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Roca Defense: “En defensa, la ventaja no la tiene quien posee más plataformas, sino quien logra que funcionen como un solo sistema”


Hablamos con Gustavo Emiliano Fauez, Founder, CEO y presidente de Roca Defense & Systems, un holding de empresas en Estados Unidos y Argentina dedicado a la investigación y desarrollo de sistemas autónomos, principalmente para la defensa con enfoque en América Latina, sobre su principal solución, que es el programa Ona para generar un sistema que permita mejorar el control de grandes superficies marítimas.

 

Pucará Defensa: ¿Cuál es la problemática que vieron y sobre la cual surgió la idea de desarrollar el concepto de ONA?

Gustavo Fauez: La problemática principal es que los países con grandes extensiones marítimas enfrentan una asimetría estructural entre el espacio que deben controlar y los medios disponibles para hacerlo de manera persistente.

En América Latina, y particularmente en el Atlántico Sur, no estamos hablando solamente de patrullar una línea costera, estamos hablando de enormes áreas marítimas, zonas económicas exclusivas extensas, recursos pesqueros estratégicos, tráfico ilícito, búsqueda y rescate, protección ambiental, control de soberanía y presencia estatal efectiva.

Pero hay un punto adicional que para nosotros es central: el control efectivo del mar no debe entenderse solamente como una función defensiva o restrictiva. También puede ser una herramienta de desarrollo económico regional.

Cuando un Estado no logra ejercer presencia real sobre su Zona Económica Exclusiva, pierde capacidad de ordenar, fiscalizar y convertir sus recursos marítimos en economía formal. En cambio, cuando existe control efectivo, se abre la posibilidad de promover pesca regulada, pesca licenciada, trazabilidad, respeto ambiental, pago de derechos, instalación de capacidades logísticas y eventualmente mayor procesamiento local en la costa.

Es decir, ONA no nace únicamente de una preocupación por la vigilancia marítima. Nace también de una visión más amplia: que la soberanía marítima puede transformarse en productividad, empleo, recaudación legítima y desarrollo costero si el Estado cuenta con herramientas modernas para ejercer control persistente.

El problema no es únicamente la falta de plataformas. El problema más profundo es que el modelo tradicional de vigilancia marítima sigue dependiendo demasiado de la presencia física puntual: enviar un buque, desplegar una aeronave, esperar una detección aislada, reaccionar tarde y con alto costo operativo.

ONA nace precisamente de esa lectura: la necesidad de pasar de un esquema reactivo, costoso y discontinuo, a una arquitectura persistente, distribuida, inteligente y escalable, donde la detección, la interpretación y la respuesta estén integradas en un mismo sistema operacional.

 


PD: ¿Cuál es el cambio esencial que representa la manera en que plantean la solución, basada en la arquitectura del sistema en lugar de las plataformas?

GF: El cambio esencial es dejar de pensar la defensa marítima como una suma de plataformas y empezar a pensarla como una arquitectura operacional.

Una plataforma aislada puede ser muy sofisticada, pero si no está integrada a una red de sensores, inteligencia, análisis, mando, control y respuesta, su valor estratégico queda limitado. Lo que proponemos con ONA no es simplemente “un nuevo vehículo no tripulado” o “un buque autónomo”, sino un sistema capaz de articular capas distintas: observación satelital, sensores embarcados, sistemas no tripulados, unidades tripuladas, centros de mando y una capa de inteligencia operacional.

La plataforma es importante, pero la arquitectura es lo que convierte detecciones dispersas en decisiones útiles. Ahí está el cambio doctrinal: no competir con los medios existentes, sino multiplicar su eficiencia, reducir tiempos de reacción y permitir que el operador tenga una lectura más completa del teatro marítimo.

En términos simples: ONA no busca reemplazar a una Armada. Busca darle más ojos, más persistencia y mejor capacidad de decisión.

 

PD: ¿Cuál es el principal desafío, en ese sentido, para países de América Latina con grandes extensiones marítimas?

GF: El principal desafío es construir persistencia sin quebrar el presupuesto. Los países latinoamericanos tienen áreas marítimas enormes, pero presupuestos limitados, ciclos de adquisición largos y, muchas veces, una dependencia excesiva de plataformas mayores que son caras de operar y difíciles de desplegar de forma permanente.

