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Al Qaeda avanza en África y nadie puede frenarlo: Mali en riesgo de caer bajo el yihadismo


Por Ignacio Montes de Oca


La capital de Mali está bajo asedio del JNIM, una facción de Al Qaeda, y al mismo tiempo otras ciudades corren el riesgo de caer bajo las fuerzas rebeldes. Los tuaregs del FLA tomaron más localidades y comienza a derrumbarse la coalición amparada por Rusia en el Sahel. Empecemos por explicar qué es el JINIM o Jama'at Nusrat al‑Islam wal‑Muslimin. Se trata de una coalición yihadista creada en 2017 que opera principalmente en Mali, Burkina Faso y Níger. Aquí ya empezamos a ver que la cuestión no se limita a un solo estado del Sahel africano. El JNIM, cuyo jefe es el tuareg maliense Iyad Ag Ghaly, surge de la fusión del AQMI o rama Al Qaeda del Magreb, el Ansar Dine, que es otro integrante de esa red y es liderada por Abu al-Fadl, el fundador del Movimiento Popular de Liberación del Azawad relacionado con los tuaregs, el Katiba Macina dirigida por Amodou Kufa, un jefe tribal de la etnia fulani. El cuarto integrante es el grupo Al‑Murabitun. El JNIM tiene dos enemigos declarados: por un lado, los gobiernos de la zona que se resisten a su idea de un gran estado salafista regido por la Sharia. El segundo enemigo es el ISIS, que tiene su propia provincia o “waliyah” denominada “ISIS – Gran Sahara”. Las dos redes se pelean por el control del territorio y los recursos que generan las rutas que los atraviesan, el enrolamiento de pobladores y el cobro de impuestos religiosos.



El otro actor es el Frente de Liberación del Azawad o FLA. Es una coalición independentista tuareg del norte de Mali formada por la fusión del Movimiento Nacional de Liberación del Azawad, el Alto Consejo para la Unidad del Azawad, el Movimiento Árabe del Azawad y el grupo Imghad. Esta naturaleza independentista del FLA es importante porque es parte de un gran movimiento de los tuaregs, un pueblo bereber sin nación propia formado por 3 millones de integrantes repartidos entre Niger, en donde viven unos 2,6 millones y Mali, Burkina Faso, Argelia y Libia.


Hay una diferencia importante entre el JNIM y el FLA porque el primero es una entidad salafista, antioccidental y yihadista afiliada a la red transnacional de Al Qaeda, mientras que los tuaregs buscan crear una zona propia, el Azawad, y en sus filas la religión no es un vector poderoso. Pero además el JNIM incorpora a los fulani, una etnia de 45 millones de integrantes presentes en 15 países del Sahel y Africa Occidental. Si bien suelen entrar en disputa con otros grupos fulani, a los que se integran en esa coalición les sirve para disputar zonas de pastoreo en Mali y Niger.

A causa del cambio climático las zonas fértiles se redujeron en un 30%. Esto llevó a disputas por las zonas de pastoreo entre los fulani, tuareg y moros. A su vez, disputan el control de esas tierras cultivables con etnias agricultoras, como los dogon, los zarma o los bambara. Agreguemos el factor demográfico. Níger tiene la tasa de natalidad más alta del planeta con un promedio de 6,75 a 7,2 hijos por mujer. Mali tiene una tasa de natalidad de 40 nacimientos por cada 1.000 habitantes y Burkina Faso de 35. EEUU tiene un índice de 11, España de 6,4 y China de 5,6. Como vemos, más allá de la política y la religión, la zona vive una catástrofe humanitaria y su tasa de fecundidad se acrecienta por la presencia de 2 millones de desplazados internos en Burkina Faso, 414.000 en Mali y otros 548.000 en Niger, de acuerdo con las cifras del ACNUR/ONU. Luego hay que sumar otros 600.000 refugiados entre los tres países y una presión migratoria cada vez más fuerte que comienza en los países de la región, pero que también tiene un derrame hacia las naciones más desarrolladas. La violencia y el yihadismo aceleran la tendencia.

No es solo la violencia, la pobreza es ostensible porque el Sahel es la zona más pobre de África, en el continente más pobre del mundo. El ingreso anual per cápita de Mali es de U$S 1.094, el de Niger U$S 735 y el de Burkina Faso de U$S 982 de acuerdo con los datos del Banco Mundial. Con entre 2 y 3 dólares diarios para sobrevivir, una violencia que se extiende en el territorio y en el tiempo, recursos que escasean por el cambio climático y cada vez más bocas que alimentar, es posible entender la dimensión profunda de un conflicto que no se restringe a Mali.

A su vez, el enrolarse en el JNIM o en el PLA les da a los grupos tuareg o fulani las herramientas para resistir la presión del ISIS o de los grupos irregulares de carácter meramente delictivos o regional que brotaron en las últimas décadas. O para hacerse fuertes contra los gobiernos.

