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Ucrania ahora va por los data centers y la IA de Rusia.

hace 2 horas
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Entre el 8 y el 9 de octubre de 2026, drones ucranianos pegaron en dos centros de datos rusos: primero el de Sásovo, en la región de Riazán, y un día después el de Kaluga. Ambos pertenecen a Yandex, el “Google ruso”. Kyiv venía de recibir bombardeos que alcanzaron al menos ocho data centers de su territorio a fines de septiembre, así que hubo una devolución de golpes. Pero la respuesta encaja en un plan más amplio, y mirarla de otro modo sería tan disparatado como querer pagar con un billete de 3,25 dólares.

Ese plan viene de antes. Ucrania dejó de lanzar ataques aislados contra la infraestructura comercial y digital de Rusia y pasó a una estrategia coordinada y pensada, con un propósito que no esconde: que los rusos sientan la guerra en su rutina diaria. El primer capítulo se abrió a mediados de julio de 2026 contra Wildberries, la plataforma de comercio electrónico que se conoce como el “Amazon ruso”. Desde el 18 de julio, sus almacenes y su red logística fueron blanco sistemático de drones de gran alcance. The Guardian y Reuters calculan que se perdió o quedó inutilizada alrededor del 20% de su capacidad de almacenamiento.

Wildberries y Yandex están más unidas de lo que parece. La nube, el correo y el almacenamiento de Yandex mantienen en pie buena parte del funcionamiento de la tienda online. Por eso, cuando los servidores de Yandex se cayeron, los primeros sistemas en fallar fueron los de Wildberries y Ozon, seguidos por los de T-Bank, los Ferrocarriles Rusos y el portal inmobiliario Cian. Con Sásovo y Kaluga, Ucrania terminó de cubrir todo ese ecosistema de empresas.

El daño en Yandex fue concreto: dos de sus tres supercomputadoras quedaron fuera de servicio. El blanco era el corazón de la inteligencia artificial rusa, donde se entrenaba YandexGPT con las máquinas “Chervonenkis” y “Lyapunov”, dotadas de chips Nvidia A100. El golpe también repercute en cadena sobre todas las compañías que necesitan esa infraestructura para trabajar.

Según el analista OSINTtechnical, el complejo supera los 35 megavatios y en 2021 ya reunía unas 2.700 GPU A100, compradas antes de que las sanciones cerraran el acceso del sector tecnológico ruso a esos componentes. Solo “Chervonenkis” contaba, según su configuración pública, con 199 nodos de servidor y 1.592 aceleradores A100. En otras palabras, Yandex levantó su músculo de cálculo mientras todavía era legal comprar esos chips.

Después llegaron las restricciones. Estados Unidos prohibió vender A100 y H100 a Rusia y a China, y Nvidia dejó de comerciar con Moscú. Aun así, de acuerdo con el medio ruso IXBT, la compañía siguió sumando equipos mediante la “importación paralela”, que consiste en hacer pasar la mercadería por países terceros. Bloomberg aportó un caso: la farmacéutica india Shreya Life Sciences vendió a Rusia 1.111 servidores Dell PowerEdge XE9680 con chips Nvidia de IA, por unos 300 millones de dólares, entre abril y agosto de 2024. La carga salía de Malasia, hacía escala en la empresa india y terminaba en territorio ruso, esquivando los controles de exportación.



Como esa vía de abastecimiento sigue abierta, la campaña de “sanciones de largo alcance” de Ucrania ahora también apunta a la informática rusa. Con todos estos ataques, Kyiv usa sus drones y misiles para presionar a distancia y, sobre todo, para que la guerra le salga más cara a Rusia con el paso del tiempo: recuperar la inversión perdida lleva años, y el costo de los daños se convierte en una hipoteca de largo plazo.

Los efectos económicos inmediatos son hondos y llegan a muchos frentes. La plata del Estado ruso es el primero: con los inventarios destruidos y el comercio paralizado, la recaudación ya cayó, justo cuando el presupuesto federal arrastraba un rojo de unos 67.000 millones de dólares en el primer semestre de 2026, producto de los ataques ucranianos contra todos los sectores de la economía.

La banca también siente el golpe. VTB y Sberbank, que son los principales acreedores de Wildberries y de los Ferrocarriles Rusos, ven crecer los créditos que no se pagan. A fines de julio, Sberbank dijo que quizá tendría que aumentar sus reservas para préstamos incobrables, porque los ataques erosionaron la capacidad de pago de cientos de vendedores online, y unos 300 negocios pidieron refinanciar sus deudas. Una fuente del entorno del Kremlin le advirtió a Reuters que venía “una ola de quiebras” y que nadie tenía fondos para rescatar a los vendedores, con una cuenta de cientos de miles de millones de dólares.