Además, existe otro desafío menos visible pero igual de importante: la fragmentación de la información. Un satélite puede detectar algo, una aeronave puede observar otra cosa, una patrulla puede recibir un reporte, una estación costera puede tener otra señal. Pero si todo eso no se correlaciona de manera eficiente, el sistema termina viendo piezas sueltas, no una situación operacional integrada.

A eso se suma una dimensión económica que América Latina todavía no ha explotado en toda su magnitud. Controlar mejor el mar no significa espantar la actividad económica; significa ordenar la actividad económica. Una ZEE controlada puede atraer pesca regulada, operadores licenciados, inversión en procesamiento, infraestructura costera, servicios portuarios, trazabilidad ambiental y cadenas de valor asociadas.

En ese sentido, la vigilancia marítima no debe verse solamente como gasto público. Bien diseñada, puede convertirse en una plataforma habilitadora de economía azul, protección de recursos y desarrollo regional.

Por eso creemos que el desafío regional no es solamente comprar más medios, sino integrar mejor los medios existentes y sumar nuevas capas no tripuladas que permitan presencia, vigilancia y respuesta con una lógica más flexible y sostenible.

 

PD: ¿Cómo se construye la solución que plantea ONA y en qué está basada?

GF: ONA se construye sobre una lógica de capas. La primera capa es la detección estratégica y de área amplia, donde pueden intervenir imágenes satelitales, sensores remotos, fuentes abiertas, información marítima y otros insumos disponibles para el operador.

La segunda capa es la correlación y priorización de eventos. Ahí entra SUPGOD como plataforma de inteligencia operacional, procesando información, comparando señales, ayudando a establecer patrones, riesgos, prioridades y cursos de acción posibles.

La tercera capa es la respuesta operacional. Esa respuesta puede involucrar medios tripulados, como patrulleros oceánicos, aeronaves o centros de mando, y medios no tripulados como ONA, drones aéreos embarcados u otros sistemas autónomos.

La cuarta capa es la retroalimentación doctrinal. El sistema aprende del uso, de los procedimientos del operador, de sus reglas, de sus prioridades y de su forma de actuar. Siempre bajo control humano y bajo los parámetros institucionales definidos por cada fuerza.

La base conceptual es simple: detectar mejor, interpretar más rápido y responder con más precisión.

 

PD: ¿Cómo se organizan las distintas capas y qué aporta Roca Defense para cada una y para integrarlas?

GF: Roca Defense aporta la arquitectura de integración, el concepto operacional, la capa SUPGOD de inteligencia y decisión, y el diseño del ecosistema ONA como nodo no tripulado de despliegue, vigilancia y respuesta.

Las capas pueden organizarse de la siguiente manera:

Primero, una capa de observación estratégica, donde se integran datos satelitales, marítimos y sensores externos.

Segundo, una capa de análisis y correlación, donde SUPGOD transforma información dispersa en una imagen operacional útil.

Tercero, una capa táctica, donde intervienen sistemas no tripulados, sensores embarcados y unidades de patrulla.

Cuarto, una capa de mando y control, donde el operador humano valida, decide y ejecuta conforme a sus procedimientos.

Quinto, una capa de interoperabilidad, pensada para permitir que el sistema dialogue con plataformas existentes del usuario y con tecnologías de terceros.

El aporte de Roca Defense no es vender una pieza aislada, sino ordenar esas piezas en un marco operativo coherente. Esa es la diferencia entre tecnología suelta y capacidad estratégica.

 

PD: ¿Cómo podrías describir SUPGOD? ¿Cómo llevaron adelante su desarrollo?

GF: SUPGOD puede describirse como una plataforma propietaria de inteligencia operacional orientada a integrar, correlacionar y apoyar la toma de decisiones en entornos complejos.

Su función no es reemplazar al comandante ni automatizar decisiones sensibles. Su función es ayudar a que el operador vea mejor, entienda más rápido y actúe con mayor precisión. SUPGOD trabaja como una capa cognitiva del sistema: recibe información de distintas fuentes, la organiza, la cruza, identifica patrones y genera insumos operacionales para que el usuario pueda tomar decisiones informadas.

