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El deseo de Trump de controlar Groenlandia: la batalla entre Onán y la OTAN


Por Ignacio Montes de Oca


El presidente de EEUU volvió a decir que quiere controlar el territorio danés de Groenlandia. Se están gastando horas enteras de debate en una cuestión que está plagada de complejidades y que no se resuelve con una toma militar. Vamos a separar el trigo de entre tanta paja. Trump no puede ordenar una acción militar contra Dinamarca solo porque tiene ganas de hacerlo. Las fantasías imperiales son campo de la psicología y no tienen nada que ver con la realidad. Incluso el presidente debe obedecer leyes, aunque resulte increíble tener que aclararlo. De no ser así no hubiese necesitado construir previamente una arquitectura de Ordenes Ejecutivas y designación de grupos narcoterroristas para lanzar una acción en Venezuela. Si se entiende esa limitación es posible seguir explicando que sucedería si decidiese ir por Groenlandia.

En la Ley de Poderes de Guerra está bien explicado que el presidente puede realizar acciones limitadas en caso de que existiera un riesgo para la seguridad nacional y los trineos de perros daneses y los inuit no parecen serlo. Están muy lejos de la excusa de los carteles de la droga. La otra cuestión es que, además, el invadir un territorio extranjero es considerado una “acción de guerra” y en ese caso la potestad absoluta de declarar a los EEUU como beligerante es del Congreso. No es lo mismo capturar a Maduro que tomar un territorio de un socio de la OTAN.

Trump tiene inmunidad para las decisiones presidenciales desde que la corte suprema lo dictaminó en el fallo “Trump vs United States” de 2024, pero sus subalternos carecen de esa protección y desobedecer el mandato de informar al congreso puede tener consecuencias. Los funcionarios civiles pueden ser alcanzados por la 18 U.S.C. 1505 que prevé penas de hasta 5 años de prisión y multas de hasta US$250.000 y los militares por los Art 90 y 92 del Código de Justicia Militar. Pueden ser aplicados si el escenario político es propicio. Hasta ahora administraciones de ambos partidos han violado la WPR sin consecuencias graves, pero se trató de acciones en la periferia, como en Vietnam, Irak o Venezuela. La presión que acumula Trump en su segundo mandato podría hacer eclosión en una toma como la de Groenlandia.



Una cosa es capturar a un dictador y otra muy diferente es invadir territorio de Dinamarca, ocuparlo y anexarlo. Las diferencias son abismales, tanto como las consecuencias políticas a largo plazo y eso necesariamente impactará en el juego de poderes internos de los EEUU. Luego está la cuestión de la anexión. No puede hacerse por una Orden Ejecutiva, es otra atribución exclusiva del Congreso y si Trump quisiera avanzar en la explotación de recursos o en la instalación de un gobierno propio debería tener la autorización legislativa correspondiente. Esta no es una observación política, sino que surge del Articulo IV Sección 3 de la Constitución de los EEUU que dice que “Los nuevos estados pueden ser admitidos por el Congreso en esta Unión”. Por si esta redacción no es clara, hay que ir a la cláusula 2 del mismo artículo. Ese artículo aclara que “El Congreso tendrá poder para disponer y hacer todas las reglas y reglamentos necesarios respecto al territorio u otra propiedad perteneciente a los Estados Unidos; y nada en esta Constitución será interpretado de manera que perjudique ninguna reclamación de los Estados Unidos o de cualquier estado en particular”.

Es lo que sucedió cuando se admitieron los territorios de Alaska en 1867 y Hawái y Puerto Rico en 1898; por la Organic Act se hizo necesaria la firma de un tratado y su aprobación por mayoría simple en el Congreso. El caso de Alaska es paradigmático porque fue resultado de una compra. Recién en 1959 Alaska y Hawái se incorporaron como estados y Puerto Rico como territorio libre asociado y tuvieron que ser incluidos como tales por una ley del Congreso. No hay forma de eludir ese paso legislativo que además pide una mayoría de la mitad más uno para ser aprobada.

Los republicanos tienen ese número en teoría, porque cuentan con 52 de los 100 escaños del Senado y 217 de los 354 escaños de la Camara de representantes. Aquí es donde la realidad vuelve a arruinar las fantasías de los realistas. Hay 10 senadores republicanos en contra de la anexión. Ellos son Mitch McConnell, John Thune, Rand Paul, Susan Collins, Lisa Murkowski, Thom Tillis, Roger Wicker, Jerry Moran, Dan Sullivan y John Kennedy. Sumados a los demócratas juntan 57 votos contra el resto de 43 senadores republicanos, número que está más lejos del 67 de los 2/3.

