es el ISCUL (Inyector Satelital para Cargas Útiles Livianas), que comprende el vehículo Tronador, que será construido por la empresa estatal Veng. Los primeros lanzamientos de prueba tuvieron lugar en 2007 con el Tronador I, hasta que el vehículo de prueba VEx 5A se probó el 20 de abril de 2017. La prueba falló debido a problemas en el sistema de combustible, especialmente las bombas de combustible, lo que llevó a una reorganización del proyecto, actualmente en curso, con la próxima prueba prevista para 2021. Entre ellos se encuentran el Tronador 2 de tres etapas, para probar todos los motores, que comprende uno de 30 toneladas de empuje para la primera etapa, uno de 10 toneladas para la segunda y uno de cuatro toneladas para la tercera. El plan es que llegue a poner una carga de prueba en órbita. Después de eso, las siguientes pruebas serán las primeras en desplegar un pequeño satélite. El proyecto Tronador 3 estará destinado a transportar cargas de hasta 1.000 kilos.



Cohete VEX 1 en prueba en Argentina como parte del proyecto Tronador. Foto VENG.


En satélites, el país tiene experiencia con satélites de investigación construidos localmente, llamados SAC-A, B, C y D, todos exitosos. Actualmente, hay tres áreas principales: satélites de investigación bajo acuerdos internacionales, satélites de investigación locales y satélites de comunicaciones. El contratista principal para construirlos es INVAP, pero se cuenta con más de 80 contratistas.

La primera área incluye el proyecto Saocom, con los satélites 1A y 1B con radares de apertura sintética de Banda L desarrollados por INVAP, para la investigación científica, especialmente en agricultura y otras actividades productivas, así como en catástrofes como inundaciones e incendios. El primero de ellos fue enviado al espacio en octubre de 2018 y el segundo lo fue el 30 de agosto de 2020. También forman parte del SIASGE, Sistema Italo Argentino de Satélites para la Gestión de Emergencias, que incluye también los cuatro satélites italianos de la constelación COSMO-SkyMed.

El otro programa después de un acuerdo internacional es el SABIA-Mar (Satélite Argentino Brasileño para Información del Mar), desarrollado con Brasil para la investigación en los mares. El ingeniero Gabriel Absi, Gerente de Área de Proyectos Espaciales de INVAP, explicó que el proyecto SABIA-Mar avanza adecuadamente según lo programado. “El año que viene está previsto empezar con la construcción del modelo que irá al espacio, ya se iniciaron las compras de los componentes necesarios para la fabricación / integración del mismo. Este satélite es de gran relevancia a nivel mundial por la información que generará y que nos permitirá comprender mejor algunos aspectos del cambio climático en base a la información que proporciona a partir de la observación de los océanos, haciendo uso de los instrumentos ópticos altamente sofisticados y de alto rendimiento que estamos en desarrollo en nuestro Laboratorio de Óptica”.



Render del Arsat SG-1 desplegado. Imagen INVAP.


El estado argentino también creó la empresa Arsat para desarrollar los satélites de comunicación Arsat, que son los primeros de su tipo construidos en América Latina. Fueron diseñados por la empresa junto a Invap, quien los produjo junto a otros contratistas. Hasta entonces, los satélites argentinos se probaban en Brasil, pero se decidió crear la empresa Ceatsa para probarlos en Argentina.

Ya se lanzaron dos satélites Arsat en 2014 y 2015 y el tercero avanza desde que las obras se reiniciaron en febrero, una vez finalizado el Saocom 1B. Absi explicó que “los equipos ARSAT e INVAP están trabajando activamente en la definición de los requisitos que debe tener el tercer satélite de la flota, que fue bautizado con el nombre de ARSAT-SG1, para cubrir las necesidades inmediatas de comunicación de Argentina. El desarrollo del proyecto tendrá un cronograma de 34 meses desde la firma del contrato, que se llevará a cabo dentro de poco. La nueva dirección de Arsat tiene un plan de expansión para su flota, por lo que está en sus planes seguir desplegando satélites después de la puesta en órbita del ARSAT-SG1”. El plan es lanzarlo en 2023 y proporcionará internet de banda ancha a aquellas áreas del país donde no hay cobertura.

INVAP también llegó a un acuerdo en mayo de 2019 con Turkish Aerospace para desarrollar una serie de satélites de telecomunicaciones de bajo costo para ofrecer en el mercado, creando juntos la empresa GSATCOM. “Esta empresa está desarrollando una familia de satélites de comunicaciones Small-Geo de propulsión eléctrica con sistemas de comunicaciones flexibles, con el objetivo de abordar el mercado internacional. El satélite ARSAT-SG1 hará uso de las tecnologías que está desarrollando GSATCOM y este hecho es muy relevante, porque demostrará los beneficios de este tipo de satélite en vuelo”, explicó Absi.

