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El programa de OPV para la Armada Uruguaya y la selección de Cardama: Más sombras que luces

Por Santiago Rivas


El pasado 18 de julio, el ministro de defensa de Uruguay, Javier García, informó que se había seleccionado al astillero gallego Cardama para la construcción de los dos buques patrulleros oceánicos (OPV) para la Armada Nacional del Uruguay, luego de un proceso de selección que lleva ya más de una década. El anuncio del astillero elegido llamó la atención por dos aspectos fundamentales, que nos llevaron a indagar más a fondo. El primero de ellos es que Cardama es un astillero que no tiene ninguna experiencia construyendo OPV ni ningún otro buque de uso militar o como guardacostas. El segundo era el bajo precio ofrecido, de 82,2 millones de euros, la mitad o menos de lo que vale cualquier otro OPV producido por otro astillero.

La decisión amenaza con convertirse en un escándalo luego de la renuncia del contraalmirante Gustavo Musso, jefe del Estado Mayor de la Armada, el pasado 7 de agosto, poco después de que se conozca un informe en el que había calificado en el quinto y último lugar al astillero Cardama, el que finalmente fue elegido por el Ministerio de Defensa.


Única imagen presentada del diseño por parte de Cardama.

Un largo proceso

El proyecto de selección de OPV para la Armada Uruguaya, para reemplazar a las fragatas clase João Belo (ROU Uruguay y ROU Comandante Pedro Campbell) compradas de segunda mano en Portugal en 2007 e incorporadas y que tuvieron una vida útil corta y plagada de problemas (fueron finalmente radiadas en 2022 y 2018 respectivamente, aunque navegaron muy poco). Esta situación ha dejado a que hoy la fuerza opere solo con el buque logístico ROU Artigas, luego de que fuera remotorizado, y las tres lanchas guardacostas clase Protector entregadas por Estados Unidos en 2022.

Así, en 2015 se hizo un primer llamado a licitación en donde en 2016 quedó primero el diseño presentado por el astillero Lürssen, seguido por Fassmer, China Shipbuilding Offshore Company y Kership, organizándose una comisión que analizó la construcción y el mantenimiento de todos los buques.

Además, se habían planteado algunas condiciones excluyentes y otras de índole técnico que debían cumplir los buques. Entre ellas, se pidió que se incorpore un sistema ILS (Integrated Logistics Support, Apoyo Logístico Integrado) que cubra por 15 años el mantenimiento y repuestos de los buques, incluyendo el mantenimiento y las licencias del software de los sistemas. Además, debían poseer un cañón principal de 76 mm, autonomía mínima de 6000 millas náuticas, un hangar fijo (no telescópico) para un helicóptero ligero y una electrónica de operaciones y control de tiro muy selectiva, de manera de contar con OPV de buenas prestaciones, con altos niveles de operatividad, bajos costos de operación y una larga vida útil, aunque estos requerimientos hicieron que el proyecto supere ampliamente los 100 millones de dólares que el Ministerio de Defensa indicó que estaban disponibles.

Mientras la Armada gestionó la parte técnica de la licitación, el Ministerio de Defensa lo hizo con la parte económica.

El programa se aletargó por falta de decisión política, hasta que fue retomado por el gobierno actual en 2020, cuando se hizo otro llamado a licitación, pero sin incluir las condiciones excluyentes, lo que permitió bajar mucho el precio de cada oferta, lo cual, a su vez, generó críticas, por desconocimiento de las condiciones, sobre los diferenciales de precios entre la primera licitación y la segunda.

En esta segunda licitación, se presentaron China Shipbuilding Offshore Company, Damen, Kership, el astillero colombiano Cotecmar, el español Gondán, el coreano Hyundai y el italiano Vittoria.

Tras el trabajo de una comisión analizando las ofertas durante dos meses, China Shipbuilding Offshore Company quedó primera, seguida por Damen y Kership, pero tampoco se avanzó en un contrato y se fue extendiendo tres veces en un año el plazo de mantenimiento de ofertas.

En el medio, sin que se declare desierta la licitación, se empieza a negociar la oferta de tres buques noruegos que no se ajustaban a los requerimientos, por su antigüedad, su tamaño y su calado (no podían entrar en los diques de carena que la Armada Uruguaya posee en Montevideo) entre otros aspectos, por lo que poco después esta oferta también fue desechada.


Instalaciones del astillero Cardama en el puerto de Vigo, donde se ve a la derecha el buque C242 amarrado y a la espera de un comprador desde el año 2013.

Inmediatamente después, se hace un nuevo llamado, en donde se priorizan cuatro aspectos: el plazo de entrega, el bajo precio y que tengan una eslora mayor a 80 metros y un desplazamiento mayor a 1500 toneladas, sin que se den razones técnicas para ello. Algunas empresas volvieron a presentar sus propuestas y no se declaró un ganador, aunque fuentes de la Armada Uruguaya indican que por ese entonces personal del astillero Cardama se encontraba ya haciendo lobby en el Ministerio de Defensa.

Este astillero había ofrecido a la Armada Uruguaya en 2016 su buque C242 de inspección pesquera y rescate, pero el mismo fue descartado porque no cumplía ninguno de los requerimientos, además de que se lo consideró inestable. Dicho buque fue construido entre 2007 y 2009 por el astillero MCies para el gobierno de Dinamarca con el nombre deNordsøen, pero éste astillero quebró antes de la entrega y el casco fue vendido en 2011 a Cardama, que lo terminó en 2013 y desde entonces no encuentra un comprador, encontrándose en el muelle del astillero. En ese entonces, personal de la fuerza visitó las instalaciones de Cardama, que consisten en un varadero en el puerto de Vigo, sin naves cerradas para construcción, y se consideró que no eran aptas para construir los OPV.