SUPGOD nació inicialmente orientado a la gestión, coordinación y explotación de sistemas autónomos aéreos, y actualmente su arquitectura se está ampliando hacia entornos marítimos distribuidos, donde ONA representa un teatro de aplicación natural. Esa evolución responde a una necesidad concreta: los dominios aéreo, marítimo, satelital y terrestre ya no pueden tratarse como compartimentos separados.

El desarrollo se llevó adelante desde una visión arquitectónica: primero la doctrina de uso, luego la lógica operacional, después la integración de capas y finalmente la configuración tecnológica. Para nosotros, la tecnología debe responder a una necesidad operacional real, no al revés.

 

PD: ¿Cómo es el ciclo operativo de ONA?

GF: El ciclo operativo de ONA puede entenderse en cinco momentos.

Primero, la vigilancia y detección. El sistema recibe información desde distintas fuentes: satélites, sensores, reportes, unidades desplegadas o sistemas no tripulados.

Segundo, la correlación. SUPGOD ayuda a ordenar esa información, identificar inconsistencias, priorizar eventos y construir una lectura operacional.

Tercero, la decisión humana. El operador evalúa la información, valida recomendaciones, aplica doctrina, reglas de empeñamiento o protocolos internos, y define el curso de acción.

Cuarto, el despliegue de respuesta. ONA puede actuar como nodo avanzado, plataforma de presencia, lanzador o coordinador de drones, o como elemento de apoyo en vigilancia, búsqueda, seguimiento o asistencia.

Quinto, la retroalimentación. Todo evento operacional genera información que vuelve al sistema para mejorar la comprensión del entorno, ajustar patrones y fortalecer la doctrina de empleo.

El ciclo no termina con la detección. Termina cuando la información vuelve convertida en aprendizaje operacional.

 

PD: ¿Cómo se realiza el control humano sobre la actividad de IA de SUPGOD?

GF: El control humano es central. SUPGOD está concebido bajo una lógica de human-in-the-loop y human-on-the-loop, dependiendo del tipo de operación, el nivel de riesgo y las reglas definidas por el operador.

En misiones sensibles, la decisión final permanece siempre en manos humanas. La inteligencia artificial puede asistir, ordenar, priorizar, sugerir o advertir, pero no sustituye la responsabilidad institucional del mando.

Esto es especialmente importante en defensa, donde no alcanza con que un sistema sea técnicamente capaz. Debe ser doctrinalmente aceptable, jurídicamente controlable y operacionalmente confiable.

Por eso SUPGOD no se plantea como una “caja negra decisoria”, sino como una capa de apoyo a la decisión. Su valor está en reducir ruido, acelerar análisis y mejorar la calidad de la información disponible para el operador.

 

PD: ¿Cómo se presenta la información para los distintos actores que forman parte del sistema? Desde puestos de mando a las unidades que se encuentran patrullando.

GF: La información debe presentarse de manera diferenciada según el nivel de responsabilidad del usuario.

Un centro de mando necesita una visión estratégica: situación general, prioridades, zonas calientes, evolución temporal, patrones, riesgos y medios disponibles.

Una unidad patrullando necesita otra cosa: información clara, accionable y filtrada. No necesita ver todo el universo de datos, sino aquello que le permite cumplir la misión con seguridad y eficacia.

Un operador táctico necesita alertas, ubicación, clasificación preliminar, rutas sugeridas, estado de medios, ventanas de intervención y criterios de prioridad.

La lógica de SUPGOD y ONA es evitar la saturación de información. En defensa, más datos no siempre significan mejores decisiones. Lo importante es entregar la información correcta, al actor correcto, en el momento correcto.

 

PD: ¿Cómo sería el proceso de integración de ONA a un operador y las distintas plataformas y sistemas que posee?

GF: La integración debe ser gradual, controlada y adaptada al operador.

El primer paso es entender la doctrina, los medios existentes, los procedimientos, las restricciones jurídicas, las zonas de operación y las prioridades estratégicas del usuario.

Luego se construye una matriz de integración: qué sensores existen, qué plataformas están disponibles, qué sistemas de mando y control se utilizan, qué fuentes de información pueden incorporarse y qué nivel de interoperabilidad es viable en cada etapa.

Después se implementa una fase inicial no invasiva, normalmente orientada a análisis, simulación, correlación de información y validación operacional. A partir de ahí se puede avanzar hacia integración con plataformas tripuladas, sistemas no tripulados, centros de mando y nodos de despliegue.

