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Crónicas desde Ucrania – Parte 6: En el frente en Kherson


Transitando debajo de las redes antidrones en la ruta a Kherson.
Transitando debajo de las redes antidrones en la ruta a Kherson.

Una visita rápida a una de las zonas calientes del frente, donde los rusos atacan diariamente no solo a las tropas ucranianas, sino también a los civiles, en una ciudad donde la vida se ha vuelto muy dura.

 

Cuando empecé a organizar el viaje a Ucrania, uno de los aspectos centrales era conocer la realidad en el frente, tanto de las tropas desplegadas para frenar la invasión rusa como de los civiles que deben sufrir la realidad de una guerra a la que fueron arrastrados por los deseos imperialistas de Putin. Tiempo atrás habíamos entrevistado a “John” Frankiv, CTO de la empresa Kara Dag, especializada en sistemas de detección de drones, y cuando le comenté que viajaría a Ucrania me invitó a viajar con él y parte de su equipo a Kherson, donde debían entregar algunos de sus equipos. El viaje no sería fácil, ya que la ciudad está constantemente bajo asedio de los rusos, que están en la orilla oriental del Dniéper, justo enfrente de la ciudad.

Actualmente, los rusos realizan ataques con artillería y drones todos los días sobre la ciudad y sus alrededores, tanto contra los militares como contra la población civil, y usan a los civiles de la ciudad como blanco para entrenar a sus operadores de drones, algo que veríamos en primera persona en el viaje. Para ello, las calles principales de la ciudad han sido cubiertas por redes, que dan una mayor protección al dificultar el ingreso de los drones. Lo mismo ocurre en parte de los 50 kilómetros de la ruta que va desde Mykolaiv, que es la principal vía de acceso a la ciudad.

La ciudad de Kherson fue la única capital provincial ucraniana capturada desde la invasión iniciada el 24 de febrero de 2022 y las tropas rusas llegaron hasta la entrada a Mykolaiv, realizando allí un asalto aéreo en la base aérea de la ciudad que acabó en desastre para los rusos. Las ciudades estaban en la línea de avance que apuntaba a capturar Odesa, principal puerto de Ucrania, lo cual nunca pudieron lograr los rusos. Posteriormente, las tropas ucranianas iniciaron a fines de 2022 una ofensiva que logró expulsar a los rusos de la orilla occidental del Dniéper, liberando a la ciudad de Kherson el día 11 de noviembre de 2022.

Ellos debían viajar por tres días, del 19 al 21 de diciembre, lo que me daba tiempo suficiente para hacer una serie de notas, pero organizarlo no sería tan fácil. Si bien yo tenía autorización del Ministerio de Defensa de Ucrania, una vez en Kiev nos informaron que además debían autorizarlo las autoridades locales y las unidades militares que querría entrevistar. Conseguir esas autorizaciones se demoró y recién tuvimos todo para el día 24 de diciembre. Con mi regreso desde Kiev a Varsovia para la noche del 26, la única opción que me quedaba era viajar el 25 de diciembre y a la noche de ese día salir en tren desde Kherson hacia Kiev para llegar en la mañana del 26 a la capital ucraniana. No me daba mucho tiempo en la ciudad, pero valía la pena el viaje.

Sacha, parte del equipo de Kara Dag, fue fundamental para gestionar las autorizaciones, preparando conmigo todos los pedidos y traduciéndolos al ucraniano en tiempo récord para llegar a tiempo. Además, “John” me fue indicando las cuestiones fundamentales a tener en cuenta para el viaje: Ante todo, no avisar a nadie la fecha ni nuestro recorrido, ya que seríamos blanco primordial para los rusos. Por otro lado, repasar el protocolo MARCH para atención de heridos, ya que, si éramos atacados en la ruta a Kherson, debíamos valernos por nuestros medios hasta poder recibir atención médica. Debíamos vestir además ropas totalmente civiles, lo cual no nos daba plena seguridad, pero nos volvía un blanco menos relevante para los rusos. Además, llevaríamos los sistemas de detección de drones que produce Kara Dag, lo que me permitiría evaluarlos en el terreno y comprobar su eficacia.


Por la ruta antes de llegar a Mykolaiv, excepto algunos camiones militares que cruzamos, nada hace creer que el país está en guerra.
Por la ruta antes de llegar a Mykolaiv, excepto algunos camiones militares que cruzamos, nada hace creer que el país está en guerra.

