Israel reconoce a Somalilandia: una noticia que parece menor, pero esconde un rompecabezas político inmenso
- Ignacio Montes de Oca
- hace 10 horas
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Por Ignacio Montes de Oca
Israel es el primer estado en reconocer la existencia de Somalilandia, la región secesionista de Somalia. Turquía, Egipto, Yibuti y las organizaciones árabes se oponen y surge otro problema en Medio Oriente. Vamos a entender un conflicto con consecuencias estratégicas profundas.
En esta crisis no hay motivos étnicos o religiosos. Somalia y su región rebelde son en un 95% musulmanas sunitas y pertenecen al mismo grupo cushita. Para comprenderlo hay que empezar por los cinco clanes principales que agrupan a la mayor parte de los 18 millones de somalíes. El clan más grande es el Darod, que ocupan el centro y el noroeste y se extienden hasta Etiopia y Kenia. Le siguen los Hawiye en el centro y sur, los Rahanweyn en las zonas agroganaderas del sur y los Dir en el norte. Dentro de cada clan hay sub-clanes, esto es importante. Todos ellos se enfrentan al clan mayoritario de Somalilandia, los Isaac. Además, en esa región hay familias del clan Dir, por lo que podemos entender mejor porque se hace imposible por ahora separar regiones políticas homogéneas y el motivo de las disputas internas en Somalia.

Es importante entender la organización por medio de clanes porque sus reglas tradicionales son incluso superiores a las normas estatales. Además, hay una cuestión histórica ligada a la colonización británica de Somalilandia, diferente al dominio italiano sobre el resto de Somalia. Esas diferencias comenzaron a notarse al independizarse Somalia el 1 de julio de 1960 y se hicieron insoportables desde 1969 cuando un golpe militar llevo al poder a Siad Barre. Desde entonces, el gobierno privilegió a los Darod, al que pertenecía la familia Merehan de Barre. Pero Barre tuvo un trato particularmente duro con los Isaac y los marginó en el reparto del poder negociado en las asambleas de clanes. En la década de 1980, el dictador los acusó de colaborar con Etiopía, que para ese momento era en santuario del Movimiento Nacional Somalí. El MNS fue gestado en Arabia Saudita, creado en Londres en 1981 y estaba formado por miembros del clan Isaac. Su actividad fue la excusa usada por Barre para lanzar en 1988 una operación militar contra Somalilandia conocida hoy como “el Genocidio de Hargeisa y Burao”.

La ofensiva fue brutal y provocó entre 50.000 y 200.000 muertos. La masacre marcó un punto sin retorno para la relación entre los Isaac y el resto de los clanes. A la destrucción del 90% de Hargeisa, la capital de Somalilandia, el siguió la ocupación militar de todo el territorio.
En 1991, Barre fue derrocado por un golpe de estado gestado por los rebeldes del sur, en particular los Hawiye. Somalilandia aprovechó la circunstancia y en mayo de 1991 la “guurti”, la gran conferencia de ancianos del clan en Burao, decidió la separación del resto de Somalia. Desde Mogadiscio, la capital somalí, no pudieron oponerse porque a partir del golpe el país entró en una guerra civil que sigue hasta el presente. Desde entonces Somalilandia disfrutó de una estabilidad relativa y crecimiento económico que la diferenció del resto de Somalia. Sus 5,6 millones de habitantes tienen un ingreso per cápita debajo de U$S 1.361, que sin embargo es superior al de Somalia, al igual que sus tasas de crecimiento del 3,7% en 2024 y estimada en un 3,9% para 2025. La exportación de ganado genera el 60% del ingreso anual de Somalilandia. Los U$S 1.500 millones anuales de remesas son su segunda fuente de ingreso y provienen en parte de los 2 millones de somalíes residentes en el exterior. Las mayores comunidades somalíes están en el Reino Unido (176.000), EEUU (170.000) y en Emiratos Árabes Unidos (100.000).

