Ucrania no comenzó los ataques a los almacenes

Por Ignacio Montes de Oca
La guerra contra la logística no la empezó Ucrania en 2026. Fue Rusia en 2022. La diferencia es que ahora Ucrania tiene capacidad para llevar esa guerra al interior del territorio ruso. El nuevo ataque del 31 de agosto contra instalaciones de Ozon en Bélgorod provocó daños en siete almacenes, es la última muestra de una campaña que comenzó con Wildberries y se extendió después a su principal competidor.
La noticia vuelve a poner en circulación una explicación aparentemente sencilla: Ucrania habría comenzado a atacar los almacenes rusos y Rusia estaría respondiendo contra los centros logísticos ucranianos. El problema es que esa explicación invierte la cronología. Cuando los primeros grandes depósitos rusos empezaron a ser atacados en 2026, Rusia llevaba más de cuatro años destruyendo depósitos, terminales de distribución, almacenes de alimentos, infraestructura comercial y centros de ayuda humanitaria en Ucrania.
Según la documentación reunida para este análisis, el 28 de febrero de 2022, apenas cuatro días después de comenzar la invasión a gran escala, las fuerzas rusas atacaron el complejo de almacenamiento y distribución de la cadena de tiendas para el hogar Epicentr en Cherníhiv. Y, específicamente en el caso de Nova Poshta, el primer gran centro logístico de clasificación alcanzado fue su terminal regional de Járkov, atacada el 24 de marzo de 2022. El documento atribuye a ese ataque seis civiles muertos y 15 heridos.

La secuencia continuó. En octubre de 2023, Rusia destruyó casi por completo otra terminal automatizada de Nova Poshta en Korotych, región de Járkov: murieron ocho empleados y 17 resultaron heridos. En mayo de 2024, un ataque contra un depósito de la empresa en Odesa destruyó más de 15 toneladas de paquetes correspondientes a 904 envíos.
En 2025, los ataques contra sucursales y vehículos de Nova Poshta en Cherníhiv, Sumy y Járkov se combinaron con los bombardeos contra la red eléctrica, que también afectaban las terminales automatizadas. La empresa tuvo que recurrir a generadores y sistemas alternativos de comunicación.
En 2026 la intensidad aumentó. El documento registra ataques sucesivos contra terminales de Nova Poshta en Járkov, Poltava, Dnipro y Kyiv: el 30 de julio fue alcanzado nuevamente el centro de distribución de Dnipro; el 5 de agosto fue destruido el hub de Obolonskyi, en Kyiv, con tres muertos y ocho heridos; y a finales de agosto fueron atacados otros complejos en Sumy y la región de Kyiv.
La campaña tampoco se limitó a la logística comercial. Desde el inicio de la invasión, los almacenes y centros de ayuda humanitaria en Ucrania han sido blanco constante de ataques rusos: el 8 de mayo de 2023, un misil destruyó el almacén central de la Cruz Roja Ucraniana en Odesa, calcinando toneladas de asistencia; pocas semanas después, el 13 de junio de 2023, las fuerzas rusas bombardearon un almacén en Krivói Rog donde se guardaba agua embotellada para las víctimas del colapso de la presa de Kajovka, matando a siete civiles; más tarde, el 19 de septiembre de 2023, un ataque con drones contra Leópolis destruyó por completo el almacén de la ONG católica Caritas-Spes, eliminando 300 toneladas de ayuda de emergencia; ya en el primer semestre de 2024, una ola de ataques destruyó depósitos de organizaciones internacionales en Járkov y Jersón; y finalmente, durante la intensa campaña logística de agosto de 2026, un bombardeo masivo en la región de Kyiv arrasó un nodo central de la Cruz Roja, destruyendo en un solo impacto 320.000 artículos de primera necesidad, incluyendo kits médicos, generadores y mantas térmicas.

Reuters informó el 28 de agosto que los ataques rusos habían provocado una destrucción severa de la infraestructura ucraniana de almacenamiento y distribución de alimentos. El ministro de Agricultura, Taras Vysotskyi, estimó que aproximadamente el 90% de las redes de logística alimentaria minorista habían sido destruidas, aunque aclaró que eso no equivalía a que el país se hubiera quedado sin alimentos. Reuters señaló además daños en centros de Nova Poshta, cadenas de supermercados, tiendas de artículos para el hogar y almacenes de libros.
La estimación reunida en el documento sitúa en unos 1,2 millones de metros cuadrados la superficie de almacenes logísticos y comerciales destruida solamente en la región de Kyiv y en unos 1,5 millones la destrucción acumulada en Ucrania. El cálculo distribuye unos 500.000 m² entre 2022 y 2024, otros 300.000 en 2025, unos 300.000 durante el primer semestre de 2026 y más de 400.000 en julio y agosto. Son estimaciones del documento, no una medición independiente exhaustiva.
Es entonces cuando aparece Wildberries.
Desde mediados de julio, Ucrania comenzó a golpear los grandes centros logísticos de la compañía, la mayor plataforma de comercio electrónico rusa. Reuters informó el 26 de agosto que más de 20 instalaciones vinculadas a Wildberries y Ozon habían sido atacadas y que al menos 1,9 millones de metros cuadrados de capacidad de almacenamiento habían quedado destruidos. Solo uno de los ataques, contra un depósito de Wildberries en Tambov, provocó la destrucción de unos 100.000 m².
Después llegó Ozon. Reuters informó el 22 de agosto que un ataque contra su centro logístico de Chapayevsk, en la región de Samara, había obligado a detener las operaciones. Para el 24 de agosto, la empresa ya contabilizaba seis instalaciones atacadas en tres días. El ataque de Bélgorod del 31 de agosto demuestra que la campaña continuó.
Esta sí es una nueva fase de la guerra. Pero no porque Ucrania haya inventado la guerra logística. La novedad es que ahora puede llevarla a los grandes centros de distribución rusos.