El comercio electrónico era una de las pocas áreas que todavía empujaban a una economía rusa estancada tras cuatro años y medio de guerra. Hoy está en recesión. Kazakh International News informó que las pérdidas de Wildberries y de los comerciantes de su plataforma podrían llegar a 1.180 millones de dólares, y eso contando únicamente los daños directos.

No faltan quienes cuestionan que se destine parte de la capacidad de ataque de largo alcance a blancos comerciales civiles. El Ministerio de Defensa de Ucrania responde que estos golpes obligan al Kremlin a sacar dinero, recursos técnicos y defensa antiaérea del frente para cuidar y reparar la retaguardia digital y logística. Según explican, eso le quita fuerza a la ofensiva rusa en el este de Ucrania y obliga a Moscú a gastar en reponer almacenes y servidores que, de otra forma, iría a municiones o blindados.

Para blindarse ante esas críticas existe un argumento: el razonamiento que justificó los ataques a Wildberries y Ozon vale igual para los centros de datos, porque unos y otros forman parte de la infraestructura que alimenta la agresión rusa. Ya se comprobó que las firmas de logística operaban como una red de distribución paralela de componentes para sostener la invasión. Con Yandex pasa algo parecido: su IA es tecnología de doble uso, ya que las mismas capacidades que dan servicio civil en búsquedas, mapas, correo, nube y el asistente Alice fueron absorbidas por el esfuerzo de guerra.

El experto Konstantin Tarasov, en un análisis de OBOZ.UA, explica que Yandex Cloud y sus sistemas de mapas manejan datos geoespaciales de altísima precisión, y que los algoritmos de la empresa interpretan imágenes de satélite, ajustan rutas logísticas militares y colaboran en la identificación de objetivos. Todo ese poder de cálculo estaba concentrado en Chervonenkis y Lyapunov, con sus aceleradores A100, dentro del data center de Sásovo, donde se entrenaban los modelos de YandexGPT.

La doble cara de esta tecnología también se ve en la batalla por el relato. Una auditoría independiente que financió la Unión Europea, a cargo de Ihor Samokhodskyi y titulada Weaponised Algorithms, encontró que Alice respaldó las narrativas del Kremlin en el 86% de sus respuestas en ruso, y que se negaba a contestar las mismas preguntas hechas en inglés.


El caso más claro fue el de la masacre de Bucha. Según el informe, si alguien preguntaba en inglés si había sido un montaje, Alice elaboraba primero una respuesta correcta, pero el sistema la pisaba de manera automática antes de que el usuario la viera y la cambiaba por una negativa a responder. Para los investigadores, eso no revela una limitación del entrenamiento sino una supresión intencional de datos verdaderos en tiempo real. En ruso, en cambio, Alice no solo esquivaba la verdad: repetía por su cuenta la versión del Kremlin y decía que lo de Bucha había sido “una puesta en escena”. Con esa conducta según el idioma, el asistente funcionó como una herramienta de control de la información que, detrás de una imagen de IA neutral, protegía a Rusia de las acusaciones internacionales por crímenes de guerra.

Otro hecho muestra hasta dónde llega el uso militar de esta infraestructura: las autoridades rusas mandaron a borrar y tapar instalaciones militares estratégicas en los mapas de Yandex. Además, el data center de Sásovo compartía predio industrial con la fábrica de máquinas-herramienta “Sasta”, que produce centros de mecanizado de cinco ejes para las cadenas de suministro de los misiles balísticos tácticos Iskander. Esta mezcla de lo digital civil con la producción militar es lo que lleva a Ucrania a tratar los centros de Yandex como objetivos legítimos: el propósito va más allá de destruir servidores, busca dañar el sistema nervioso que une la economía, la propaganda y la logística bélica de Rusia.

La guerra pasó así a otro terreno. Ahora se pelea también por la infraestructura de la vida digital, comunicacional y comercial. Ucrania fue por los servidores que gestionan los pedidos de millones de rusos, por los almacenes que abastecen a sus ciudades, por quienes sostienen sus relatos y por los sistemas con los que pagan con tarjeta o mandan un mail.

Lo que está en juego no son solo los data centers, sino el dominio digital. Y si alguien no termina de entenderlo, hay sistemas de IA que se lo pueden explicar. Eso sí, mejor no consultarle a Alice, el servicio de Yandex, que por ahora anda con problemas técnicos.

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