Oriente Medio: la religión como estrategia
- Esteban Gómez
- 26 ago 2024
- 10 Min. de lectura
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El conflicto actual entre palestinos e israelĆes lleva dĆ©cadas y su anĆ”lisis exige tener en cuenta mĆŗltiples variables. La mayorĆa de ellas se ven afectadas por cuestiones de Ć©poca, ya sea a nivel polĆtico, ideológico o de influencias de actores que emergen o desaparecen en el escenario geopolĆtico internacional. AquĆ trataremos de pensar quizĆ”s a una de las variables mĆ”s antiguas y de raĆz cultural en este conflicto: La cosmovisión religiosa y su vinculación con las potencias globales que intervienen en la región.
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Por: Lic. Esteban Gómez, Psicoanalista UBA MN 25591, MP 25668
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Tierra Prometida
La idea de ātierra prometidaā, de ātierra ancestralā o de ātierra santaā es un hilo conductor que enlaza a las religiones AbrahĆ”micas, es decir al monoteĆsmo en sus tres grandes vertientes: judaĆsmo, cristianismo e islam. Para ellos esa pequeƱa porción de tierra es mucho mĆ”s que un territorio, ya que se manifiestan en ella cuestiones religiosas, espirituales, morales, ideológicas, históricas y polĆticas, es decir casi todo su acervo simbólico-cultural.
Los pueblos y las naciones se perciben a sĆ mismos por medio de un entramado simbólico formado por la cultura, la lengua comĆŗn, su historia y sus mitos de origen compartidos. Es desde allĆ que la cuestión religiosa debe ser tenida muy en cuenta para poder comprender lo que sucedió y sucede en la región. Esa cosmovisión, que se erige en la idea de ser el pueblo heredero exclusivo por designio divino de aquella tierra y mĆ”s precisamente de la Ciudad Santa de JerusalĆ©n, no serĆa un problema geopolĆtico si no fuera porque es reclamada por varios pueblos que se consideran legĆtimos herederos o la veneran por los hechos importantes sucedidos en ella.
La cuestión profĆ©tica tambiĆ©n entra en juego ya que el advenimiento del MesĆas (Mashiaj ā Christus ā Al Mahdi, para cada una de esas religiones respectivamente) en la ciudad santa, es una idea motorizada por una fe milenaria que hace que las reflexiones y anĆ”lisis polĆticos, económicos, sociales y geopolĆticos pasen muchas veces a un segundo plano.
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Región Estratégica
Las rutas comerciales, los puertos con salida al mar mediterrĆ”neo y el acceso al agua en una zona semidesĆ©rtica hicieron que los conflictos se remonten desde hace milenios en la región. Diferentes pueblos y civilizaciones pugnaron por su hegemonĆa, desde Caldeos, Babilónicos, Hebreos, Filisteos hasta Persas, Griegos y Romanos son algunos de los mĆ”s destacados por la historia humana.
Con el correr de los siglos la civilización evolucionó tecnológica y económicamente, incluso con la división territorial y la aparición de Estados Nación, pero las disputas geopolĆticas y estratĆ©gicas se mantuvieron, lógicamente con nuevos actores, nuevos intereses y recursos económicos, polĆticos y militares.
El descubrimiento de petróleo como recurso energético por parte de la Anglo-Persian Oil Company en las montañas del noroeste de IrÔn en 1908 transformó para siempre a la región en los últimos 100 años, generando que emerjan nuevas realidades y reactivando viejas tensiones.
La aparición de āEstados petrolerosā y los llamados āPetrodolaresā reflejaban cabalmente que la región pasaba a ser de gran interĆ©s para las principales potencias mundiales de la Ć©poca. Las grandes inversiones estratĆ©gicas y el crecimiento económico ligado a la explotación petrolera durante los Ā“60 y Ā“70 hicieron que algunos paĆses de la región experimentaran una mejora en su calidad de vida favoreciendo un desarrollo económico concentrado en pocas manos, y un derrame social y cultural dispar entre paĆses vecinos. Por Ćŗltimo, otro elemento a considerar es el canal de Suez y su ruta de acceso al mar facilitando enormemente el comercio internacional. Su importancia estratĆ©gica en cuanto a su control y administración interesó a las potencias extranjeras desde siempre.