En resumen, es un todo contra todos, pero el enemigo prioritario tanto del JNIM como de PLA son los gobiernos locales, tanto porque le disputan el poder y el control territorial, como por la brutalidad que ejercen las fuerzas militares y sus aliados rusos contra la población civil. En julio de 2024 y con el auspicio de Putin, los líderes golpistas de Mali, Burkina Faso y Niger lanzaron la Confederación de la Alianza de Estados del Sahel, que pretende ser una especie de super estado y a la vez hacerle frente al yihadismo a partir de la unión de los recursos conjuntos. El Kremlin prometió seguir aportando a los miembros del Africa Korps, es decir a los ex miembros de Wagner reconvertidos en una copia de los soldados de Rommel luego que su fundador, Yevgeny Prgozhin, fuera convertido en Transformer pasivo en agosto de 2023.



La llegada del Africa Korps fue precedida por la expulsión de las tropas francesas y norteamericanas de los tres países. Hay que explicar primero porqué estaban allí. En 2014 se organizó el G5S para combatir al ISIS formado por Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger y Chad. El G5S convocó primero a Francia para que los asista militar y políticamente en la Operación Barkhane, que comenzó ese mismo año, y luego se sumaron los de EEUU con idéntica función. El plan funcionó y pudieron contener a los yihadistas del ISIS y a los de Al Qaeda al mismo tiempo. Rusia comenzó una campaña para desalojar la influencia occidental del Sahel y usó los servicios militares y de propaganda de Wagner. El resultado fueron los golpes militares prorrusos en Mali en agosto de 2020, en Burkina Faso en septiembre de 2022 y Niger en julio de 2023.

Acto seguido, los gobiernos militares ordenaron la salida de las tropas francesas y norteamericanas, además del abandono de las bases montadas durante la iniciativa del G5S. Se suponía que entre Wagner -luego Africa Korps- y el apoyo ruso mantendrían controlado a yihadismo. Pero el plan no funcionó porque apenas cambiaron el champagne por el vodka tanto el JNIM como el PLA empezaron a tomar más territorio. En la actualidad, el gobierno de Burkina Faso perdió el control sobre el 40 al 70% de su territorio. Mali del 65% y Niger sobre al menos el 30%. Para Rusia es un fracaso estratégico brindarles una asistencia inadecuada con los 2.500 efectivos de su Africa Korps. También corren riesgo las inversiones como el contrato de extracción de oro firmado entre la empresa rusa Nordgold y los gobiernos de Mali y Burkina Faso. También corre peligro el acuerdo con la también rusa Rosatom para explotar uranio en Niger y procesar oro en la región maliense se Yadran. Hay planes más ambiciosos como uno para construir centrales atómicas en los tres países usando la gran reserva de ese mineral en Niger.



Ya otro perjudicado es China y es por eso que envió en carácter de urgencia armamento militar a Mali en la última semana, que incluye sistemas Yitian-L para hacerle frente a los drones rebeldes, junto a lanzacohetes SR 5 y blindados VN22 y antiminas CS/VP14 MRAP. Pekin tiene mucho apostado en los tres países. En Mali, la empresa Ganfeng Lithium controla el yacimiento de litio de Goulamina, uno de los más grandes del mundo, y la compañía Sinohydro construye una planta fotovoltaica de 100 megavatios en Safo. Pero hay más. En Níger, la empresa China National Petroleum Corporation invirtió U$S 4.600 millones en la construcción de un oleoducto de 1.950 km de extensión -el más extenso de África – para transportar hasta 100.000 barriles diarios de crudo en Agadem hasta el puerto de Sèmè en Benín.



En Niger, empresas chinas son mayoritarias en la propiedad de la refinería de Soraz, que refina 20.000 barriles diarios de petróleo y la estatal china CNNC es socia del gobierno en el desarrollo de la mina de uranio de Azelik. China y Rusia vuelven a mezclarse en otro escenario.



El problema del retroceso frente al yihadismo y el independentismo tuareg en otros países como Burkina Faso, China podría perder el control en inversiones como la planta de energía solar en Loumbila, valuada en U$S 45 millones o contratos de explotación minera en ese país. La alarma para Putin y Xi Jinping está sonando fuerte en Bamako. El aeropuerto Modibo Keïta en la capital de Malí fue atacado y allí es donde se levanta el cuartel del Africa Korps. La capital no cayó, pero los rebeldes amenazan con sus fuerzas al norte de la ciudad y a sus rutas vitales.



El JNIM le disputa ahora al gobierno ciudades clave como Katin, una posición clave al norte de Bamako para comunicarse con el norte del país, en donde destruyeron la residencia del ministro de defensa. El ataque fue coordinado con el asalto a las ciudades de Sévaré y Mopti.

