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Guerra en Ucrania: Rusia sigue sin poder recuperar el territorio ocupado por las legiones extranjeras

Por Ignacio Montes de Oca

 

Ya pasaron más de 15 días de la incursión de las legiones extranjeras en territorio ruso de Belgorod y Kursk. Putin aun no logra reestablecer el control en las zonas ocupadas por los rebeldes. Vamos a hacer una breve descripción de los grupos rebeldes que controlan suelo ruso.



Hasta el 27 de marzo, los grupos rebeldes rusos ocuparon una franja de territorio en los óblast de Kursk y Belgorod. La ciudad de Belgorod amaneció bajo bombardeo de las fuerzas rebeldes y las tropas enviadas por Moscú no hacer retroceder a las legiones. La superficie rusa en disputa en solo dos semanas es de 200 km2 y no es una porción menor de territorio habida cuenta que Rusia tardó años en tomar Bakhmut que tiene una superficie de 41,2 km2 y Avdiidka, de 29 km2. Esto sin contar las pérdidas humanas y materiales implicadas.

Aclaramos que hasta el momento no hay evidencia de la partición directa de tropas ucranianas en la incursión. Es entonces importante entender quiénes son y cuál es el poder y organización de estas legiones que están revolviendo las regiones de Rusia linderas a Ucrania.

Los extranjeros alistados en la lucha contra Rusia se encuadran dentro de la Legión Internacional de Defensa Territorial, organizada por el ejército ucraniano en base al reclutamiento de voluntarios y desertores. El GRU, el servicio secreto, es parte crucial de este despliegue. Hay varias legiones extranjeras luchando del lado de Ucrania, aunque no todas participan de la incursión en curso al territorio ruso.



El cuerpo que lidera la incursión actual a Kursk y Belgorod es la Legión Libertad para Rusia integrada por inmigrantes y desertores rusos. Se estima que reúne a dos batallones con al menos 2.000 integrantes, una gran parte profesionales formados en el ejército ruso. La Legión Libertad para Rusia cuenta con blindados, artillería y helicópteros provistos por Ucrania y zonas de despliegue y entrenamiento en la zona de Jarkov. En su vínculo con el servicio secreto ucraniano, creó una rama de partisanos que ejecutan acciones dentro de Rusia. El equipo partisano se organiza bajo el nombre de Ejército Nacional Republicano de Rusia y su líder sería el exdiputado ruso Ilya Pnomarev. Rusia le atribuye el asesinato de la hija de Alexandr Dugin, pero la organización nunca admitió el ataque.


El otro grupo incursor es el Cuerpo de Voluntarios Rusos y a diferencia de la Legión, que incorpora combatientes bielorrusos, este grupo está integrado por rusos exiliados y no recluta desertores. Su líder es Denis Nikitn y afirman operar fuera de la órbita de mando ucraniana. Nikitin asegura desde octubre de 2023 que logró reclutar entre sus filas a miembros del grupo Wagner dispuestos a luchar contra Putin luego del aterrizaje forzoso de Prigozhin y su plana mayor. Este grupo también declara realizar acciones partisanas en territorio ruso.


El tercer grupo que participa de la incursión es el Batallón Dzhojar Dudayev, integrado principalmente por chechenos adversarios de Kadyrov, aunque también incluye voluntarios de otras regiones del Cáucaso como daguestaníes, ingusetios, georgianos y circasianos.


El cuarto es el batallón Siberia y es el más reciente de todos los grupos incursores. Fue creado en octubre de 2023 y es dirigido por oficiales ucranianos a partir de voluntarios -no desertores- buriatos, yakutos y tártaros provenientes de las regiones orientales de Rusia. El Batallón Siberia tiene su cuartel en Kiev y forma parte orgánica de las fuerzas armadas ucranianas, por lo que en lo formal Rusia estaría siendo invadida por Ucrania, aunque la participación exclusiva de voluntarios rusos en la incursión hace algo viscosa esa afirmación.  


El cuerpo de Voluntarios Rusos reúne unos 300 combatientes, el checheno unos 1.500 y el Batallón Siberia unos 200, por lo que el total de combatientes que penetró en Kursk y Belgorod rondaría los 4.000 soldados. No es una cantidad importante pero aun así llevan 15 días de combate.