Además de INVAP, Satellogic es uno de los pocos constructores de satélites privados en el mundo, alcanzando once satélites lanzados a agosto de 2020 y dentro de poco sumarán otros diez nano-satélites que comenzarán a formar una constelación de al menos 60 satélites para una red de alta persistencia en todo el mundo para brindar seguridad y otros servicios. En 2019 lograron obtener 50 millones de dólares de inversores para este proyecto, que actualmente se encuentra en marcha. También están ofreciendo el servicio de constelaciones de satélites dedicadas con acceso exclusivo sin desembolso de capital y sin riesgo técnico para el cliente. La empresa ahora planea trasladar su producción a Uruguay.



El SAOCOM 1B en CEATSA durante las pruebas finales. Foto INVAP.

Brasil

En Brasil hay dos agencias espaciales civiles, la Agência Espacial Brasileira (AEB) y el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais (INPE), y la Fuerza Aérea también tiene su propia área espacial Departamento de Ciência e Tecnologia Aeroespacial (DCTA) y posee las dos principales instalaciones de lanzamiento del país, Alcántara (en el estado de Maranhao) y Barreira do Inferno (en Rio Grande do Norte). En los últimos años se gastaron unos 700 millones de dólares anuales en el programa espacial y, como se alcanzó poco éxito tanto en el desarrollo de cohetes y satélites, más la crisis económica del país, la mayoría de proyectos se paralizaron en los últimos tres años.

Para recuperar la capacidad de Alcántara, el 19 de marzo de 2019, durante la reunión de los presidentes Donald Trump y Jair Bolsonaro, firmaron un acuerdo por un año para explotar juntos el centro, pero el gobierno brasileño también declaró que está abierto a ofrecer las instalaciones a otros países, como China y Rusia, para lanzar sus vehículos, con el objetivo de generar unos ingresos de unos 50 millones de dólares anuales. En 2000 se intentó prestar las instalaciones al gobierno de Estados Unidos, pero el Congreso brasileño lo rechazó. Ahora, el plan es cobrar solo por el uso de ellos, con la Fuerza Aérea Brasileña manteniendo el control del lugar.

El programa para tener su propio sistema de lanzamiento comenzó hace muchos años en Brasil, primero con el proyecto VLS, entre la Fuerza Aérea y las dos agencias, pero ninguna de las pruebas tuvo éxito. A pesar de que se intentó continuar el proyecto, finalmente se canceló a principios de 2016 y se dio todo el apoyo al proyecto VLM.



Modelo del vehículo brasileño VSB-30. Foto Santiago Rivas.


El Veículo Lançador de Microssatélites (VLM) es un cohete suborbital para una carga pequeña. Los motores fueron diseñados y construidos inicialmente por la Fuerza Aérea, ahora son manejados por la empresa estatal Avibras, que produce los motores S-30 para los cohetes de prueba VS-30, el S-40 para los cohetes de prueba VS-40 y el VLS, y el S-50 para el VLM. Cada VLM utilizará un S-50 para su primera etapa y un S-40 para la segunda.

Un VLS-40 se probó en 2016 con una cabeza Shefex de reentrada, pero el cohete se perdió y la prueba falló. En diciembre de 2018 se probó con éxito un cohete VS-30, que llevaba algunos instrumentos para ser probados para su uso en proyectos futuros, mientras que durante 2019 se esperaba probar el VS-50, que utilizará uno de los motores desarrollados para el VLM, pero esto se retrasó.

También hay un proyecto de motor de combustible líquido para 75 kN de empuje, llamado L-75, para usar en los cohetes que están desarrollando, que se detuvo en una etapa muy temprana, esperando más presupuesto.

Este proyecto evolucionó hasta convertirse en el Programa Estratégico de Sistemas Espaciales (PESE) anunciado en agosto de 2019, ahora con el Instituto de Aeronáutica e Espaço (IAE) del DCTA de la Fuerza Aérea asociado a la Centro Aeroespacial Alemán (DLR), para el desarrollo del ahora llamado VLM-1, que se lanzará en 2021, y los proyectos Aquila-1 y 2. El Aquila 1 para transportar cargas de hasta 300 kilos a una altitud de 500 kilómetros y el segundo para cargas de 700 kilos a una altitud de 700 kilómetros. Se espera que esos dos nuevos proyectos se lancen en 2023 y 2026 respectivamente y el Aquila-2 utilizará los cohetes VS-50 y L-75.

