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A-29 Valkyrie Gunslinger: Inteligencia Artificial contra drones

En los últimos años, la inteligencia artificial (IA) ha abandonado los laboratorios de investigación y se ha convertido en parte de la vida cotidiana, transformando prácticamente todos los sectores de la sociedad. El segmento de Defensa no es una excepción. La industria y los gobiernos han estado invirtiendo fuertemente en IA para el análisis y fusión de datos, procesamiento de información, mando y control, apoyo a la toma de decisiones y guerra electrónica, entre muchas otras aplicaciones.

Sin embargo, hay áreas en las que esta tecnología aún no ha sido explotada plenamente. Al mismo tiempo, ciertas amenazas emergentes permanecen sin una solución capaz de combatirlas de manera eficiente y económicamente viable. Los drones, que operan individualmente y, sobre todo, en enjambres, están entre las más significativas de estas amenazas.

Hoy en día, las ciudades e infraestructuras críticas para mando y control, comunicaciones, energía, puertos, aeropuertos y otros activos estratégicos nacionales son vulnerables a drones que cuestan tan solo 20.000 dólares pero que pueden causar daños por cientos de millones de dólares.

Esta no es una batalla que cazas supersónicos, misiles avanzados o incluso sistemas de defensa antiaérea ya establecidos hayan podido ganar. Con el tiempo, los países continúan consumiendo recursos estratégicos de defensa sin poder proteger su espacio aéreo de forma eficiente. La situación se ha vuelto cada vez más crítica.

Recientemente, la empresa estadounidense Valkyrie Aero presentó una propuesta que promete ofrecer una respuesta eficaz a los enjambres de drones. La empresa cuenta con una amplia experiencia operativa en la formación de pilotos y controladores aéreos avanzados (“Joint Terminal Attack Controllers, JTAC”) para la Fuerza Aérea de EE. UU., la Marina de EE. UU. y la OTAN. Para esta misión, opera una flota de Embraer A-27 Tucano, aviones ligeros de ataque biplaza, diseñados para entrenamiento de pilotos intermedios y avanzados, así como para misiones de ataque a tierra e intercepción controlada desde tierra.

A lo largo de numerosos ejercicios de entrenamiento, el contacto directo con operadores de primera línea ha revelado una importante brecha en la capacidad de combate de los sistemas aéreos no tripulados (c-UAS). Valkyrie empezó a cuestionar cómo se podría resolver eficazmente este desafío. Los sensores, interferidores, municiones y otras soluciones existentes no han demostrado ser lo suficientemente efectivos en este tipo de guerra. El uso de cazas avanzados y misiles sofisticados resultó aún menos práctico.

Sin embargo, la inteligencia artificial ofrece la oportunidad de superar este desafío operativo combinando tecnología de vanguardia con sistemas maduros y probados en combate, logrando el equilibrio ideal entre eficacia y coste operativo.

 

Find, Fix and Finish

Los drones son objetivos pequeños, de movimiento lento y vuelan a baja altitud. Son económicos, requieren infraestructura mínima y pueden lanzarse prácticamente desde cualquier lugar por operadores de baja cualificación. Algunos están hechos de plástico, mientras que otros incluso están hechos de cartón.

Debido a estas características, detectarlos con el radar a bordo de un caza, distinguiéndolos de nubes, aves y el retorno del terreno, requiere la instalación de sensores de última generación en plataformas cuyo coste por hora de vuelo a menudo supera el valor de la propia amenaza.

Los enfrentamientos más allá del alcance visual (BVR) se realizan con misiles que actualmente cuestan entre 800.000 y más de 1,1 millones de dólares cada uno. El combate visual con el cañón de la aeronave también es extremadamente desafiante, ya que el pequeño tamaño del objetivo y la enorme diferencia de velocidad entre el caza y el dron hacen que encontrar y seguir el objetivo sea extremadamente difícil.

