La cuestión del Litani y su historia explican gran parte de los actuales hechos que envuelven la guerra entre Israel y Hezbollah
- Ignacio Montes de Oca
- 27 sept 2024
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Por Ignacio Montes de Oca
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Recrudece el enfrentamiento entre Israel y Hezbollah y ya se habla de la creación un colchón de seguridad en el sur libanĆ©s, de la āLĆnea Litaniā y de una āexpansión de Israelā. Vamos a aclarar el tema con algo de historia, un poco de demografĆa y una pizca de lógica
La zona en cuestión estĆ” entre el rĆo Litani al norte, la frontera con Israel al sur, el MediterrĆ”neo al oeste y la cordillera del LĆbano al este. Ocupa unos 800 km2 y es el centro de una disputa que ya lleva medio siglo. Empecemos por el principio de la historia para entender el presente. Durante siglos, la región estuvo apenas habitada por poblaciones de drusos y cristianos, en su mayorĆa maronitas. Hacia la dĆ©cada de 1970 tenĆa unos 150.000 habitantes. Pero un suceso ocurrido muchos kilómetros al este, en Jordania, cambió por completo su demografĆa. Fue el Septiembre Negro, nombre por el cual se conoce a una pequeƱa guerra civil ocurrida entre septiembre de 1970 y julio de 1971 entre el gobierno hachemita de Jordania y los refugiados organizados detrĆ”s de la Organización para la Liberación Palestina (OLP) de Yasser Arafat. Los palestinos intentaron crear un estado propio en el territorio en el que estaban asilados desde 1948 y continuar sus ataques contra Israel desde Jordania. El secuestro de tres aviones occidentales y su voladura en suelo jordano en septiembre de 1970, precipitó los hechos. El ejĆ©rcito jordano avanzó sobre las zonas de la OLP que estaban custodiadas por 40.000 milicianos. La lucha fue intensa y duró casi un aƱo, pero al final prevalecieron los hachemitas y la OLP tuvo que dejar Jordania. DetrĆ”s de ellos fueron expulsados 800.000 palestinos.

AquĆ es donde regresamos a la zona del Litani. La OLP seguĆa dispuesta a embestir contra los judĆos y se asentó en la zona de El LĆbano lindera con la frontera norte israelĆ. La presión demogrĆ”fica fue muy intensa y los habitantes originales pasaron a ser una minorĆa. Ahora empezamos a entender el problema actual, pero aĆŗn falta mucho para llegar al presente. La OLP repitió el mismo esquema que en Jordania y se situó en la zona en donde se le facilitaba lanzar sus ataques contra las poblaciones israelĆes al otro lado de la frontera. La situación se fue agravando y el 14 de marzo de 1978 Israel lanzó la āOperación Litaniā contra las bases de la OLP. Fue la primera incursión en el LĆbano. El detonante fue la infiltración de un comando terrorista en la zona de Haifa que asesinó a 39 personas e hirió a otras 76. El general cristiano libanĆ©s Saad Haddad vio la oportunidad. Se sublevó y proclamó el āEstado Libre del LĆbanoā apoyado por Tel Aviv y que a su vez pasó a controlar las milicias del EjĆ©rcito del Sur del LĆbano que se sumaron a la lucha contra la OLP. Ese apoyo tenĆa una razón.

La llegada masiva de los palestinos rompió el equilibrio demogrĆ”fico libanĆ©s, que en ese momento tenĆa unos 2,38 millones de habitantes. El aumento de la población musulmana les dio mayor peso a los sunitas mĆ”s radicales enrolados en el Movimiento Nacional LibanĆ©s. En 1975 comenzó una guerra civil que colocó a 18 facciones libanesas en una confusa disputa. El gobierno hasta entonces dominado por la mayorĆa cristiana maronita se vio envuelto en una lucha contra drusos, sunitas, chiitas y actores externos. La OLP aprovechó esa circunstancia para consolidarse en el sur libanĆ©s. La debilidad del poder central le permitió dedicarse a su agenda antijudĆa. En 1976 esa debilidad se convirtió en sumisión cuando Siria invadió a El LĆbano y se apoderó de Beirut. Arafat, no fue afectado.
Es crucial entender este antecedente en tiempos en que se invocan territorios ancestrales y porque una ofensiva israelĆ podrĆa revivir tensiones entre grupos libaneses que permanecieron aletargadas. Luego vamos a volver sobre ese punto porque es muy fĆ©rtil. Ante una situación que se agravaba, el 19 de marzo de 1978 se aprobó la Resolución 425 del Consejo de Seguridad de la ONU para ordenar el retiro de Israel, que se concretó en 2.000, y el despliegue de la UNIFIL (Fuerza Provisional de Naciones Unidas para El LĆbano) al sur del rĆo Litani. Los cascos azules son una buena fuente de vigilancia, presencia y una formidable maquinaria de viĆ”ticos, pero tambiĆ©n carecĆan de atributos para intervenir de manera efectiva, detener las acciones de la OLP o para desalojarlas de la zona. El resultado fue previsible. La OLP siguió su asedio contra el norte de Israel y expandió su fuerza con el apoyo de los sirios, que aprovecharon la guerra civil libanesa para aumentar su influencia sobre ese paĆs, en particular con su apoyo a los grupos musulmanes en su disputa con cristianos y drusos.

