Conquistando un sueƱo, recuperando patria - Parte 2 : De San Carlos a Puerto Argentino
- Gonzalo Mary
- 8 dic 2023
- 9 min de lectura
Continuamos el diÔlogo con Roberto Oscar Reyes, quien nos cuenta como vivió el desembarco ingles y su intento por regresar a Puerto Argentino.
Por Gonzalo Mary
PucarÔ Defensa: ¿Estuvo también en San Carlos?
Roberto Reyes: SĆ, llegamos desde Darwin ā Goose Green, los gatos formĆ”bamos parte del Equipo de Combate (EC) Güemes a órdenes del Teniente Primero Esteban. Establecimos el Puesto Comando del EC en la escuela de la localidad. SabĆamos que los kelpers estaban organizados para reunir información y comunicarla a la flota.
El 18 de mayo recibĆ la orden de relevar a mi compaƱero y amigo el Subteniente JosĆ© Alberto VĆ”squez en la denominada altura 234. Ćramos un grupo de 21 infantes de dos unidades diferentes, tenĆamos la misión de ādar la alerta temprana a la fuerza y reforzados con armas pesadas, emboscar a las fuerzas britĆ”nicas que pudieran ingresar por el canalā.
Hasta ese dĆa nuestro estado general era bueno porque habĆamos comido, descansado, nos habĆamos higienizado y habĆamos mantenido nuestro estado fĆsico y espiritual cada vez que la situación lo permitió.
Las comunicaciones estaban restringidas a informes ordenados para ahorrar energĆa. Los dĆas a la intemperie eran sumamente frĆos y hĆŗmedos. Las noches eran oscuras y completamente cerradas, lo que me permitĆa recorrer las posiciones y practicar el repliegue hacia los puntos de reunión de los grupos.

PD: ¿Cómo fue el momento del desembarco?
RR: Era una noche helada y sin visibilidad. Desde un puesto de escucha adelantado se me informó de ruidos en el canal. HabĆa varias embarcaciones que se aproximaban navegando lentamente, en silencio y con luces apagadas; con intenciones de desembarcar en San Carlos.
IntentĆ© comunicarme con el jefe de compaƱĆa para informarle la novedad, pero desde allĆ la seƱal de la radio TRC 300 no era recibida. Impartà órdenes de apresto para el combate y ratifiquĆ© las acciones, alertando al personal sobre la inminente apertura del fuego.
OrdenĆ© abrir el fuego con los morteros empleando proyectiles de iluminación para poder ver mejor y comenzar a tirar con munición de guerra, ya que no disponĆamos de medios de visión nocturna. Las órdenes que se escuchaban y las maniobras para facilitar el lanzamiento de los vehĆculos anfibios mientras evitaban primero el fuego de los morteros, daban cuenta de una gran sorpresa y confusión en el estrecho por parte de la fuerza britĆ”nica.
El intenso fuego naval fue desplazĆ”ndose sobre nuestras posiciones, por lo que ordenĆ© varios cambios de posición hasta agotar la munición de morteros. Estando convencido de que habĆamos cumplido con la misión de alertar a nuestras fuerzas y emboscar a los ingleses, ordenĆ© iniciar los preparativos para el repliegue.
PD: ¿Cómo se produjo el repliegue?
RR: Nos arrastrĆ”bamos como lombrices. Los proyectiles caĆan a metros de la doble columna, algunos explotaban y otros penetraban en el suelo blando sin explotar. Pasaron unos 30 minutos de arrastre hasta poder incorporarnos y salir de la zona batida, fue allĆ donde comenzamos a recibir fuego desde arriba, del flanco izquierdo. Los britĆ”nicos habĆan desembarcado en patrullas a nuestra retaguardia y reciĆ©n al pararnos pudieron localizarnos con precisión, tenĆan miras de visión nocturna. IntentĆ© flanquearlos con una parte de la vanguardia, mientras que el resto nos apoyaba en el movimiento. Durante todo el ataque de la patrulla del SBS, un vocero mediante megĆ”fono nos intimaba a rendirnos. La confusión del combate y la noche cerrada contribuyeron a separarnos. Pudimos evadirnos y salir de la zona de fuego. De los veintiuno quedamos solamente once.