La propuesta de Valkyrie es emplear a su agente de IA, llamado Gunslinger, utilizando los sistemas ya instalados en la aeronave para completar con éxito la cadena de combate "Find, Fix and Finish (Encontrar, Fijar y Neutralizar)".

Dentro de una arquitectura de defensa en capas, los sistemas de detección terrestres identifican inicialmente la dirección de aproximación de un enjambre de drones. Tras el despegue, el A-29 Valkyrie Gunslinger utiliza sus sensores electro-ópticos para escanear el cielo y localizar la amenaza, concluyendo así la primera fase del ciclo.

En el siguiente paso, el agente de IA proporciona al piloto la mejor ruta, geometría de ataque y perfil de intercepción, calculando continuamente los parámetros más efectivos para el combate. A partir de esta información, el piloto selecciona el arma más adecuada para cumplir la misión.

El paso final consiste en neutralizar el objetivo. En los últimos años, el uso de misiles guiados se ha vuelto económicamente inviable debido al fuerte aumento de la demanda de este tipo de armamento. En algunos casos, los costes de adquisición casi se han duplicado, mientras que la escasez sigue afectando a un mercado cada vez más limitado.

Imágenes publicadas en línea muestran cazas como el F-16 y el Typhoon equipados con lanzacohetes guiados por láser en un intento por reducir el coste de hacer frente a estas amenazas.

Aun así, solo hacer funcionar los motores de estos cazas durante una sola hora de vuelo puede costar el doble, o incluso más, que el valor del propio dron. Además, la ausencia de una herramienta dedicada capaz de integrar y coordinar sensores, armamento y el proceso de enfrentamiento reduce significativamente la efectividad general de estas operaciones.

 

A-29 Valkyrie Gunslinger

Aprovechando su amplia experiencia operando el A-27 Tucano, Valkyrie se asoció con Embraer para llevar esta solución al A-29 Super Tucano, donde la tecnología de vanguardia se encuentra con una plataforma probada en combate.

Se han vendido más de 300 ejemplares del turbohélice monomotor de Embraer a operadores en todos los continentes, acumulando más de 25 años de servicio operativo y decenas de miles de horas de vuelo en combate. Equipado con el nuevo agente de IA, el avión de ataque ligero brasileño redefine su relevancia ante las amenazas emergentes del siglo XXI.

Desde su concepción, la aeronave ha sido diseñada para operar en aeródromos con infraestructura limitada, ofrecer gran autonomía y atacar objetivos que vuelan a baja altitud y baja velocidad relativa, manteniendo los costes operativos significativamente inferiores a los de los aviones a reacción.

Con su cabina tándem para dos tripulantes, la propuesta de Valkyrie es transformar el asiento trasero en una estación dedicada al operador de sensores. La información recogida por el sistema de imagen electroóptica y procesada por el agente de IA del Gunslinger se presenta directamente en las pantallas traseras de la cabina, permitiendo al operador gestionar la detección y el enfrentamiento de objetivos mientras reduce la carga de trabajo del piloto.

En el caso del Super Tucano, sus dos ametralladoras calibre .50 instaladas en las alas proporcionan una ventaja significativa en la misión de drones de combate. Aumentan tanto la autonomía como la efectividad en combate al permitir que la aeronave transporte simultáneamente dos tanques de combustible externos y dos lanzacohetes guiados por láser. Alternativamente, dependiendo de los requisitos de la misión y la proximidad al área de operaciones, la aeronave puede configurarse con cuatro lanzacohetes.

A medida que las naciones se preparan para luchar en entornos protegidos por sofisticadas capacidades de guerra electrónica y avanzados sistemas de defensa aérea, el combate aéreo podría pronto volver a parecerse al de la Segunda Guerra Mundial, con cazas monomotor enfrentándose a vehículos aéreos en combate cercanos, dentro del alcance visual.

La diferencia es que, en lugar de depender únicamente de la habilidad y experiencia del piloto, esta nueva era de la guerra introduce un participante decisivo, un elemento capaz de marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso. Gunslinger.

 

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