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Special Missions: el campo de entrenamiento táctico de La Pampa que quiere colaborar con las Fuerzas de la Argentina



Por Gonzalo Mary

 

Dialogamos con Javier Catoni, fundador de Special Missions, como él la define, un paraíso de prácticas de seguridad de élite. En la entrevista nos cuenta su experiencia antes de conformar su empresa, los servicios que presta y la base de entrenamiento exclusiva que diseñó con estándares a nivel mundial.

 

Pucará Defensa: ¿Cómo se involucró en este mundo?

Javier Catoni: Crecí rodeado de amigos que, como yo, eran hijos de militares, y solíamos reunirnos con frecuencia. Desde joven sentí una fuerte conexión con él y con todo lo relacionado con las armas, tanto que ahora soy coleccionista. Esto influyó mucho en mi subconsciente, escuchando y absorbiendo todo sin darme cuenta.

Uno de los recuerdos más lindos que tengo son los desfiles militares del 25 de mayo en la Avenida Libertador frente a las canchas de polo, o exhibiciones en La Rural, siempre me quedaba hasta el final.

Soy clase 72 y fui sorteado para la conscripción, salí número 660, me tocó Marina en Bahía Blanca. Sin embargo, unos meses antes de que empezara se dio lo del caso Carrasco, por lo que se suspendió el servicio militar obligatorio.

Soy muy estructurado, probablemente por ser hijo de militar y haber ido a colegio privado. Me acostumbré a un ambiente donde todo tenía un orden y horario. Cuando terminé mis estudios, empecé a trabajar en una casa de computación como vendedor.

Siempre iba a los polígonos, Tiro Federal, Independencia. Competí en varias disciplinas y calibres, pero me gustaba más la acción, tiraba en modo CQB (Close Quarters Battle). Un día, mientras estaba en el polígono, noté a un hombre trajeado que me miraba de atrás de la mampara. Al salir, el encargado del polígono me dijo que me habían dejado una tarjeta con un número de celular. Resultó ser el jefe de seguridad de Pérez Companc. Lo llamé una semana después y, tras un proceso de selección y screening, ingresé a su equipo; ahí estuve 4 años donde me dediqué a la custodia VIP. Además, los mejores empleados podían acceder a cursos de perfeccionamiento en todo el mundo.


PD: ¿Cómo llegaste a la idea de formar Special Missions?

JC: Un amigo del gimnasio me solía insistir en presentarme a un conocido que tenía una empresa de seguridad. Me negué durante dos años. Finalmente, accedí a reunirme con él, y resultó ser el subdirector de un importante organismo de Estados Unidos. Me ofreció un puesto para dirigir una empresa de seguridad privada, encargada de proyectos internacionales. Nos ocupábamos de protección patrimonial, VIP y contramedidas técnicas de seguridad electrónica conocidas como TSCM.

Nos centramos mucho en cuestiones de narcotráfico, antiterrorismo y defensa. Gracias a esa posición, comencé a viajar constantemente, a hacer cursos y a tener acceso a tecnología de punta y contactos de todo el mundo.

Fui conociendo gente muy influyente e importante, y llegó el punto que requerían un trato exclusivo conmigo. Así las cosas, comencé a moverme de manera independiente, logrando un mano a mano con los clientes.

A partir de ahí, un cliente me llevó a otro y así sucesivamente, hasta llegar a trabajar con jeques, príncipes e incluso en el Palacio de Buckingham. También participé en el diseño de protocolos de seguridad para los Juegos Olímpicos de Londres.

La presión del trabajo sumado a los viajes por todas partes del mundo comenzaron a sentirse en mi cuerpo. Continuar con ese ritmo era agotador. Decidí que era momento de bajar el ritmo y concentrarme en proyectos más de escritorio. Aunque seguí haciendo trabajos de campo, terminé involucrado en el fortalecimiento de objetivos en África para una empresa de cacao, fue uno de los viajes más desafiantes, con el apoyo de la ONU. Después de eso, comencé a dedicar más tiempo al análisis, relevamiento y preparación de informes.

Obtuve la certificación de seguridad de ASIS International, una organización de referencia para profesionales de seguridad en todo el mundo, esto me permitió conectar con colegas de seguridad del sector privado. Asistía a los congresos anuales de ASIS, donde tenía la oportunidad de interactuar con otras empresas y conocer sus productos y servicios.

Al momento de presentarme necesitaba un logo y un membrete, y así empezó todo. Desde ese momento, la bola comenzó a rodar y no paró más. Con el tiempo, empecé a reducir los viajes, me concentré más en el trabajo de oficina, y comencé a delegar tareas, conformé un equipo estable y con la famosa base.


PD: ¿Cómo surge la base de Special Missions?