La clave es no imponer una arquitectura cerrada. ONA debe adaptarse al ecosistema del operador, no obligar al operador a reconstruir todo desde cero.

 

PD: ¿Cómo es la integración con sistemas no tripulados?

GF: La integración con sistemas no tripulados es uno de los ejes centrales del concepto.

ONA está pensado como un nodo marítimo avanzado capaz de operar con sistemas aéreos no tripulados y, en una arquitectura más amplia, con otros medios autónomos o remotamente operados.

La lógica es que los drones no actúen como elementos aislados, sino como extensiones del sistema. Pueden realizar vigilancia, reconocimiento, seguimiento, búsqueda y rescate, evaluación de daños, identificación visual, presencia disuasiva o apoyo a operaciones marítimas.

SUPGOD permite que esos sistemas se integren dentro de una lógica de misión: qué se detectó, qué prioridad tiene, qué medio está disponible, qué ruta conviene, qué riesgo existe y qué necesita validar el operador humano.

El punto importante es que la autonomía no se mide solamente por la capacidad de volar o navegar sin tripulación. La autonomía real está en la coordinación inteligente de múltiples medios dentro de una arquitectura común.


 

PD: ¿Cómo es el USV ONA y qué podés contar de él?

GF: ONA es concebido como un sistema marítimo no tripulado de largo alcance, diseñado para operar como plataforma de persistencia, vigilancia, despliegue de drones y apoyo a respuesta en entornos marítimos complejos.

Su diseño responde a una necesidad muy concreta: extender la presencia operacional sin depender exclusivamente de grandes plataformas tripuladas. No busca competir con un patrullero oceánico, sino complementarlo, operar por delante, permanecer en zona, servir como nodo avanzado y ampliar la cobertura del sistema.

Por razones lógicas de seguridad y propiedad intelectual, no podemos entrar en detalles sensibles de diseño, arquitectura interna, configuración de misión o prestaciones específicas. Pero sí podemos decir que ONA fue concebido desde el inicio como parte de una arquitectura, no como una embarcación aislada.

Su valor no está solamente en el casco o en su condición no tripulada. Su valor está en cómo se conecta con SUPGOD, con sensores, con drones, con unidades existentes y con la doctrina del operador.

 


PD: ¿Cómo se integra a sistemas de otros fabricantes?

GF: La integración con sistemas de terceros es una condición fundamental para que ONA tenga valor real.

Ninguna fuerza parte de una hoja en blanco. Los operadores ya tienen patrulleros, aeronaves, radares, centros de mando, comunicaciones, sensores, proveedores satelitales y sistemas heredados. Pretender reemplazar todo eso sería poco realista y económicamente ineficiente.

Por eso ONA y SUPGOD están concebidos con una lógica modular e interoperable. La integración puede realizarse mediante interfaces, protocolos, capas de adaptación y procesos de validación específicos según el sistema del fabricante y el nivel de acceso autorizado por el operador.

Roca Defense no necesita absorber todo el ecosistema tecnológico. Necesita ordenar, conectar y potenciar lo que ya existe, sumando capacidades propias donde haya vacíos operacionales.

En defensa moderna, la ventaja no la tiene necesariamente quien posee más plataformas, sino quien logra que sus plataformas, sensores y decisiones funcionen como un solo sistema.

En síntesis, ONA representa una forma distinta de pensar la defensa marítima regional. No parte de la idea de reemplazar medios existentes, sino de integrarlos mejor, extender su alcance y convertir información dispersa en capacidad operacional.

Para América Latina, ese cambio es crítico. La región no puede darse el lujo de copiar modelos de adquisición pensados para potencias con presupuestos muy distintos. Necesita arquitecturas inteligentes, escalables, interoperables y sostenibles.

Pero, además, necesita entender que controlar el mar no es solamente defender soberanía: también es crear las condiciones para que esa soberanía produzca valor. Una ZEE mejor controlada puede significar más pesca legal, más licencias, más trazabilidad, más industria costera, más empleo y mayor protección ambiental.

ONA y SUPGOD apuntan exactamente a eso: persistencia, integración y decisión. No como conceptos abstractos, sino como una respuesta concreta a un problema estratégico que ya está ocurriendo en nuestros mares.

 

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