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La crisis de las bases entre Estados Unidos y EspaƱa


Trump anunció que va a cortar el comercio entre EEUU y España en represalia por la negativa del gobierno de Pedro SÔnchez a autorizar el uso de las bases españolas de Rota y Morón para atacar a IrÔn. Vamos a explicar la situación y a despejar fantasías en torno a un debate estéril.


Por Ignacio Montes de Oca


Lo primero que hay que ver es si Trump tiene las herramientas para concretar su amenaza. Por ahora no hay una Orden Ejecutiva, de manera que hay que ver los instrumentos que tiene a su disposición para aplicar esta medida. Explorarlas nos va a permitir separar utopía de realidad. La Sección 122 de la Trade Act de 1974 permite al presidente fijar aranceles de hasta el 15% en todas las importaciones para abordar desequilibrios en la balanza de pagos. Pero EEUU importa de España U$S 21.500 millones y le exporta 26,500 millones. No hay desequilibrio. No sirve. AdemÔs, tiene un tope y no es un embargo total. Pasemos a la Sección 232 de la Trade Expansion Act de 1962. Autoriza restricciones a importaciones que amenacen la seguridad nacional, pero se aplica en casos como aranceles o cuotas. Y no hay amenaza a la seguridad a la vista. Tampoco le sirve la Sección 301 de la Trade Act de 1974 porque establece aranceles o sanciones luego de probar que existen prÔcticas comerciales injustas. Se tiene que basar en un expediente elaborado por el Representante Comercial de EEUU (USTR). No es el caso.

A través de la Oficina de Industria y Seguridad (BIS) o la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), puede restringir exportaciones de tecnología o bienes sensibles a España. Pero eso no es un corte total del comercio y nos queda la navaja suiza arancelaria, la IEEPA. La IEEPA permite declarar emergencias económicas y regular o prohibir transacciones con países específicos, incluyendo embargos totales en importaciones/exportaciones. Pero la Corte Suprema acaba de limitar el uso de esa norma y recordarle a Trump que existe el Congreso.

Si bien la IEEPA permite acciones drĆ”sticas, para aplicarla debe existir una emergencia nacional por una amenaza ā€œinusual y extraordinariaā€ de origen extranjero y esa evaluación no puede ser hecha discrecionalmente por el presidente, sino que debe ser avalada por el Congreso. Aunque moderara su amenaza y la redujera a un castigo arancelario, la Corte Suprema ya le explicó que esta ley no autoriza al presidente a imponer tarifas y que Ć©stas constituyen un poder de imposición de impuestos reservado exclusivamente al Congreso por la Constitución.

Trump tiene mayoría circunstancial en el Congreso, pero también enfrenta una rebelión dentro de los republicanos por ignorar a sus legisladores en cuestiones de comercio internacional y porque su guerra arancelaria no es una buena publicidad en los distritos afectados por ella.

Pero ademÔs el mundo es algo mucho mÔs grande que lo que dice Trump. Del otro lado hay algo llamado Europa que existe hace algunos siglos y tiene algo que ver con este asunto. Empecemos por una obviedad: España es parte de la Unión Europea desde el 1 de enero de 1986. Es un dato importante porque una acción comercial en contra de cualquier miembro de la UE es tomada como una afectación a los 27 miembros. España no tiene una política comercial exterior autónoma, tal como lo establece el artículo 3 del Tratado de Funcionamiento de la UE. En consecuencia, no negocia acuerdos bilaterales comerciales independientes y descansa esa parte de su vida económica en Bruselas. Esa delegación implica que opera como un mercado único con una unión aduanera. Si es parte de algo mÔs grande, tocar una parte afecta al todo. Por eso, y de acuerdo con los mecanismos de la UE, una sanción unilateral contra uno de sus miembros activa el Instrumento Anticoerción Económica, que desplegaría una batería de medidas de represalias contra EEUU, que incluyen tarifas y restricciones económicas y financieras.



Von der Leyen ya le avisó públicamente a Trump que van a respaldar a España en esta instancia y otros funcionarios advirtieron que un corte de comercio implica la muerte definitiva del acuerdo por aranceles que se estÔ negociando y que ya viene muy manoseado por crisis similares.

Francia, Alemania, Reino Unido e Italia se alinearon con EEUU y le abrieron sus bases, pero no respaldaron una ruptura comercial con EspaƱa. Dentro de EEUU esa posibilidad tampoco fue recibida con entusiasmo. Fue tomada apenas como otro caso de retórica impulsiva. Es difĆ­cil que por el uso de 2 bases que pueden ser sustituidas por otras que tiene la OTAN en Europa, EEUU ponga en riesgo un canje de bienes con la UE de €908.400 millones y uno de servicios de $500.900 millones. Eso es lo que peligra, no los U$S 47.000 millones con EspaƱa.

Mas difícil aun es que con el grado de integración económica y cultural de la UE y EEUU los legisladores estadounidenses pongan en riesgo al que en 2025 pasó a ser su principal socio externo. Y una orden, un deseo o un enojo presidencial no alcanzan para cambiar esa realidad.

Para terminar, el gasto militar de España puede originar debate, pero tampoco es argumento legal para un corte del comercio. Y la postura de SÔnchez respecto al ataque a IrÔn es objeto legítimo de apoyos y críticas, pero no modifica en nada la realidad de las normas exteriores. Y es aquí en donde se divide el cañito; por un lado, van las opiniones de Trump, SÔnchez, Von der Leyen y cada usuario de las redes sociales y por el otro los datos de la realidad. En definitiva, otra vez se armó un debate sobre el sexo de los Ôngeles y la legalidad del auto tune.

La relación no estÔ Rota y hay que ser un poco Morón para tomar como seria la amenaza. Es como las maniobras en torno a Groenlandia destinadas a captar audiencias. La realidad es mucho mÔs atractiva que cada episodio de Netflix Casa Blanca. Y conocer, todavía mÔs interesante.


PS: mi posición frente a este partido es que no me interesa ni siquiera ir al estadio. Es otra peleíta en la que ya sabíamos la postura de los personajes, pero no admitimos que ambos buscan atraer a su público y seguimos mirando. Mejor usar el tiempo para algo mÔs útil.

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