Camino al F-16: una historia de un piloto ucraniano
- Santiago Rivas
- hace 1 día
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El 5 de enero pasado la Fuerza Aérea Ucraniana publicó un video (https://www.youtube.com/watch?v=a4E-D4NfFSk&t=14s) con una entrevista a un piloto de F-16AM/BM en donde explica cómo fue la incorporación del modelo en plena guerra, los cambios de doctrina que debieron hacer para adaptar la aeronave al entorno de la guerra en Ucrania y cómo lo están operando en la actualidad. El video además provee imágenes de los F-16 con armamento, principalmente misiles AIM-9L/M Sidewinder, incluso en configuración con seis misiles, pero también misiles AIM-120 AMRAAM, y los recientemente incorporados pods de designación de blancos AN/AAQ-33 Sniper Advanced Targeting Pod (ATP), los cuales se están empleando junto los cohetes de 70 mm de guía por láser Advanced Precision Kill Weapon System II (APKWS II), aunque un pod, posiblemente un AN/ALQ-131 de guerra electrónica, aparece desenfocado para impedir su identificación por parte del enemigo. También se ven los pilones de Terman que incluyen sistemas de autoprotección (los cuales fueron comprados también por Argentina para sus F-16).
El piloto comienza destacando que “las tácticas que se enseñaron en el extranjero no son del todo adecuadas. Tuvimos que sentarnos, pensar en las tácticas de uso, cómo destruiríamos misiles de crucero, misiles, aviones de ataque, drones. En agosto, hubo las primeras salidas para destruir objetivos aéreos”, refiriéndose al primer año de operaciones y destacando que desde el 16 de agosto en que ejecutaron la primera salida ya han destruido más de mil objetivos aéreos, “en cada salida no pasa sin que se lancen misiles enemigos contra nuestro grupo” agrega y explica que tienen “casos en los que un piloto destruyó seis misiles de crucero en un solo vuelo”, pero sostiene que su objetivo es no solo destruir drones de ataque y misiles de crucero, sino también aviones enemigos. “Podemos hacer más” afirma.

“Cuando comenzó la invasión a gran escala de Ucrania por parte de la Federación Rusa, nuestros soldados se mostraron muy valientes, y todo el país comenzó a defender nuestra tierra. La Fuerza Aérea fue la primera en recibir el impacto. Dimos la vida, luchamos, nadie creyó en nosotros.
Todos pensaban que un ejército realmente grande y poderoso, como se declaraban los rusos entonces, podría capturar nuestro país en pocos días. Los pilotos entraron en sus cabinas, fueron a las columnas enemigas, encontraron esas columnas y las destruyeron. Era algo más allá de lo real incluso para nuestros aliados, que podíamos hacer esas cosas en nuestros antiguos aviones soviéticos, detener estas columnas que iban a apoderarse de nuestras tierras” explica el piloto, refiriéndose a las operaciones con los viejos Su-24, Su-25, Su-27 y MiG-29, y agrega: “Por supuesto, al principio tuvimos muchas bajas, pero no paramos, seguimos luchando y usamos las armas que teníamos, porque no teníamos otra opción” y explica que eso llevó a que los países de occidente comiencen a creer en ellos y les den la oportunidad de luchar con armas más tecnológicas, “por ejemplo, aviones como el F-16”.

Un punto muy interesante de las operaciones, según describe, es que apelaron a flexibilidad e ingenio para desplegar el equipo en lugares donde el enemigo no lo esperaba. “Podíamos completar la tarea desde un aeródromo y al mismo tiempo reubicarnos en otro, por lo que era difícil para el enemigo detectar la ubicación de nuestros aviones. Conservamos este equipo, encontramos la oportunidad de luchar con él día y noche en condiciones meteorológicas simples y complejas”.
El piloto se refirió a la adaptación que tuvieron que hacer de pasar de aviones de origen soviético a los modelos occidentales, “aquellos pilotos que ya realizan tareas en aviones de estilo occidental F-16 y Mirage 2000, cuando se sentaban en aviones soviéticos en misiones de combate, encontraban tiempo entre misiones de combate para aumentar su conocimiento del inglés, porque entonces empezó el tema de que realmente podíamos conseguir equipos como el F-16 y el Mirage. Fue muy difícil, porque después de una salida, por regla general, el piloto tiene que descansar, porque no sabe, quizá en algún momento lo reactiven. Los pilotos sabían que necesitaban mejorar su conocimiento del inglés para poder cambiar a equipos más tecnológicos más adelante”.