En tanto, la Fuerza Aérea Brasileña firmó un contrato de Transferencia de Tecnología con Avibras Industria Aeroespacial para el IAE, otorgando a la empresa una licencia para la producción y comercialización del Vehículo Suborbital VSB-30. El objetivo del acuerdo es comercializar el vehículo suborbital VSB-30 en el mercado exterior.

El VSB-30 mide doce metros de largo y pesa más de 2.500 kg, con dos etapas de propulsión sólida, tiene capacidad para transportar cargas de hasta 400 kg y alcanza una altitud de 270 km. El VSB-30 permite que la carga permanezca, aproximadamente, seis minutos por encima de la altitud de 110 km.



Satélite brasileño Amazonia 1 durante pruebas


En satélites, además del proyecto Sabiamar con Argentina, tienen un acuerdo con China para el CBERS (Satélite Sino-Brasileiro de Recursos Terrestres), programa iniciado en 1988, con algunos satélites ya lanzados. El CBERS-4A fue el sexto y último en ser lanzado, el 20 de diciembre de 2019, después de que todas las pruebas fueran exitosas en el Laboratório de Integração e Testes (LIT) del INPE.

El INPE también trabajó en satélites, como Equars y Mirax, el primero para estudiar la atmósfera y el segundo para estudiar el espacio, y el SCD-1 y 2 para la recolección de datos para investigación.

Otro proyecto fue el Satélite de Reentrada Atmosférica (SARA) para proporcionar una plataforma para que los experimentos de microgravedad operen en una órbita de 300 km para durar hasta diez días en órbita y luego regresar a la Tierra. La primera de dos etapas suborbitales y dos orbitales se terminó en 2015, luego del lanzamiento del satélite en el VS-40M, pero a pesar de que las pruebas fueron exitosas y se estaba preparando la segunda etapa, el proyecto fue cancelado a fines de 2018.

El principal proyecto en el área es el SGDC-1 (Satélite Geoestacionário de Defesa e Comunicações Estratégicas 1), que fue construido por Thales bajo un contrato con la empresa brasileña Visiona, y fue desplegado en marzo 2017, siendo el primero de una serie planificada de satélites de defensa. Se esperaba contratar un segundo para 2019, pero esto no se llevó a cabo, mientras que también está previsto un tercero.

Visiona es una empresa de riesgo compartido entre Telebras Telecomunicações Brasileiras y Embraer Defensa y Seguridad.

En 2018, Visiona anunció el Proyecto VCBU, el primer satélite concebido por la industria nacional brasileña. El VCBU cubesat apareció originalmente para validar las tecnologías espaciales en desarrollo por Visiona, en particular los sistemas Orbit Control y Attitude, responsables de la guía y el control de la navegación por satélite, y la Gestión de datos a bordo, que permite la integración y el control de todos los componentes del satélite.

El proyecto satelital Amazonia-1 del INPE será el primer satélite brasileño estabilizado en tres ejes y será un satélite multimisión para monitorear los recursos naturales con una cámara operando en tres frecuencias del espectro visible y una en el infrarrojo cercano. El sistema de control del satélite fue desarrollado por Invap en Argentina. En febrero de 2020 se iniciaron las pruebas y se espera que se lance en breve.

Asimismo, el INPE, la AEB y el Instituto Tecnológico de Aeronáutica (ITA, de la Fuerza Aérea) llegaron a un acuerdo en abril de 2019 con la NASA para desarrollar y lanzar una serie de cubesats para diferentes propósitos a partir de 2020.

Chile

Los primeros satélites propiedad de Chile fueron el Fasat Alpha, Beta y Charlie, comprados a Thales por la Fuerza Aérea de Chile para su uso por el Grupo de Operaciones Espaciales, pero los dos primeros se perdieron. Formaron el Sistema Satelital de Observación Terrestre.

Desde 2017, la Universidad de Chile comenzó a terminar sus propios nanosatélites, con el lanzamiento del Suchai I desde India en junio de 2017, mientras que el Suchai II y III se preparan para su lanzamiento, pero esto se pospuso desde 2019 por falta de presupuesto. Su misión es estudiar la ionosfera, el primero con un pequeño módulo de 10x10 centímetros y los otros con seis módulos. Se espera que otro proyecto, el Plansat, se desarrolle después de eso. Este programa tiene como objetivo poner en marcha un total de doce nanosatélites para investigación en los próximos tres años, con un presupuesto de 30 millones de euros.

