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Camino al AFV local

Muchos países de América Latina desarrollaron y construyeron sus propios vehículos blindados de combate, con diferentes niveles de éxito, según su experiencia, desarrollo industrial y presupuestos. El caso brasileño con el Gguaraní es el más exitoso.


Por Santiago Rivas


La historia de la producción de vehículos blindados en América Latina es muy antigua, con el primer tanque latinoamericano construido en México por la fábrica de aviones TNCA en 1917 y llamado Salinas. Se basó en los primeros tanques británicos y fue utilizado por el gobierno durante la revolución mexicana. A esta experiencia le siguieron otras en Brasil en los años 30 y Argentina en los 40, pero a lo largo de los años, solo unos pocos se construyeron en serie y la mayoría terminaron como prototipos.

Los primeros programas exitosos de vehículos blindados en América Latina vinieron de Brasil, con los proyectos EE-9 Cascavel y EE-11 Urutú en los años setenta. El Cascavel es un vehículo de reconocimiento ligero 6x6, armado con un cañón de 90 mm, de los cuales se construyeron 1738 ejemplares entre 1975 y 1993, mientras que el Urutú es un transporte blindado 6x6, de los cuales se construyeron 888. De ambos modelos, alrededor del 75% de la producción se destinó a la exportación.

Los años setenta también fueron un buen momento para la producción de vehículos blindados argentinos, con el desarrollo del tanque mediano TAM a partir de la base del Marder, del cual se desarrollaron y construyeron muchas versiones, incluido el transporte blindado de personal. En total, la producción de toda la familia fue de más de 500 vehículos, pero, a pesar de muchos intentos, la Argentina no tuvo éxito en el mercado de exportación. El país también desarrolló la familia de vehículos blindados 6x6 VAE y VAPE en esos tiempos, pero no pasaron del estado de prototipo.

Si bien en la década de los noventa la producción latinoamericana de vehículos blindados se detuvo casi por completo, el interés por desarrollar la industria local, así como por independizarse de los proveedores extranjeros, propició un retorno a parte de la producción local, sumando ahora países como Colombia.


Vehículo de mando del sistema Astros 2020, desarrollado en Brasil por Avibras. Foto Hélio Higuchi.

Actualmente, existen dos líneas de producción diferenciadas, según la realidad de los países. Por un lado, está el desarrollo y producción de vehículos MRAP (Protección contra emboscadas resistentes a minas) para su uso principalmente en guerras irregulares y actividades de seguridad. Con los problemas con la guerrilla en Colombia, además del crimen organizado en Colombia, México, Brasil y otros países de la región, esos tres países comenzaron a desarrollar vehículos localmente.

Los problemas iniciales y los altos costos fueron comunes en la mayoría de los casos, lo que llevó a que se construyeran pequeñas series de la mayoría de ellos y solo unos pocos tuvieran éxito. En la mayoría de los casos tienen que competir con productos extranjeros que ya estaban en producción, con precios competitivos.

Dos factores fueron fundamentales para el desarrollo de esos productos: uno es el desarrollo de la industria automotriz local, teniendo Argentina, México y Brasil una industria bien desarrollada. El otro factor son los problemas de seguridad en algunos países, que llevaron al desarrollo de la industria de blindaje, especialmente para automóviles y camiones, en México, Colombia, Brasil y otros.

Si bien países como China intentaron ingresar al mercado latinoamericano con sus productos, no tuvieron mucho éxito (excepto en Venezuela) y la industria local aún compite principalmente contra productos estadounidenses y europeos.

La otra línea de productos son los vehículos de combate con ruedas para uso en conflictos convencionales. En este caso, actualmente solo Brasil los está construyendo, con el proyecto Guaraní y los lanzacohetes Astros, mientras que Argentina mostró interés en volver al montaje o construcción de los mismos.


Un Iveco Guaraní con torreta Remax. En 2021, el Ejército brasileño recibió la unidad número 500 y se espera que se entreguen alrededor de 1.500 a la fuerza. Foto: Santiago Rivas.

Brasil

Actualmente el país tiene el principal desarrollo de vehículos blindados en América Latina. A pesar de que se construyeron muchos prototipos, como el Inbra Gladiador, presentado en 2009 por primera vez, pero que no se fabricó en serie, hay dos productos principales en producción y uno que se está comenzando a fabricar.