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La posibilidad de los dos estados
El siglo XX fue testigo de varios intentos internacionales para clarificar y relajar tensiones entre las distintas facciones en disputa, pero la mayorĆa de las oportunidades fueron de difĆcil implementación. Luego de la segunda guerra mundial y frente a los horrores reciĆ©n descubiertos del nazismo, la constitución de un estado para el pueblo judĆo fue una idea-fuerza abrazada por la mayorĆa de los paĆses del mundo.
AsĆ las cosas y ante el incremento de la violencia, la ONU decide la partición del territorio un 29 de noviembre de 1947 en su resolución 181/47 y daba una partida de nacimiento para el estado palestino e israelĆ, pero como sabemos lo escrito en una oficina no siempre se plasma fĆ”cilmente en el territorio. Israel aceptó la propuesta, pero no asĆ la otra parte interesada.
Una creciente migración del pueblo judĆo disperso en toda Europa y parte de Asia desbalancearon el precario equilibrio de convivencia pacĆfica entre cristianos, poblaciones Ć”rabes y judĆas. Fundamentalmente entre estos Ćŗltimos las disputas y recelos se transformaron en violencia y fueron desde entonces creciendo en magnitud e intensidad, incluso con la participación de pueblos vecinos.
En 1948 estalla la llamada guerra por la independencia en lo que hoy conocemos como territorio israelĆ, en 1956 se desata la crisis por el canal de Suez, en 1967 la guerra de los 6 dĆas y en 1973 la guerra del Yom Kippur. Estos conflictos bĆ©licos marcaron una hoja de ruta en donde el reciĆ©n establecido estado de Israel se enfrentaba no solo a palestinos cohabitantes del territorio, sino que marca la aparición de paĆses rivales como Egipto, Siria, LĆbano y Jordania y de paĆses aliados como EEUU, Francia e Inglaterra. La Guerra frĆa fue sin dudas un telón de fondo para estos acontecimientos.
En los últimos 40 años nuevos actores aparecen en escena en forma de grupos independentistas, grupos rebeldes y grupos terroristas con financiamiento externo, todos ellos generando incontables actos de sabotaje, movilizaciones sociales y terrorismo, afectando a intereses y población dentro y fuera de Israel.
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Imperativos estratƩgicos contrapuestos
La diĆ”spora judĆa de finales del siglo XIX y principios del XX encontró a EEUU como un paĆs receptor de miles de familias de origen judĆo quienes se fueron afianzando económica y culturalmente dĆ©cadas tras dĆ©cadas. Esta situación generó que lenta pero sostenidamente su influencia polĆtica, cultural y económica fuera en aumento.
En la polĆtica norteamericana esa influencia fue permeando en una intención polĆtica cada vez mĆ”s fuerte de reconocer en el pueblo judĆo en general y a Israel en particular como socios estratĆ©gicos. Esa alianza económica, industrial, tecnológica y militar estĆ” incólume por lo menos en los Ćŗltimos 60 aƱos, en donde ambos paĆses obtuvieron y obtienen beneficios geopolĆticos.
El mundo Ć”rabe sabe lo que significó esta alianza para sostener y proteger en las Ćŗltimas dĆ©cadas a aquel pequeƱo pero poderoso paĆs rodeado de extensos paĆses con siglos de resentimiento y desconfianzas mutuas.
Por otro lado, en los Ćŗltimos aƱos la influencia de IrĆ”n como actor de peso en la región marca un nuevo escenario de disputa de poder militar, polĆtico e ideológico.
Estas son las razones por las cuales la contraposición de intereses se tensiona aƱo a aƱo, haciendo del conflicto palestino israelĆ un conflicto geopolĆtico en donde lo religioso ha recobrado peso no tanto por su valor cultural intrĆnseco sino mĆ”s bien por su utilización como herramienta de manipulación sociopolĆtica.
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La utilización de lo religioso como argumento geopolĆtico
En la historia de la humanidad son innumerables las veces que se utilizó el nombre de Dios para realizar desde las empresas mĆ”s loables hasta las guerras mĆ”s oscuras. Tanto Israel como IrĆ”n ven atravesadas sus posturas diplomĆ”ticas y estratĆ©gicas por lo religioso. Desde esta realidad los sectores mĆ”s radicales y ortodoxos dan un sentido cultural a su accionar, imponiendo lingüĆstica y narrativamente el concepto espiritual de āguerra santaā, āMilkhemet Mitzvahā o āYihadā como objetivo licito, obligatorio y agradable a Dios.