El 2 de noviembre se renueva por completo la Cámara de representantes y las encuestas no son favorables a Trump. Si se votara hoy, los republicanos suman 220 votos; dos por encima de la mayoría de 218. Pero hay 4 republicanos en contra de la anexión. O sea, quedan 216. Un cambio en esas proporciones legislativas proyecta otro escenario desde noviembre, una mayoría demócrata podría bloquear o eventualmente revertir las decisiones tomadas por Trump. Esto haría inviable gobernar cualquier territorio tomado o garantizar inversiones a largo plazo.



No hay como darle vueltas, una anexión tiene un procedimiento y, sin cumplirlo, cualquier iniciativa militar o empresaria quedaría sin sustento legal y por ende entra en la ilegalidad. Sin leyes no hay negocio, sin legalidad no hay presupuesto, sin dinero no hay despliegue militar. Hay otra norma que se rompería. Una invasión militar a la isla activaría el Artículo 5 del tratado de la OTAN, lo que podría escalar a un conflicto con aliados de EEUU y el riesgo cierto de un enfrentamiento militar en el que los socios europeos deberían apoyar a uno u otro lado.

Incluso si la Alianza no tuviera reacción, la primera ministra danesa Mette Frederiksen dijo que cualquier toma por la fuerza significaría “el fin de la OTAN”, mientras era respaldada por los gobiernos de Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España. Trump acusó recibo de ese apoyo. Los ministros de RREE de Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia emitieron una declaración respaldando la soberanía danesa. Francia y Alemania ya advirtieron que trabajan en una respuesta coordinada “junto a aliados europeos” para el caso que EEUU actúe en contra de Dinamarca. Copenhague reforzó el presupuesto de defensa de la isla hasta U$S 2.500 millones, desplegó drones y reforzó su presencia naval. Aunque es poco lo que podría hacer frente a un asalto estadounidense, muestra la intención de no aceptar inerme las amenazas realizadas por Trump.

Un incidente armado no es una fantasía. Desde 1952 está vigente una orden en el ejercito danés que ordena: “las fuerzas atacadas deben iniciar el combate de inmediato sin esperar ni solicitar órdenes", incluso si los comandantes no informan de una declaración formal de guerra. Esto nos regresa al escenario político interno de los EEUU, en donde una situación de confrontación abierta con el resto de los aliados occidentales, incluso si no fuera militar, podría invocar a muchos de los actuales apoyos republicanos a reconsiderar una aventura anexionista. Invadir territorio europeo de ultramar puede tener consecuencias desastrosas para el comercio bilateral.  Pero además condicionaría la respuesta que podría dar EEUU frente a otros conflictos en curso. Distraer esfuerzos en una tensión con Europa es un cuento chino por donde se lo mire.



Vamos a los datos: los 27 países de la UE son el principal socio externo de los EEUU con un comercio de U$S 980 mil millones anuales y con servicios supera los U$S 1.7 billones. Si consideramos la OTAN, son el aliado principal en un ambiente estratégico global caldeado. Aun a pesar de los riesgos que implica su postura, Trump afirma necesitar el territorio por razones estratégicas, aunque los acuerdos con Dinamarca no le impiden a los EEUU mantener o aumentar su presencia militar en Groenlandia, aunque argumente que los daneses se oponen. Solo tiene que pedirlo formalmente y sin el dedo en el gatillo. Pero, de hecho, no lo necesita porque no hay un riesgo de toma inminente como el que se dio durante la Segunda Guerra Mundial, cuando EEUU tomó el control de la isla luego que las tropas nazis ocuparon Dinamarca. Esto sucedió en abril de 1941 y fue respaldado por el pedido del embajador danés Henrik Kauffmann mediante un documento firmado con el secretario de estado Cordell Hlll. conocido como el "Acuerdo de Defensa de Groenlandia" que permitió a EEUU establecer bases militares en la isla.

Liberada Dinamarca, recuperó el control de Groenlandia y EEUU reconoció su soberanía sobre la isla. Esa admisión se basaba en un documento del 4 de agosto de 1916 en el que el secretario de Estado Robert Lansing admitía esa propiedad en el marco de la compra de las Islas Vírgenes Danesas. En 1946, el presidente Truman ofreció U$S 100 millones por Groenlandia, pero los daneses rechazaron la oferta. Hasta hoy la presencia militar de EEUU se rige por el Tratado bilateral del 27 de abril de 1951en el que EEUU volvió a reconocer a Groenlandia como parte de Dinamarca. Estos antecedentes anulan la demanda de Trump de una necesidad estratégica urgente. El acuerdo de 1951 prevé el refuerzo militar dentro del marco de la OTAN y no existe una intimidación militar creíble que amenace con tomar la isla como en 1941. Al menos en el mundo real.