Además, explica que la primera parte de la adaptación a los F-16 fue difícil, cuando los píloros debieron ir al exterior a entrenarse “porque todos los procedimientos de vuelo en el espacio aéreo son fundamentalmente diferentes a los nuestros y por los que fuimos entrenados. Porque la mayoría de nosotros tenemos un sistema postsoviético de vuelos y educación. Ahora estamos intentando poco a poco cambiar a estándares occidentales. Fue muy difícil porque había varias tareas que hacer. La primera es dominar la técnica. La segunda tarea fue entender y aprender rápidamente las reglas de volar en el espacio aéreo de esos países, porque volábamos en el espacio aéreo donde no hay restricciones en los vuelos de la aviación civil. Es decir, estábamos todos en el mismo espacio aéreo, en la misma burbuja, se podría decir. Por lo tanto, era necesario comprender todos los procedimientos de vuelo para evitar accidentes peligrosos durante el vuelo.

Y además, en la cabina trasera estaba sentado un instructor que no entendía ni una gota de ucraniano. Es decir, la comunicación era en inglés. Y en inglés, no en la conversación habitual, sino en inglés específico de aviación. El mismo contacto con los controladores en tierra, fue muy agotador, para ser sincero. Eran condiciones duras, pero teníamos un objetivo. Entendimos que nos esperaban en casa, que el enemigo bombardeaba nuestras ciudades, mataba a nuestra gente, tomaba nuestras tierras. Por eso transitamos este camino apretando los dientes hasta el final”.
Sin embargo, las cosas no fueron fáciles tampoco al regresar a Ucrania, ya que vieron que las tácticas que les enseñaron los países de la OTAN estaban basadas en el tipo de operaciones de la OTAN y para conflictos que la alianza había tenido en el pasado, por lo que no eran adecuadas para la guerra en Ucrania. “Esta guerra es fundamentalmente diferente de esas guerras. La mayoría de los pilotos en los primeros movimientos eran experimentados, tenían que sentarse, pensar en las tácticas de uso, cómo destruiríamos misiles de crucero, misiles, aviones de ataque, drones. Cómo lucharemos contra el enemigo cerca de la línea de batalla. Fuimos los primeros en llegar y ya hemos entrado en combate. En agosto, hubo las primeras salidas de combate para destruir objetivos aéreos, y estas salidas fueron exitosas. Ya tenemos grandes logros”.

Según explica, el eje de las operaciones es el derribo de drones y misiles, con más de 1600 impactos y más de mil objetivos destruidos, así como el ataque a blancos en tierra.
Cuando los socios ven nuestro rendimiento, entienden cómo podemos realizar vuelos con tal eficiencia en nuestras condiciones limitadas, e incluso, diría yo, aprenden de nosotros, aprenden tácticas y ajustan sus tácticas, que nos enseñaron cuando estábamos en el extranjero. Hoy hemos realizado una misión de combate en la región del Donbás. El enemigo intentó asustarnos. Concentró sus fuerzas, que se enfrentaban a nosotros en el aire, especialmente, también en tierra, con misiles antiaéreos enemigos. Pero el factor principal para nosotros era el componente aéreo, que no nos daba la oportunidad de entrar en el objetivo” cuenta y agrega que les lanzaron dos misiles antiaéreos pero su acción con los F-16 le dio a los aviones de ataque la oportunidad de destruir el objetivo “y a todo el grupo de regresar sanos y salvos al aeródromo con nuestras familias, con nuestro escuadrón. Cuando vamos a atacar a tierra, entendemos que los soldados están sentados en las trincheras, es difícil para ellos allí, necesitan nuestra ayuda y la aviación debe apoyarlos. Por lo tanto, esta es una de nuestras tareas principales. En cada uno de nuestros vuelos el mayor riesgo es ser alcanzado por un misil enemigo.

La línea del frente está muy saturada de sistemas de misiles antiaéreos y, por supuesto, de componentes aéreos. Aviones interceptores como Su-35, Su-57, MiG-31, tienen la capacidad de estar en vuelo, esperando a que nuestros grupos ataquen a gran altitud. Desgraciadamente, no tenemos esa oportunidad. Por esto, tenemos que volar hacia abajo para garantizar la seguridad frente a los sistemas de misiles antiaéreos. Y también tenemos que usar tácticas de maniobras, cuando el enemigo aéreo sale sobre nosotros, nos engancha y lanza un misil aire-aire contra nuestros aviones. Pero a pesar de esto, con estas limitaciones, completamos la tarea, sabemos que estamos asumiendo riesgos. Casi todas las salidas no tienen lugar en nuestro país sin que se lancen misiles enemigos contra nuestro grupo. Y, sobre todo, misiles aire-aire” cuenta y agrega que el F-16 es “un avión muy eficaz, diría yo, y una mira eficaz, y armas efectivas se muestran a la perfección”, aunque destaca que si tuvieran modelos más avanzados como los Block 70 o 72 podrían derribar fácilmente los aviones enemigos.