Asimismo, la Fuerza Aérea de Chile y la Universidad de Chile firmaron un convenio en marzo de 2019 para colaborar en sus desarrollos espaciales y a esto le siguió el 4 de junio el anuncio realizado por el presidente Sebastián Piñera, para el desarrollo de un nuevo satélite para iniciar el reemplazo de la familia Fasat, que está llegando al final de su vida operativa. Este nuevo satélite no solo será para uso de la Fuerza Aérea, sino también para uso civil, pero no se anunció ningún avance desde entonces.

Colombia

Colombia es otro país que está tratando de desarrollar su programa espacial bajo la Comisión Colombiana del Espacio. El programa principal es el Satélite de Observación de la Tierra de Colombia (SotCol), pero no tiene avances desde 2016. Como el país no tiene la tecnología para construirlo, se esperaba crear una empresa conjunta con una empresa europea, israelí o estadounidense.

En tanto, la Fuerza Aérea Colombiana lanzó desde India, el 29 de noviembre de 2018, el FACSAT-1, construido por GOMspace de Dinamarca luego de un contrato firmado en 2014. Es un cubesat de tres módulos y tiene una cámara para tomar fotografías con 30 metros de resolución, orbitando a 505 kilómetros de la Tierra y con una vida útil prevista de cinco años.

Otros paises

Asimismo, las Agencias Espaciales de Colombia y Ecuador firmaron un acuerdo con la empresa Astrobotic para participar en la misión de exploración de la luna Astrobotic Lander Peregrine. Las agencias latinoamericanas esperan enviar sus propias cargas útiles en algunas de las misiones, comenzando entre 2020 y 2021 con un cubesat Artemis que se insertará en la órbita lunar.

En el caso de México, la Agencia Espacial Mexicana está trabajando tras un acuerdo con la NASA sobre el nanosatélite AzTechSat-1, construido por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, y lanzado el 5 de diciembre de 2019 desde la Estación Espacial Internacional. Este será el primer satélite operativo construido por México.

Asimismo, luego de otro convenio entre el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universidad Panamericana de México firmado en 2017, las instituciones planean enviar un microsatélite al espacio en 2020. El país también cuenta con los satélites Morelos 3 y Bicentenario, construidos por Boeing, mientras que el Centenario se perdió.

Perú opera el PeruSat-1, construido por Airbus y lanzado al espacio en 2016, mientras que Venezuela tiene el satélite VRSS-2 / Francisco de Miranda, comprado a China y lanzado en 2012, y en octubre de 2017 agregó el VRSS-2 / Antonio. José de Sucre, también construido en China. Pero su primer satélite, el VeneSat-1 / Simón Bolívar, construido también en China y lanzado en 2008, se perdió a principios de abril de 2020, a pesar de que se esperaba que preste servicio hasta 2024. Los planes para un VeneSat-2 para reemplazar al Simón Bolívar fueron anunciados en enero.

Bolivia tiene el satélite Tupac Katari I, comprado a China y lanzado en 2013, y espera lanzar el Tupac Katari II en 2021.

El primer satélite centroamericano, el cubesat Irazú, fue desarrollado en Costa Rica por la Asociación Centroamericana de Aeronáutica y el Espacio (ACAE), el Instituto Tecnológico de Costa Rica, el gobierno costarricense e inversionistas privados, y fue desplegado desde la Estación Espacial Internacional en abril de 2018. Le siguió el Batsú CS-1 del mismo tipo y en marzo de 2019 la ACAE anunció que están trabajando en un tercer cubesat, el Morazán, que se desarrollará entre la Universidad de Costa Rica, la Universidad San Carlos de Guatemala y la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Se espera que se lance en 2021.

Si bien el gobierno de Nicaragua informó en 2016 que esperaban tener dos satélites enviados al espacio en 2017, no se avanzó. El país también había anunciado en 2013 el satélite de comunicaciones Nicasat, con una inversión de 346 millones de dólares, muy por encima de lo que el país puede gastar.

Guatemala también trabajó en un proyecto cubesat, el Quetzal-1, desarrollado por la Universidad del Valle de Guatemala, lanzado desde la Estación Espacial Internacional el 6 de marzo de 2020.

Actualmente, existen algunos otros proyectos, pero con poco desarrollo y solo para investigación civil.



Antena del radar AESA del SAOCOM 1A en pruebas en Argentina. El satélite se lanzó en 2018. El Saocom 1B acaba de ser lanzado. Foto INVAP.

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