Tenemos, por un lado, al sionismo como movimiento polĆtico secular nacionalista, que fue fundado a finales del siglo XIX por las ideas de Theodor Herzl (1860-1904) como respuesta a la ola de antisemitismo desatada en Europa por esos aƱos. Los primeros flujos migratorios hacia āla tierra prometidaā comenzaron en 1881 y la primera oleada a gran escala fue en 1930 durante el mandato britĆ”nico en la zona, y fueron motorizadas como consecuencia de las primeras persecuciones y encarcelamientos Nazis.
SegĆŗn muchos historiadores aquellas ideas movilizaron polĆticamente a los jóvenes nacionalistas liderados por David Ben Gurión (1886-1973) en los aƱos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Este Ćŗltimo declara el nacimiento del estado judĆo el 14 de mayo de 1948, nombrĆ”ndoselo primer ministro de la historia de Israel.
Si bien el sionismo no es un movimiento que nace claramente religioso (existen varias corrientes: Revisionista, polĆtica, socialista y religiosa, incluso existe el anti-sionismo dentro del judaĆsmo) su acercamiento estratĆ©gico con sectores practicantes ortodoxos y radicales del judaĆsmo se fue reforzando con el correr de las dĆ©cadas. En la actualidad, la coalición gobernante en Israel basa su poder en una alianza entre tres partidos representando a sectores nacionalistas laicos, practicantes y los ultraortodoxos religiosos (Likud + Sionismo Religioso + Religiosos Ultraortodoxos).
Por otro lado, tenemos a la República IslÔmica de IrÔn, heredera cultural de mÔs de 4.000 años de civilización. Tras la victoria de la revolución islÔmica en 1979 liderada por el Ayatollah Jomeini (1902-1989), pasó a ser República IslÔmica de IrÔn. La influencia britÔnica y norteamericana que acompañaban al gobierno anterior del Shah Reza Pahlavi (1919-1980) desapareció abruptamente. Inicialmente fue una revolución mÔs bien secular, pensada y organizada desde el exilio en Paris y sostenida por grupos de izquierda, estudiantes y religiosos. Pero en este caso, nuevamente vemos como década tras década el poder y la influencia religiosa del islamismo chiita en la república fue cobrando mÔs fuerza e injerencia en asuntos estratégicos.
En la actualidad, la religión como expresión cultural e idiosincrĆ”tica de ambos paĆses, atraviesa la polĆtica y, por ende, los imperativos geoestratĆ©gicos de cada gobierno y van permeando en los diferentes paĆses de la región. Esta realidad es palpable en las declaraciones polĆticas, en los gestos diarios y en los Ćŗltimos tiempos hasta en actos bĆ©licos directos entre ambas naciones.
El elemento āMesiĆ”nicoā en estos conflictos estĆ” agravando las tensiones y el nivel de violencia, ya que las ideas extremistas se basan en escrituras religiosas que confirman āper seā la idea y destino profĆ©tico de una Gran Guerra Santa. Cada agravamiento los acerca al escenario apocalĆptico y confirma como āprofecĆa autocumplidaā el advenimiento del MesĆas. Es decir que toda violencia social o en el campo de batalla coadyuva a la idea de acercamiento de la batalla final entre el Bien y el Mal. Cada bando se percibe Ć©tica, moral y espiritualmente del lado del verdadero Dios.
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Lo religioso en otros actores no estatales
Si bien no nos vamos a adentrar en este trabajo sobre la cuestión del terrorismo, su identificación con ciertos grupos ni su atravesamiento polĆtico e ideológico, por ser este un tema vasto y complejo que excede a este anĆ”lisis, solamente plantearemos que, segĆŗn la ONU, al terrorismo se lo define como actos criminales con fines polĆticos concebidos o planeados para provocar un estado de terror en las poblaciones civiles afectadas o en un grupo de personas determinadas.
En las Ćŗltimas dĆ©cadas aparecen nuevos actores con nuevas caracterĆsticas, modalidades e intereses. En esta realidad, el factor del extremismo religioso y mesiĆ”nico tambiĆ©n cobró mĆ”s relevancia.
Uno de los actores activos en la región es el grupo āHezbollahā. Surgido en el sur del LĆbano como resistencia a la invasión de Israel en 1982, es un grupo islamista chiita, cuyo nombre significa āPartido de Diosā. Cuenta con un brazo armado paramilitar y es respaldado por la RepĆŗblica IslĆ”mica de IrĆ”n, que viene creciendo en influencia y poder en toda la región. Hezbollah desarrolla una creciente participación polĆtica, social e institucional en el gobierno del LĆbano desde 1992.