A pesar de su crecimiento, no hay que suponer un apoyo masivo a la causa ucraniana en Rusia. Su incursión en territorio ruso no logró enrolar a más miembros entre las tropas rusas por adhesión o temor a Putin, cada cual elige la respuesta que le resulte conveniente. En donde sí hay una apuesta a largo plazo es en la creación de cuerpos armados vinculados a las zonas de Rusia en donde un debilitamiento de Putin podría dar lugar a movimientos secesionistas con la participación de veteranos formados en las actuales incursiones.


Estos cuerpos de combatientes deben ser monitoreados con atención, en particular si la aventura rusa en Ucrania no prospera, porque en muchos casos provienen de las zonas más pobres de Rusia, las que aportaron mayor proporción de hombres y por lo tanto también más bajas.

Ucrania tiene un instrumento para intervenir en los asuntos internos de su adversario, incluso en zonas muy lejanas al frente y a largo plazo. Es una devolución a la injerencia rusa en el Donbás y otra muestra de lo impredecible que es este conflicto.


El denominador común de todos ellos es un rechazo militarizado al gobierno de Putin que aporta elementos para neutralizar la idea de un respaldo monolítico hacia el líder recién reelecto. Como en la marcha de Prigozhin a Moscú, suman elementos para erosionar su figura hegemónica.

Un par de aclaraciones sobre la naturaleza de estos grupos. A diferencia de los grupos mercenarios como Wagner, la motivación central de las legiones extranjeras que luchan contra Putin no es monetaria sino el deseo de enfrentar al régimen ruso.

Las legiones extranjeras reciben además “donaciones” (si, es un eufemismo) de grupos basados en el exterior y la ruta de ese dinero es opaca. El dinero sirve para pagar salarios, mantenimiento y armas, pero a diferencia de los mercenarios rusos no hay una empresa como contratante.

No existe un equivalente en el lado ruso porque los voluntarios sirios, tártaros, nepaleses o cubanos se integran dentro del ejército ruso por una promesa de ciudadanía o un salario pagado por el ejército, que no es lo que sucede en el caso de las legiones extranjeras ucranianas. Tampoco equivalen a las milicias separatistas del Donbás, dado que las legiones tampoco se basan en grupos locales independentistas de Rusia ni son integradas en su enorme mayoría, como sucede en el caso ruso, por ciudadanos forzados por una orden de reclutamiento. De hecho, Putin acaba de ordenar la leva forzada de 300.000 ciudadanos de las zonas ocupadas que se van a incorporar legalmente como parte del ejército ruso. Por la anexión, tampoco se las reconoce dentro de Rusia como cuerpos extranjeros.

En cualquier caso, un par de miles de soldados amparados y equipados por Ucrania mantienen hace quince días al ejército ruso a la deriva en la zona de Kursk y Belgorod, en donde las autoridades locales ordenaron nuevas evacuaciones de civiles ante su avance.

Spodaryushino, Grayvoron y Kozinka en Belgorod y Atinskoye y Gordeevka en Kursk son algunas de las localidades bajo ataque de las legiones. Las respectivas capitales de cada óblast quedaron en el alcance de la artillería rebelde y sus periferias bajo amenaza de incursiones.



Se trata de un mensaje político de Kiev a Moscú que advierte además sobre la fragilidad de la situación rusa porque la facilidad con que traspasaron la frontera y el tiempo que llevan combatiendo indican que Rusia no cuenta con un respaldo de tropas eficaces en la retaguardia

Si le sumamos el reciente atentado del ISIS en Moscú, la secuencia obliga a Putin a reforzar el teatro interno y, dado que lo único infinito es el universo y la estupidez, deberá replantear si continuar dedicando toda su energía política y militar a Ucrania.

PS: Es improbable que Putin esté ante riesgo grave, pero a 762 días de la guerra perdió el control de una parte del territorio y no logra concretar la toma definitiva del ajeno. Mientras el líder ruso armaba un circo sangriento en Ucrania, le crecieron los enanos en su patio.

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