Así, en la madrugada de Navidad partimos desde el centro de Kiev, en medio de una alerta de bombardeo que había durado ya toda la noche de Navidad. Debíamos buscar a Sacha en el camino, en las afueras de la ciudad, lo cual no fue fácil debido a que cuando hay ataques rusos se bloquea la señal de GPS en toda el área, y en la oscuridad tampoco era fácil ubicarnos. Finalmente, alrededor de las 7 de la mañana salimos hacia el sur. La primera parte parecía un simple viaje a través del campo ucraniano, circulando por las rutas que van hacia el sur rodeados de campos sembrados, en algunas partes con algo de nieve y muy pocos rastros de la guerra que desde hace cuatro años mantiene Ucrania por su supervivencia. Sin embargo, a medida que vamos acercándonos a Mykolaiv vemos cada vez más algunos vehículos militares, mayormente camiones llevando abastecimientos.

Luego del mediodía llegamos a Mykolaiv y el panorama ya es distinto. En la entrada a la ciudad por el norte ya se cruzan puestos de control militares, con casamatas y nidos de ametralladoras, además de defensas antitanque. Cruzando la ciudad se ven más rastros de la guerra, con edificios destruidos en distintas partes y mayor presencia militar.


Construcciones dañadas en Mykolaiv.
Construcciones dañadas en Mykolaiv.

En la salida de la ciudad frenamos en una estación de servicio para prepararnos para el trayecto entre Mykolaiv hasta Kherson. Sabemos que será una de las partes más peligrosas del viaje, ya que hay presencia de drones rusos que no dudan en atacar a cualquier vehículo que transite la ruta. Podemos encontrar drones FPV tanto controlados por radio como con fibra óptica, pero los primeros son los más peligrosos, ya que pueden alcanzar hasta 200 km/h de velocidad, por lo que es imposible escapar intentando ir más rápido con el auto. Los de fibra óptica vuelan a una velocidad mucho menor, por lo que difícilmente puedan alcanzar a un auto que viaja rápido, pero, por otro lado, la única forma de detectarlos en viéndolos.


Aprendiendo a usar el Obriy 1.3 antes de salir a Kherson.


Muchas veces, los rusos posicionan drones en tierra en distintos puntos esperando que aparezcan vehículos para atacar, los cuales son detectados con drones de vigilancia, por lo que hay que estar atentos. “John” prepara los equipos de detección de drones, uno para cada uno, y me da un Obriy 1.3 con su pantalla conectada por cable, mientras que él lleva el más nuevo Obriy 1.4 con pantalla integrada y Sacha lleva otro 1.3 pero sin la pantalla. Sacha me enseña a conectarlo y calibrarlo y lo guardo en un bolsillo del chaleco portaplacas, el cual me pongo por debajo de la campera para que no sea visible y nos vuelva un blanco más tentador para los rusos. En el frente, no sirve llevar indicaciones de que uno forma parte de la prensa, lo mismo con médicos, porque los rusos no hacen diferencia y desconocen por completo la Convención de Ginebra, así que sabemos que no existe nada que nos dé algún tipo de inmunidad, solo podemos intentar protegernos de la mejor manera posible. También, una vez dentro del auto, nos pondremos el casco de kevlar.

“John” también distribuye torniquetes para que llevemos en nuestro equipo y me muestra donde está el equipo de primeros auxilios en el auto, con todo lo necesario para una atención rápida y estabilización ante heridas.

El Obriy es muy simple de usar y apenas detecta la señal de un dron empieza a sonar una alarma, pudiéndose ver qué tipo de frecuencias de radio está empleando y de qué tipo de dron se trata, como si es un FPV o un modelo de dron DJI, entre otros. Si el dron está cerca, puede empezar a interceptar la imagen de la cámara y ver qué está viendo el operador, lo que permite saber si el dron lo ha visto a uno o qué está atacando.


Equipado con casco y chaleco para el viaje entre Mykolaiv y Kherson.
Equipado con casco y chaleco para el viaje entre Mykolaiv y Kherson.

“John” además explica el procedimiento en caso de que detectemos que un dron va a atacar nuestro auto. Dado que no podemos ir más rápido que un dron FPV, la consigna es detenernos rápido, bajar del auto y correr todos en direcciones distintas, buscando algún refugio como árboles, zanjas o alguna construcción. Si el dron nos sigue y es inevitable que nos impacte, debemos intentar que sea por la espalda para proteger la cara, e intentar que el casco y el chaleco nos den cierta protección en los puntos vitales. Explica que normalmente los operadores de drones priorizan inutilizar el vehículo, pero puede haber más de un dron en la zona y pueden atacar a las personas luego de hacerlo con el vehículo.

A pesar de no poder ir más rápido que los drones, haremos el trayecto a la máxima velocidad que pueda ir el auto, en este caso unos 160 km/h. Cuando subimos, intento ponerme el cinturón de seguridad, que no es fácil con el chaleco, Sasha me mira y me dice: “a más de 160 km/h no va a servir de mucho” … Además, si debemos abandonar rápido el auto es mejor tener una cosa menos que hacer, así que decido no usarlo. Sabemos que la suerte es un factor fundamental en esta parte del viaje, empezando por tratar de no tener un encuentro con un dron.

