Argentina y Chile: Inmadurez o integración

Soy un convencido de que Argentina y Chile deben integrarse a fondo, siendo dos países con más similitudes que diferencias y demasiados intereses comunes, que, guste o no, siempre compartiremos una de las fronteras más largas del planeta y que a los dos les conviene lo que el otro puede ofrecerle. A lo largo de los años he visitado Chile muchísimas veces y tengo gran cantidad de amigos allí, así como familiares. Y esta columna no va a gustarle a muchos de mis amigos chilenos, pero creo que es necesario que Chile comience a replantear su forma de actuar hacia la Argentina, para pasar de la inmadurez a la integración.
En estos días, a raíz de un error involuntario del jefe de la Fuerza Aérea Argentina en una entrevista por streaming, donde se refirió a que “Magallanes es soberanía” se ha visto un nuevo despliegue de retórica belicista desde Chile, como si tales declaraciones (en una entrevista donde el propio brigadier Valverde destaca la buena relación con Chile) hubieran sido una amenaza de guerra. La sobreactuación, que lleva ahora hasta a que el congreso de Chile ahora plantee sesionar en el estrecho, el cual, como aclaró varias veces Argentina, no está en disputa ni es reclamado.
Este episodio recuerda al de los famosos paneles solares en el Hito 1 en Tierra del Fuego en 2024, donde un grupo de obreros de una empresa privada colocó el soporte de un panel solar de la estación de vigilancia que hay allí un par de metros dentro de territorio chileno, simplemente porque cuando se corrió el límite en el tratado de 1984 no se había corrido el alambrado que lo marcaba. Y ese soporte de un panel solar fue tomado casi como una invasión y hasta el propio presidente de Chile en ese entonces, Gabriel Boric, amenazó con retirarlo por la fuerza, en lo que pareció más un berrinche que un planteo serio. Y en Argentina así se lo tomó.
Hace poco, en un evento sobre la relación entre Argentina y Chile organizado por Athenalab de Chile y el CARI, se planteó acertadamente separar el discurso “de barrabravas” de las redes sociales con el de las élites, pero esto no es lo que se está viendo hoy en parte de las élites de Chile, que mantienen un discurso belicista desproporcionado, quien sabe con qué intereses, si es solo poner presión a José Antonio Kast, si es lobby de las Fuerzas Armadas para obtener más presupuesto luego de años de recortes o si es parte de la guerra híbrida que Gran Bretaña lleva adelante contra la Argentina.
Es cierto que las redes sociales generan ruido que a veces escala a niveles políticos y por eso hay muchos operadores pagos actuando allí para generar ese ruido. También es lugar de extremistas, pero también de muchos ignorantes que no ven más allá de sus narices y no comprenden lo que declaman allí. Por eso la relevancia política que se le de a lo que se dice en las redes depende de las intenciones, la inteligencia y la madurez de las élites.

En la Argentina, los planteos que se hacen desde Chile calan solo superficialmente y en general se les presta poca atención, dejándolo para el debate en las redes sociales de ciertos sectores. Es cierto que el argentino mira muy poco hacia el otro lado de la cordillera y casi siempre lo ha hecho solo con la idea de que a veces es un lugar barato para hacer compras. También no es menos cierto que ese desinterés lleva a la torpeza de algunos dirigentes y autoridades argentinas, como fue el caso del brigadier Valverde o también de Patricia Bullrich confundiendo Magallanes con el Canal Beagle, simplemente porque no estudian los mapas ni les prestan mayor atención. Es torpeza y es un problema, pero una cosa es un error por torpe y otra es la intencionalidad. La torpeza tiene algo de inmadurez, pero solo es una afrenta para quien tampoco tiene la madurez para comprender la intencionalidad.
Y tal vez en ese desinterés de los argentinos resida una parte de ese resentimiento que se evidencia en algunos políticos y analistas de Chile cuando insisten en que la Argentina debe disculparse una y otra vez y reafirmar de manera constante que el Estrecho de Magallanes es chileno, como un niño que busca llamar la atención y se enoja cuando lo ignoran o solo le dicen que pare con su berrinche. Y el argentino les da la razón con cansancio como quien solo quiere que dejen de hacer berrinches.
Los argentinos ni siquiera prestan atención cuando chilenos, incluso políticos y periodistas, insisten en que la Argentina les robó la Patagonia, lo cual ya ha sido debidamente refutado por investigadores de Chile y Argentina en base a toda la documentación histórica anterior a la independencia de ambos países. Esta investigación lo estudió a fondo Pablo Lacoste para la Pontificia Universidad Católica de Chile y lo dejó claro: https://revistahistoria.uc.cl/index.php/rhis/article/view/11914 , así como lo han estudiado otros investigadores y así como lo entendieron ambos países al firmar el tratado de 1881, pero algunos han preferido mantener su ignorancia, tal vez para mantener una idea de que la Argentina es expansionista, que refuerzan cuando dicen que la Argentina mantiene ambiciones hacia el oeste. Esto último, escuchado y leído bastante en los últimos días, ninguno ha podido justificarlo, ya que no existen documentos ni declaraciones de autoridades o instituciones argentinas que planteen o sugieran alguna pretensión argentina sobre territorio más allá de lo que ya fue delimitado en los tratados de 1881 y 1984. El argentino también ve a Chile como expansionista (y la insistencia con la Patagonia, incluso por opinólogos muy reconocidos – pero muy anti argentinos-, da un poco de razón a esa visión), pero en general, no lo ve como una amenaza.

