Chile y Argentina frente a un nuevo entorno estratégico: integración, seguridad y desarrollo
- Santiago Rivas

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En un escenario de tensión global creciente y donde América Latina enfrenta grandes desafíos de seguridad, Argentina y Chile viven una situación especial al ser, por un lado, una de las pocas regiones con alto nivel de estabilidad y seguridad a nivel global, a la vez de tener una gran oportunidad por la creciente demanda de minerales, metales y las llamadas tierras raras a escala global. A la vez, ambos países poseen economías complementarias, así como la posición de cada uno aporta ventajas al conjunto. Sin embargo, una historia de desconfianza y conflictos en el siglo XX aún genera un freno a una mayor integración que potencie el desarrollo de ambos países. Con el objetivo de buscar consensos en la manera de dejar atrás las viejas discusiones y trabajar en una mayor integración, el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI) y Athenalab de Chile organizaron el 27 de agosto el seminario “Chile y Argentina frente a un nuevo entorno estratégico: integración, seguridad y desarrollo”, en el cual se contó con la presencia de destacados analistas de Argentina y Chile que analizaron la relación entre ambos países, la geopolítica global y su impacto, la economía y los desafíos en seguridad y defensa.
Durante la apertura, el vicepresidente de Athenalab, Richard Kouyoumdjian, subrayó que por 200 años Argentina y Chile pensaron por separado, mientras que consideró que la suma de ambos pesa mucho más que la individualidad de cada uno, mientras que Elsa Llenderrozas, directora del Comité de Asuntos Latinoamericanos del CARI, destacó que pocas relaciones en América Latina han experimentado una transformación tan profunda como la de Argentina y Chile. Sin embargo, consideró que hay que profundizar la conectividad entre ambos países y trabajar en la cuestión energética, donde la Argentina puede aportar energía y Chile infraestructura, experiencia y acceso al Pacífico. Por otro lado, destacó que es necesario superar la lógica extractiva como proveedores y participar en la cadena de valor y que ese es un aspecto a considerar en una asociación entre ambos estados. Como otros ejes en donde se puede avanzar, Llenderrozas enumeró la seguridad y el combate del crimen organizado, la cooperación antártica y el comercio en terceros mercados.
En el primer panel de la jornada, enfocado en la geopolítica, Juan Battaleme, miembro consejero y ex secretario académico del CARI, destacó que todo lo que se fue construyendo hasta ahora lo fue en una época de optimismo estratégico, pero hoy aparecen luces amarillas debido a una situación global más complicada, donde todo diálogo que surge lo es en un contexto internacional más débil. Por un lado, la bipolaridad sino-americana obliga a repensar el rol hemisférico, en un mundo donde las economías se han vuelto interdependientes y las dos potencias usan esa interdependencia que existe en la producción y el comercio para hacerse daño y ahí la Argentina y Chile tienen que ver cómo les afecta su interdependencia con ambas potencias.

Por otro lado, explicó cómo ha cambiado el escenario con las guerras en Irán y la invasión rusa en Ucrania, donde Rusia e Irán son los países más sancionados del mundo, pero eso no los afecta del todo ya que países como China no cumplen las sanciones y esta última amenaza con que no la vayan a sancionar por no hacerlo.
Por otro lado, explicó que las percepciones que tienen las sociedades es clave y dentro de éstas está la visión de que el statu quo internacional se ha roto y se mueve sobre los espacios comunes. Las amenazas transnacionales hoy atraviesan esos espacios, que antes se creía fijos.
En cuanto a América Latina, Battaleme afirmó hoy es la zona más tranquila del planeta, considerando el resto del mundo, a la vez que sumó que los poderes marítimos siguen jugando al control de los pasos y estrechos. En este sentido, el paso en el sur debe ser algo que Chile y Argentina deben usar para mostrar que son garantes de estabilidad.
Por otra parte, explicó que el mundo ha pasado de un orden basado en reglas a uno basado en tratos, los cuales son acuerdos menos consistentes, y esto se debe a una mayor desconfianza porque la política internacional se volvió facciosa, donde las facciones canalizan las frustraciones de las sociedades y eso lleva a un mal nacionalismo. Además, explicó que hoy casi todos los líderes globales tienen más de setenta años, mientras que en países como Argentina y Chile lidera otra generación, que está en el orden de los 55 a 60 años.
Sin embargo, esta realidad abre la posibilidad de que los dos países hagan acuerdos bilaterales de largo plazo. “No hay consensos sin estabilidad y esta región es relativamente estable desde lo político” destacó Battaleme y agregó que la posición geográfica es la mejor ventaja que tienen los dos países, aunque agregó que “hay que sacarse de encima el problema de desconfianza que tenemos”, ante lo cual el presidente de Athenalab, Nicolás Ibáñez, intervino para plantear que el próximo seminario, a realizarse en Chile antes de fin de año, debería enfocarse en este punto. Battaleme agregó como ejemplo que “nunca nos planteamos cómo dañamos la relación cuando Néstor Kirchner decidió cortarle el gas a Chile”, ya que esa actitud mostró que la Argentina podía incumplir sus acuerdos.