Mientras nos preparamos, por la ruta pasa un blindado BTR-3 y luego un Hummer, además de que vemos regularmente pasar algunos camiones militares.

Apenas dejamos la estación de servicio mi Obriy empieza a sonar, se lo paso a Sasha y lo revisa, porque en Mykolaiv prácticamente no hay presencia de drones dado que está a unos 55 kilómetros del frente. Sasha me dice que ha detectado algún dron, pero a mucha distancia. En condiciones ideales puede detectar la presencia de drones a unos 20 kilómetros.

Tomamos la ruta a Kherson y vamos acelerando, aunque sabemos que los primeros kilómetros son más o menos seguros. De a poco empezamos a ver construcciones destruidas o muy dañadas en los pueblos, aunque muchas están siendo reparadas. En Ucrania algo que veo casi de manera constante es que se intenta reparar todo lo que se puede de lo que ha sido dañado por los rusos. Pasamos también una estación de servicio totalmente destruida, también una enorme montaña de vainas de artillería que se destinarán a reciclado, así como vemos algunos restos de blindados y otros vehículos.

Llegamos a un puesto de control en donde nos piden los documentos y las autorizaciones. Sacha y “John” explican el motivo de nuestro viaje y luego esperamos a que nos autoricen a seguir. Estamos a un costado del camino y con “John” analizamos posibles vías de escape si debemos escapar del auto ante un ataque. A los costados del camino hay alambre de púas, por lo que cualquier escape obliga a correr primero por la ruta unos 50 metros antes de buscar los únicos árboles que vemos, que están a unos 100 metros, no se ve muy seguro, pero no vemos otras opciones mejores. Solo deseamos a que no pase nada.

Finalmente nos autorizan a seguir y continuamos viaje. Los soldados nos comentan que ese día no han detectado demasiada actividad de drones rusos. Lo dicen con tranquilidad, como si hablaran del clima, acostumbrados a la rutina de esta guerra. Sin embargo, unos kilómetros más adelante mi detector vuelve a captar una señal y el de “John” también, el mío logra interceptar una señal de video por un par de segundos, pero se pierde rápido. Tenemos claro que en la zona hay al menos un dron ruso operando, lo cual nos pone en alerta.

Seguimos a toda velocidad cuando de repente los tres detectores empiezan a sonar. Miro la pantalla del mío y vuelve a detectar la señal de video, pero ahora por más tiempo. “John” nos pide que filmemos con nuestros celulares la pantalla y que tratemos de identificar lo que vemos. Sobre todo, si en la pantalla se ve nuestra ruta y, más importante aún, si vemos nuestro auto. Eso significaría que somos la presa del operador del dron y debemos escapar rápido.

En la imagen identifico lo que parece ser un camino o una vía de tren. La calidad de imagen es mala y se corta constantemente, mientras que el movimiento de nuestro auto a toda velocidad tampoco ayuda a identificar, pero estoy seguro de que lo que veo no es nuestra ruta, que en esa parte es una autopista con dos vías en cada sentido. “John” decide frenar en la banquina porque evidentemente el dron está a solo unos pocos kilómetros, dado que ya podemos captar la imagen de su cámara de manera constante y por momentos incluso en colores.


Imagen interceptada del dron ruso, cuando vemos que se lanza a atacar un auto civil.

Con Sasha identificamos que el camino por donde vuela el dron es secundario, vemos que va volando a algunos metros de altura siguiendo el camino hasta que cuando llega a una intersección con otro camino se ve un auto circulando y el dron inmediatamente se lanza sobre él para atacarlo. Inmediatamente perdemos la imagen y un par de segundos después los detectores de señal dejan de sonar. Nos quedamos en silencio, siendo conscientes de que muy probablemente ese dron había herido o matado a quienes iban en ese auto, que claramente era civil. El operador no dudó en atacarlo sin siquiera intentar identificarlo, por lo que nos quedó claro que los rusos no hacen diferencia entre civiles y militares, para ellos todas las personas en Ucrania son blancos válidos para matarlos. La situación nos permite comprobar la eficacia del sistema para detectar drones y la importancia de llevarlo, ya que nos da una alerta que no solo nos permite evaluar el nivel de riesgo al ver el video, sino también poder actuar a tiempo.


Ingresando a la zona cubierta por la red antidrones.

Arrancamos y seguimos a gran velocidad hasta que pocos minutos después vemos a lo lejos el túnel de redes que protege al camino de los drones en los últimos kilómetros. Empezamos a circular por debajo y pasamos un semáforo en verde, que cambia el rojo si se ha detectado presencia de drones dentro de la red o muy cerca en los alrededores. Por suerte parece que el camino está despejado.