Israel volvió a entrar en el LĆbano el 6 de julio de 1982 con el objetivo de expulsar a la OLP. Esta vez tuvieron que llegar a Beirut. Los palestinos empujados en conflictos anteriores, habĆan creado nuevos bastiones militares en esa zona bajo el amparo sirio. El Litani ya no era su lĆmite. La invasión duró 3 aƱos y, si bien la OLP fue obligada a dejar El LĆbano, las tropas israelĆes comenzaron a ser atacadas por otros grupos de origen chiita organizadas bajo el nombre de Hezbollah, un grupo creado bajo la supervisión de la Guardia Revolucionaria de IrĆ”n.
Como se ve, el problema no era solo la OLP, porque el vacĆo que generó su salida fue aprovechado por IrĆ”n para expandir su revolución chiita. La OLP, apoyada o tolerada por los gobiernos sunitas de la región, perdió peso y con Ć©l disminuyo la influencia Ć”rabe en el conflicto.

Hubo otros eventos que son igual de importantes. Las falanges cristianas libanesas aprovecharon la circunstancia para apoyar el avance de Israel y emprendieron su propia batalla contra Hezbollah, que continuó por una dĆ©cada. La polĆtica libanesa nunca cerró esa grieta. EEUU y Francia tambiĆ©n enviaron tropas al LĆbano. Fue un desastre estratĆ©gico y Hezbollah atacó al cuartel de los Marines en Beirut y mató a 241 soldados norteamericanos y a 58 soldados franceses en otro atentado. En ese lapso, decenas de occidentales fueron tomados como rehenes.
En un atentado contra la embajada de EEUU en Beirut, Hezbollah asesinó a otras 60 personas y quedó claro el grupo estaba lejos de ser derrotado. Israel perdió 657 soldados y en 1985 tuvo que admitir que, pese a la partida de la OLP, no habĆa logrado conjurar el peligro terrorista. Tras la salida de Israel y de las potencias occidentales, el gobierno libanĆ©s ordenó el desarme de todas las milicias, a excepción de Hezbollah. Fue un golpe definitivo para las fuerzas cristianas maronitas, tanto como el retiro de Israel y la muerte de Haddad en 1985. La salida de la OLP dejó a los palestinos en manos de Hezbollah y de los chiitas iranĆes y condujo a un cambio en su discurso; el reclamo de un estado propio y de identidad nacional perdió fuerza frente a la radicalización religiosa y a la prioridad de la destrucción de Israel.