Somalilandia reclamó como territorio propio los antiguos dominios coloniales británicos y en 2001 realizó un referéndum para aprobar la proclamación de la independencia, que tuvo un 97% de respuestas positivas. Ahora es tiempo de analizar las vinculaciones exteriores de Somalilandia.
La tercera fuente de ingresos es el comercio a través del puerto de Berbera y ese sitio es una de las claves para entender quienes apoyan a su independencia y quienes se oponen. El primer indicio, es su ubicación en el golfo de Adén por donde circula el tráfico hacia el Mar Rojo. Por el Mar Rojo y luego por el Canal de Suez circula hasta el 15% del comercio marítimo mundial, con un valor anual de bienes superior a 1 billón de dólares. Es la costa enfrentada a la que controlan los hutíes en Yemen y así es posible entender su valor estratégico y económico. Desde Somalilandia es posible ejercer un control mucho más eficiente de esas rutas e incluso ejecutar acciones de represalia o apaciguamiento contra los hutíes. El rumor de una presencia militar israelí a cambio de reconocimiento no fue confirmado, pero tiene todo el sentido lógico.

Ese apoyo es compartido por Emiratos Árabes Unidos, que se convirtió en el principal inversor para la modernización del puerto de Barbera a través de la empresa DP World. En 2017 los emiratíes firmaron un acuerdo que les permitió construir una base aérea y naval en ese puerto. Los emiratíes usan ese puerto y el aeródromo de Bosaso en Puntlandia para abastecer a las fuerzas del grupo terrorista sudanés RSF y para operaciones logísticas y de apoyo a las fuerzas del sur de Yemen, principalmente al Southern Transitional Council (STC). Hay más aliados.
Etiopia que desde la secesión de Eritrea en 1993 se quedó sin acceso al mar, firmó en 2024 un memorando de entendimiento con Somalilandia para acceder al puerto de Barbera por 50 años y la instalación de una base naval a cambio de reconocerla como estado independiente. La puesta en marcha del pacto fue detenida por los países árabes y Turquía, que presionaron para que no se admita la partición de Somalia. También advirtieron que se opondrían a la deportación de habitantes de Gaza a Somalilandia, un rumor que Israel declaró infundado.

Es por eso que EEUU nunca avanzó en el reconocimiento, pero tiene relaciones consulares activas con el gobierno somalilandés de Abdirahman Mohamed Abdullahi y sus predecesores. Es posible que esta iniciativa de Israel sea un ensayo para un avance similar de la Casa Blanca. Pero EEUU debe moverse con cautela para no irritar a sus otros aliados en la región. Egipto, Turquía y Yibuti rechazaron el reconocimiento israelí y los turcos acusaron a Netanyahu de “imperialista”. La Liga Árabe y Consejo de Cooperación del Golfo expresaron el enojo sunita.
Detrás de esas agrupaciones árabes se encuentra Arabia Saudita, un aliado del gobierno somalí. China se sumó al rechazo y tiene sentido porque es el mayor inversor en Somalia, con U$S 1.200 millones en 85 proyectos y porque la incorporó a la Ruta de la Seda en 2018. Hay otro motivo para la oposición China y es que Taiwán y Somalilandia inauguraron en 2020 representaciones consulares mutuas. En ese marco firmaron acuerdos de cooperación económica que a Pekín le resultan irritantes para su deseo de aislar políticamente a los taiwaneses.
Otro país que se opone a la independencia de Somalilandia es Qatar. Además de tener inversiones en Somalia, tiene un vínculo indirecto con la costa opuesta, en donde están los hutíes apoyados por Irán, su socio en el yacimiento North Dome y titiritero de los ataques en el Mar Rojo. Puede que el rechazo de Yibuti pase desapercibido, pero es el más importante de todos. Ese país aloja bases militares de varios países. Por ejemplo, la base Camp Lemonnier, la principal de EEUU en ese continente para operaciones antiterroristas en la región del Cuerno de África. En Yibuti también funcionan la base Aérienne 188, la mayor que tiene Francia en el extranjero, la Base Militare Nazionale di Supporto, establecida en 2013 por Italia, la primera base China de ultramar inaugurada en 2017 y la única base permanente de Japón fuera de su territorio.