Ante la nueva oferta de 2023, el subsecretario de defensa, coronel (R.) Rivera Elgue visitó el astillero junto a un capitán de navío de la Armada, pero que es del cuerpo general y sin haber trabajado en astilleros ni diques, por lo que su capacidad para evaluar las condiciones del astillero es muy limitada.

Mientras tanto, el contraalmirante Musso había entregado al comandante de la Armada, almirante Jorge Wilson, un reporte donde ubicaba en primer puesto a la propuesta de Gondán, con el segundo puesto tanto para Cotecmar como Kership, seguidas por Hyundai y última Cardama. Sin embargo, a pesar de su recomendación, el almirante Wilson mandó una consulta por WhastApp a cuatro almirantes, con datos básicos de las propuestas y les dio un plazo de seis días para votar el diseño ganador. Finalmente, dos de los almirantes, junto con Wilson, votaron la propuesta de Cardama solamente teniendo en cuenta el precio de los buques.

Así, se decidió elegir el diseño de Cardama y se formó una comisión con el coronel Elgue, el almirante Wilson y un contraalmirante para avanzar en la compra.


El diseño y la capacidad de construirlo

En cuanto al buque propuesto, lo primero que llama la atención es la poca información entregada sobre el mismo y, como indicó una oficial retirado de la fuerza y con amplia experiencia en mantenimiento de buques, el diseño “es una expresión de deseos”, ya que hay muchos factores que no se tuvieron en cuenta y, ante cada observación de la Armada sobre equipos o sistemas no incluidos, la respuesta del astillero ha sido “lo agregamos”. Según indicaron fuentes de la fuerza, se entregaron solamente unos pocos planos de un diseño y una imagen, así como unos pocos datos técnicos, como un desplazamiento de 1700 toneladas, una eslora de 86,75 metros, una manga de 12,2 metros, un calado de 3,6 metros, cubierta de vuelo y hangar. La empresa Escribano informó que ellos proveerían los sistemas de combate, incluyendo la suite Terma C-Flex con un radar Scanter 6002, estaciones de armas Sentinel 30 para cañón de 30 mm y dos Sentinel 2.0 para ametralladora de 12,7 mm y sistema electroóptico Oteos N.

Sin embargo, se constató que el diseño no incluía aletas estabilizadoras, algo que la fuerza había requerido, ante lo cual el astillero planteó que se podían agregar. El sistema de potabilización de agua era con plantas destiladoras, un concepto obsoleto, en lugar de usar ósmosis inversa. Por otro lado, solo cuenta con dos generadores principales y uno de emergencia, algo imposible en un buque militar.

Ante la falta de información presentada, se sospecha que la empresa no tiene aún el diseño completo, que desde Cardama indicaron que comprarán a otro astillero español. Dado que no han indicado cuál sería, se especula que lo comprarían a la empresa Cintranaval, que sí tiene experiencia en este tipo de diseños, y que podría ser similar al OPV87 que el astillero Vittoria construyó para Malta sobre un diseño de Cintranaval, o que podría ser un diseño de los construidos por Gondán.


Diseño OPV87 de Cintranaval y construido por Vittoria para Malta.

Lo otro que preocupa es que los costos entregados están muy al límite y da la idea de que el astillero, que entregó su último buque construido en 2017 (un remolcador), no tendría el dinero para comprar la ingeniería de detalle y su situación financiera sería muy débil, debido a los pocos trabajos que viene haciendo. Así, en la fuerza creen que espera contar con el anticipo del 40 % de la Armada Uruguaya para avanzar en la compra del proyecto y luego la ingeniería de detalle. Esto hace que sea muy posible que los costos vayan aumentando a medida que avancen los trabajos, hasta llegar al valor de mercado, lo cual ya quitaría toda la competitividad de Cardama.

También genera dudas el plazo de 18 meses para construirlos, ya que Cardama no tiene la infraestructura para hacer los dos en simultáneo, además de que la construcción sería a cielo abierto, cuando debido a la crudeza del invierno en Galicia, un 20 al 30 % del año no se pueden hacer los trabajos.

Según informaron desde la fuerza, la autonomía de 6000 millas no se puede alcanzar con los motores planteados y no se sabe si alcanza los 14 nudos de velocidad económica que la empresa dice que alcanzaría, cuando en general otros OPV en uso llegan a 11 o 12, mientras que indican que alcanzaría los 23 nudos.

Más allá de las características técnicas tan poco definidas, llama la atención que se elija a un astillero que nunca hizo buques de este tipo ni de una complejidad comparable (mayormente ha construido pesqueros, remolcadores y barcazas), que hace seis años no construye ningún buque y que ha presentado costos excesivamente bajos, sin tener experiencia previa que le permitan hacer un cálculo adecuado de costos. Además, la poca actividad de la empresa genera dudas sobre su capacidad financiera para enfrentar cualquier suba de costos, ya que en los últimos años ha mantenido una facturación promedio de 10 millones de dólares anuales y un patrimonio también de unos 10 millones de dólares.

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