Cielos vacíos, promesas rotas: no hay más misiles Patriot para Ucrania

Por Ignacio Montes de Oca
"Solo un misil balístico fue derribado esta noche simplemente porque no hay misiles para los sistemas Patriot. Cada paquete de interceptores salva vidas; cada noche sin ellos resulta en más muertes". Con esa queja, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski resumió el impacto real por la ausencia de envíos de más misiles de defensa antiaérea Patriot. La idea del mandatario era aprovechar su viaje para participar de la Asamblea anual de la ONU y obtener más munición, además del permiso para fabricarlos en su propio suelo; sin embargo, regresa a Ucrania sin definiciones y con Vladímir Putin lanzando cada vez más proyectiles sobre las ciudades.
La frustración que aflige al líder ucraniano no es un arrebato de impaciencia, sino el resultado directo de una peligrosa montaña rusa política en Washington provocada por Donald Trump. Todo comenzó con una gran promesa el verano pasado, cuando Trump anunció con entusiasmo que le daría a Ucrania el derecho legal y las licencias necesarias para fabricar sus propios misiles Patriot para detener los ataques aéreos.
Para un país bajo asedio, aprender a construir su propia defensa de la mano del gigante tecnológico estadounidense Raytheon era el boleto hacia la supervivencia a largo plazo. Sin embargo, la euforia duró poco. Apenas unas semanas después, Trump congeló el plan de golpe bajo el argumento de que Estados Unidos debía ser sumamente cuidadoso con sus secretos militares y que prefería priorizar la búsqueda de la paz antes que la fabricación de más armamento. Para colmo, Washington también cerró el grifo del envío inmediato de misiles ya listos de sus propias reservas, alegando que los necesitaba para proteger sus bases en Medio Oriente.

EE. UU. fabrica unos 50 a 55 misiles Patriot al mes (unas 20 por parte de Raytheon para el modelo PAC-2 y unas 32 por parte de Lockheed Martin para el avanzado PAC-3 MSE). Aunque el Pentágono firmó contratos para triplicar la producción hasta alcanzar las 167 unidades mensuales, la industria advierte que ese ritmo no se logrará sino hasta el año 2030.
El acuerdo preliminar firmado por Zelenski con el fabricante Raytheon (RTX) busca que una línea de producción conjunta en suelo ucraniano abastezca su alta tasa de consumo en el frente, estimada en 150 a 180 misiles mensuales tras dos años de producción. Cuanto antes se inicie, antes llegarán los misiles a las baterías. De allí la urgencia por los permisos.
Mientras los papeles se acumulaban y el trámite legal quedaba atrapado en la burocracia de la Casa Blanca, el cielo sobre Ucrania se convirtió en un infierno donde los únicos misiles que caían eran los del enemigo. Rusia desató una campaña de bombardeos sistemáticos, llegando al extremo de lanzar más de 1,800 misiles de todo tipo en lo que va del año, con un dramático récord en el mes de julio donde llovieron 381 proyectiles, incluyendo 126 misiles balísticos en un solo mes. Con las manos atadas y sin recibir los suministros prometidos, las fuerzas ucranianas se enfrentan a una realidad militar: el inventario de misiles para sus sistemas Patriot prácticamente se ha agotado en el terreno. Al recibir 2,5 veces menos interceptores que el año pasado mientras Rusia duplica sus ataques mensuales, los militares ucranianos se han visto obligados a apagar algunas baterías Patriot y dejarlas inactivas en zonas agrícolas ante la falta de munición.

El último gran ataque ruso que involucró misiles balísticos ocurrió durante la noche del 21 al 22 de septiembre de 2026. Los bombardeos cobraron la vida de al menos cuatro civiles en la ciudad de Dnipró tras un impacto directo en una zona de empresas y almacenes, elevando la cifra total a ocho muertos en todo el país si se suman los ataques con drones en otras regiones. Además, se registraron más de 37 heridos solo en este ataque. De enero a agosto de 2026, los bombardeos rusos asesinaron a más de 2.200 civiles y han dejado a miles de personas heridas en todo el territorio ucraniano, según los registros de la Misión de Observación de Derechos Humanos de la ONU. La tasa de víctimas civiles en Ucrania aumentó un 55% durante los primeros ocho meses de 2026 en comparación con el mismo periodo del año pasado.
La desesperación llegó a su punto crítico cuando Zelenski viajó a Nueva York para confrontar cara a cara a Trump en la Asamblea General de la ONU. Sin embargo, el encuentro ante la prensa internacional desnudó la gran desconexión de prioridades entre ambos líderes. Mientras el mandatario ucraniano buscaba desesperadamente una respuesta sobre su escudo aéreo, Trump dedicó gran parte de su intervención a quejarse y hablar obsesivamente sobre los retrasos en la construcción del nuevo salón de actos de la Casa Blanca, lamentando ante los periodistas que la obra no estuviera terminada a tiempo para recibir al presidente de China, Xi Jinping.
Según reportes de medios como The New Republic, la fijación de Trump con el salón de bailes fue tal que Zelenski pasó gran parte de la comparecencia esforzándose visiblemente por no mostrar su incomodidad. Al ser consultado por los misiles Patriot, Trump simplemente postergó el asunto diciendo que "estarían hablando de eso", dejándolo una vez más en el limbo legal sin ningún compromiso formal.

