4 años de la invasión rusa a Ucrania: una guerra que le está quedando grande a Putin
- Ignacio Montes de Oca
- 24 feb
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Actualizado: 24 feb

Por Ignacio Montes de Oca
Se cumplen cuatro años de la invasión a gran escala rusa a Ucrania y vamos a repasar las cifras de la guerra por una decisión imperial de Putin. Revisemos los números desde el 24 de febrero de 2022 para entender las consecuencias y el curso real de la guerra.
La cifra oficial de muertos civiles a inicio de 2026 era de 15.172 según el monitoreo de la ONU, pero se refiere a los casos documentados y se estima que la cifra es bastante mayor en las zonas ocupadas. La cantidad verificada de heridos civiles es de 41.378. El 31% fueron en 2025. El ministerio del interior ucraniano tiene expedientes de 80.000 personas desaparecidas entre soldados y civiles. La cantidad de niños secuestrados y llevados a Rusia asciende a 19.546. La de niños asesinados en ataques rusos es de 776 y los heridos son al menos 2.540. La Fiscalía General de Ucrania documentó 200.000 caso abusos contra civiles y soldados. Incluye ejecuciones extrajudiciales contra 109 soldados y 182 civiles ucranianos en zonas ocupadas. La ONU identificó 161 centros de detención y tortura manejados por la ocupación rusa. Entre 2,8 millones y 4 millones de ucranianos fueron deportados, desplazados por la fuerza a Rusia o permanecen dentro de los territorios ocupados. Incluye a entre 685.000 y 744.000 niños según Children of War. Entre 16.000 y 37.000 civiles permanecen detenidos en Rusia y zonas ocupadas.
Desde 2022 Rusia lanzó 143.000 drones, 13.300 misiles balísticos y de crucero y 100.000 bombas planeadoras. En 2025 2.400 misiles, 60.000 bombas planeadoras y 100.000 drones. En lo que va de 2026, 14.000 a 16.000 drones, 600 misiles y 13.500 a16.000 bombas planeadoras. Según UNICEF los ataques destruyeron 1.611 escuelas. La OMS registra 2.800 ataques a instalaciones de salud. El Instituto KSE estima que 209.000 casas y 27.000 edificios de apartamentos fueron destruidos. Son 90 millones de m2, entre el 9 y el 14% del stock habitacional total.
El daño provocado por los ataques suma unos U$S 195.000 millones, cifra cercana al PBI de 209.710 millones. El Banco Mundial estima que la reconstrucción de Ucrania demandará al menos U$S 588.000 millones. El daño total se estima en U$S 666.700 millones hasta hoy. El Instituto KSE estima pérdidas económicas totales por ingresos perdidos y valor agregado proyectado hasta fin de 2026 en U$S 1,7 billones. Esto incluye pérdidas indirectas como comercio ($696.3 mil millones), industria ($645.6 mil millones) y agricultura ($81.9 mil millones.
El total de desplazados dentro de Ucrania por causa de la guerra es de 3,7 millones. Otros 5,7 millones fueron obligados al exilio sobre un total de 37 millones que viven hoy en Ucrania. Antes de la guerra había 42 millones de habitantes. De 3 a 3.5 millones están en zona ocupada.
Desde la invasión inicial del 2014 Rusia ya ocupaba 42.000 km2. Para abril de 2022 Rusia llegó a controlar 161.000 km2 de Ucrania, el 27% del territorio. Hoy su presencia se redujo a 120.000 km2, menos del 20% de los 603.628 km2 de la superficie de Ucrania. El balance es 78.000 km2 desde 2022.
En 2023 la contraofensiva ucraniana redujo la toma total en 487 km2, el 0,08% de Ucrania. En 2024 Rusia ocupó 4.200 km2, el 0,7%, en 2025 otros 4.800 km2, el 0,8%. Desde 2023 logró un control neto sobre el 1,5% del territorio. Ahora es tiempo de ver el costo que tuvo para Rusia esa conquista.

