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Escuadrilla acrobática “Los Diablos Rojos” de la Fuerza Aérea del Perú: 41 años de tradición y orgullo en cielo peruano

 

Angie Rajkovic

 

Con motivo de las bodas de plata del Sistema de Cooperación de las Fuerzas Aéreas Americanas (SICOFAA), en 1984 la Fuerza Aérea del Perú decidió rendir un homenaje que trascendiera lo convencional. No bastaban las palabras ni los actos protocolares: la conmemoración debía elevarse, literalmente, hacia el cielo. Allí donde la disciplina se pone a prueba, donde la confianza es absoluta y donde el error no tiene espacio, nacería una escuadrilla destinada a convertirse en símbolo. Así, como expresión de profesionalismo y orgullo institucional, se gestó una unidad que haría del firmamento su escenario y de la precisión su sello: la Escuadrilla Acrobática “Los Diablos Rojos”.

Desde entonces, el cielo del Perú fue escenario de disciplina y destreza. Cuando una estela roja lo cruzaba y el rugido de los motores anunciaba su presencia, comenzaba un espectáculo que unía técnica, precisión y emoción. No se trataba de un vuelo común, sino de una demostración aérea en la que cada maniobra exigía absoluta coordinación, temple y valentía. Así se presentó ante el país y el mundo la escuadrilla acrobática de la Fuerza Aérea del Perú (FAP), convirtiéndose rápidamente en un símbolo de excelencia operativa, espíritu de cuerpo y orgullo nacional.

En cada formación cerrada y cada viraje sincronizado se escribía la historia de una unidad que hizo de la confianza mutua su mayor fortaleza. Desde su creación, Los Diablos Rojos representaron el más alto nivel profesional de la aviación militar peruana, proyectando una imagen de solvencia técnica y cohesión que trascendía fronteras.

La escuadrilla nació oficialmente en 1984, por disposición del entonces Comandante General de la Fuerza Aérea del Perú, General del Aire César Enrico Praeli, en el marco de las celebraciones por el 25.º aniversario del SICOFAA. Su misión fue clara y exigente: demostrar el grado de preparación, destreza y coordinación alcanzado por los pilotos FAP, así como la capacidad institucional para operar con estándares de excelencia.



Su formación se consolidó en la Escuela de Oficiales, dentro del Escuadrón de Instrucción Avanzada Nº513 del Grupo Aéreo Nº51, unidad dedicada a la formación de pilotos de combate. El Comandante de la unidad asumió el desafío de seleccionar a los pilotos, estructurar la escuadrilla, diseñar las maniobras acrobáticas y conducir un programa de entrenamiento. Este proceso contó, además, con el asesoramiento de un piloto italiano integrante de la prestigiosa escuadrilla Frecce Tricolori, cuya experiencia contribuyó a la estandarización y seguridad de las maniobras.

Las aeronaves elegidas fueron los Aermacchi MB-339A, incorporados a la Fuerza Aérea en 1981. Tras exigentes jornadas de instrucción, los nueve pilotos seleccionados lograron integrarse como una sola unidad, alcanzando la madurez operativa necesaria para ejecutar evoluciones aéreas de precisión milimétrica y armonía absoluta. Entre los aviadores que integraron la escuadrilla se encontraban Ricardo Carrillo Bustamante, José Caballero Ruiz, César Gallo Lale, Augusto Barrantes Jhonson, Freddy Jhonson Lale, Alexandre Ridoutt, Pedro Seabra Pinedo, Gonzalo Tueros Manarelli y Pedro Ávila y Tello, todos ellos referentes de profesionalismo y destreza en la aviación de combate.

Las exhibiciones de Los Diablos Rojos cautivaron al público por la complejidad y espectacularidad de sus maniobras, que incluían pasajes en formación de rombo, vuelos invertidos, ascensos verticales y maniobras individuales de alta dificultad. Cada presentación era ejecutada con absoluta precisión por pilotos de caza calificados, demostrando no solo habilidad técnica, sino también una profunda disciplina operativa.

Detrás de cada vuelo, el trabajo silencioso del personal técnico resultó fundamental. Su labor garantizó la seguridad de las operaciones y el cumplimiento de los programas de entrenamiento, constituyéndose en pilar indispensable del éxito de la escuadrilla. La primera presentación oficial, realizada en 1985, marcó un hito: autoridades nacionales y delegaciones extranjeras elogiaron el desempeño del equipo, destacando la eficiencia operativa y logística de la Fuerza Aérea del Perú.



Antes de la conformación de Los Diablos Rojos, existieron otras escuadrillas acrobáticas que sentaron las bases de esta tradición en el país, entre ellas “Los 4 Ases”, “Los Toros” y “Los Pitts”, consideradas precursoras del acrobatismo militar en el Perú. Si bien la existencia operativa de Los Diablos Rojos fue breve durante la década de 1980, dejó una huella en la historia aeronáutica nacional. Ese espíritu se revitalizó décadas después, en el año 2020, cuando la institución reactivó la tradición acrobática con la creación de la Escuadrilla Bicolor, inicialmente equipada con aeronaves Zlin Z-242L y posteriormente con los modernos GameBird GB1.

Vestidos con su inconfundible overol rojo y el anti-G blanco, Los Diablos Rojos no solo surcaron los cielos del Perú: los llenaron de emoción y orgullo. Con cada maniobra despertaron sueños, sembraron vocaciones y reforzaron un profundo sentido de equipo, acercando a la Fuerza Aérea del Perú al corazón de su gente. Hoy, a 41 años de su creación, su legado sigue vivo como símbolo de excelencia, disciplina, vocación de servicio, inspiración, identidad y tradición; un legado de orgullo institucional que, por encima de todo, construyó un lazo entre militares y civiles, recordándonos que el cielo también puede ser un espacio de encuentro, esperanza y amor por el Perú.

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