De hecho, prácticamente no existen ya cuestiones limítrofes por definir, solo una porción de la zona de Hielos Continentales, porque ninguno ratificó el acuerdo de 1991 y, a pesar del acuerdo de 1998 que resolvió gran parte de la disputa, no se ha avanzado en acordar lo que falta. También se ha planteado desde Chile la continuación del límite en la Plataforma continental al sur del Punto F del Tratado de 1984, aunque el tratado ya plantea que “al sur del punto final del límite (punto F), la Zona Económica Exclusiva de la República de Chile se prolongará hasta la distancia permitida por el derecho internacional, al occidente del meridiano 67°16',0 de longitud oeste, deslindando al oriente con el alta mar”. O sea, ese meridiano marca el límite en la prolongación hacia el sur, aunque hoy se habla de plataforma continental y no de ZEE. Y quedará por resolverse la reclamación que ambos hacen de la Antártida, ya que parte del territorio reclamado se superpone, pero el mayor problema está en que Gran Bretaña reclama todo el territorio que tanto Argentina como Chile plantean como propio, en base a su proyección por la ocupación de Malvinas (lo que convierte a Malvinas en un conflicto también para Chile, donde Gran Bretaña es su adversario, aunque desde Chile no lo adviertan). Que la Argentina recupere Malvinas implica para Chile eliminar la amenaza que Gran Bretaña representa para su reclamo antártico.
En el citado evento organizado por Athenalab y el CARI, Nicolás Ibañez, presidente de Athenalab, planteó que el próximo encuentro debe tratar las desconfianzas entre ambos países, lo cual es muy acertado, pero creo que esas desconfianzas hoy son alimentadas sin sentido con estos discursos belicistas exagerando cuestiones menores hasta llevarlas a que sean temas de estado y que por semanas se las siga alimentando. No solo generan más desconfianza, sino que le quitan seriedad a la discusión y llevan a que desde la Argentina se vea la protesta desde Chile, al igual que fue en el caso de los paneles solares, como una actitud de inmadurez.
El presidente Kast demostró una visión mucho más madura y de un estadista durante el encuentro con el presidente Javier Milei y el comunicado que firmaron ambos plantea tal vez el mayor paso histórico desde 1984 en pos de la integración entre ambos países. Y es posible que ahí radique la raíz de estas quejas y que vuelve a llevar a la sospecha de que detrás está la mano británica, ya que se dan al mismo tiempo en que la Argentina empieza a construir una estrategia madura y concreta para recuperar las Malvinas. Gran Bretaña necesita de Chile para mantener las Malvinas y así poder disputar la Antártida (a la Argentina… y a Chile).

Kast, que en el pasado tuvo discursos muy anti argentinos, creo que entendió que no debe darse lugar a la desconfianza ni al conflicto, y posiblemente haya comprendido que la Argentina hace décadas que no tiene interés en un conflicto con Chile. Y que en el mundo que viene, los dos países deben trabajar juntos porque comparten intereses, desafíos, amenazas y oportunidades, aprendiendo tal vez de potencias europeas que por siglos se mataron entre ellos y hoy no tienen ni siquiera fronteras.
Esto se da en una época donde en el mundo renacen los conflictos, donde vuelve la bipolaridad, con el eje democrático por un lado, liderado por Estados Unidos, y el autocrático por otro, liderado por China, con grandes intereses en América Latina y donde los pasos bioceánicos cobran mayor importancia (y donde, aunque Magallanes sea chileno, todo buque que lo transite también debe transitar aguas territoriales argentinas, por lo que Argentina es parte del control del paso). También en una América Latina asaltada por el crimen organizado, donde el Cono Sur (Argentina, Chile y Uruguay) son los países que menos se ven afectados y así deben intentar mantenerse, colaborando entre sí para neutralizar esta amenaza. A la vez, la disputa global por la energía, metales y minerales le vuelve a dar importancia a los yacimientos que ambos países tienen, donde las economías se complementan y se potencian, donde los intereses son demasiado grandes como para que se vean amenazados por una reacción desmedida por un evidente error en una entrevista.
Por eso, Chile debe optar entre la inmadurez o la integración, porque la Argentina (con sus torpezas) ha optado por la integración.