En 2005 Israel se retiró de Gaza y de cuatro asentamientos de Cisjordania. Advirtió que aquello era una demostración de su intención de evitar nuevos conflictos, pero IrĆ”n ya tenĆa un plan de confrontación en marcha y desde su base en el Litani expandió su presencia. El aƱo 2006 fue decisivo para todo lo que sucede hoy. En Gaza, ganó las elecciones Hamas, otro producto del criadero terrorista iranĆ. De inmediato masacró a sus rivales de Fatah, los herederos de la OLP, y convirtió a la Franja en un hervidero de actividad terrorista antisraelĆ.
El sur libanĆ©s y sirio, en donde Hezbollah acampó a sus anchas por el acuerdo de Al Assad con IrĆ”n, se transformaron otra vez en una plataforma para los ataques contra el norte de Israel. La región del Litani era otra vez el epicentro de la actividad del terrorismo. La 3° invasión israelĆ al sur libanĆ©s comenzó el 12 de julio de 2006 tras una emboscada de Hezbollah contra una patrulla en la frontera, la muerte 3 soldados y la captura de otros 3. Otra vez, Israel avanzó sobre posiciones terroristas y puso como meta empujarlos mĆ”s allĆ” del Litani. Israel entró en el sur de El LĆbano y bombardeo posiciones de Hezbollah en Beirut. Hubo un millón de desplazados libaneses y 300.000 israelĆes. Tras 33 dĆas de combates, las tropas israelĆes volvieron a su territorio. Como en otras ocasiones, intervino la ONU. La Resolución 1701 del Consejo de Seguridad ordenó un alto el fuego el 11 de agosto. Pero, lo mĆ”s importante, es que ademĆ”s ordenó que Hezbollah se retire mĆ”s atrĆ”s del rĆo Litani. Otra vez, la demarcación volvĆa a estar en el centro de las negociones.
El siguiente evento fue el inicio de la guerra civil en Siria en 2011. Este conflicto aumentó la migración al sur libanĆ©s, pero tambiĆ©n debilitó a Al Assad y lo subordinó a su antiguo aliado, IrĆ”n. Y asĆ los iranĆes se convirtieron en mandantes exclusivos del sur libanĆ©s. Sin el contrapeso sirio, IrĆ”n pasó a ser potencia rectora de El LĆbano y en su alianza con Rusia, que a su vez se convirtió en protector militar de Siria para evitar su colapso a manos de los rebeldes, se consolidó el control iranĆ sobre la zona del Litani.

En ese momento IrĆ”n alcanzó su momento de mayor expansión al controlar el sur libanĆ©s, una parte importante del centro del paĆs y la periferia de Beirut. En Siria, ocupó tambiĆ©n por medio de Hezbollah la zona lindera a Israel. Y ademĆ”s pasó a controlar Gaza por medio de Hamas. La influencia iranĆ no tardó en hacerse sentir. Los chiitas mĆ”s radicales respaldados por TeherĆ”n comenzaron a pedir la imposición de la Sharia por sobre el mosaico de culturas y religiones que habĆa caracterizado a la sociedad libanesa incluso durante la guerra civil. Estas imposiciones junto con el desplazamiento polĆtico y económico tensaron las relaciones con cristianos y maronitas, ademĆ”s de forzar la casi desaparición de la presencia judĆa. En el Litani, esa polĆtica de acoso religioso fue parte de la consolidación polĆtica en el territorio.

Esas exigencias aceleraron el recambio demogrĆ”fico por la migración forzada de los cristianos y las mayores tasas de fertilidad de las comunidades musulmanas. AsĆ, de ser un 51% de los pobladores de El LĆbano, los cristianos pasaron a ser aproximadamente un 40 % del total. Los musulmanes pasaron a ser un 60% de la población y ese avance trajo un giro polĆtico porque los cristianos, drusos y musulmanes no alineados con IrĆ”n perdieron el peso polĆtico para tener un control efectivo sobre los cargos mĆ”s altos de gobierno. TambiĆ©n se reflejó en un vuelco en la postura del LĆbano frente a las crisis regionales. De una actitud tradicionalmente neutral, el LĆbano pasó a ser parte del esquema de Siria e IrĆ”n. Su ejĆ©rcito sufrió una transformación similar cuando sus mandos cambiaron sus proporciones. Ese cambio es lo que explica por quĆ© el gobierno libanĆ©s no desalojó a Hezbollah como ocupante de su territorio en nombre de IrĆ”n y que haya optado por amenazar a Israel con sumarse a la defensa del Litani en lugar de aportar para el desarme de los terroristas que crearon la crisis.
Sabemos ahora el rol de la demografĆa, el antecedente de la actual crisis, que la cuestión del Litani lleva mĆ”s de medio siglo irresuelta y que es la mayor fuente de conflicto externo de Israel tras resolverse la disputa con Egipto, Jordania y el resto de la zona Ć”rabe. TambiĆ©n, que IrĆ”n es la verdadera potencia ocupante del Litani por medio de Hezbollah y que ademĆ”s tiene sujetos tanto a los palestinos como al propio gobierno libanĆ©s a travĆ©s de la red de alianzas y traiciones que fue tejiendo. Y que Siria paso de ser su aliado a su subalterno.
En la ecuación del Litani hay entonces una serie de factores fijos al que hay que sumarle la presencia de medio millón de palestinos que en su mayorĆa viven en esa región. No puede ser pasada por alto ni el uso que hace IrĆ”n para influir en la situación polĆtica de El LĆbano. La influencia de esa cantidad de palestinos es desproporcionada con relación al total de 5,5 millones de personas que habitan el LĆbano. Esa desproporción se repite en el dominio chiita. Revisemos las cifras para entender hasta quĆ© punto la ocupación iranĆ es una anomalĆa.