PD: ¿Qué sucedió una vez que lograron evadir a los ingleses?
RR: Nos enmascaramos y nos dispusimos a enfrentar lo que pudiera amenazarnos. Nos quedaban unos cuarenta tiros aproximadamente por hombre. Continuaban buscƔndonos con patrullas aƩreas y terrestres.
Fuimos observadores privilegiados del ataque aéreo a la flota britÔnica. El estrecho era un festival de explosiones y rÔfagas en el aire, pudimos ver como dos buques fueron alcanzados por las escuadrillas. tanta distracción durante la mañana permitió que fuéramos olvidados.
TenĆamos una nueva misión: marchar con rumbo sudeste hacia Puerto Argentino. Contaba con cartografĆa de la isla y sabĆa perfectamente donde nos encontrĆ”bamos. Con las primeras sombras nos preparamos para comenzar la evasión y el escape.
MarchÔbamos de noche, antes del amanecer buscaba un lugar dominante donde vigilÔbamos y descansÔbamos por parejas de combate en turnos. Pudimos observar la inmensa actividad enemiga del desembarco britÔnico, sin poder informar a nuestras fuerzas. MarchÔbamos casi siempre entre el dispositivo inglés y la turba esponjosa y húmeda, a un promedio de 3 km por noche aproximadamente.
PD: ĀæEstaban preparados para esa marcha?
RR: No contĆ”bamos con mĆ”s abrigo que la ropa puesta, sin mochila o equipo aligerado, es decir nada con que abrigarnos, la bruma hĆŗmeda y espesa estaba siempre presente, por momentos se confundĆa con una llovizna fina y helada. El frĆo llegaba a calar hasta los huesos.
Desde que iniciamos la marcha no comimos, habĆamos consumido el poco alimento el dĆa 21 esperando el relevo. No tenĆamos desesperación por comer, la necesidad de salir de la zona sin ser vistos y atacados y poder aprovechar mejor las horas de luz para marchar, eran nuestras preocupaciones. DebĆamos tomar agua de los arroyos, pero todos confiaban plenamente en mis decisiones. Les preguntaba si preferĆan rendirse y recibĆa un ānoā rotundo.
Los sufrimientos de la penosa marcha nocturna, la tensión nerviosa por el temor constante de estar transitando rumbo a un combate desfavorable o el caer prisioneros, sumados a la frĆa manera de pasar los dĆas en posiciones inmóviles, hacĆan que el estómago estuviese apretado. Era evidente el desgaste que acumulĆ”bamos.
PD: ĀæFueron vistos en algĆŗn momento?
RR: La quinta noche de marcha. La pareja de seguridad de la retaguardia me informó que nos seguĆa una fracción de 15 soldados.
ResolvĆ cruzar un profundo brazo de mar, a pesar de que varios no sabĆan nadar. Los que sabĆamos los apoyamos a realizar el pasaje. Nos mojamos completamente, hecho que nos afectarĆa en el futuro, porque toda la ropa permaneció hĆŗmeda por unos cuantos dĆas. Godoy, intentando ayudar a cruzar, casi se ahoga, Alarcón perdió el fusil.
Alcanzamos la posición pretendida, no podĆamos movernos mĆ”s de aquel sitio, aplastados, tiritando, y como ocurrió el 21, lo que vimos fue increĆble. Desde arriba, en la dirección a donde Ćbamos antes de cruzar el brazo de mar y a unos 400 m desde donde estĆ”bamos, comenzaron a disparar hacia la patrulla que nos perseguĆa con una precisión letal. Cuando movĆ el grupo, la fracción que emboscaba no nos detectó al pasar por debajo de ellos, a quienes si vieron, fueron a aquellos que nos perseguĆan, siendo esta otra patrulla britĆ”nica que no estaba coordinada con las emboscadas instaladas. Fue devastador.

PD: ¿Cómo lograron salir?
