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El futuro de las operaciones conjuntas y multidominio

Por Gonzalo Mary

 

El entorno de seguridad global está experimentando una rápida evolución, dando lugar a un panorama incierto y diverso. Los dominios tradicionales, tierra, mar y aire, están convergiendo y expandiéndose hacia el espacio, convirtiéndolo en un nuevo escenario para la competencia y la confrontación. Además, los conflictos ya no se limitan a campos de batalla físicos, sino que se están extendiendo hacia los dominios de la información y el ciberespacio.

En 1958 Dwight D. Eisenhower ya afirmaba que las operaciones separadas en tierra, mar y aire habían desaparecido para siempre y que, si los Estados Unidos alguna vez volvían a estar involucrados en una guerra, debían combatir en cada dominio con todas sus fuerzas en un esfuerzo concentrado.



En las últimas dos décadas hemos visto el desarrollo acelerado de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial y los sistemas de armas autónomos, creando oportunidades a actores estatales y no estatales para proyectar poder e involucrarse en guerras no convencionales.

La amenaza de ciberataques, campañas de desinformación y la militarización de tecnologías emergentes ha elevado la preocupación por la vulnerabilidad de infraestructura crítica. Estas dinámicas han intensificado la competencia por la influencia, los recursos y la ventaja estratégica, lo que ha resultado en tensiones y rivalidades en aumento.

Aunque los principios fundamentales de la guerra, como el choque de voluntades, la fuerza, la fricción, la incertidumbre y los centros de gravedad, han perdurado durante siglos, otras características están en constante evolución. Los avances tecnológicos, desde los sistemas de inteligencia artificial generativa y la mejora en la colaboración humano-máquina, hasta las armas hipersónicas y la computación cuántica, están remodelando el carácter de los conflictos bélicos; y aquellas naciones que sepan capitalizar estos cambios obtendrán ventajas significativas en el campo de batalla.

El jefe del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, General Mark A. Milley, explica que esta nueva realidad se caracteriza por sus altos niveles de dinamismo estratégico que desafían las nociones tradicionales de seguridad, y que caracteriza en tres aspectos: "más", "más rápido" y "en todas partes".



"Más" por la proliferación y abundancia de tecnologías avanzadas que remodelan el panorama de seguridad global, incluidas las capacidades militares convencionales, desafiando la capacidad de producción para mantener el apoyo en situaciones de alta intensidad y consumo. "Más rápido" destaca la velocidad a la que ocurren acciones y reacciones en esta nueva realidad. Mientras que "en todas partes" refleja el alcance y el impacto en expansión de nuevas tecnologías, así como las consecuencias ilimitadas y simultáneas de las amenazas emergentes.

En este contexto se requiere de una fuerza conjunta para integrar capacidades en cada uno de los dominios. Es fundamental repensar la competencia, la disuasión y el conflicto, y adoptar una visión operativa conjunta que impulse el desarrollo y diseño de las operaciones futuras. La sincronización de esfuerzos es esencial en el complejo panorama de la guerra moderna, que no solo se trata de estrategia y tácticas, sino también de colaboración, innovación y el papel crítico de aliados, socios e industria.

En este entorno de seguridad global cada vez más complejo y dinámico, las fuerzas militares se enfrentan a la necesidad de adaptarse y mantener su ventaja mediante la adopción de operaciones multidominio. Este enfoque implica abordar eficazmente múltiples amenazas en los cinco dominios operativos de tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio, mientras se sincroniza el instrumento militar con otros.

Cada fuerza aborda el diseño y desarrollo de sus doctrinas de manera que aprovecha su idiosincrasia y experiencias únicas, preparándose mejor para sus misiones. Sin embargo, el futuro de las operaciones conjuntas requiere un enfoque más fluido y ágil, que permita al instrumento militar adaptarse y responder efectivamente a diferentes contextos y amenazas.

En las operaciones futuras se vislumbra una fuerza conjunta e integrada, donde todos las fuerzas operen en todos los dominios de combate como una fuerza unificada. Esto implica una planificación sincronizada, conciencia situacional compartida y comunicación efectiva. Además, se prevé la rápida recopilación, análisis y difusión de información utilizando tecnologías avanzadas.



La importancia de construir resiliencia también es fundamental, anticipando, absorbiendo, resistiendo, adaptándose y recuperándose de impactos y perturbaciones.

Para proporcionar capacidades ágiles, confiables y creíbles en combate, es necesario un enfoque profundo y un estudio exhaustivo de los adversarios y del entorno operativo.

Las fuerzas conjuntas deben adaptarse rápidamente para enfrentar los desafíos futuros. No existe una solución fácil o rápida; se requiere un pensamiento expansivo que trascienda los dominios operativos convencionales. Es crucial entender que este es un esfuerzo continuo, ya que nuestras capacidades necesarias están en constante evolución para reflejar la fluidez de la guerra moderna.

La interoperabilidad y la intercambiabilidad, claves para el éxito de las operaciones militares conjuntas, se logran con mayor facilidad cuando se implementan desde el inicio de la planificación. Abordar estos aspectos de forma temprana facilita la integración de las diferentes fuerzas y capacidades, permitiendo una respuesta más efectiva ante las amenazas emergentes.

Las operaciones militares conjuntas se encuentran en un proceso de evolución hacia una mayor sincronización de esfuerzos y explotación de sinergias entre diferentes actividades. Este enfoque busca optimizar el uso de recursos y capacidades, maximizando la eficacia en el cumplimiento de las misiones.

