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El Ejército Brasileño y Ambipar Robotics avanzan en el desarrollo de un UGV armado con el misil MAX 1.2 AC

 

El Ejército Brasileño dio un nuevo paso en su programa de modernización de capacidades terrestres al presentar los avances del desarrollo de un vehículo terrestre no tripulado (UGV) armado con el misil antitanque MAX 1.2 AC, un proyecto llevado adelante en conjunto con Ambipar Robotics y el Centro Tecnológico del Ejército (CTEx). La iniciativa fue exhibida durante el Simposio de Sistemas No Tripulados de la Fuerza Terrestre 2026 (SSNTFT 2026), realizado en Brasilia, donde se expusieron diversas soluciones destinadas a ampliar el empleo de sistemas autónomos en operaciones militares.

El desarrollo busca dotar a la Fuerza Terrestre de una plataforma capaz de ejecutar misiones de reconocimiento armado y apoyo de fuego sin exponer directamente al personal, incorporando tecnologías de control remoto y una arquitectura modular que permite adaptar el vehículo a distintos perfiles de misión.

Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es la integración del misil MAX 1.2 AC, desarrollado por la empresa brasileña SIATT, sobre una estación de armas instalada en el UGV. El prototipo exhibido incorpora un lanzador doble para este misil antitanque, permitiendo atacar vehículos blindados y otros objetivos terrestres desde posiciones protegidas y a distancia.

Durante el mismo evento, el Ejército Brasileño también presentó una versión del misil instalada sobre el vehículo blindado VBMT-LR Guaicurus 4×4, evidenciando la intención de estandarizar el empleo del MAX 1.2 AC en distintas plataformas terrestres. Esta estrategia busca incrementar la flexibilidad operativa y simplificar aspectos vinculados al entrenamiento, mantenimiento y logística del sistema de armas.

El MAX 1.2 AC constituye el principal desarrollo brasileño en materia de misiles antitanque. Diseñado y fabricado por SIATT, el sistema emplea guiado láser de tipo SACLOS (Semi-Automatic Command to Line of Sight), mediante el cual el operador mantiene el blanco en la mira mientras el misil corrige automáticamente su trayectoria hasta el impacto. El sistema posee un alcance superior a los dos kilómetros y está concebido para neutralizar vehículos blindados, posiciones fortificadas, embarcaciones ligeras y, bajo determinadas condiciones, helicópteros de vuelo estacionario o a baja velocidad.

La integración de este misil en un vehículo terrestre no tripulado representa un salto cualitativo para las capacidades de combate del Ejército Brasileño. Además de reducir la exposición de los operadores en escenarios de alta amenaza, la combinación entre plataformas robóticas y armamento guiado responde a una tendencia cada vez más extendida entre las principales fuerzas armadas del mundo, que buscan incrementar la supervivencia de sus tropas mediante sistemas capaces de operar en primera línea de forma remota.

El desarrollo del UGV también se enmarca en el proceso de transformación tecnológica impulsado por el Ejército Brasileño, que en los últimos años ha incrementado las inversiones en robótica, inteligencia artificial, vehículos autónomos y sistemas de mando y control. Durante la reciente Operación Membeca 2026, el comandante del Ejército destacó que la incorporación de drones, plataformas no tripuladas y nuevos sistemas de armas constituye una de las prioridades para la modernización de la Fuerza Terrestre.

Para la industria de defensa brasileña, el proyecto representa además un ejemplo de integración de tecnologías desarrolladas localmente. Tanto la plataforma robótica de Ambipar Robotics como el misil MAX 1.2 AC son productos nacionales, reflejando la estrategia de fortalecer la autonomía tecnológica del país mediante soluciones concebidas y fabricadas por empresas brasileñas.

Aunque el sistema continúa en fase de desarrollo y evaluación, su evolución confirma el interés del Ejército Brasileño por incorporar vehículos terrestres no tripulados armados dentro de su estructura operativa. De concretarse su incorporación al servicio, el UGV equipado con el MAX 1.2 AC ampliará significativamente las capacidades de reconocimiento, apoyo de fuego y combate antiblindaje de la Fuerza Terrestre, posicionando a Brasil entre los países de la región que avanzan en la integración de sistemas robóticos armados para operaciones terrestres.

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