RR: DecidĆ que no nos moverĆamos de dĆa hasta que saliĆ©ramos de la zona. TenĆa que sacar a mi gente viva de aquel laberinto como pudiera. El frĆo fue desesperante, el Ćŗnico recurso que quedaba para combatirlo en ese lugar era abrazarse entre sĆ. La ropa completamente mojada se endurecĆa y congelaba, era imposible no sentirse desesperado. Alguien se puso a llorar, y con razón, otros rezaban en voz baja y no faltó el que apeló al humor.
La voluntad del grupo habĆa empezado a quebrantarse, los hombres parecĆan ausentes, pero eran soldados del 25 y no estaban entregados, continuaban confiando en mis decisiones.
Al cabo de dos noches estimĆ© que debĆamos haber recorrido unos 10 Km., paramos en una elevación rocosa que posibilitarĆa construir un refugio para pocos. Este lugar era bueno porque nos permitirĆa detenernos por unos dĆas, cazar algo, encender un fuego sin ser vistos, calentarnos, secar la ropa y comer y asĆ poder recuperar nuestro estado general. EstĆ”bamos sufriendo mucho, el Ćŗltimo esfuerzo se sintió demasiado. TenĆamos los sĆntomas del llamado pie de trinchera.
PD: ¿Cómo lograron sobrevivir?
RR: Cazar era una decisión peligrosa, los disparos podrĆa atraer a las patrullas enemigas. Pero a esa altura de las circunstancias daba lo mismo morir bajo los proyectiles ingleses que de hambre. Durante la maƱana apareció una avutarda a pocos metros del refugio, saquĆ© mi pistola y disparĆ© varios disparos hasta poder matarla, era instructor de tiro, pero la debilidad que tenĆa me impedĆa sacarme el temblor de las manos. Nos dividimos las plumas, que todavĆa conservaban algo del calor del animal en los pedazos de piel, para metĆ©rnoslas en el pecho, abrigamos nuestros pies con los plumones. RepartĆ los pedacitos de carne cruda como si ejecutara un ritual pagano.
HabĆa que hacer fuego, los fósforos se habĆan mojado. TenĆa un lanzador de seƱales luminosas, juntaron pasto y disparĆ© el proyectil sobre la pequeƱa parva que no se encendió por estar demasiado hĆŗmeda. Intente nuevamente con otra bengala, agregĆ”ndole al pasto pedacitos de raspaduras y astillas de una tabla del alambrado, esta vez se encendió y pudimos calentarnos en rueda y secar por lo menos la ropa interior. Nos sentĆamos reconfortados.
Pero la enfermedad nos habĆa alcanzado, yo tambiĆ©n tiritaba por ratos y deliraba de fiebre. Debimos quedarnos varios dĆas en el abrigo. El caso mĆ”s grave fue el del cabo Godoy. Con el correr de los dĆas pude observar de cerca como iba avanzando la gangrena.
De los 9 dĆas en el refugio, tuvimos sólo tres de fuego. Cada tres o cuatro dĆas mandaba a los hombres en pareja a cazar ovejas. El racionamiento era estricto. Desde la emboscada nunca mĆ”s vi patrullas enemigas.

PD: ĀæPermanecieron en el refugio?
RR: Seguir aferrados a ese refugio podĆa equivaler a una condena a muerte colectiva. EstĆ”bamos todos enfermos y necesitĆ”bamos ser atendidos. ResolvĆ entregar a los enfermos graves y seguir la marcha con el resto. Era la Ćŗnica manera para que recibieran asistencia mĆ©dica inmediata y nosotros buscar el auxilio sanitario en propia tropa. Godoy, Moyano y Cepeda se quedaron con Clot, que era el que mejor estado tenĆa. Les dejamos alimento para dos dĆas y un maletĆn de primeros auxilios para que Clot, sin armamento, se contactara con los britĆ”nicos y los guiara hasta los enfermos.
Los siete restantes seguimos marchando penosamente, nos llevó mĆ”s de cinco dĆas llegar a un caserĆo identificado como New House, a unos 20 km del refugio. AllĆ comimos lo que encontramos y nos abrigamos. Las ropas hechas jirones, enfermos, el rostro deformado por los sufrimientos. Ninguno tenĆa mĆ”s de veinticinco aƱos, pero aparentĆ”bamos ser un grupo de ancianos vagabundos.