El LĆbano se divide hoy entre un 60% de musulmanes y un 40% de cristianos. Entre los musulmanes, hay una proporción equilibrada de sunitas y chiitas del 27%, el resto se completa con un 6% de drusos, unos 300.000 y es la comunidad mĆ”s grande de ese grupo en la región. Los drusos son una facción aparte del Islam y son considerados herejes por los grupos mayoritarios, por su sincretismo con ideas cristianas, griegas y de otras fuentes. Por cuestiones históricas se enfrentan al intento de dominio iranĆ y sirio, aunque tambiĆ©n al cristianismo.
Del 27% de sunitas libaneses, solo una pequeƱa parte apoya a IrĆ”n y en su mayorĆa estĆ”n dentro del grupo palestino. El resto sigue vinculada a la esfera sunita y a las ideas salafistas que históricamente se oponen a los chiitas y en particular a los alauitas vinculados a siria.
Si el 40% es cristiano, el 6% druso y una parte del 27% sunita no es favorable al avance chiita y, por lo tanto, a la presencia iranĆ y de sus representantes y socios, es sencillo comprender que su poder militar juega un rol fundamental en el predominio polĆtico. Una vez roto ese predominio de Hezbollah todo el tablero de Medio Oriente cambiarĆa. IrĆ”n perderĆa una base vecina al norte de Israel, los palestinos que no son afines a TeherĆ”n, la tutela armada y el esquema polĆtico del gobierno libanĆ©s tendrĆa una representación mĆ”s realista. Incluso se podrĆa especular con la construcción de un experimento polĆtico para reconstruir un sistema de convivencia entre grupos Ć©tnicos y religiosos diversos de El LĆbano que replique el modelo de Israel, pero para eso debe salir de escena Hezbollah e IrĆ”n.

De lograrse, el territorio libanĆ©s ya no serĆa una continuidad estratĆ©gica del sirio y, por ende, tanto iranies como rusos ya no podrĆan influir de manera tan directa en la cuestión palestina. Por donde se lo mire, desmilitarizar el Litani es una clave para todo el conflicto en la región. Empujada fuera de El LĆbano, la coalición formada por Rusia e IrĆ”n quedarĆa en territorio sirio, en donde aĆŗn enfrenta una guerra civil y con el estrecho margen de los Altos del GolĆ”n para amenazar a Israel. Son apenas 76 km frente a los 120 de la divisoria con el LĆbano.
Los 40 km de zona desmilitarizada desde la lĆnea Litani a la frontera con Israel representan la posibilidad de evitar las incursiones sorpresivas y dan un tiempo prudente para detectar el vuelo de proyectiles y cohetes disparados hacia el sur. Nunca fue una traza antojadiza. Una y otra vez, cada aproximación a la situación actual conduce a la necesidad de desplazar a los grupos proiranĆes del Litani y evitar que, como sucedió con el reemplazo de la OLP por Hezbollah, una sigla suceda a la otra y el problema de fondo siga sin resolverse. La comunidad internacional no mostró hasta ahora la voluntad ni tiene los elementos para ponerlo en prĆ”ctica ni para desalojar al grupo terrorista. Los cascos azules nunca cumplieron con ese propósito y el ejĆ©rcito libanĆ©s estĆ” tomado por los representantes iranĆes. La ONU ya ordenó a sus tropas en el Litani que se replieguen ante el recrudecimiento de los combates. Ni siquiera intentarĆ”n una tarea de interposición. La comunidad internacional estĆ” allĆ desde 1978 mirando desde primera fila y sin resolver.