Y Wildberries y Ozon no son solamente gigantes del comercio electrónico. También pueden funcionar como canales para adquirir y distribuir equipamiento militar y de doble uso.
En Wildberries podían comprarse chalecos antibalas, cascos, radios, botiquines, mochilas y otros elementos destinados al equipamiento de soldados. Incluso después de que la compañía eliminara una sección explícitamente vinculada con la “operación militar especial”, continuaron apareciendo productos de ese tipo bajo otras categorías, incluidos componentes para drones FPV, según investigaciones citadas en el documento.
Eso no significa que Wildberries u Ozon sean proveedores oficiales del Ejército ruso. El mecanismo es más descentralizado: voluntarios, organizaciones y particulares recaudan dinero, compran equipamiento en los marketplaces y lo envían a los soldados en el frente. El documento recoge investigaciones que identificaron ese mecanismo.
En Ozon, la magnitud es particularmente significativa. Una investigación de Verstka publicada el 28 de agosto y basada en datos de analítica interna del marketplace encontró que entre agosto de 2025 y julio de 2026 los usuarios compraron más de dos millones de artículos militares o de doble uso por más de 25.000 millones de rublos, unos 290 millones de dólares. Entre los productos más vendidos estaban chalecos antibalas, miras y componentes para drones.
Eso explica por qué Ucrania considera estratégicas estas redes, pero no significa que cualquier depósito de Wildberries u Ozon sea automáticamente un objetivo militar legítimo. Una plataforma que mueve millones de productos civiles no deja de ser civil porque algunos de sus artículos puedan terminar en manos de soldados. La legalidad de cada ataque depende del uso concreto de la instalación y de criterios como necesidad, distinción y proporcionalidad.
La cuestión es especialmente interesante porque Rusia utiliza un argumento parecido. El 5 de agosto, el Ministerio de Defensa ruso afirmó haber atacado siete centros logísticos de la región de Kyiv utilizados para almacenar o distribuir bienes de doble uso y componentes para drones. Reuters dejó claro que esas afirmaciones rusas no habían podido ser verificadas independientemente
Es decir, Moscú considera que una instalación comercial puede adquirir importancia militar por lo que almacena o distribuye. Ucrania utiliza ahora una lógica similar para justificar sus ataques contra determinadas redes comerciales rusas.
Pero incluso aceptando esa explicación, Wildberries y Ozon no pueden demostrar que Ucrania inició la guerra logística. La cronología es demasiado clara: Rusia atacó depósitos y terminales ucranianas desde 2022; Nova Poshta sufrió ataques desde los primeros meses de la invasión; después fueron alcanzados centros de distribución, almacenes de alimentos, instalaciones portuarias y redes comerciales. Wildberries apareció cuatro años después.
Por eso también es engañoso afirmar que cada nuevo ataque ruso contra la infraestructura ucraniana es simplemente una represalia por el ataque ucraniano anterior. Una represalia puede existir dentro de una guerra, pero no modifica la secuencia histórica. Rusia no necesitó que Ucrania atacara Wildberries para comenzar a destruir la logística ucraniana: ya lo hacía desde 2022.

La comparación correcta no es “Rusia atacó Wildberries porque Ucrania atacó Wildberries”. Eso invierte la secuencia. La comparación correcta es otra: durante años Rusia utilizó misiles y drones para degradar la infraestructura logística de Ucrania; en 2026 Ucrania desarrolló la capacidad de hacer algo semejante dentro de Rusia.
Por eso “guerra logística” es una expresión más precisa que “guerra contra los supermercados”. Lo que está en disputa no es solamente dónde se guardan las mercancías, sino la capacidad de una economía para moverlas. Un depósito destruido es un nodo que deja de recibir productos, clasificarlos, cargarlos y distribuirlos. Y si por esa red circulan además bienes de doble uso o equipamiento destinado a soldados, el efecto puede alcanzar también al esfuerzo bélico.
La novedad de 2026 es que la asimetría empezó a desaparecer. Durante años Rusia pudo atacar la retaguardia económica ucraniana sin enfrentar una capacidad comparable para golpear sus grandes centros comerciales dentro de Rusia. Ahora Wildberries y Ozon muestran que la retaguardia rusa también puede convertirse en campo de batalla.
Se puede discutir cada ataque. Se puede discutir su necesidad, su proporcionalidad y su legalidad. Incluso se puede amplificar el discurso del Kremlin que apunta a frenar los ataques ucranianos con discursos que trata de imponer la lógica de “Ucrania no debe seguir atacando porque va a recibir un castigo”. También pueden intentar argumentos de eficacia o de oportunidad. En tal caso, también vale señalar la coincidencia entre esas posturas con las cuentas que apoyan a la invasión y que son más honestas al presentarse como pro rusas.
Lo que no se puede hacer es cambiar la fecha de comienzo de la guerra logística.
Empezó en 2022 y el resto, es historia.