Uno de ellos es la familia de vehículos Avibrás, cuyos principales exponentes son el vehículo blindado AV-VBL 4x4, que utiliza un chasis Tatra, y el lanzacohetes múltiple Astros II, sobre un chasis 6x6. El AV-VBL se mostró por primera vez en 2001 utilizando un chasis Mercedes Benz, pero en 2009 se sometió a un importante rediseño y, además de su uso como transporte ligero, se vende principalmente para soporte del sistema Astros II. El Astros se desarrolló a partir de 1981 a pedido de Irak y se montó en un camión Mercedes Benz L-2013 6x2, que recibió blindaje, pero luego se modificó y se utilizó un chasis Mercedes Benz 2028-A 6x6, con el mismo diseño de cabina del AV-VBL. Después de las exportaciones a Irak, el sistema también se vendió a Qatar, Arabia Saudita, Libia, Malasia e Indonesia, mientras que también está en uso por el ejército brasileño.

Los Astros aún se están produciendo, con seis de la versión Mk-6 contratados por el Ejército Brasileño en 2020, para sumarse a los de esta versión comprada en 2011, como parte del programa Astros 2020, que tiene como objetivo sumar nuevas capacidades para el sistema, incluido el cohete guiado AV-SS-40 G y el misil de crucero táctico AV-TM-300 (MTC).

Además de los Astros, el principal programa de vehículos blindados es el vehículo Iveco Guaraní 6x6. En diciembre de 2007 se contrató a Iveco para desarrollar el nuevo vehículo para reemplazar parcialmente al Urutú, pero también para aumentar las capacidades de los Batallones de Infantería Motorizada, para convertirlos en Batallones de Infantería Mecanizados.


Lanzacohetes Astros 2020. Si bien el sistema Astros original se desarrolló en los años 80, la nueva versión está en producción y fue ordenada recientemente por el ejército brasileño. Foto: Santiago Rivas.

Actualmente, para se ha entregado la unidad número 500 y el proyecto continúa, con el desarrollo de nuevas versiones, como de ingenieros, portamortero, reconocimiento, NBQ, ambulancia y lanzamisiles. El desarrollo de una versión de recuperación ahora se está analizando debido a los recortes presupuestarios. Las versiones de ingenieros y portamortero, cuyos prototipos se esperaban para 2020 se retrasaron a causa de la pandemia, pero siguen avanzando. En total, hasta el 2035 están previstos un total de 1.500 vehículos Guaraní.

Una de las ventajas de la selección del Guaraní fue que Iveco ya tiene fábricas en Brasil. Si bien el vehículo está parcialmente construido y completamente ensamblado en el país, el motor y la transmisión se fabrican en la fábrica de Iveco en Argentina. Esto reduce costos, además de ser importante para Brasil del lado de la soberanía.

Ahora, Iveco también ganó el programa Veículo Blindado Multitareas - Leve Sobre Rodas VBMT-LSR (Vehículo Blindado Multitarea - Ligero con Ruedas) con su modelo blindado ligero 4x4 LMV-BR (basado en el Lince M2), que será construido también en Brasil. El tipo fue probado con la torreta Remax de construcción local, actualmente en uso con el Guaraní, con buenos resultados. Se compraron 16 Lince M2 de segunda mano al ejército italiano más 16 nuevos construidos como LMV-BR, que se entregarán a partir de abril de 2021, construidos en Italia, seguidos de otros 77 que se construirán en Brasil.


Iveco LMV-BR, una versión del vehículo Lince para el Ejército de Brasil. Equipado con una torreta Remax desarrollada localmente. Foto: Santiago Rivas.

Además de estos programas, el Ejército Brasileño también tiene uno para comprar 211 unidades de un vehículo 8x8. Inicialmente se esperaba desarrollar una versión ampliada del Guaraní, pero ahora los planes son comprar el Iveco Centauro, que debiera construirse total o parcialmente en Brasil.

Con todos estos vehículos, el Ejército Brasileño contará con una flota completa de blindados sobre ruedas construidos localmente, pero también, apuntan a exportarlos, con una primera venta del Guaraní a Filipinas firmada en 2020.

Como Argentina busca más de 200 ejemplares de un vehículo blindado de ruedas 8x8, la china Norinco ofreció el VN-1, para ser ensamblado en Argentina, pero, a pesar del precio, el modelo no convence al Ejército argentino, quien solicitó muchas modificaciones importantes en caso de que se seleccione el modelo.

Si bien no es un 8x8, Iveco ofreció el Guaraní, que ya fue probado hace una década por la fuerza y ​​tiene la ventaja política de estar construido muy cerca de Argentina y que los componentes nombrados ya están construidos en el país. Iveco también afirmó que se podría analizar el montaje local si el país contrata una gran cantidad de vehículos. Por ello, en 2021 se envió un Guaraní a la Argentina para ser evaluado por el Ejército y la Infantería de Marina, con resultados muy satisfactorios.

Después de estas ofertas, General Dynamics Land Systems declaró que pueden ofrecer el montaje local del Stryker. La compra de un lote de vehículos de segunda mano se negoció con el gobierno de Estados Unidos en 2019, pero no avanzó.