Seguimos muy rápido hasta llegar a otro puesto de control ya casi en la entrada de Kherson. Allí vuelven a pedir toda la documentación y nos piden también los celulares, que revisan a fondo. Sabemos que estamos en una zona de guerra y que hay presencia de informantes rusos, por lo que comprendemos que ellos sospechen de todos los que quieran entrar a Kherson. Mientras esperamos, escuchamos el estruendo de la artillería rusa cayendo en la ciudad como martillazos.


Circulando a gran velocidad bajo la red antidrones.

Luego de unos minutos, nos autorizan a seguir y pasamos el monumento que marca la entrada a la base aérea, con un MiG-19 mirando hacia el cielo. Entramos a la ciudad a toda velocidad. Hay poco tráfico, pero igual hay movimiento. Paramos en una casa de familia en la zona sur, donde “John” y Sasha iban a pasar la noche y nos reciben las tres personas que viven allí, a 2500 metros de las posiciones rusas (el largo de una pista de aterrizaje en un aeropuerto de cabotaje), pero nos dicen que la zona está muy peligrosa por la presencia de drones, por lo que decidimos seguir y ellos se quedarán más en el centro de la ciudad. Los barrios de la ciudad cercanos al río son zona vedada, la actividad de drones rusos es muy intensa allí y es excesivamente peligroso. Lo mismo ocurre con el barrio que está en una isla al sur de la ciudad, ya casi nadie vive allí, aunque hay gente que se niega a abandonar sus casas.


Edificio destruido en Kherson.
Edificio destruido en Kherson.

De allí vamos a un lugar al costado de la ruta de acceso para entrevistar al personal de la Brigada 34, entrevista que publicaremos en unos días. El sol ya se está poniendo, lo cual es la hora más segura, la “hora gris”, ya que las cámaras diurnas de los drones ya no permiten ver mucho y las cámaras térmicas tampoco tienen toda su efectividad, por lo que la actividad de drones baja.


Restos de un ómnibus destruido en Kherson.
Restos de un ómnibus destruido en Kherson.

Luego de la entrevista salimos a toda velocidad a la estación de tren, pasando por la avenida principal de la ciudad, cubierta con la red. La estación parece un bunker, rodeada de protecciones y bolsas de arena. Entramos a un sótano en donde están todos los pasajeros, se controlan los pasajes y la documentación y también personal de inteligencia nos interroga y revisa nuestros teléfonos para ver que no hayamos tomado imágenes de nada sensible. Como soy extranjero, los controles son más exhaustivos, por lo que no han terminado de chequear todo cuando se da la orden a los pasajeros para subir al tren. Finalmente me autorizan a subir, le piden a un policía que me acompañe hasta el vagón, tanto porque no hablo ucraniano como porque el anden está totalmente a oscuras y hay que moverse rápido. El tren tiene todas las ventanas tapadas y la locomotora las tiene cubiertas con chapas, dejando solo unas rendijas para ver hacia afuera.


El tren ya en Mykolaiv.
El tren ya en Mykolaiv.

Subo al tren y, afortunadamente, uno de mis compañeros de camarote, Serhii, habla un poco de inglés, así que me explica algunas cuestiones básicas del viaje. Inmediatamente el tren arranca, son poco más de las 17 horas, pero avanza a poca velocidad, ya que las vías pueden haber sido dañadas por los rusos. Los 50 kilómetros hasta Mykolaiv nos llevan dos horas, en que sabemos que el tren puede ser un blanco fácil para un ataque. Llegamos a Mykolaiv y nos dicen que el tren se detendrá allí por tres horas. La estación está justo al lado de la base aérea y solo nuestro tren está detenido allí. Bajo a comprar algo para comer a un supermercado que está frente a la estación y cuando salgo está sonando la alarma de ataque aéreo.


Suena la alarma de ataque aéreo en Mykolaiv cuando salgo del supermercado frente a la estación de tren.

Al igual que en Kiev, la poca gente que veo en la calle no altera sus actividades por la alarma, ya están acostumbrados. Subo al tren y armo mi cena improvisada mientras esperamos hasta las 22 a que arranque el tren hacia Kiev, esperando no ser blanco de un ataque. Charlo con Serhii, que antes de la guerra vivía en Kherson pero ahora se ha mudado a Kiev y solo va de visita. Antes iba en auto, pero desde que los rusos comenzaron a atacar a los civiles con drones solo va en tren, le da algo más de seguridad. Me cuenta que la vida en la ciudad se ha vuelto muy difícil y peligrosa, pero, aunque muchos se han ido, muchos otros quieren quedarse porque tienen toda su vida allí.

Afortunadamente, todo sale bien y podemos viajar toda la noche de regreso a la capital de Ucrania, en donde somos recibidos en la madrugada con una de las pocas nevadas que cayeron en la ciudad en este invierno.

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