Venezuela: ¿Violación o justicia?
- Hernán Martínez Soler
- hace 1 día
- 3 Min. de lectura

Por Hernán Martínez Soler - Foro Argentino de Defensa
Ante los acontecimientos que ocurrieron en Venezuela y las reacciones que han producido vale sacar conclusiones, para lo cual primero hay que estar seguro de hablar el mismo idioma para poder comprendernos.
Primero, las relaciones internacionales no pueden entenderse como las interpersonales, no hay “hermanos” o “amigos” como entre las personas, hay intereses y los países tienen intereses permanentes por los cuales sus gobiernos deben velar.
Segundo, hay países que dictan las normas y otros que las siguen y estos no se pueden retobar gratuitamente, ya vimos el fracaso de la tercera posición.
Tercero, los conflictos interestatales existen en función de contraposición de intereses y finalmente por causas siempre económicas.
Cuarto, no hay poder real sin poder económico, y no hay poder económico que no se acompañe de poder real. Así Corea del Norte tiene poder militar, pero no económico, por lo que no tiene poder real. La soberanía real de un país se obtiene con el desarrollo económico, como la India, otro que va en ese camino es Brasil, lo que les permitirá sentarse a la mesa de los grandes algún día, todo lo demás es mentira.
Quinto, el Derecho internacional actual nace luego de la segunda guerra mundial, de la mano de los vencedores (ver en el consejo de seguridad quienes tienen poder de veto). El Derecho tiene validez en cuanto exista una autoridad de aplicación, sino se transforma en algo abstracto y a nivel internacional no existe dicha autoridad. La Sociedad de la Naciones, luego de la Primera Guerra Mundial, fracasó y las Naciones Unidas, luego de la Segunda Guerra, también, aunque aún no se reconozca y se vaya hacia algo superador.
Sexto, los gobiernos tienen discursos motivantes para sus pueblos, para inflamar los ánimos, Patria, Soberanía, Justicia, para dar una justificación al sacrificio o a sus actos, los cuales tienen que ver poco o nada con las causas reales de los conflictos.

Cada tanto llegan al poder en las potencias decisorias personajes que, por lo menos, sufren de trastorno de personalidad narcisista, cuando no con rasgos psicopáticos, que de otra manera no llegarían a donde llegaron en el contexto histórico que les tocó vivir y que patean el tablero del status quo imperante como lo hizo Hitler en su momento, Stalin y ahora, salvando las diferencias, Putin y Trump. La dirigencia China solo espera su momento como fieles discípulos de Confucio y Maquiavelo.
Los acontecimientos de Venezuela no deben verse como una acción de justicia sino como una puja de intereses geopolíticos y finalmente económicos. Aquella izquierda latinoamericana que se rasga las vestiduras por la violación del Derecho Internacional deja de lado el hecho de que, por una cuestión ideológica, casi semántica, apañó por acción u omisión al régimen dictatorial bolivariano, disfrazado de Democracia, pero con un discurso socialista que parecería que justificara per se todas las violaciones a una verdadera Democracia.
El fracaso de todos los mecanismos legales, protocolos, etc., por complicidad ideológica en la ONU, la OEA y el Mercosur, llevaron a la situación actual, y ahora hipócritamente se lamentan de la ruptura del orden legal internacional por parte de EEUU, cuando no criticaron lo hecho por Rusia en Ucrania.
Por supuesto que EEUU actuó en función de intereses geopolíticos y económicos y no por un afán de dar justicia al sufrido pueblo venezolano, pero eso no lo convierte en el gran satán de la historia, solo actúa como lo hacen aquellos que tienen el poder para hacerlo, antes, ahora y después.
Pensar en Justicia en las relaciones internacionales como en las interpersonales es un error de los legos o de mal intencionados, no porque no se deba aspirar a una Justicia, sino porque al no existir la autoridad de aplicación se transforma en una utopía.
Posiblemente estemos a las puertas de un nuevo orden mundial, la pregunta es si ocurrirá por evolución o por revolución a partir de una gran guerra, dado que la actual carrera armamentística, viendo los antecedentes históricos, no termina bien.
La Argentina, como país periférico que no mueve el amperímetro de la gobernanza mundial, debe tratar de sacar la mayor ventaja de la situación bregando por nuestros intereses de la manera más inteligente. Si Dios nos puso en el patio de acá no pretender estar con los del patio de allá, no nos tiene que unir el amor sino la conveniencia. No creer en “nuestro destino de grandeza” como maná que nos caiga del cielo, sino que este llegará, si llega, por nuestro esfuerzo e inteligencia.
Tiempos revueltos, a Dios rogando y con el mazo dando.