EEUU opera sin ninguna oposición de los daneses y desde la Guerra Fría instalaciones de alerta temprana contra misiles del sistema Ballistic Missile Early Warning System operado por el 12° Escuadrón de Alerta Espacial como parte del NORAD que protege a todo el norte de América. En la base de Pituffik tiene desplegados cazabombarderos F-35 y F-16, además de aviones cisterna KC-135. En esa base hay desplegados unos 150 militares norteamericanos que conviven con enlaces militare daneses y civiles groenlandeses que prestan servicios dentro.



Hasta el día de hoy no se registró queja de EEUU por la colaboración danesa y tampoco se ordenó robustecer la presencia en Pituffik, porque los registros no marcan presencia significativa alguna de aviones, buques o cualquiera otra presencia militar de Rusia o China en la zona.

Vamos al lado danés y a prestar detalle a lo que sucede en el caso de Groenlandia. Sabemos que la isla está en un proceso de independencia. Esto quiere decir que quieren decidir por su cuenta y eso incluye a los daneses y también a sus vecinos frente a sus costas occidentales. La primera definición: Groenlandia es un territorio autónomo de Dinamarca. Hay que concentrarse en esas palabras para empezar a comprender el asunto. Empecemos por “territorio autónomo” para despejar todas esas fantasías que andan dando vueltas. Desde 2009 empezó su proceso de independencia y desde entonces cuenta con su propio primer ministro y un parlamento local. Pero en los hechos sigue siendo un territorio danés, por lo que cualquier toma militar es de hecho una invasión al territorio de Dinamarca.

Tenemos otro dato y es la encuesta realizada en enero de 2025 por la consultora Veria para sondear el apoyo en Groenlandia a la idea de ser parte de los EEUU. El 85% estuvo en contra. Solo el 6% expresó su conformidad. En síntesis, el 94% no está interesado en la oferta de Trump. Pero supongamos que esa encuesta no es confiable o fue pagada por iluminatis que leen la Agenda 2030 y odian a los EEUU. Tenemos otro modo de medir el interés y es por medio de los partidos políticos de la isla y el apoyo que recibieron en las elecciones del 11 de marzo de 2024. El primer dato es que ningún partido apoyó la idea de anexarse al territorio de los EEUU. El más cercano es el Naleraq, que propone explorar la idea de una “asociación libre”, aunque sin renunciar a la independencia. Salió segundo con 7.009 votos, el 24,77% del total de sufragios. ¿Por qué ese dato es importante? Es porque el destino de los groenlandeses depende de un referéndum y las opiniones previas hacen prever que cualquier consulta a la fuera debería mantener ese nivel de rechazo, que al estar en el 85% es difícil que baje hasta niveles trumpeanos.



Más aún si se observan las cifras comparadas de Groenlandia con otros territorios de EEUU para especular. Por ejemplo, el nivel de pobreza de la isla está en el 10/12%, por debajo del 22% de Samoa, el 40% de Puerto Rico, el 22% de las Islas Vírgenes y el 23% de la isla de Guam. Y si medimos ingresos, los U$S 58.499 anuales por PPP de los groenlandeses está bastante por encima de los U$S 44.320 de las Islas Vírgenes, los U$S 41.833 de Guam, los U$S 39.343 de Puerto Rico y los U$S 5.239 de Samoa, tomando como fuente los datos del Banco Mundial. Además, Dinamarca sostiene el 50% del presupuesto de Groenlandia, provee de educación y atención sanitaria gratuita, entrega becas de hasta U$S 10.000 pera estudios fuera de la isla y subsidia por un total de U$S 640 millones anuales los servicios de energía y la infraestructura.

Pensemos entonces en la presión económica. Amenazarlos con aranceles no tiene sentido porque solo el 2% del comercio de la isla es con EEUU. Hacia allí se dirige el 1,7% de las exportaciones y es de donde provienen el 0.54% de las importaciones. Por ese lado, nada. Sigamos suponiendo que por obra del Art of Deal Trump logra convencer a un 51% de los daneses para que sean norteamericanos. Incluso allí hay un problema porque la última palabra la tiene en Parlamento de Copenhague. Sin su aprobación, Groenlandia no puede ser independiente. Esto es así porque el proceso de independencia contempla un paso final, que es la aprobación parlamentaria danesa. Y todos los sondeos indican que la totalidad de los legisladores rechazan la cesión a los EEUU. Y también considerar cualquier oferta de compra de parte de EEUU.

