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Las Fuerzas Armadas Mexicanas deben retomar su vocación

Por: José A. Quevedo

Imágenes José Antonio Quevedo


En las últimas semanas hemos visto en redes sociales videos e imágenes en los que las Fuerzas Armadas Mexicanas retrocedían ante supuestos grupos criminales, evidenciando la falta de apoyo político para las labores de seguridad pública que eventualmente realizan.

La falta de una política de defensa en México por parte del gobierno federal ha hecho que las fuerzas armadas se involucren más de lo necesario en actividades de seguridad ciudadana, cuando esa no es su función, perdiéndose totalmente el rumbo al ver al Secretario de la Defensa Nacional dar informes y partes de actividades de seguridad en las conferencias matutinas. Esa función debería ser parte primordial de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, que desafortunadamente en los últimos tres años se ha desmontado para dar paso a la Guardia Nacional, que por lo que se ve, no ha funcionado, ya que, en opinión de varios especialistas, en este momento se hace necesario repensar la situación de la Seguridad Pública en México y retomar los esquemas que se tenían hasta antes del 2018, en los cuales los apoyos monetarios y en especie se entregaban directamente en los estados y municipios para la profesionalización de los cuerpos policiacos.



El repensar la seguridad pública en México, a raíz de los malos resultados obtenidos con este esquema, sería muy amplio y con muchos matices, que en este momento no podemos tratar, así que, regresando a nuestro tema, es evidente que la falta de apoyo político del poder ejecutivo a las actividades de las Fuerzas Armadas ha mermado el prestigio de éstas, apartándolas de realizar sus funciones constitucionales para, en cambio, emplearlas en todo tipo de actividades, como construir aeropuertos y vías de tren, repartir libros de texto, repartir vacunas, construir bancos, entre otras muchas funciones, y además apoyar en labores de seguridad ciudadana y de combate al crimen organizado sin una legislación adecuada, lo que afecta irremediablemente a las instituciones de seguridad y, al mismo tiempo, se está dañando la imagen de las Fuerzas Armadas. Esto a pesar de que la capacidad de fuego es muy superior a la de los criminales, pero que, en la práctica cotidiana, no sirve para nada, porque la instrucción presidencial es aguantar, callar y bajar la cabeza.

Lo más importante para el gobierno mexicano debería ser mandar señales a la ciudadanía para que se aplicara la ley hacia cualquier persona y que las bandas de delincuentes no tienen ningún espacio en la sociedad mexicana por muy humanos que éstos sean.



Mientras eso sucede, el presidente niega también los apoyos para renovar equipos y para continuar con el desarrollo de tecnología, como sería la construcción de nuevas Patrullas Oceánicas de Largo Alcance (POLA) y de vehículos hechos en México, como los DN-12, entre otros muchos desarrollos, lo que provoca que las Fuerzas Armadas disminuyan su capacidad de combate y defensa y, lo más importante, su estatus como garantes del estado mexicano ante la población.



Después de tres años de no llegar a nada, las Fuerzas Armadas mexicanas deberían regresar a la visión 2030 que proponía que México contara una Fuerza Armada polivalente, ligera, flexible, de gran movilidad táctica y estratégica, con capacidad de respuesta y dotada de recursos humanos, tecnológicos e informáticos de alta calidad, acordes a la potencialidad del país, que pueda hacer frente en diversos ambientes, a amenazas externas e internas, que pongan en riesgo la consecución y/o mantenimiento de los objetivos nacionales, ese sería reto a lograr.





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