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Guerra de aguas marrones en Colombia

Actualmente, Colombia vive la guerra fluvial más grande del mundo, contra la guerrilla y el narcotráfico, con diferentes escenarios a lo largo del país que llevan a un gran desarrollo de las estrategias de combate contra las organizaciones ilegales.

Por Santiago Rivas

Una de las ventajas que siempre tuvieron las guerrillas y los narcotraficantes en Colombia para sus operaciones es la difícil geografía del país, con la cordillera de los Andes al oeste, el Amazonas al este y tierras bajas con ríos y pantanos al oeste, entre las montañas y el Océano Pacífico. Además, al igual que la mayor parte de las llanuras al este del país, las montañas y los pantanos están cubiertos principalmente por bosques, lo que dificulta el transporte.

Si bien la guerra interna en Colombia tiene más de 50 años, desde 1998 se produjo un gran cambio en la forma de ejecutar las operaciones de ambos bandos. En ese momento, la guerrilla de las FARC intentó pasar de la fase 2 de la guerra insurgente (la guerra de guerrillas) a la fase 3 (guerra convencional), tomando el control de algunas zonas del país, especialmente al sur, entre las montañas y la región amazónica.

En la actualidad, la insurgencia y la gran actividad delictiva comprenden el Ejército de Liberación Nacional (ELN) -que actualmente es el mayor ejército guerrillero tras la disolución de las FARC-, las disidencias de las FARC y las organizaciones delictivas ordinarias, dedicadas al narcotráfico y la minería ilegal, entre otras actividades. No solo luchan contra el estado, sino también entre ellos, por el control de diferentes áreas, principalmente por sus actividades ilegales. Por lo general, cada uno de esos grupos intenta controlar todas las actividades delictivas en el área que controla, los dos primeros, a pesar de ser grupos insurgentes, lo hacen porque obtienen dinero de esas actividades para financiar su accionar guerrillero.

En la mayor parte de esta difícil geografía, los ríos siempre fueron una de las líneas de comunicación más importantes, tanto para actividades legales como ilegales, lo que llevó al país a tener actualmente la mayor experiencia en operaciones de combate fluvial en el mundo.

El Capitán Carlos Castellanos, exdirector de la Escuela de Combate Fluvial de la Armada de Colombia, explica que los orígenes de la doctrina en uso por el país provienen de la asistencia brindada por la Armada de los Estados Unidos a partir de su experiencia en Vietnam. “El programa nació con un gran apoyo de Estados Unidos y comenzó con una enorme reforma militar planeada entre 1998 y 2002 y relacionada con el Plan Colombia”, dice Castellanos. A partir del 2002, la forma de luchar fue conjunta, desarrollada a nivel táctico por la Armada de Colombia a través de su Fuerza de Infantería de Marina, pero en un teatro de operaciones terrestre, “pues el tipo de operaciones, de alguna manera, es similar a una operación anfibia” agrega Castellanos, “Aprendimos que la operación fluvial es sobre la cuenca, el río más la porción terrestre cercana. El ambiente operacional es el río y su cuenca, es un solo sistema”, ya que se llevan tropas embarcadas con el objetivo de alcanzar objetivos en tierra.

Los ríos se utilizan de tres formas: como línea de operaciones, porque la movilidad sobre las zonas selváticas es sobre el río, como líneas de abastecimiento y para comunicaciones.

Desde 2002, como explica Castellanos, las fuerzas tienen cuatro pilares fundamentales para esta guerra. El primero es la profesionalización de la fuerza, con la creación en 2002 de la Escuela de Soldado Profesional para mejorar la formación de los soldados. El segundo es la creación de las Brigadas Móviles y la Fuerza de Despliegue Rápido, FUDRA. Este último está compuesto por tres brigadas móviles que están listas para desplegar 24 batallones a cualquier parte del país en 24 horas. Para eso aumentaron la flota de helicópteros de todas las fuerzas y el concepto de la guerra fue la movilidad aérea, lo que llevó a muchas victorias, pero la presencia del estado aún estaba pendiente para impedir que las guerrillas regresaran a las áreas una vez finalizadas las operaciones de combate.

El tercer aspecto fue, después de eso, la intención de controlar los ríos y tener presencia permanente, creando las Brigadas Fluviales. Y el cuarto fueron las operaciones conjuntas con el Ejército y la Fuerza Aérea.



Bell 212 de la Armada de Colombia despegando de una de las PAF. Foto: Armada de Colombia.

Diferentes escenarios

Colombia tiene cinco grandes cuencas, que incluyen alrededor de 24.000 kilómetros de ríos navegables, que se ubican en cuatro de esas cuencas, con excepción de la cuenca noreste, en la zona de Norte de Santander en la frontera con Venezuela, donde hay una gran cantidad de actividad guerrillera pero los ríos no son navegables.