En esas bases y en otras de Yibuti operan fuerzas de España, Alemania, el Reino Unido y Alemania. El país anfitrión no quiere competencia que ponga en riesgo una de sus fuentes e ingresos y el motivo por el cual se ha convertido en uno de los estados protegidos por sus huéspedes.
Turquía tampoco quiere que Israel tenga presencia en el Estrecho de Bab el-Mandeb que controla la entrada del Mar Rojo, en donde ya lleva tiempo establecida desde que inauguró la base TURKSOM en el puerto de Mogadiscio. Turcos e israelíes vuelven a encontrarse en otra región.
Esta jugada pone en una disyuntiva a Trump. No puede importunar a Yibuti porque Camp Lemonnier es vital para el control del Mar Rojo y sus operaciones en África. Tampoco puede desairar el enojo de dos de sus inversores estrella ni a Turquía y Egipto, que ya tomaron partido. Tampoco pude contradecir a Netanyahu en la víspera de su reunión en la Casa Blanca ni ir en contra del tercer gran inversor, los emiratíes, o darle la derecha a China en su queja por la independencia de Somalilandia. El primer ministro de Israel armó un quilombo político colosal.

Tampoco pueden echarse paños fríos y hacer como si nada. Los clanes enemigos de los Isaac, apoyados indirectamente por países como Turquía y China, podrían intentar un regreso de la región separatista y el recuerdo de la masacre de 1988 indica que los métodos serían drásticos. Un ejemplo: hay zonas de Somalilandia como Sool, Sanaag y Cayn habitadas por los sub-clanes Dhulbahante y Warsengeli que pertenecen a la familia Harti que es parte del clan Darod. Somalilandia nace con grupos dentro que juraron fidelidad al gobierno central y a otros clanes.
El otro peligro es que se acelere la desintegración somalí. Puntlandia ya reconoció el derecho de autodeterminación de Somalilandia y en 2023 retiró su adhesión al sistema federal por el desacuerdo de los clanes de esa región con las reformas constitucionales y la asignación de recursos.
Hay más riesgos regionales. Uno es la intervención de Etiopía y la ruptura del equilibrio frágil que mantiene en su relación con Egipto por la cuestión del manejo del Nilo Azul. La otra es la desestabilización regional y que el ISIS se fortalezca con el caos resultante de una guerra local. El ISIS Somalia opera en las minas de oro de Golis y Al-Miskaad y compite con otro grupo yihadista, el Al-Shabaab afiliado a Al-Qaeda. Solo el ISIS demandó a EEUU 117 ataques aéreos en 2025. Su tarea se vería facilitada si Mogadiscio se debilita en una lucha con Somalilandia.

Además, en una mirada aún más larga, incitar o respaldar a los separatismos abre una perspectiva de conflictos a largo plazo, que Israel conoce por su apoyo a los drusos. Los procesos, como vimos en el Donbás, pueden dar ingreso a terceros y ampliar los enfrentamientos. Las potencias saben que ya sea que se trate de kurdos, uigures, beluchíes, cachemires o catalanes, gestionar el nacimiento de nuevos estados es una materia en extremo delicada para evitar ablaciones traumáticas. Eritrea y Sudán del Sur nacieron en un parto violento con secuelas. Por eso la Unión Africana reaccionó de manera similar a la Liga Árabe. Su preocupación es relevante porque en el continente existen muchos movimientos separatistas como el de Biafra en Nigeria, el de Ambazonia en Camerún y el de Cabinda en Angola. Este precedente no es bienvenido.
Para Israel es un arma de doble filo porque por reciprocidad avalaría la cuestión del estado palestino y su reclamo autonómico. Y al mismo tiempo un rediseño de fronteras que a su vez enerven tensiones que EEUU quiere conjurar. Es difícil comprender el cálculo que hizo Netanyahu. Por ahora favoreció la posición estratégica israelí al darle un sitio en el tablero estratégico del Mar Rojo y logró meter una cuña entre los emiratíes por un lado y los saudíes, cataríes y turcos por el otro. Si logra una base en Somalilandia, su ganancia inmediata será tangible.
Lo que pueda suceder en Somalilandia es imposible de prever. La cantidad de actores y de intereses superpuestos es enorme y todos pueden hacer un movimiento tan imprevisible como el que hizo Netanyahu. Parece que el año 2025 no quiere despedirse sin darnos una nueva crisis. Como se ve, el reconocimiento israelí a Somalilandia abre un campo de posibilidades inmenso y de paso podemos conocer una parte del escenario internacional que rara vez figura en las agendas de temas. Queda por ver si estamos viendo nacer un país o un nuevo frente de guerra.