México

El país tiene una larga trayectoria construyendo sus propios vehículos blindados, gracias al desarrollo de su industria automotriz, que produce principalmente para el mercado estadounidense. Al igual que Argentina y Brasil, en los años setenta México comenzó a desarrollar sus propios vehículos blindados, diseñados por el Departamento de Industria Militar (DIM) del Ejército Mexicano, ahora denominada Dirección General de Industria Militar (DGIM) y construidos por la empresa estatal Diesel Nacional (DINA). En 1974 produjo el prototipo DN-I, seguido por el DN-II y el DN-III CBR (Carro Blindado de Reconocimiento), basado en el Cadillac Cage V-100 Commando y el Chrysler MAC-1, con una torreta basada en la del Mowag Roland. El DN-III fue el primero que se produjo en una pequeña serie, con 28 ejemplares. Le siguieron 25 DN-IV, seis DN-V Búfalo con cañón de 75 mm y 25 DN-V Toro con cañón de 20 mm.

Al igual que en el resto de los países, este desarrollo se detuvo en la década de los 90, mientras que la situación en México, con problemas crecientes con el crimen organizado, principalmente narcotraficantes, provocó un cambio en las necesidades, pasando de transportes blindados para enfrentar amenazas convencionales a las de otros para utilizar en conflictos irregulares y de baja intensidad.

Con la intención de producir vehículos propios, en 2011 la Ensambladora Militar de la DGIM desarrolló el DN-XI, que se basa en el Plasan Sand Cat, pero con un chasis más largo y una torreta de diseño mexicano. A esto le siguió un contrato de la DGIM en 2018 para ensamblar localmente 30 Plasan Stormer, con algunas modificaciones, llamados DN-XII y entregados entre 2018 y 2019.

Asimismo, en 2014 la DGIM desarrolló el Cimarrón, a partir del Mercedes Benz Unimog U5000, seguido en 2019 por el Cimarrón II, con mejoras en el blindaje y capacidad para hasta 13 soldados.

En 2019 también se presentó el Kitam II, utilizando un chasis Dodge Ram 5500, que también es una mejora del oiginal Kitam, desarrollado en 2014.


Prototipo del vehículo Cimarrón 2 construido en México en 2019, con algunas mejoras respecto a la versión anterior. Foto: José Antonio Quevedo.

Colombia

Con una industria automotriz menos desarrollada que los demás países, pero con la realidad de la guerra interna y la producción de drogas, el Ejército de Colombia comenzó a agregar blindaje y modificar algunos de sus vehículos hasta que en los últimos años la industria local comenzó a desarrollar sus propios productos.

En todos los casos son vehículos de ruedas basados ​​en chasis y motores de camiones y todos ellos fueron construidos en pequeñas cantidades, siendo el Imdicol MRAP CXT (basado en camiones International CXT y Arrow 7300) el más exitoso, con siete unidades. El más reciente fue el Titán-B, basado en una camioneta Chevrolet FVR, pero solo se construyó uno.

La empresa local Hunter Armor ingresó al mercado de vehículos militares en 2011 con el TR-12, basado en el chasis de un Ford 550, del cual dos ejemplares fueron entregados al Ejército de Colombia en 2012 y 2013, seguido de otro al gobierno de Surinam y dos a la Policía de Colombia. En 2018, el Ejército de Colombia compró cuatro de una versión mejorada, pero la fábrica no pudo obtener interés por una venta mayor, mientras que el gobierno colombiano prefirió comprar un lote de 13 Plasan Sand Cat para estas misiones.


Hunter Armor TR-12 del Ejército de Colombia. A pesar de sus necesidades, la fuerza solo compró seis ejemplares del vehículo. Foto: Erich Saumeth.

El país intentó construir en serie un vehículo más complejo cuando en 2005 se firmó un contrato con Rosoboronexport para ensamblar 60 vehículos blindados BTR-80, localmente llamados Caribe, para el Ejército y 20 para la Marina, pero el proyecto fue abandonado después de que solo se ensamblara un prototipo.

El caso de Colombia y su falta de éxito en la producción a gran escala muestra, como en el resto de países latinoamericanos que no producen sus propios vehículos blindados, la relación entre una industria automotriz desarrollada y la capacidad de construir vehículos militares con suficiente calidad y competitividad.

El uso de motores, transmisiones y otras partes de fabricación local del mercado civil, como ocurre en México, Brasil y Argentina, resultó crucial para la producción en serie, mientras que el Estado brasileño apoyó sus exportaciones, con un buen financiamiento y una agresiva campaña de promoción en los años 70, 80 y ahora, como claves para su éxito fuera de sus fronteras, algo que no se repite en el resto de países de América Latina.

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