200 años del Combate Naval de los Pozos: la Armada Argentina conmemoró una de sus acciones más heroicas
- Santiago Rivas
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A 200 años del Combate Naval de los Pozos, la Armada Argentina realizó una conmemoración frente al puerto de Buenos Aires, para lo cual zarparon el patrullero ARA King, los buques multipropósito ARA Ciudad de Zárate y Ciudad de Rosario, las lanchas de instrucción ARA Ciudad de Ensenada y ARA Ciudad de Berisso y las patrulleras ARA Río Santiago y ARA Punta Mogotes, en la cual participó el jefe del Estado Mayor General de la Armada, almirante Juan Carlos Romay junto a autoridades nacionales, legisladores, descendientes de Guillermo Brown y otros invitados, así como también embarcaron alumnos de distintas escuelas y los 30 ganadores del sorteo que realizó la fuerza entre la ciudadanía para participar del evento.
Durante la ceremonia se efectuaron disparos con cañones históricos de la Infantería de Marina montados en los buques, que le dieron un realismo mayor a la recreación.

El combate
Un 11 de junio, pero de 1826, a casi seis meses de iniciada la guerra con el Imperio del Brasil, la flota brasileña se aprestaba a bloquear el Río de la Plata y el puerto de Buenos Aires con una fuerza de 31 buques que reunían más de 270 cañones. Conscientes de la necesidad de romper el bloqueo, las fuerzas argentinas, al mando del entonces coronel Guillermo Brown, lograron reunir siete cañoneras y tres embarcaciones mayores, que, lideradas por la fragata 25 de Mayo, salieron a enfrentarse al enemigo. Contaban con solo un centenar de cañones y su inferioridad en poder de fuego era enorme, pero contaban con la ventaja del conocimiento que tenían Brown y sus hombres del Río de la Plata, así como la mayor agilidad de las cañoneras que conformaban parte de la pequeña flota, las cuales podían moverse con facilidad en zonas menos profundas, en las que los brasileños no podían moverse. Brown eligió el fondeadero de Los Pozos, a pocos metros de la costa de Buenos Aires, para enfrentar a los brasileños y la flota zarpó a esperar al enemigo, mientras la población de Buenos Aires se acercaba a la costa a ver el combate, reuniéndose unas 12.000 personas.

Cuando la escuadra brasileña comenzó a acercarse para batir a los buques argentinos, pasado el mediodía Brown ordenó: “¡Fuego rasante, que el pueblo nos contempla!” y se inició el combate, en el que los brasileños mantuvieron la distancia y los buques “Nictheroy” y “María da Gloria”, se vieron obligados a fondear por falta de agua. El jefe de la escuadra, James Norton, fue forzado a cambiar de unidad y trasladarse a la “Itaparica”.
La distancia hacía que el fuego de ambos lados sea inefectivo, y otros tres buques brasileños debieron fondear por la escasa profundidad. Norton se mudó de nave en nave intentando coordinar el ataque sin éxito, las embarcaciones estaban dispersas y para ese punto reorganizarse era imposible.

En el transcurso del combate llegó desde Colonia la división al mando de Leonardo Rosales que regresaba de haber conducido tropas a la otra banda. Su arribo por encima del banco de Las Palmas reforzó la posición argentina en un momento crucial. Norton destacó varios buques menores para interceptarla, pero no lo consiguieron. Pasadas las cuatro de la tarde, la escuadra imperial inició su retirada, ante lo cual las cañoneras argentinas comenzaron a perseguirlas, obligando a los buques brasileños a alejarse de las costas argentinas.
Luego del combate, los marinos argentinos fueron recibidos con júbilo por la población de Buenos Aires, y las damas porteñas les obsequiaron una bandera de seda natural con letras bordadas en oro, con la inscripción: "11 de junio de 1826", cuyo escudo central hoy se encuentra resguardado en el Museo Histórico Nacional.
Si bien la contienda con el Brasil incluyó varios enfrentamientos navales más (Quilmes, Juncal, Carmen de Patagones, Monte Santiago, Punta Lara), Los Pozos contribuyó a definir la impronta de valentía y entrega en la escuadra argentina.

La acción demostró la capacidad de las Provincias Unidas para sostener una defensa naval eficaz frente a una fuerza materialmente superior, reflejando la habilidad de Brown para organizar y conducir una flota compuesta, en gran medida, por hombres sin experiencia. La combinación de conocimiento del lugar, preparación táctica y disciplina permitió el resguardo de Buenos Aires, confirmando que el dominio del río sería también un factor clave en la construcción de la soberanía.