Pero como Trump no acepta un no y está decidido a arrastrar por las partes débiles a Groenlandia, ha insistido en hacer una oferta que implica entregarle a cada groenlandés entre U$S 10.000 y 100.000. Allí hay otro problema y tiene que ver con la negación a escucharlos. La anteúltima instancia está en el derecho de autodeterminación y una toma militar va en contra de lo que hasta ahora expresaron los propios habitantes de la isla. Las ofertas para hacerlos “prósperos” con bases militares y explotaciones mineras no funcionaron hasta ahora. China ya intentó ese camino al ofrecer inversiones e ingresos por explotación minera. Fue un fracaso y en este hilo se cuenta el abismo cultural que existe entra esas propuestas y los deseos de los isleños https://x.com/nachomdeo/status/1872604283952374131.



No es la primera vez que pasa por encima de los daneses. En enero de 2025 Trump envió a su hijo Donald JR en el jet familiar a la capital, Nuuk, en una visita que irritó tanto al gobierno danés como al local por la contratación de locales para fingir entusiasmo por la anexión. En marzo el vicepresidente Vance visitó la base de Pituffik junto al asesor de seguridad nacional Mike Waltz y el secretario de Energía Chris Wright. En esa visita criticó a Dinamarca por no invertir en Groenlandia y pidió a los groenlandeses que consideraran cerrar un trato con los EEUU. La visita de Vance volvió a provocar una queja danesa, que se repitió en diciembre con el nombramiento del gobernador de Luisina, Jeff Landry, como “Enviado Especial de Estados Unidos para Groenlandia”, un cargo inventado para forzar una negociación que Dinamarca rechaza.

Los daneses creen que hoy las probabilidades de una invasión son bajas, pero aun así toman recaudos. Las imposibilidades descritas en este hilo son conocidas en Copenhague, pero aun así admiten que la obsesión mostrada por Trump hacia Groenlandia les impide relajarse. Saben que más allá de los impedimentos, una acción de gran impacto dirigida a su público interno en tiempos electorales es posible y que Trump descubrió en Irán y Venezuela el apoyo positivo que recibe ante acciones miliares espectaculares dentro del electorado estadounidense. Esas amenazas entran dentro de la misma serie de propuestas para anexar a Canada, tomar el Canal de Panamá, convertir a Gaza en un territorio corporativo regido por EEUU y el reciente acuerdo con el chavismo para convertirse en el controlante de Venezuela hasta nuevo aviso. Entienden que esa búsqueda puede llevarlo a tomar decisiones más allá de las consecuencias si lo que está en juego es su posición política dominante. Groenlandia es, en definitiva, un medio y no un fin, habida cuenta las contraindicaciones del plan de anexión que propone.

En el fondo, queda claro que una agresión generaría efectos catastróficos y que la probabilidad de que ocurra aumenta en la medida que sirve a los objetivos políticos personales de Trump, que en este caso no necesariamente coinciden con los intereses estratégicos de los EEUU. A Trump solo le queda por explotar la posibilidad de un reclamo de derechos históricos. En diciembre dijo “Dicen que Dinamarca estuvo allí hace 300 años con un barco. Bueno, estoy seguro de que nosotros también estuvimos allí con barcos". La cita no es una burla hacia Trump. El presidente de los EEUU está explorando los límites de la irracionalidad en su discurso sobre Groenlandia y es algo serio porque apela a un público movido por la emocionalidad y el sueño nacionalista escondido en el slogan “Make America Great Again”. Allí es asunto se vuelve serio.



Su afirmación es un absurdo, la presencia nórdica de la que derivan los derechos daneses se remontan al año 985 y eso sucedió 791 años antes de 1776, cuando nacieron los EEUU. El dato falso es parte de la misma estrategia de construcción de una excusa vendible a sus seguidores. Si la justificación es dada por válida por un público propenso a la aceptación sin crítica de la palabra del líder, los motivos lógicos que frenan una acción militar sin fundamento legal, económico o político se diluyen y aumenta la probabilidad de una acción irracional.

A esta altura queda claro que, si las normas impiden tomar un camino, es más probable que Trump use el atajo si eso le permite obtener una ventaja. Los datos dicen que no puede anexarse Groenlandia. Su biografía explica que es precisamente por eso que puede intentarlo. La razón dice que una toma de Groenlandia por parte de EEUU es una locura política y los motivos un delirio contrario a los hechos de la realidad. Esos son también los factores que aumentan la probabilidad de que ocurra. La audacia se cotiza hoy mucho mejor que la razón. Detrás vienen las narrativas asociadas como la incapacidad congénita europea para ejercer una defensa, la presencia de flotas rusas y chinas en torno a Groenlandia depredando recursos imaginarios y rutas que le traerán prosperidad a quienes se sumen cuando se derritan los polos.

Hay un dicho entre los inuit que dice: “Nunca sabrás quiénes son tus amigos hasta que el hielo se rompa bajo tus pies". Trump les ofrece una oferta que no pueden rechazar mientras los daneses buscan amigos y debajo de ellos cruje el hielo por el peso de las ambiciones ajenas.

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