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  • Joao Paulo Zeitoun Moralez

Los mercados de aviación general y regional son el objetivo de la brasileña DESAER

Brasil tiene más de mil aeródromos certificados por la Agencia Nacional de Aviación Civil, pero solo alrededor de 60 son utilizados por las aerolíneas. En un país de dimensiones continentales, con cientos de miles de kilómetros cuadrados de regiones aisladas, sin red ferroviaria y con varias rutas en precarias situaciones de conservación, la aviación ligera se encarga de integrar estas áreas, llevando asistencia médica, odontológica, medicinas, equipos electrónicos, vacunas y haciendo evacuación de enfermos. En otras situaciones, conecta a las personas entre estos lugares y centros urbanos más desarrollados con mejor infraestructura. Si fueran por tierra, estas conexiones tardarían días en realizarse, mientras que en vuelo se realizan en unas pocas horas.



Centrándose en este mercado estratégico para cualquier sociedad y economía, pero que no ha tenido nuevos modelos de aviones durante años, desarrollados específicamente para atender este segmento, la empresa brasileña Desaer está diseñando el ATL-100, un turbohélice bimotor con rampa trasera y capaz de transportar hasta 19 pasajeros o 2.5 toneladas de carga.

Ubicada en Incubaero, del Departamento de la Fundación Casimiro Montenegro Filho en ITA, en São José dos Campos (SP), la empresa fue creada en 2017.

“El ATL-100 llega a un mercado que cuenta con el servicio de modelos más antiguos, como el EMB-110 Bandeirante, Casa 212, Dornier 228, Twin Otter e Y-12. Identificamos que alrededor de cinco mil aeronaves de esta categoría están en operación en el mundo, de las cuales aproximadamente dos mil deben ser reemplazadas en 10 años, debido a que están llegando al límite de fatiga estructural”, explicó Evandro Fileno, Director Presidente de Desaer.

El ATL-100 está pensado para ser una aeronave robusta, fácil de mantener, de bajo costo y que brinde flexibilidad operativa al cliente.

“El tren de aterrizaje fijo, a pesar de la resistencia aerodinámica, requiere menos mantenimiento y reduce los costos. En tierra, el ATL-100 no necesitará infraestructura para sustentar su funcionamiento, ya que, a través de la rampa trasera, los pasajeros podrán embarcar y desembarcar, excluyendo la necesidad de una escalera exterior. Para personas con necesidades especiales, como usuarios de sillas de ruedas o personas con restricciones de movilidad, la rampa es una excelente solución. El equipaje de mano se acomodará debajo de los asientos y el resto en la propia rampa. Después del aterrizaje, los pasajeros pueden retirar cómodamente sus maletas”, explica.



El ATL-100 debe cumplir con la regulación FAR-23, es decir, que pueda ser volado por un solo piloto y no requerirá el servicio de asistente de vuelo.

Su estructura es de metal, predominando el aluminio, alrededor del 80% del total, lo que facilita el mantenimiento. Con una velocidad de crucero estimada de entre 350 y 380 km/h, el ATL-100 no estará presurizado y podrá aterrizar en pistas no preparadas.

“Estamos eligiendo el motor. Con hélices de cinco palas, nuestro estudio está entre el Pratt & Whitney PT6A-65, el General Electric Catalyst y el Honeywell TPE331, en el rango de 1,000 shp de potencia. Se necesitarán 700 metros para el despegue y alrededor de 750 para el aterrizaje. Internamente, la aeronave contará con un cabrestante para hacer la carga y descarga de cargas voluminosas, y será posible cargar hasta tres contenedores LD3. Además, el operador podrá reconfigurar el interior para el transporte de pasajeros y carga, en un proceso que tardará alrededor de una hora en completarse. Así, durante el día, la aeronave podrá hacer transporte de pasajeros, mientras que durante la noche podrá realizar vuelos de carga. “Es una excelente flexibilidad operativa”, agrega.

Con 16 m de longitud, 6 m de altura y 20 m de envergadura, el ATL-100 será aprobado para transportar 12 paracaidistas más dos pasajeros y lanzar carga. El techo de servicio será de 25.000 pies. En términos de aviónica, Desaer está evaluando las opciones ofrecidas por Garmin, Honeywell, Collins y otros.

Recientemente, la empresa realizó dos anuncios muy importantes. El primero fue la formación de una empresa conjunta con el Centro de Ingeniería y Desarrollo (CEIIA), en Ponte de Sor, Portugal. La empresa colaborará en el desarrollo, diseño, construcción y vuelo del primer prototipo.

La segunda novedad fue la elección de la ciudad de Araxá, en Minas Gerais, a 366km de Belo Horizonte, para recibir la futura planta industrial, con capacidad para producir hasta cuatro aviones por mes.

Con el apoyo del gobierno municipal y estatal, a través del Centro Federal de Educación Tecnológica de Minas Gerais, las obras del complejo comenzarán en 2021, en un área del Aeropuerto Romeu Zema, que cuenta con una pista pavimentada.

El terreno tiene 278 mil m² y las instalaciones ocuparán 96 mil m² con inversiones estimadas en US $ 80 millones, que pueden llegar a US $ 120 millones en 2023, generando hasta 1.250 empleos directos e indirectos.



“En Portugal vamos a lanzar el primer prototipo, que debería ocurrir a finales de 2023. Se estima que el primer vuelo sea en 2024. Este proyecto se está financiando con recursos propios, no tenemos fondos del gobierno. En términos de clientes, estamos hablando con algunas empresas en Brasil y en el exterior. Por otro lado, ya presentamos el proyecto a las Fuerzas Armadas y a la Policía Rodoviária Federal y todos han mostrado interés”, concluye.




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