De acuerdo a la verificación visual de Oryx, Rusia lleva perdidos 24.136 equipos militares, de los cuales 18.799 fueron destruidos, 955 dañados, 1.206 fueron abandonados y 3.176 fueron capturados por Ucrania. Excluyendo drones y camiones, perdieron 18.750 equipos militares. Se verificó la baja de 4.341 tanques rusos. 540 fueron capturados por Ucrania. En 2022 la editorial Jane´s, estimó unos 2.700 tanques en servicio en Rusia. Con un valor de producción de U$S 4 millones para un tanque ruso moderno, el costo de reposición es de U$S 17.364 millones.
Rusia perdió 2.388 Blindados de Combate de Infantería. Reponer un BMP-3M cuestan unos U$S 3,5 millones, es decir que hay que sumar otra reposición de U$S 8.358 millones. Reemplazar los 6.380 Vehículos de Combate de infantería perdidos les costaría otros U$S 12.760 millones. Rusia perdió 722 Vehículos Armados de Personal y reemplazarlos por modelos como el BTR-82A le costará un adicional de U$S 1.100 millones. Los 480 blindados MRAP a prueba minas o de transporte de personal otros U$S 480 millones, tomando el precio del KamAZ-63968 Typhoon-K.
En sistemas antiaéreos, solo uno de los 38 Pantsir perdidos cuesta U$S 17 millones, cada uno de los 25 Buk U$S 35 millones, cada uno de los 12 S300 perdidos U$S 120 millones y los 5 S 400 U$S 500 millones cada uno. Contando los 120 antiaéreos destruidos sumamos U$S 6.261 millones. Vamos a las 2.104 piezas de artillería remolcada o autopropulsada que perdió Rusia desde 2022. Los primeros pueden costar un millón por unidad, los segundos 5 millones. Un sistema lanzacohetes 2,5 millones. En total se agregan otros U$S 5.040 millones a la cuenta de Putin.
El listado es muy extenso, pero vamos al costo de al menos 181 aeronaves perdidas por Rusia desde 2022. Incluyen 5 MIG-31BM, 41 Su-25, 15 Su-24, 3 Su-27, 20 Su-30, 42 Su-34, 8 Su-35, 1 Su-57. 11 Tu-22, 10 Tu-95, 3 Il-22, 2 A-50 Mainstay, 1 A-100LL, 1 An-12, 6 An-26 y 6 Il-76. Reponer ese material le va a demandar a Rusia otros U$S 9.831 millones solo tomando el costo de producción, aunque hay que aclarar que no tiene capacidad de reemplazo inmediato de bombarderos y aviones de alerta temprana por las sanciones que limitan su acceso a la tecnología. Desde 2022 Rusia perdió al menos 168 helicópteros de todo tipo. Entre ellos 54 Mi-8, 8 Mi-24, 2 Mi-26, 19 Mi-28, 1 Ka-29, 10 Mi-35 y 66 Ka-52 entre naves de transporte y ataque. Representan otros U$S 2.995.
Vamos a las 30 unidades navales perdidas que tienen valores más elevados. El crucero Moskva costó unos U$S 750 millones, cada corbeta Karakut 120 millones y una Tarantul unos 100 millones. Un submarino Kilo unos 250 millones y las patrullas desde los 100 de una Proyecto 22160 a los 3 de una Raptor. Un buque de asalto Ropucha 150 y un Tapir 100. Contando hasta el último dragaminas y buque de entrenamiento, hay otros U$S 2.600 millones de costo de reposición. Solo en los ítems que nombramos se acumulan U$S 64.449 millones. Podemos sumarle otros U$S 1.477 por los 4.539 camiones y otro tipo de vehículos logísticos.
Cada dron Shahed cuesta unos U$S 20.000, los misiles de crucero tipo Khalibr entre U$S 1 y 6 millones según el modelo, un balístico Kinzhal o Iskander hasta U$S 3 millones. En total Rusia gastó entre U$S 20 y 30 mil millones para atacar a Ucrania con estos proyectiles desde 2022.
Luego habría que agregar un adicional de U$S 1.270 millones por un centenar de radares de todo tipo y siempre considerando que hablamos de material verificado visualmente como baja. Esos U$S 67.196 millones probablemente necesiten de una corrección del 20% adicional. Estamos hablando de otros U$S 13.439 millones, que por sí solos superan al gasto en defensa de la mayor parte de los países del mundo y agregados implican un costo presunto de al menos U$S 80.635 millones solo para reemplazar el material perdido desde el 24 de febrero de 2026.