La primera de las otras cuatro comprende los ríos que desembocan en el Caribe, siendo el principal el Magdalena. Este es el río más importante de Colombia y fluye por el medio de los Andes, de sur a norte. El río Cauca es el segundo del país y tributario del Magdalena, y ambos mueven gran parte del PIB del país. Si bien actualmente no hay mucha actividad de la guerrilla sobre ellos, la importancia económica del tráfico le da a la Marina la misión de protegerlos. La fuerza tiene el 17 ° Batallón de Río en Magangue, en el bajo Magdalena, para proteger el río.

El otro río importante que fluye hacia el Caribe es el Atrato, en la parte occidental del país. No es un río muy largo, pero se mueve desde muy cerca de la costa del Pacífico hacia el Caribe, cerca de la región del Darién, la división entre Colombia y Panamá, que no es atravesada por ningún camino, pero existe mucho tráfico de drogas, personas y todo tipo de productos ilegales. Esta es una región muy pobre, con selva y fuertes lluvias durante la mayor parte del año, lo que facilita el funcionamiento de la guerrilla y delincuentes, cuya presencia en la zona es muy importante. En la zona, la guerrilla también comenzó a realizar minería ilegal. La presencia de comunidades aborígenes protegidas complica las operaciones. Como la depredación del río realizada por los criminales alcanzó un nivel muy alto, la Corte Suprema de Colombia declaró el río como un sujeto de derecho y obliga a las fuerzas militares a estar presentes.

La Armada suele organizar grupos de trabajo conjuntos con el Ejército y el río es el eje de las operaciones. La Armada tiene en Turbo, en la desembocadura del Atrato, el 16º Batallón de Río con ocho elementos de combate fluvial (32 lanchas) y dos naves nodrizas.

En la costa del Pacífico los ríos son muy cortos, siendo el San Juan el más importante, a lo largo de una costa de más de 1.000 kilómetros de longitud, llena de pantanos y tierras bajas, todo cubierto de selva. La situación es similar a la del Atrato, pero también es la principal zona de donde los narcotraficantes llevan la droga desde Colombia hacia el norte. Hay dos brigadas de infantes de marina (la 2ª y 4ª), cada una con dos batallones de combate (23 y 24 y 40 y 42 respectivamente) y dos de apoyo y servicios.

Asimismo, al sur, la zona de Nariño es la principal región productora de coca del país, junto a la frontera con Ecuador y generalmente los delincuentes escapan al país vecino cuando son perseguidos, ya que esa zona también es de muy difícil acceso en Ecuador.

La economía en la costa del Pacífico está subdesarrollada, con mucha pobreza y poca infraestructura, teniendo solo dos puertos importantes, Buenaventura y Tumaco.

Esta es una de las zonas con más actividad delictiva, especialmente alrededor de la ciudad de Tumaco. Como la zona es enorme y con muchos ríos pequeños, la Armada, a diferencia del caso del Atrato, no intenta tener una presencia permanente, sino que realiza principalmente operaciones de asalto.

Además de los botes pequeños, operan con seis naves nodrizas y también muchas veces utilizan buques oceánicos, en su mayoría OPV, para bloquear la desembocadura de los ríos, apoyar a las embarcaciones fluviales y en algunos casos, brindar apoyo de fuego con sus cañones. “Es la zona que más esfuerzo demanda, porque los ríos determinan la lógica de la región”, explica Castellanos.

La región amazónica, a pesar de ser la más alejada de las principales ciudades colombianas, es donde se iniciaron las operaciones fluviales en el país, cuando en 1932 Perú ocupó la localidad de Leticia, dando lugar al conflicto del Putumayo, que culminó en 1933 con la victoria colombiana. Esta zona tiene dos ríos principales, el Putumayo y el Caquetá, y otros como el Vaupés y el Apaporis, todos afluentes del Amazonas. En la parte alta de esta región, en los departamentos de Caquetá y Meta, entre 2002 y 2010 la Fuerza de Tareas Omega del Ejército y la Infantería de Marina desarrolló grandes operativos contra la guerrilla, que se había apoderado de una gran área del país. Ahora, el área está cubierta por la 3ra Brigada, con los batallones 30 a 33.

Al norte de esta región se encuentra la cuenca del Orinoco, muy similar en la geografía, con grandes llanuras atravesadas por ríos, pero la mayoría de los ríos tienen rápidos que impiden la navegación en algunas zonas, como es el caso del Guaviare, uno de los más importantes, con los rápidos de Marapiripana que dividen la parte superior e inferior del río.