JC: Surgió un poco con la idea de realizar operaciones a medida, customizadas. Durante la pandemia empezamos a dar un gran paso en términos conformación de la base. Decidí construir un hangar muy ordenado en mi propiedad. Sin embargo, el verdadero cambio vino de una manera inesperada. Mis hijas practicaban patinaje artístico y ahí tenían 700m2, además de una amplia área exterior, comencé a mejorarlo para ellas, instalando sonido y luces. Yo iba temprano a practicar tiro, y un día decidí probar con luces estroboscópicas. Luego pensé: ¿qué pasaría si uso humo y juego con las luces? Eso me llevó a hacer paralelismos con escenarios de la vida real.

Empecé a agregar tablas, pallets y terminé creando otro polígono al aire libre, casi con un ángulo de 360 grados. Luego, quise experimentar con alturas, así que construimos una torre. Cuando terminó la cuarentena, comencé a invitar a mis amigos, muchos de ellos de las fuerzas, y todos querían venir a probarlo.

 

PD: ¿Con qué instalaciones cuentan?

JC: A lo largo de mi trayectoria en seguridad fui forjando amistades y conexiones, entre ellos los Regimientos 6 y 12 del Ejército Argentino; ellos realizaban prácticas en Special Missions y fui subiendo la vara al construir trincheras y establecer puestos de comunicación usando equipos Harris en las zonas elevadas del terreno. Otro avance fue la incorporación de K9, para ese entonces el campo se estaba convirtiendo en una mini ciudad.

Así que comencé a crear instalaciones con tecnología de punta para entrenar con diferentes equipos de élite. Volqué toda mi experiencia y me asesoré con los mejores en cada materia. Fue en ese momento que las cosas empezaron a desarrollarse rápidamente. Los responsables de los cursos básicos de policías nos invitaron a colaborar, primero como observadores y luego como instructores. De ahí en adelante, también empezaron a venir al campo para formar parte de nuestros programas.

Empezamos a incorporar vehículos para entrenar: autos, colectivos e incluso casi cuatro aviones de línea, algunos en mal estado y otros medio armados, que se dispersaron estratégicamente para simular una pista de combate o escenarios de rescate y gestión de desastres.

Hace poco creamos un sector dedicado a estructuras colapsadas, con tubos, túneles y pasadizos, para simular situaciones de emergencia y dar a los equipos la experiencia más realista posible.

Recibíamos grupos de 60 a 70 efectivos para los cursos, lo que implicaba resolver el problema del alojamiento para todos. No siempre se trataba de estar en carpas, ya que algunas etapas del entrenamiento requerían otras comodidades. Empezamos a investigar los costos para construir barracas y nos dimos cuenta de que era carísimo.

Pensé en estructuras hechas con contenedores y, como broma, me dijeron: "¿Me imagino que no vas a querer un helipuerto?". A lo que respondí: "Dale, ¿por qué no?". Esa estructura de contenedores, además de servir como alojamiento, se utiliza para ejercicios de limpieza de edificios, trabajos con cuerdas, rápel y como punto de francotirador que tiene vista hacia una zona de entrenamiento llamada "ciudad de fuego", que ocupa dos manzanas.

Conseguimos planos de un helicóptero UH-1 y construimos una réplica a escala 1:1 para practicar desembarcos y despliegues sin tener que usar nuestro helicóptero, lo que podría suponer un riesgo.

Todo el espacio está interconectado para permitir entrenamiento multidisciplinario en un área de aproximadamente 2 kilómetros cuadrados. Lo único que está un poco más alejado es la zona de estructuras colapsadas, pero todo lo demás se puede usar de forma fluida para diferentes ejercicios y simulaciones.

 

PD: ¿Con qué material cuentan?

JC: En nuestra flota, tenemos un helicóptero Robinson, dos aviones: un Cessna Gran Caravan, que se puede configurar de diferentes maneras, y un Cessna 172. Todos estos aparatos están equipados para montar sistemas de cámaras de observación Star Safire, con designador láser para objetivos, cámaras térmicas, diurnas, nocturnas e infrarrojas. También pueden realizar filmaciones, tomar fotografías y transmitir datos a tierra a distancias de hasta 30 kilómetros.

Acordé un contrato con la fábrica McDonnell Douglas para la provisión, durante el 2024 hasta inicios del 2025, de aeronaves de uso táctico especializado. Un helicóptero MD 530F, que viene con diversas plataformas laterales, grúas, ganchos y soportes, además de un sistema de cámaras integrado de fábrica. Será uno de los primeros de su tipo en el país, y lo traeremos volando desde Estados Unidos. La razón principal para adquirir el MD 530F es que necesitamos poder desplegar hasta cuatro perros a la vez, y el Robinson no es adecuado para esto por problemas de estabilidad.

 

PD: ¿Cómo accedieron al equipo?

JC: Cuando viajábamos, como ya había trabajado por todo el mundo, teníamos unidades en muchas regiones que nos proveían de forma oficial o no oficial. Por temas fronterizos no podíamos trasladar un montón de cosas. Nos proveían localmente. Lo único que no podíamos usar era el uniforme.