Luego viene el cálculo en vidas rusas. El CSIS calcula que Rusia tuvo 1,2 millones de bajas. De ellos, entre 275.000 y 325.000 fueron muertos. Mediazona y BBC documentaron 200.000 de esos muertos. El total de heridos es por lo tanto de entre 925.000 y 875.000 hasta el presente. Veamos el costo económico para Rusia de esos muertos. Por cada uno de ellos Rusia debe pagar unos 12 millones de rublos, unos U$S 200.000, en compensación a las familias. Aquí se acumulan entre U$S 65.000 y 55.000 millones. Luego hay que contabilizar el costo por heridos, por el sistema de indemnizaciones, que varía entre tipos de heridos leves y graves, con valores que van desde los U$S 50.000 por lesiones graves a los U$S 17.400 para las leves. Esto implica un gasto en resarcimientos que va desde los U$S 21.000 a los 40.000 millones hasta hoy.
Luego hay que sumar pensiones más gastos de rehabilitación. Tomando una pensión promedio de U$S 1.450 a 2.100 anual y un gasto ponderado por rehabilitación de U$S 17.400, según las fuentes oficiales rusas, hay un costo crónico de entre U$S 12.180 a 13.920 millones al año. Es un costo que Rusia seguirá pagando incluso luego del fin de la guerra y acumula desde 2022 otros U$S 80/100.000 millones. Esos valores los expliqué en un hilo que publiqué hace poco en donde se detallan con más precisión https://x.com/nachomdeo/status/1997630932224720960.
El otro gran gasto está en la movilización. Solo el convocar y entrenar a 600.000 reclutas adicionales le cuesta a Rusia unos U$S 10.000 millones de acuerdo con el desglose de su gasto militar. Luego hay que sumarle el bono de 1,9 millones de rublos o U$S 20.000 por alistarse. Quitando el costo cero de un conscripto tenemos un gasto anual de U$S 8.000 a 10.000 millones anuales y por lo tanto un acumulado mínimo de U$S 32.000 millones corrigiendo los pagos no realizados porque el beneficiario no pudo salir de la picadora de carne para cobrarlo.
Luego hay que contabilizar sueldos, considerando que Putin agrandó el ejército ruso de los 900.000 efectivos a 1,5 millones desde 2022. Los salarios varían desde los 40.000/600 mil rublos (U$S 450 a 680) de un soldado raso a los 80.000/150.000 rublos de un oficial (U$S900/1.700). A ese sueldo base se le agrega el salario en zona de combate de 210.000 rublos mensuales y que con bonos puede llegar a los 700.000 rublos. Es decir, un rango que va de los U$S 2.840 a los U$S 9.550 dependiendo de rango, intensidad de combates y destrucción de equipo enemigo.

Es complicado de calcular porque un soldado zona de combate cobra esa suma, pero uno que no está en retaguardia cobra 500.000 a 1.000.000 rublos anuales (U$S 5.700 a 11.400) y el contratado o voluntario 1 a 2 millones rublos por año (U$S 11.400/22.700). Una ensalada rusa.
Simplificando y contando los 600.000 nuevos reclutas que necesitó movilizar Putin, sus rotaciones y los gastos que debió incurrir para movilizarlos y los pagos adicionales, en gastos de personal Rusia va sumando entre U$S 134.000 y 170.000 millones adicionales a la cuenta.
Hay un fantasma contable para Putin en el horizonte, porque está reclutando 30.000 hombres al mes y tiene 35.000 bajas en el mismo lapso. Se rumorea que podría llamar a una movilización para contar con 500.000 a 600.000 tropas adicionales, lo cual duplica los costos mencionados.
Son cifras enormes, pero hay otras mayores. Los activos embargados en el exterior ascienden a unos U$S 300.000 millones. Parte de esa pérdida la tuvo que cubrir haciendo uso del Fondo Nacional de Riqueza que en 2002 tenía U$S 113.000 millones en activos líquidos y hoy U$S 55.800. A esa pérdida de U$S 50.000 a 60.000 millones hay que agregarle lo que dejó de percibir por la caída de ventas de petróleo y gas. Antes de 2022 les vendía petróleo a los países europeos por U$S 117.000 millones y otros U$S 153.000 millones en gas. Esa venta se redujo al 2/3% en 2025.
En cuatro años Rusia dejó de percibir entonces U$S 647.000 millones desde Europa. China e India compensaron parte de ese recorte. Pero a causa de la caída de precios, descuentos y las sanciones, Rusia acumula una reducción de U$S 117.700 a 235.000 millones en sus ingresos. Europa le compraba 3,5 millones de barriles diarios -el 27% de su consumo- y hoy 0,4 millones que van a Hungría y Eslovaquia. Antes de 2022, Rusia enviaba 155 billones de m3 anuales de gas y hoy 20 bcm de gas natural y 37 bcm de GNL y Europa planea reducirlo a cero en este año. El retiro de las compras occidentales implicó una caída en volúmenes del 30% en las exportaciones de carbón, del 30% al 50% en la de fertilizantes, del 20% al 40% en níquel, del 40% en paladio y platino, del 20% al 40% en acero, hierro y cobalto, y de hasta el 15% en granos. Se estima que la pérdida entre energía y otras materias primas en cuatro años fue del orden de los U$S 217.000 a los 224.000 millones de dólares, pero que se podría proyectar hasta los U$S 400.000 millones se ingresos perdidos, descuentos y la pérdida de valor de las instalaciones.

