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El Ejército no es una fuerza de seguridad

Por Santiago Rivas


El anuncio del precandidato presidencial de Argentina Horacio Rodríguez Larreta, de desplegar al Ejército para controlar las fronteras y activos estratégicos del país, hoy tarea de la Gendarmería Nacional, para desplegar al personal de ésta que hoy cumple dicha función, en el combate del delito en el territorio nacional, genera nuevamente la discusión sobre el empleo de las Fuerzas Armadas en misiones de seguridad y denota otra vez el desconocimiento sobre la diferencia entre Fuerzas Armadas y de Seguridad, lo cual va en línea con declaraciones anteriores (https://www.pucara.org/post/qu%C3%A9-esperar-en-defensa-de-pol%C3%ADticos-que-no-comprenden-para-qu%C3%A9-existe ).

Es cierto que, en la actualidad, donde los conflictos asimétricos y la guerra híbrida vienen ganando terreno, en donde, cuando ocurre un ataque, puede ser muy difusa la diferencia entre actores estatales y no estatales, es cada vez más importante la interacción entre las Fuerzas Armadas y de Seguridad para hacer frente a determinadas amenazas, como son el terrorismo o los ciberataques. Pero, no es menos cierto que solo debe limitarse a esos casos excepcionales o cuando, por alguna cuestión particular, sea necesaria su participación en tareas de seguridad (como lo establece el marco legal actual).



También es cierto que la Seguridad Nacional, entendiéndose como la seguridad de quienes habitan una nación, sus bienes y sus intereses, es tarea tanto del sistema de defensa como del de seguridad interior, ya que ambos contribuyen a generar esta situación de seguridad, entendiéndose a ésta como la “Ausencia de peligro o riesgo”, y que ese riesgo puede provenir tanto desde adentro como de afuera del país y desde actores estatales o no estatales.

Sin embargo, hay una gran diferencia entre lo que son las Fuerzas Armadas y las de Seguridad, empezando por el simple hecho de que las primeras, a la hora de actuar, se enfocan en aniquilar al enemigo y las segundas solo a detener su accionar de la manera menos violenta posible. Las Fuerzas Armadas no son Fuerzas de Seguridad de mayor tamaño, sino que tienen una misión distinta, entrenamiento distinto y capacidades distintas.

Así, si bien ambas hacen a la “seguridad nacional”, las Fuerzas Armadas lo hacen protegiendo al país frente a amenazas externas y las de Seguridad lo hacen actuando frente al crimen, y solo cuando existe una situación excepcional podrían unas cubrir parte del rol de las otras. Sin embargo, lo que plantea el precandidato no es algo excepcional, sino permanente.


Por otro lado, si bien hay un crecimiento del narcotráfico en la Argentina, éste se viene dando principalmente por inacción e ineficiencia del estado y no por falta de personal para hacerle frente.

Más allá de que el marco legal actual impediría a las Fuerzas Armadas actuar ante cualquier delito que ocurra en las áreas en donde se las despliegue (solo podrían llamar a la Policía o responder el fuego si son atacadas), tampoco tienen el entrenamiento ni la doctrina adecuadas para actuar.

Por otro lado, esta medida, no busca más que un efecto electoral y es claramente populista, ya que difícilmente resuelva el problema de fondo de la inseguridad. Hoy no falta personal de las Fuerzas de Seguridad para desplegar en las calles, ya que las cuatro fuerzas federales (Policía Federal, Prefectura Naval, Gendarmería Nacional y Policía de Seguridad Aeroportuaria) reúnen más de 140.000 efectivos. El problema radica en que no se los usa debidamente, carecen de medios y de presupuesto para operar, no se realiza inteligencia criminal que permita prevenir (en su propuesta no se refiere en ningún momento a éste punto https://www.infobae.com/politica/2023/07/20/rodriguez-larreta-presento-en-rosario-los-14-puntos-de-su-plan-de-seguridad-para-luchar-contra-el-delito-y-el-narcotrafico-el-ejercito-va-a-blindar-las-fronteras/ ) y tampoco el estado trabaja de manera integral para prevenir el delito ni brindarle a los sectores más carenciados los servicios y posibilidades para evitar que caigan en la delincuencia.

En otras palabras, el problema no se resuelve convirtiendo al Ejército en una Guardia Nacional, sino con un estado eficiente.



Efecto en el Ejército

Desplegar al Ejército a las fronteras a cumplir tareas de seguridad significa además desvirtuar a la Fuerza de su tarea original, que es estar preparados de la mejor manera posible para defender a la Nación. Además, implica que el personal empiece a cumplir tareas para las cuales no decidió seguir la carrera militar, lo que llevaría a una mayor desmotivación en el personal de la fuerza (ya afectado por los bajos salarios y la baja operatividad) y podría acarrear a un éxodo de personal.

A la vez, si el Ejército comienza a realizar este tipo de tareas, significa menos tiempo y recursos para entrenamiento y adiestramiento. Contrariamente a lo que algunos políticos piensan y han expresado en público, el personal militar no está en los cuarteles sin hacer nada (y si no tiene nada para hacer es porque el estado no le da los medios para cumplir sus tareas). Los militares, en tiempos de paz, deben pasar su tiempo capacitándose, entrenándose, adiestrándose y ejercitándose para estar en las mejores condiciones para poder cumplir su misión cuando les es requerido. Así, en condiciones ideales, el estado debería brindar los recursos y medios para que esto sea posible y no plantear que, dado que el estado falla en brindar esos recursos y entonces no pueden adiestrarse, se los despliegue en las fronteras.

Como ya ocurrió en los años 90 cuando se decidió emplear a la Prefectura Naval en el patrullaje de calles y debió invertir recursos en material como autos patrulleros y en entrenar personal para una función ajena a la fuerza, de cumplirse lo planteado por Rodríguez Larreta, el Ejército debería empezar a enfocarse en el entrenamiento del personal y la compra de equipamiento que no hace a su función, afectándose así aún más la disponibilidad de recursos para el material que realmente necesita la fuerza.

La idea planteada por Rodríguez Larreta apunta a generar un Ejército que pierda la razón para la cual fue creado y que deje de estar preparado para cumplir sus funciones, que el país pierda su capacidad de defensa (y, por lo tanto, su soberanía) y que se convierta en una Fuerza de Seguridad, en un país en donde ya existen cuatro Fuerzas de Seguridad Federales.

Si bien se ha planteado que hay países en donde el Ejército protege las fronteras, esos países carecen de fuerzas con el rol de la Gendarmería Nacional, cuya misión principal es esa. E incluso en países como Colombia, con una problemática de grandes proporciones y larga data con el narcotráfico, el combate de éste es misión de la Policía Nacional y solo en casos puntuales las Fuerzas Armadas prestan apoyo (éstas sí se dedican a la guerra contra la guerrilla, por considerarse que es una cuestión de defensa, ya que se atacan de manera directa las instituciones del estado).

Resulta preocupante que, ante el enorme deterioro que vienen sufriendo las Fuerzas Armadas de Argentina, que no se ha revertido en los últimos 40 años, lejos de plantear su recuperación, alguien que apunta a ganar las elecciones plantee acelerar ese deterioro, yendo directamente a acabar con la razón de ser de las Fuerzas Armadas.


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