Por otro lado, explicó que en el contexto del Atlántico Sur, Chile ha quedado en el medio de la disputa de la Argentina con Gran Bretaña y afirmó que esta última va a cometer un gran error estratégico si en 2027 comienza a explotar recursos naturales en el Atlántico Sur, porque deja a la Argentina con poco margen de maniobra y ubica a Chile en una posición incómoda con la Argentina, todo en un escenario donde Estados Unidos quiere una región unida y sin fricciones.
Como cierre de su exposición, Battaleme afirmó que “si sabemos navegar en el optimismo, tenemos la posibilidad de reconfigurar la relación y que ambos sean el país confiable que el otro necesita”.
A continuación, Sofia del Carril, directora del Grupo de Trabajo sobre Escenarios Globales del CARI, hizo un análisis del impacto del escenario global en la región, destacando cómo la disputa por la hegemonía entre Estados Unidos y China, así como el realineamiento de Estados Unidos en el mundo nos está afectando. La revisión de los tratados de libre comercio, su relación con la OTAN y con el sector tecnológico son movimientos clave en este cambio.
Luego definió lo que consideró megatendencias globales, como son los cambios demográficos, el cambio climático, la transición energética, la reconfiguración de cadenas de valor y la disrupción tecnológica y cómo están alterando el mundo, citando la mayor longevidad con caída de la natalidad, la migración o el aumento de los conflictos híbridos que modifican las cadenas de valor. En este último punto, subrayó que el riesgo geopolítico viene creciendo dentro de las consideraciones, se aumentan los stocks para prever posibles disrupciones y se va del “just in time” al “just in case”, lo que lleva a que se vaya al “near shoring”, o sea comprar a quien está más cerca, y al “friend shoring”, comprarle al país amigo, al proveedor más confiable porque se tiene mejor relación.
Por otro lado, destacó que se está pasando de una era de riesgo geopolítico a una de incertidumbre geopolítica y esto es grave ya que las empresas suelen considerar el riesgo, medirlo y tomar medidas para reducir los niveles de riesgo, pero es poco lo que pueden hacer contra la incertidumbre.
John Griffiths, director ejecutivo de AthenaLab, concluyó el panel comenzando por hacer un trazado histórico de cómo se fue terminando el orden basado en reglas a partir de la invasión a Irak en 2003, seguida por las invasiones rusas a Georgia en 2008, a Crimea en 2014 y finalmente la invasión a gran escala a Ucrania en 2022, y cómo esto más la revolución tecnológica llevaron a lo que considera que es el cambio más grande en la historia de la humanidad, por la velocidad en la que está ocurriendo. “El cambio tecnológico va más rápido de lo que podemos asimilarlo”, destacó, a la vez que explicó que estas también son las décadas más violentas desde el fin de la guerra fría, con 45 conflictos existentes en la década de 2010 y luego 65 en lo que va de la década actual, mientras casi todos los países han aumentado sus presupuestos de defensa.
Sin embargo, al igual que Battaleme, consideró que el Cono Sur de América Latina (Argentina, Chile y Uruguay) es un área de estabilidad y explicó que hoy solo se puede considerar como tales a Estados Unidos y Canadá, Oceanía y el Cono Sur.
En cuanto a la relación entre Argentina y Chille, Griffiths opinó que hubo una pacificación estratégica, pero no se pudo hacer una integración consolidada, “se pasó de la rivalidad a una comunidad de seguridad, pero hay que fortalecerla”, afirmó y subrayó que la debilidad fue que ambos países no fueron capaces de institucionalizar la cooperación.
Por otra parte, destacó que a partir de 2004 hubo un cambio grande a nivel militar, cuando se acordó el acercamiento, el intercambio de oficiales superiores en las escuelas de guerra y que llegó hasta la creación de la Fuerza de Paz Conjunta Cruz del Sur. En este sentido, destacó que esta última hay que reforzarla y darle mayor uso, ampliando sus tareas a cuestiones como pueden ser misiones de seguridad en la frontera o tareas humanitarias.
Además, consideró que hay que trabajar en donde hay vectores de confluencia estratégica, como es la energía, trabajando en la complementariedad en la conexión eléctrica, o en minerales críticos y en la conectividad entre ambos países, donde en el final de la jornada se planteó como un objetivo a lograr el que se pueda cruzar la frontera sin hacer migraciones ni aduanas, tal como ocurre en el Espacio Schengen en Europa, aunque los exponentes consideraron que antes se debe trabajar mucho en la seguridad de los dos países.
En este sentido, Griffiths destacó que en Europa la integración se produjo gracias a que ya tenían conectividad e integración energética.
Un punto muy relevante que consideró es evitar la politización de las disputas que aún quedan pendientes y que “no hay que caer en el efecto barrabrava de las redes sociales”, haciendo alusión a cómo los últimos incidentes fueron maximizados en las redes y generaron efectos políticos.