Pero Rusia también perdió por el crecimiento que se proyectaba en un 2% anual antes de la guerra de acuerdo con las estimaciones del FMI y el Banco Mundial. Tras la invasión su crecimiento se estancó e incluso retrocedió. La riqueza no generada fue de unos U$S 140.000 millones.
Si consolidamos todos los costos que fuimos viendo, que están lejos de ser el total, estamos hablando de entre U$S 1,3 y 2 billones. Si le agregamos el costo de 1,7 billones de daños a Ucrania, podemos entender que la guerra está siendo ruinosa también en lo económico para ambos.
Queda por ver como sigue la guerra. Putin debe conseguir fondos y hombres para continuar. Ya perdió 1,2 millones en el frente, otro millón huyó de Rusia y necesita medio millón para mantener la presión en el frente. La tasa de desempleo casi nula indica que no tiene de dónde.
De la reserva de tanques soviéticos de 10.000 unidades le quedan un 23% recuperable y fabrica 170 nuevos por año. En el resto de categorías de blindados, de los 10.400 de preguerra le queda un resto del 20%. Entre el 75% y el 80% de sus reservas de otros vehículos están agotadas.
El dinero es otro problema porque desde 2022 acumula U$S 325.000 a 390.000 millones de déficit, que este año llegará al 3,8% de su PBI. Solo en enero de 2026 acumuló U$S 22.000 millones, la mitad del previsto para todo el año y en el frente hay un retroceso que pide más fondos.

Mientras tanto aumentó su presupuesto de defensa de U$S 66.000 millones en 2022 a 102 millones en 2023, a 149.000 millones en 2024 y a 187.000 millones en 2025. Este año prevén gastar hasta U$S 200.000 millones y los van a necesitar porque las noticias del frente son malas para Putin. Si se confirma que en febrero hubo una recuperación neta de territorio a favor de Ucrania, deberá ampliar su fuerza militar. La caída del Starlink en las filas rusas es solo una parte del problema porque ahora debe encarar una movilización en un ambiente económico más adverso.
Del lado ucraniano las perspectivas son mixtas. Hay un punto en el que puede basar su resistencia y es en el cambio en las proporciones de sus fuentes militares. En 2022 producía el 10% de las armas que consumía. El 50% eran de EEUU y el resto de Europa y otros países. En 2024 la proporción de armas ucranianas subió al 25/40%, la de EEUU bajó al 30/40% y la de Europa creció al 30/40%. En 2025 Ucrania produce el 50% del material militar que consume y el que proviene de EEUU y Europa está entre el 15% y el 25%. Esta autonomía tiene un efecto político. Ucrania está hoy menos expuesta a las presiones externas para conducirla condicionada a la mesa de negociaciones o para marcarle una dirección estratégica. La cualidad del apoyo externo le da también una mayor libertad para conducir la guerra de acuerdo con sus intereses.
Desde enero de 2025 Europa pasó a ser el principal apoyo, con un total de asistencia de U$S 412.500 millones de dólares desde 2022. EEUU va quedando atrás, con U$SS 118.500 millones, entre lo que ya fue entregado y lo que está asignado, aprobado y pendiente de entrega. La UE es el mayor donante de asistencia militar, con €69,700 millones, seguido por EEUU con €64.600 millones, el Reino Unido con €13.800 millones, Canadá con €5.200 millones y Noruega con €4.000 millones. Le siguen Japón, Suiza, Australia y Corea del Sur con montos menores. En asistencia financiera la UE aportó €100.000 millones, EEUU otros € 46.600 millones, €5.500 millones de Japón y €3.900 del Reino Unido por citar los mayores aportantes. En ayuda humanitaria, la UE aportó € 4.700 millones, EEUU € 3.400 millones y Reino Unido €1,2 millones.