Las operaciones militares conjuntas deben estar orientadas a la creación de dilemas para los adversarios. Esto implica el desarrollo de opciones de respuesta flexibles e innovadoras que puedan sorprender y desafiar las expectativas del enemigo.

Los desafíos que presenta cada nación y el cambiante entorno de seguridad actual no deben ser vistos como obstáculos o limitantes, sino como oportunidades para el crecimiento y la adaptación. La fuerza conjunta debe aprovechar estas coyunturas para desarrollar nuevas estrategias y capacidades, impulsando la innovación y la colaboración entre las diferentes ramas de las fuerzas armadas.

En un contexto donde la velocidad y la complejidad son cada vez más relevantes, la capacidad de adaptarse y evolucionar será determinante para el éxito en el futuro. La fuerza conjunta debe estar preparada para afrontar los nuevos desafíos y aprovechar las oportunidades que se presenten, manteniendo una constante actualización de su pensamiento estratégico y una inversión sostenida en modernización, innovación y colaboración.

 



No solo una cuestión militar

Maximizar las contribuciones académicas, materiales e innovadoras en todos los dominios se ha vuelto crucial para el desarrollo efectivo de las operaciones militares conjuntas. La resiliencia, tanto en los ámbitos civiles como militares, busca mantener un ciclo virtuoso de previsión estratégica, conceptos y doctrina, capacidades y talentos. La previsión estratégica, al permitir anticipar tendencias emergentes, riesgos y oportunidades en el entorno global, se convierte en un elemento fundamental para la adaptación y la preparación ante los desafíos cambiantes.

Al analizar las dinámicas geopolíticas, los avances tecnológicos y los cambios sociales, es posible identificar amenazas potenciales y desarrollar estrategias proactivas para mitigarlas, lo que refuerza la capacidad de respuesta de la fuerza conjunta frente a los nuevos retos que surgen en el entorno operativo.

En un paisaje tecnológico en rápida evolución, se observa una brecha cada vez mayor entre el ritmo de desarrollo tecnológico del sector privado y su adopción por parte de los gobiernos. La industria privada constantemente busca nuevas tecnologías, y adaptarse para incorporarla es vital para llevar la tecnología a las operaciones de fuerzas conjuntas. La tecnología debe ser utilizada para agilizar y mantener altos estándares. Esto no es una opción sino un imperativo para mantener el ritmo de los desarrollos tecnológicos. Es esencial asegurar que los avances en tecnología de defensa no se estanquen, y que las estrategias de combate estén informadas por los últimos avances tecnológicos y sean adaptables al mundo moderno.

La modernización de la fuerza conjunta debe ser abordada desde un enfoque integral que combine las necesidades estratégicas "de arriba hacia abajo" con los requisitos operativos "de abajo hacia arriba". Este enfoque permitirá asegurar que las inversiones en modernización se ajusten a las necesidades reales del campo de batalla.

Dado que los recursos son limitados, es fundamental llevar a cabo un exhaustivo análisis de valor para priorizar las inversiones en función de su relevancia estratégica, impacto operativo y rentabilidad. Es crucial identificar las oportunidades donde nuevas capacidades puedan llenar las brechas en el campo de batalla. A partir de este análisis, se pueden priorizar las inversiones en nuevas tecnologías y estrategias que permitan cerrar las brechas más críticas y, de este modo, aumentar la eficacia de la fuerza conjunta.

Se deben desarrollar y mantener continuamente capacidades militares sólidas, aprovechando los avances en tecnología. Atraer y retener al personal calificado, proporcionando oportunidades de crecimiento profesional, pueden capitalizar los talentos de sus recursos humanos para anticipar mejor los desafíos futuros.

Las recomendaciones a los formuladores de políticas sobre las capacidades más importantes para desarrollar deben basarse en un análisis exhaustivo de las necesidades actuales y los posibles escenarios de conflicto futuro. La colaboración entre los diferentes actores involucrados en la planificación y ejecución de las operaciones militares conjuntas es fundamental para asegurar la eficacia de las recomendaciones.

 



Wargaming

Los juegos de guerra son una herramienta poderosa para mejorar los procesos de toma de decisiones. La experimentación conjunta que incorporan los juegos de guerra y simulación se está convirtiendo en un elemento vital para el desarrollo y la mejora continua de las operaciones militares conjuntas. Este enfoque alimenta el descubrimiento y la creación de conocimiento, lo que a su vez conduce al refinamiento y la mejora de productos, procesos, sistemas y organizaciones en el ámbito militar.

Cada componente de una fuerza conjunta desempeña un papel crucial en este proceso de experimentación, aportando ideas y recursos críticos para refinar y probar nuevas estrategias y tecnologías. Los experimentos proporcionan lugares para desafiar los paradigmas de mando y control (C2) de combate actuales, permitiendo que la fuerza conjunta explore estructuras de C2 innovadoras que faciliten operaciones en todos los dominios y geografías.

Además, al simular situaciones realistas y desafiantes, los líderes pueden practicar la toma de decisiones bajo presión y evaluar la efectividad de diferentes cursos de acción.

La OTAN y otras organizaciones similares utilizan la experimentación y simulación para evaluar la viabilidad y eficacia de las posibles capacidades, lo que ayuda a reducir los riesgos y costos asociados con la implementación a gran escala. Los juegos de guerra son especialmente útiles para identificar vulnerabilidades, probar estrategias, refinar conceptos operativos y evaluar posibles tecnologías emergentes y disruptivas para nuevas oportunidades.



 

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