Hubo más ataques en Gao y Tombuctú y el JNIM implementa ahora un asedio a las ciudades al controlar las rutas de entrada de combustibles y alimentos. Aun con la ayuda militar rusa y china, el presidente de facto Assimi Goïta no logra recuperar terreno frente a los rebeldes.



Las tropas del FLA tomaron el control de la cuidad de Kidal, que es un bastión histórico y político de la rebelión Tuareg. Su control permite a los rebeldes dominar el extremo septentrional del país y establecer una zona segura para otras facciones que operan más allá de Mali. Hasta ahora el JNIM y el PLA no tuvieron disputas de importancia mientras se focalizan en los enemigos que tienen en común. Pero la desaparición de la autoridad estatal en gran parte de Mali y los otros dos integrantes de la Alianza de Estados del Sahel pondrá en duda esa tregua.

Por lo pronto, la consolidación de una zona controlada por el PLA extiende el potencial de conflicto a Níger, Argelia, Libia y Burkina Faso, en donde hay presencia de esa etnia. El yihadismo del JNIM y la competencia del ISIS es incompatible con el proyecto de una nación tuareg. Es cuestión de tiempo para que el avance de los rebeldes en Mali tenga su consecuencia en otros estados en donde operan o tienen vínculos. También, que en la medida que se amplíen sus zonas de influencia colisionen sus intereses que, como vimos, son opuestos en varios planos.

Pero también hay que ver como influyen las disputas pendientes entre grupos pastoriles y agricultores y en el modo en que la identidad étnica puede enervar tensiones entre grupos como los tuaregs, fulani, árabes, dogon, bambara, y mossi, entre otros. Es un mosaico caliente. Hay tribus fulani que crearon milicias anti yihadistas. Otros que se integraron al ISIS. El JNIM es el grupo militar más poderoso, más aun que el PLA, pero ese poder puede diluirse si aumenta el número de adversarios más allá de la coalición entre el gobierno maliense y Rusia.



El otro factor es la obvia intervención de otros estados en la disputa. En la periferia regional, ya sea porque quieren frenar el impulso yihadista, el independentismo tuareg o el flujo de desplazados, pueden involucrarse. Rusia y China deben ser parte por motivos ya explicados.

El gran ausente es Occidente. Los gobiernos militares los sacaron del juego por pedido de Rusia. Ni Francia ni EEUU tiene hoy un papel en este conflicto y no hay signos de que quieran tenerlo. Esta vez no fueron llamadas por el G5S como en 2014 ni gestionaron ser convocados. Mas allá de las obvias ideas sobre merecimientos y castigos, de estos eventos surge una alarma que va más allá del castigo a los gobiernos golpistas, al Kremlin o a las apetencias de los capitales chinos. En una mirada menos apasionada, surge el riesgo del avance yihadista.



Un colapso de los gobiernos de la alianza del Sahel y el fracaso de China y Rusia, conjugado con la ausencia occidental podría dar lugar a la creación de una zona en donde Al Qaeda pase a ser el gran rector. No se trata de una cuestión meramente política, sino de una alerta grave. Entre Mali, Niger y Burkina Faso suman 73 millones de personas y una superficie de 2,7 millones de km2. Hablamos de un escenario potencial en donde por primera vez Al Qaeda podría controlar una superficie tal que la convertiría en el 8° estado más grande del planeta. Aunque es una amenaza prematura porque aún tiene rivales de fuste, el JNIM sigue ampliando su zona de control y con ello el acceso a recursos económicos que consolidarían su poder y le darían más capitales para hacerle frente a los rivales regionales y externos que se le oponen. Y no hay que olvidar que en esencia son un grupo yihadista con una mirada fundamentalista insertos en una región que, por lo problemática, tiene las condiciones ideales para su expansión. Como en Afganistán, Siria e Irak, el caos y la precariedad son factores que corren a su favor.



Debemos recordar que, como su nombre lo indica, Al Qaeda es una red conectada con otros grupos que saldrían beneficiados con esos recursos y un enorme santuario a su disposición. Por último, que el yihadismo es por naturaleza expansionista y por ende una cuestión regional. El deseo de imponer la interpretación más agresiva de la Sharia choca con otros proyectos como el independentismo tuareg y la presencia de otras religiones en la zona como el cristianismo o las creencias animistas. O con las versiones no salafistas y moderadas del Islam.

Junto a las cuestiones étnicas y el nacionalismo secular, que es otro factor siempre vigente en la política africana, suman demasiados factores para anticipar que este progreso del JNIM podría ser la antesala de nuevos episodios de violencia en la medida que su continue su avance. Ante tantos motivos, no se debería considerar lo que sucede en Mali como otro de los tantos conflictos que atraviesa el mundo. África suele quedar fuera del mapa hasta que se supera el velo del desconocimiento sobre lo que sucede en ella y cuanto afecta al resto del mundo.

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