Esta zona tiene una gran producción de petróleo y el oleoducto Caño Limón - Coveñas, el cual debe ser protegido, ya que la guerrilla realizó varios ataques al oleoducto y la producción de petróleo. Además, es en la frontera con Venezuela, donde el régimen de Nicolás Maduro da protección a la guerrilla, dificultando mucho la misión de la Armada. El área está bajo el control de la Quinta Brigada, con los batallones 50 a 53.



Una de las nodrizas denominadas PAF con un Bell 212 aproximándose a su cubierta de vuelo. Foto: Armada de Colombia

Misiones de combate

Por lo general, las operaciones fluviales las realiza la Armada con todos sus elementos, con las operaciones siempre bajo el control y mando de la fuerza marítima y con unidades agregadas como parte de la organización, como puede ser la aviación naval, fuerzas del Ejército, etc. Las operaciones son planificadas por las brigadas y ejecutadas por los batallones.

Cada Batallón de Ríos tiene cuatro compañías, cada una con dos grupos de combate anfibios. Además, los batallones cuentan con los Puestos Fluviales Avanzados, para controlar áreas y proporcionar la posición de partida para las operaciones. Tienen los grupos de combate fluviales, del tamaño de una compañía, pero con capacidades extra, con una nave nodriza fluvial, dos elementos de combate fluvial (generalmente cada uno con ocho botes y una pequeña fuerza terrestre, con velocidad, maniobrabilidad, potencia de fuego y flexibilidad), una compañía marítima y un buque de transporte, siendo casi como fuerzas especiales.

Entre 2002 y 2008 las Guerrillas, principalmente las FARC, lograron llegar a la tercera etapa de la guerra de insurgencia, tratando de involucrar a las Fuerzas Armadas en grandes combates, hasta el nivel de batallón, que duraron muchas horas, con emboscadas en ríos de hasta un kilómetro de largo y atacando grandes barcos. Gracias a la reorganización de las fuerzas fluviales y al desarrollo de las nuevas operaciones, comenzaron a perder poder y regresaron al segundo nivel de guerra de insurgencia, donde evitan los grandes combates y solo intentan golpear y escapar. Ahora, el gobierno colombiano consideró que regresaron a la primera etapa, que es sobrevivir y reunir fuerzas, luchando solo cuando no les queda otra opción. Solo en la zona de Norte de Santander la guerrilla aún libra una guerra de segundo nivel.

Asimismo, los narcotraficantes ordinarios, estando presentes en las zonas fluviales y combatidos por la Armada, solo ejercen su actividad criminal, evitando cualquier tipo de combate con las fuerzas gubernamentales.

A pesar de que para las actividades civiles la autoridad en los ríos es el Ministerio de Transporte, ya que el país no cuenta con guardacostas, es la Armada la encargada de garantizar la seguridad en la navegación. Esto es parte de las actividades de apoyo institucional que realizan, además de las operaciones de combate, para incrementar la presencia del estado en los ríos.



Un Bell 212 sobrevuela una de las embarcaciones nodrizas construidas por Cotecmar. Foto: Armada de Colombia.


Actualmente, las cañoneras fluviales más pesadas son las tres embarcaciones clase Arauca construidas en Barranquilla en 1956, armadas con cañones de 76 y 20 mm. Además, hay ocho naves nodrizas pesadas PAF, construidas por el astillero Cotecmar, con armas pesadas y un cubierta de vuelo, y 13 naves nodrizas ligeras de diferentes tipos. Las naves nodrizas, si bien brindan apoyo a las embarcaciones más pequeñas con alimentos, combustible y otros suministros, también brindan apoyo de fuego, al tener ametralladoras pesadas y lanzagranadas.

La fuerza cuenta con 61 elementos pesados ​​de combate fluvial, incluidos 50 lanchas rápidas LPR-40 construidas por Cotecmar a partir de 2007, con blindaje y armadas con tres ametralladoras de 12,7 mm o lanzagranadas de 40 mm. Además, hay 26 embarcaciones ligeras, incluidas las Boston Whaler Guardian 22 y ocho aerodeslizadores Griffon 2000TD. Además de ellos, hay 51 botes de apoyo (construidos en Colombia por Eduardoño), tres clase Río (construidos por Swiftships), 16 clase Magdalena (PBR Mk.II construidos en EE.UU.) y 9 lanchas patrulleras clase Tenerife (construidas por Bender Marine), nueve transportes blindados de tropas y cuatro remolcadores, así como muchas bases flotantes con alojamiento y talleres para las pequeñas embarcaciones.

Si bien inicialmente la fuerza está formada por buques antiguos, muchos veteranos de Vietnam, como los PBR Mk.II, la experiencia llevó a Cotecmar al diseño de otros nuevos, principalmente las PAF y LPR-40, que comenzaron a reemplazar a los antiguos y ahora llevan adelante la parte más difícil de la guerra contra los insurgentes.

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