Zelenski ya no oculta su amargura ante estas dilaciones y ha dejado claro ante el mundo que Ucrania apenas opera con el uno por ciento de las defensas que realmente necesita para subsistir. En sus propias palabras, imploró a Washington que al menos les venda parte de sus reservas acumuladas para pasar el invierno y salvar vidas, lamentando públicamente que cada noche que pasa sin la firma de Trump, los misiles rusos caen sin frenos, cobrándose la vida de civiles simplemente porque las defensas Patriot se han quedado completamente vacías. "Estoy pidiendo a los socios estadounidenses que nos vendan el 5% de los misiles de sus existencias. Si nos venden el 5%, pasaremos el invierno y salvaremos vidas humanas. Si pueden vendernos el 10%, destruiremos todos los misiles balísticos de los rusos", sentenció.
Por ahora la decisión de entregar los misiles o permitir fabricarlos depende de Trump, que por ahora aborda temas que considera más urgentes. A Ucrania no le queda otra alternativa que devolver cada golpe con sus propios misiles y drones, escalando un conflicto que el propio Trump dice querer frenar, pero que alienta al alimentar los motivos de Ucrania para encontrar una salida alternativa, elevando el costo para Rusia de cada ataque ordenado por Putin. Esa es quizás la llave que no comprende Trump, quien además se queja del costo de una guerra que se eleva aún más justamente por la falta de defensas en Ucrania, mientras propone un cese el fuego que cada vez se aleja más de la realidad.
Mientras Zelenski le pedía misiles a Trump y proponía una tregua en los ataques a las instalaciones de energía, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, calificó las propuestas de alto al fuego como "inútiles". El gobierno ruso argumentó que ellos no buscan pausas temporales, sino una "paz sólida y definitiva" basada en que Ucrania acepte las condiciones y los territorios que Rusia ya controla. Es un pedido diseñado para ser rechazado como las otras veces que fue propuesto porque Zelensky no quiere ni puede satisfacer ese despojo territorial. Putin lo sabe y formularlo es lo mismo que decir que opta por seguir la guerra.
Como muestra de este rechazo, Rusia acompañó su negativa diplomática con una nueva oleada de bombardeos utilizando misiles balísticos y de crucero contra el sistema eléctrico y plantas de combustible ucranianas.

El abandono se extiende también a los aliados europeos, quienes mantienen sus promesas estancadas en los almacenes debido a que, como admitió la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, los países miembros se niegan a donar incluso los interceptores que están cerca de caducar.
Esta inacción provocó que Ucrania solo pudiera interceptar 29 de los 195 misiles balísticos rusos lanzados durante el verano. El desabastecimiento responde además a un hecho: el Pentágono ha retenido suministros tras haber agotado más del 50% de sus propios Patriots de última generación debido al reciente conflicto con Irán en Medio Oriente.
Ante la crisis, los envíos se gestionan a cuentagotas mediante aprobaciones y tramos financieros de emergencia en este mes de septiembre de 2026: el día 17, EE. UU. solo autorizó a Alemania reexportar 10 misiles usados hacia Ucrania, mientras que el día 18 la Comisión Europea desembolsó 3.300 millones de euros y Polonia liberó una cantidad clasificada de proyectiles de sus propias existencias, un auxilio financiero masivo que contrasta con la falta crónica de misiles físicos listos para el combate y que deja a Ucrania en una posición de debilidad frente al invierno.
El ministro de Defensa ucraniano, Yevhenii Khmara, confirmó a inicios de septiembre que Ucrania está firmando contratos para la adquisición de cerca de 1.000 misiles Patriot con consorcios europeos, pero su fabricación e implementación tardará meses, lo que contrasta drásticamente con los 100 a 120 misiles mensuales que Ucrania necesita ya mismo para defender sus ciudades.
Frente al plenario de la ONU, el mandatario ucraniano elevó el tono de su reclamo contra la parálisis de Occidente al calificar de inadmisible que se contengan los suministros de interceptores: "Es absurdo que nuestros socios tengan miedo de su propia fuerza", reclamó ante los líderes globales, advirtiendo que no se puede pretender la paz atando de manos a quien se defiende. Con la misma crudeza concluyó diciendo que Vladímir Putin jamás se detendrá por su cuenta: "Él es el “paciente cero”, aquel desde quien la idea de la guerra se sigue propagando más y más. Y al “paciente cero hay que detenerlo".