Como factores centrales a trabajar también destacó encontrar las convergencias dentro de dos modelos económicos diferentes, donde Chile ha apostado a acuerdos bilaterales de libre comercio y la Argentina al Mercosur. También a explotar la proximidad a la Antártida, pasar de la vecindad a un entorno geopolítico y aprovechas la complementariedad, donde Chile y Argentina pueden transformarse en una plataforma bioceánica proyectada a la Antártida.
Así, como desafíos a trabajar entre ambos países planteó: reflexionar para hacer una asociación y blindarla a los riesgos externos, expandir la Fuerza de Paz Cruz del Sur a otras tareas y repensar su misión, un régimen energético vinculante más robusto, una agenda antártica común, conectar recursos minerales y mejorar la colaboración frente a las amenazas de seguridad transnacionales.
Seguridad regional
Un segundo panel estuvo enfocado en los desafíos de seguridad en la región, el cual inició con la exposición de Pilar Gianini, subsecretaria de Seguridad Pública de Chile, que destacó la importancia de trabajar en red debido a que amenazas como el crimen organizado y el cibercrimen no conocen fronteras. A la vez, destacó la historia de colaboración que ya existe entre la Argentina y Chile en materia de seguridad, pero que la magnitud de las amenazas obliga a ir más lejos, a actuar antes para poder prevenir, compartiendo más información. En ese sentido, destacó el acuerdo de seguridad firmado en Santiago en mayo de este año, que es el primero de este tipo en América Latina.

Por otro lado, Fabián Calle, Director del Instituto de Seguridad Internacional y Asuntos Estratégicos del CARI, subrayó que ambos países enfrentan la amenaza del narcotráfico, el cual tiene una agenda política, incluyendo el uso de éste por potencias extranjeras para actuar en el escenario internacional, como ocurre con el Tren de Aragua por parte de Venezuela y Cuba.
“Las redes transnacionales deben ser vistas como actores que buscan lucro y poder, pero tienen vínculos con estados”, afirmó y agregó que Estados Unidos empieza a ver el problema del narcotráfico ya no como una cuestión de la DEA, sino como un tema de seguridad nacional y ve a los grupos criminales de este tipo como organizaciones terroristas. “Hay que acostumbrarse a un Estados Unidos que dispara dentro de los territorios nacionales de otros estados. En los que colaboran, puede ser una operación conjunta, y en los que no, puede ser un ataque en su territorio”, dijo Calle.
Por otro lado, refiriéndose a la disputa entre China y Estados Unidos, ejemplificó que, mientras la Guerra Fría fue fría en Europa, no lo fue en el resto del mundo, y lo mismo puede ser con esta nueva guerra fría, donde solo se evite el enfrentamiento en el Asia-Pacífico. Además, puso como ejemplo la visión desde Estados Unidos de que la guerra del fentanilo es una “Guerra del opio 2.0”, donde China les mata 100.000 personas del nivel socioeconómico más alto cada año y convierte a consumidores recreativos de cocaína en adictos a las drogas sintéticas.
En esta guerra contra el narcotráfico también pesan grupos que por razones ideológicas tienen una visión comprensiva de los delincuentes, los justifican y, cuando gobiernan, les liberan zonas.
Ante este panorama, explicó que la densidad que va a adquirir la relación entre Argentina y Chile por la producción de minerales en la frontera, donde Argentina también se va a convertir en un gran productor de cobre, plata y oro, entre otros metales, que, estimó, en el caso del cobre, alcanzará como mínimo el mismo nivel productivo que Chile. Parte de esta producción, afirmó, saldrá por el Oceáno Pacífico, por lo que esas zonas deberán ser cuidadas porque las organizaciones criminales con agenda política querrán hacer pie en ellas para hacer negocios, por lo que en este punto consideró que hay una agenda de cooperación donde hay que comenzar a trabajar ya.
Como parte de las consideraciones finales, Kouyoumdjian planteó que hay que pensar qué pueden ofrecerle ambos países al mundo, como litio, cobre, tierras raras, energía y turismo, a la vez que explotar la ventaja que existe en la relación con Estados Unidos. “Argentina y Chile no exportan droga ni migrantes a Estados Unidos y tienen los mismos atributos que Estados Unidos y China quieren”, afirmó y concluyó destacando que hay que ir a proyectos tecnológicos grandes en Inteligencia Artificial, manejo de datos y otras áreas de alto valor agregado.
Este seminario, que será continuado por otro a realizarse en Chile, fue un primer paso para destacar los puntos en común entre ambos estados, los desafíos y oportunidades, así como el trabajo pendiente para construir una relación más sólida, entendiendo que el Cono Sur, del que forman ambos países junto a Uruguay, es hoy una de las regiones más estables del planeta, con enormes recursos y potencial de desarrollo, pero que no está exenta de amenazas que demandan un enfoque en común.