Una intervención militar de Occidente ya demostró su inviabilidad y un regreso de la influencia Ć”rabe sunita al LĆbano se obstaculiza por la falta de la voluntad para para confrontar abiertamente con sus adversarios chiitas. Todos estĆ”n dejando en Israel el disponer una solución. Hezbollah es el grupo terrorista mĆ”s poderoso del mundo y en el Litani estĆ” su nĆŗcleo de poder. Tiene 130.000 milicianos, decenas de miles de proyectiles y es parte de un conglomerado armado por IrĆ”n mucho ms poderoso. Y no solo construye poder militar, lo usa a diario. Y a Israel no le quedan muchas alternativas porque desde hace mĆ”s de 50 aƱos la zona se convirtió en el origen de los ataques mĆ”s feroces desde antes del 7 de octubre y los mĆ”s regulares antes y despuĆ©s. El Litani es la piedra de SĆsifo de Israel. Y del LĆbano. El riesgo no es solo que una confrontación entre Israel y Hezbollah se haga otra vez crónica y que las vĆctimas de ambos lados se multipliquen. Hay otro peligro latente y es que el debilitamiento de los terroristas proiranĆes desemboque en otra guerra civil en el LĆbano. No hay que olvidar que cristianos y drusos tienen cuentas pendientes con Hezbollah y que hay grupos como los alauitas que podrĆan disputar los vacĆos generados por Israel en el Litani y el resto de El LĆbano con las masacres previsibles.

Para los israelĆes, la derrota de Hezbollah es una premisa innegociable y esa tarea forzarĆ” un nuevo equilibrio de poder en El LĆbano. La comunidad internacional y los paĆses Ć”rabes deberĆ”n dejar la actitud contemplativa. Israel no puede asumir otra vez responsabilidades ajenas. Y si los paĆses sunitas y Occidente quieren enfrentar el expansionismo iranĆ y a la vez poner en prĆ”ctica sus deseos de disminuir la conflictividad de la zona, ante lo ineludible de la embestida israelĆ, ya pueden comenzar a trazar planes para asumir de una vez un rol activo.
Sucede que alguien debe intervenir en el terreno. Dejar esa tarea exclusivamente a Israel para limpiar la zona de la presencia de Hezbollah puede ser una alternativa temporal, pero solo correrĆa a lĆnea del Litani hacia el norte con un repliegue del grupo terrorista. La tarea es necesaria porque Hezbollah replicó el mismo esquema que en Gaza con tĆŗneles y posiciones en zonas urbanas. Dejarlo en mano de drusos y cristianos podrĆa generar un eco en otras zonas compartidas en el LĆbano y desatar otra guerra civil.

Tampoco la ocupación de la zona por parte de Israel o una solución al estilo de las Alturas del GolĆ”n parece ser una opción inteligente. Una anexión de hecho tendrĆa repercusiones polĆticas y un costo material inabordable para el estresado sistema militar y económico israelĆ. Un reemplazo demogrĆ”fico para regresar al tiempo anterior al ingreso de la OLP en el Litani es igual de conflictivo. Mover a 5.000.000 palestinos serĆa barrer bajo una nueva alfombra el problema de siempre y habrĆa que resolver en dónde relocalizarlos. Y si es legĆtimo hacerlo.
Para cada escenario surge otro inconveniente porque en el mundo real ningĆŗn estado de la zona quiere alojar a palestinos desplazados e Israel no acepta avanzar en la cuestión del Estado Palestino. El Litani refleja ese mismo problema y la explicación al porquĆ©. Y tampoco resuelve la siempre pendiente cuestión de la tutela iranĆ o de otros terceros sobre esta comunidad. TambiĆ©n los palestinos en la zona cargan con su piedra de SĆsifo y es el caer una y otra vez en manos de los que utilizan sus errores y frustraciones como arma polĆtica.
La procrastinación de Occidente y los paĆses Ć”rabes muestra sus consecuencias mĆ”s profundas en el Litani y ahora dejaron a Israel a cargo de hallar una solución y desde el 7 de octubre solo pareciera tener carpetas militares a mano. Los siempre ausentes, esta vez deben intervenir. La cuestión del Litani tiene otro sentido al ser analizado desde estas cifras y datos porque la apuesta no es solo hacer respetar el colchón de seguridad, sino que ademĆ”s busca socavar las bases de la presencia iranĆ en el sur del LĆbano. Las consecuencias, pueden ser inmensas. Con la información del trasfondo de esta crisis la frase āEl Litani es la nueva frontera de Israelā anuncia que se tratarĆ” de terminar una tarea pendiente hace medio siglo. Israel, Occidente y los paĆses Ć”rabes deben decidir si estamos o no en las vĆsperas de otro Septiembre NegroĀ .