PD: ĀæLograron reunirse con el resto de la fuerza?
RR: Al sexto dĆa nos despertó el ruido inconfundible de rotores de helicópteros. No llevaban esa seƱal amarilla en la cola que los identificaba como propios. Sin posarse en tierra, iban dejando dos hombres, era una sección completa. SabĆan el sitio exacto en el que nos encontrĆ”bamos, con certeza algĆŗn kelper oculto en el caserĆo informó cuĆ”ntos Ć©ramos y dónde estĆ”bamos.
TenĆa apuntado a un soldado britĆ”nico y les pedĆ a mis hombres que hicieran lo mismo con otros, pero que no dispararan hasta que lo indicara. Los soldados comenzaron a converger sobre el galpón. Estaba preparado para lo peor y si hubiese ordenado abrir el fuego esos soldados que estaban en las Ćŗltimas, lo habrĆan hecho, me di vuelta y los vi, habĆamos perdido la aptitud para combatir, estĆ”bamos sin capacidad para resistir el menor ataque y salir de la instalación.
Nunca olvidarĆ© ese momento que tanto habĆa evitado. Pasamos 21 dĆas intentando regresar. Delante de mĆ tenĆa a un joven soldado ingles con cara de pĆ”nico. Yo tenĆa una barba de tres semanas, la cara sucia y cubierta de magullones. Me identifiquĆ© como el oficial a cargo, les pedĆ que evacuaran a quienes peor estaban; asĆ lo hicieron. Y juntos con el resto nos llevaron en otro helicóptero a San Carlos, esto ocurrió el dĆa previo a la rendición en Puerto Argentino.
En todo momento tuvimos presentes que lo Ćŗltimo que harĆamos serĆa rendirnos. Gracias a Dios ningĆŗn suboficial o soldado murió a pesar de todas las acciones realizadas, pudiendo cumplir con las órdenes y misiones recibidas e impuestas.

PD: ĀæQuĆ© sucedió con los que habĆan quedado en el refugio?
RR: Pude saber por los ingleses que Godoy, Cepeda y Moyano no habĆan sido capturados ni atendidos. SolicitĆ© un helicóptero para rescatarlos. El lugar estaba a unos quince kilómetros de San Carlos. Los encontrĆ© al borde de la muerte, frĆos, sin aliento para hablar, totalmente desahuciados. Cuando le quitĆ© las medias a Godoy vi que ambos pies estaban agusanados. Los tres fueron llevados de inmediato a un hospital de campaƱa y posteriormente al buque hospital, para luego sufrir amputaciones en sus miembros inferiores.
Clot fue tomado prisionero y lo tuvieron varias horas incomunicado, hasta que en el interrogatorio intentó desesperadamente explicarles que habĆan quedado tres compaƱeros en estado grave, pero no logró hacerse entender o no quisieron acompaƱarlo, temiendo que se tratara de una emboscada.
PD: ¿CuÔndo regresó? ¿Cómo fue el reencuentro con la familia?
RR: VolvĆ en el Canberra, entre el 16 y el 18 de junio, no recuerdo bien. El reencuentro fue muy emocionante porque no supieron de mĆ en mucho tiempo.
PD: ¿Qué representan las Malvinas hoy? ¿Qué mensaje o lección cree que podemos extraer de su experiencia para las nuevas generaciones?
RR: Las Malvinas son una de las principales causas de unión de todos los argentinos de bien. La situación actual de nuestras Malvinas nos obliga a unir esfuerzos para recuperarlas inteligentemente, demostrĆ”ndole al mundo que somos una nación creĆble, unidos y dispuestos a mejorar la situación de aquellos que viven en ellas. Nada de esto sucederĆ” si continuamos separados defendiendo diferentes posiciones y prestĆ”ndole poca y nada atención a la difusión y enseƱanza de las causas por las cuales son argentinas y pertenecen a nuestra soberanĆa. Los jóvenes deben continuar decididamente con las polĆticas de recuperación y para ello deben conocerlas y amarlas.