 

PD: ¿Está buscando adquirir algo en particular?

JC: Estoy buscando adquirir drones de pequeño tamaño, y si son desechables, mejor, pero tienen que tener un sistema de telemetría más avanzado. Hasta ahora, usamos drones con sensores térmicos, infrarrojos y con niveles bajos de ruido, pero quiero mejorar nuestra capacidad operativa con drones más pequeños y especializados.

 

PD: ¿Qué ventaja presenta contar con esta base?

JC: Hay tanto para hacer que el tiempo nunca parece suficiente. Pasas tres días y no alcanza, quince días tampoco alcanzan. Hay tantas actividades que podés hacer que parece que nunca terminas.

Buscamos recrear situaciones tan realistas y extremas como sea posible. Tenemos la capacidad de iluminar todo el lugar, así que se puede trabajar tanto de día como de noche. Además de lo que ya mencioné, también contamos con una torre de escalada para practicar en palestra, y toda la "ciudad de fuego" tiene un sistema de lluvia artificial, lo que nos permite simular todo tipo de situaciones.

Podemos usar dos pistas simultáneas con riesgo prácticamente cero, lo que significa que se puede trabajar uno a espaldas de otro sin problemas. Podemos tener cinco o seis estaciones rotativas operando a la vez, de día o de noche. Así que, realmente, el único límite es el tiempo.

 



PD: ¿Ha provisto servicios al exterior?

JC: Durante ocho años antes de la cuarentena, solía ir como instructor y colaborador al BOPE de Brasil. Aquí, hemos recibido equipos de fuerzas especiales de Estados Unidos, Ecuador, Colombia, Venezuela y España, entre otros, no privados sino estatales. Actualmente estamos lanzando un cronograma con distintos tipos de cursos. Las organizaciones suelen llamarnos para llevar a cabo actividades que están restringidas o limitadas a nivel institucional.

 

PD: ¿Qué otros servicios brindan además de entrenamiento?

JC: Ofrecemos servicios de consultoría y custodia, pero nuestros planes de custodia no están enfocados a personalidades en particular, sino en el entorno en general. Contamos con nuestro propio equipo especializado y utilizamos perros en gran parte de nuestras operaciones. Tenemos una amplia experiencia en lucha antiterrorista.

 

PD: ¿Considera a su empresa similar a empresas como Academi o Triple Canopy?

JC: Es muy difícil comparar a Special Missions con dichas empresas ya que cada una conoce sus propios límites, regulaciones internas y objetivos específicos. Solo ellas conocen realmente su alcance y su potencial real.

Si tenemos como congruente ser un referente mundial en nuestro ámbito, ofreciendo servicios únicos en América, Europa, Medio Oriente y Asia. Actualmente, tenemos clientes en casi 35 países, con tareas y contratos en desarrollo en todo el mundo.

Nuestros valores se centran en la lealtad y un profesionalismo de excelencia sin excepciones. Antes de cualquier incorporación o evaluación de nuevos clientes, llevamos a cabo un meticuloso proceso de selección y verificación de antecedentes.

 

PD: ¿Qué análisis hace de la actualidad nacional en cuanto a la defensa y la seguridad?

JC: Mi análisis es positivo. En el contexto de los conflictos sociales actuales, que cambian constantemente, es fundamental adoptar una política de inversión en seguridad y defensa para mantenerse al día y estar preparados para combatir la delincuencia en todas sus formas. Como suele decirse, "lo único constante es el cambio, y eso también se aplica a las necesidades en seguridad y defensa."

 

PD: ¿Qué relación tiene con las fuerzas?

JC: Hemos recibido a fuerzas de policía de varias provincias, aunque no de La Pampa. No sé por qué, considerando que estamos a solo una hora de distancia. Creo que es porque nuestra infraestructura podría opacar la que ellos tienen. Sin embargo, los que vienen quedan fascinados.

Hemos trabajado con fuerzas de Chubut, Neuquén, San Luis, Córdoba, Santa Fe, Jujuy, Tucumán, Mendoza, Corrientes y Buenos Aires. Ahora el Grupo Especial de Operaciones Federales (GEOF) quiere venir a conocer la base para poder usarla. Aunque a veces hay buenas intenciones, la decisión final suele depender de las autoridades de nivel superior.

Nuestra intención es llegar a las fuerzas de defensa y seguridad nacional y ofrecerles entrenamiento en nuestras instalaciones, que son las más grandes de Latinoamérica y están abiertas para ellos.

Para nosotros, colaborar con las fuerzas nacionales es un honor, porque ellos nos protegen todos los días. Es nuestra forma de retribuirles. Tenemos la experiencia y el interés está, pero falta que las decisiones se tomen en los niveles adecuados.

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Pucará Defensa

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