Un regalo de reyes para Trump
- Ignacio Montes de Oca
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Por Ignacio Montes de Oca
Si bien Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Arabes Unidos no confirmaron estar al tanto del ataque previsto para hoy o haberlo detenido, puede confirmarse que usaron su capacidad de persuasión inversora sobre Trump para frenar una ofensiva que iba a tenerlos como objetivo de la represalia. Es cuestión de analizar qué es lo que puede perder cada uno en caso de una nueva fase de combates. Trump pone en juego su reputación y las elecciones de medio término. Los emiratos y reinos están apostando su infraestructura, sus fuentes de riqueza y el modo en que convivirán con un Irán aun peligroso que, a esta altura, pareciera superar las dudas sobre que la ofensiva conseguiría el fin del régimen. Esa premisa desapareció de los objetivos de la Casa Blanca.
Pero, además, pese a sus diferencias cada vez más grandes, las coronas sunitas se unieron para reemplazar la negociación desde el formato de Islamabad, en donde no fueron convocados, y todo se redujo a un tango torpe e infértil, a un esquema en el que se impusieron como parte del problema que debe resolverse.
Ormuz sigue cerrado tras 80 días de conflicto y hasta el momento EEUU no presentó un plan que conjure de manera definitiva el riesgo en el Estrecho y en sus costas. La espera está resultando ruinosa y el descansar en las habilidades diplomáticas de Trump no encaja con las urgencias que se les van imponiendo a monarcas, empresas y clientes en todo el mundo. El esquive que hizo Xi al pedido de ayuda y la pésima relación con los europeos que no quieren ir a limpiar el salón luego de no ser invitados a la fiesta, se suman a los efectos que está teniendo la crisis en la economía de los EEUU en el inicio de la campaña electoral. Las petromonarquías ya habían establecido comunicación con Irán con la mediación de Qatar y Omán. Los más reticentes a negociar eran los EAU, pero aun así terminaron admitiendo que era mejor una nueva fórmula que los tenga como parte, antes que quedar ligados o condicionados por una salida negociada por Trump a solas o ligada a su relación con Israel.

Se intuye que Trump quiere salirse de un problema que se le escapó de control y del que no puede retirarse de un modo cómodo o hacerlo de tal manera que no se evidencie su incapacidad para resolver conflictos que superan determinado nivel de complejidad. Lejos de ser un desafío, al forzarlo a que tomen la iniciativa con Irán, los emires y reyes le traen un regalo por el que Trump viene rogando hace semanas. Volver con la idea de alfombrar a Irán con bombas no funcionó en junio de 2025 ni en febrero de 2026 para lograr los objetivos políticos y menos aún para doblegar la intención de los iraníes de hacerse con un arma nuclear. Queda una invasión o un acuerdo, pero el intercambio de condiciones entre Washington y Teherán parece una discusión entre dos sordos y ciegos con problemas para controlar su ira.
Ese es el contexto de intervención de las coronas petroleras y en lo que no se dijo está la mejor forma para explicar los cambios desde una negociación bilateral a una salida cooperativa que incorpora a todas las piezas y no solo a los dos reyes en jaque. En última instancia, ahora tendrá el recurso de invocar la necesidad de un nuevo ataque por un fracaso ajeno. Pero también se expone a ofender los esfuerzos de aliados que ya le advirtieron, al negarse a que use su territorio para atacar a Irán, que no son solo máquinas expendedoras de petrodólares. Sutilmente, hay un cambio muy profundo en el tablero de poder de Medio Oriente en donde el pragmatismo le está ganando a las urgencias nucleares y personales.