Esto significa que en 2026 Ucrania va a combatir con más recursos militares propios y en alianza con Europa. Su presupuesto de defensa de U$S 65.000 millones en 2025 va a coordinarse con los aportes europeos y esa es una de las claves para resistir otro año frente a Rusia. Le queda resolver el problema de la falta de recursos humanos. La pérdida de población por exilio, deportaciones y ocupación es una cuestión que exige una movilización análoga a la que debe hacer Rusia. El contexto de destrucción plantea un punto de partida siempre dramático.
Ucrania necesita mantener constante la asistencia externa. En 2022 su PBI se redujo de U$S 201.000 a 162.000 millones. En 2023 creció un 10%, en 2024 otro 5% y en 2025 otro 9/10%. Aun así, el daño a la infraestructura y el gasto militar siguen poniendo en jaque a su esfuerzo de guerra.

Liberar ese 19% de territorio le va a demandar más fondos y hombres o pensar en una alternativa tecnológica para resolver la disparidad demográfica con Rusia y el desapego de Putin hacia las cifras de bajas. Ya no se trata de resistir otro año sino de recuperar la iniciativa en el frente. Las estimaciones de bajas ucranianas se sitúan entre las 500.000 y 600.000 con 100.000 / 140.000 soldados muertos. Rusia tiene cuatro veces más población y la proporción de bajas de 2,5 a 1 desfavorable a Rusia no soluciona el dilema demográfico que debe resolver Ucrania. Si bien se está preparando una nueva Ley de Movilización, por ahora la salida elegida pareciera ser la tecnológica. Con una proyección de 6 millones de drones producidos en 2026, todo apunta a que Ucrania apostará por seguir generando bajas a Rusia mientras intenta un avance. Esa apuesta tiene sentido al observar los números de Rusia y considerar las limitaciones ucranianas. Pero, además, esa idea es consistente con la necesidad de mostrar resultados a sus sponsors actuales y evitar las presiones de EEUU, que desde la llegada de Trump cortó el apoyo.
Zelensky, a diferencia del momento de aquella discusión sobre naipes en el Salón Oval, ya no depende tanto de EEUU. Que haya logrado un retroceso ruso en el inicio de 2026 con la asistencia de la Casa Blanca reducida casi a cero da una pauta de lo que será el año 2026. Esa refutación a las presiones de Trump impacta a Putin, que había puesto parte de sus esperanzas de lograr algún resultado en la presión de su nuevo amigo sobre Zelensky. Ahora debe seguir la guerra porque abandonarla en este punto es convidarse un té fosforescente.
Europa ya firmó los papeles de divorcio con Washington luego de descubrir a Trump de luna de miel con Putin en Alaska y también está libre de asistir a Ucrania sin tener que negociar con la Casa Blanca los tiempos, montos y permisos. El año comienza con un tablero renovado.
El cisne negro para Ucrania sería que Trump sincere su deseo de ir de compras a Rusia atraído por la carnada de negocios por 12 billones de dólares que le ofreció Putin por medio de su negociador, Kiril Dmitriev. Es una posibilidad real que salvaría a Putin de la debacle económica. Por eso Ucrania hace como que negocia en las mesas que pone Trump con la certeza de que Putin no puede aceptar menos que una rendición y la entrega del Donbás para exhibirla como demostración hacia los rusos de que valió la pena semejante sangría poblacional y de rublos.

Lo cierto es que toda la parafernalia sobre “garantías de seguridad” y “acuerdos inminentes” son un divertimento para mantener al abuelo Trump entretenido y pensando en sukas mientras las cifras de la realidad indican que Rusia y Ucrania se preparan para otro año de combates. Rusia quiere ganar y sabe que no será la guerra sino un mendrugo de territorio blindado en el Donbás. Ucrania sabe que no puede ganar, pero apuesta a que Rusia pierda. Europa intenta acordarse de su pasado guerrero y EEUU se definirá recién en las elecciones de medio término.
Cuatro años después las cifras son las que siguen mandando. No hubo conquista rusa en 3 días, Ucrania resiste y paga un precio altísimo por su libertad, mientras Rusia paga otro igual de alto por la obsesión de un hombre pequeño subido a un sueño que siempre le quedó grande.