El otro actor relevante es el grupo āHamasā cuyo nombre es un acrónimo de āMovimiento de Resistencia IslĆ”micaā. Es una organización polĆtica y militar palestina, islamista sunita. Se formó en 1987 durante la primer Intifada y su objetivo declarado es la liberación de Palestina, la creación de un estado soberano con capital en JerusalĆ©n y la expulsión de los israelĆes de todo su territorio.
Ambos grupos mantienen dĆ©cadas de tensiones y conflictos armados con Israel en las fronteras, por el norte Hezbollah y por el sur Hamas. La espiral de violencia manifestada en acciones y reacciones de cada bando no hace mĆ”s que crecer en intensidad y horror. El esquema de pensamiento argumental es el mismo: Dios nos llama a luchar por nuestra tierra santa y nuestros derechos ancestrales y la desaparición de los enemigos de nuestro Dios justifica cualquier medio. La idea simbólico-cultural de la expresión āGuerra Santaā lo sintetiza cabalmente.
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El retorno de la palabra y el sentido comĆŗn
Los intereses de los imperios y las naciones acompaƱan al ser humano desde hace miles de aƱos, la mayorĆa de las veces aquellas contraposiciones concluĆan con invasiones, miles de muertos y destrucción en los campos de batalla. Pero la noción de PolĆtica y Diplomacia Internacional de alguna manera son creaciones culturales y civilizatorias mĆ”s recientes. Con ellas se obtuvieron resultados variables en la historia moderna, resolviendo conflictos, relajando tensiones y evitando o minimizando conflictos armados. Pero PolĆtica y Diplomacia necesitan un lenguaje comĆŗn que articule lógica, sentido comĆŗn, diĆ”logo, respeto por el otro y consenso. Sin estos, los acuerdos pacĆficos son imposibles.
En este conflicto irresuelto vemos que los actores estatales y no estatales se estĆ”n apoyando cada vez mĆ”s en lógicas religiosas, sus estructuras discursivas han sido cada vez mĆ”s permeables a lo intangible de la Fe y de la Palabra Sagrada. Por lo tanto, sus narrativas polĆticas, sociales e incluso las geopolĆticas en torno al derecho territorial y a la propia existencia como estado-nación pasan a ser cosmovisiones espirituales y religiosas.
Por el lado de los paĆses islĆ”micos de la región, la caĆda y el fracaso polĆtico de lo que se llamaba nacionalismo panĆ”rabe secular, no religioso, favoreció el ascenso del integrismo islĆ”mico y hoy crece en influencia y prĆ©dica en sectores sociales desencantados que ven en la salida religiosa una posibilidad subjetivante y de sentido social.
Por el lado de Israel, su tradición polĆtica secular estĆ” sometida a presiones en ascenso de grupos religiosos ortodoxos y ultraortodoxos guiados por lecturas de la realidad alejadas del sentido comĆŗn y de la bĆŗsqueda de la coexistencia pacĆfica.
Lo religioso termina encarnando en la justificación Ćŗltima, mĆ”s allĆ” de toda lógica, de toda soberanĆa e incluso haciendo a un lado las disputas por recursos naturales, ideologĆas polĆticas o necesidades de mĆ”s territorio. Estas decisiones polĆticas se apoyan en un mundo global incierto, autodestructivo y atravesado por mĆŗltiples amenazas y carencias que hacen que el ser humano sea permeable a discursos y narrativas mesiĆ”nicas de justicia, salvación y redención.
Mientras lo religioso funcione como recurso Ćŗnico, incontrastable, infalible y por lo tanto inconmovible, cada jugador se sentirĆ” con el derecho divino de seguir peleando su Guerra Santa hasta el final de los tiempos, transformĆ”ndose finalmente en teocracias rĆgidas y autorreferenciales.
Los esfuerzos internacionales deben hacer foco en fortalecer la polĆtica secular, el acceso a la información y los resortes de igualdad de oportunidades ciudadanas en cada una de las naciones de la región, dejando lo religioso como instrumento geopolĆtico y solo reconociĆ©ndolo como pilar del desarrollo espiritual en la esfera individual, social y comunitaria de cada pueblo.
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