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La erupción política es europea, no solo francesa

hace 8 minutos
5 min de lectura

Por Ignacio Montes de Oca


Si bien las miradas están puestas en los disturbios en Francia, existe una ola masiva de descontento social que recorre las principales capitales y ciudades de Europa, impulsada en gran medida por comunidades estudiantiles y sindicatos que protestan contra el encarecimiento de la vida, el deterioro de los servicios públicos y la privatización de bienes estatales.

En Francia, localidades como París, Limoges, Marsella, Lyon y Lille están en el epicentro de violentos disturbios que inicialmente comenzaron en el sector educativo por la escasez de docentes y aulas superpobladas, pero que rápidamente escalaron con la adhesión de los trabajadores, grupos radicales de izquierda y los llamados "Chalecos Amarillos", quienes hoy exigen frenar la inflación en combustibles y la pérdida de su poder adquisitivo.

Simultáneamente, en ciudades italianas como Milán, Turín, Bolonia y Roma, miles de jóvenes han protagonizado el denominado "Día de no-Meloni", una masiva movilización estudiantil orientada a exigir mejoras en los presupuestos educativos, repudiar el incremento en el gasto militar de su gobierno y rechazar el encarecimiento del nivel de vida bajo consignas que exigen más dinero para las escuelas y no para la guerra.

La situación se repite en la península ibérica y el norte del continente. En España, habitantes de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y La Coruña marchan tras el desalojo y fallecimiento de una anciana en la capital. Piden regular el precio de los alquileres, frenar los desahucios y garantizar el derecho a la vivienda.

Por su parte, en Bélgica, estudiantes universitarios se concentran en Bruselas y Lieja para frenar planes del gobierno que reducen el gasto en salud y educación, lo que afecta a las comidas escolares, los subsidios al transporte y los materiales de estudio.

En Portugal, las marchas en Lisboa y otros centros urbanos señalan la diferencia entre los salarios y el costo de la vivienda.

El escenario en Albania incluye protestas en Tirana y otras ciudades que piden la dimisión del primer ministro Edi Rama ante denuncias de corrupción y reformas legales. El origen de las marchas radica en el rechazo a un proyecto turístico en zonas protegidas de la costa del Adriático y la isla de Sazan. Ciudadanos y grupos ecologistas se oponen al acuerdo comercial firmado con la empresa de Jared Kushner e Ivanka Trump. Sin embargo, el movimiento escaló recientemente debido a la incorporación de estudiantes de secundaria y universitarios, quienes expandieron los reclamos hacia el alto costo de la vida estudiantil, el aumento de las tarifas educativas, el deterioro de la infraestructura en las universidades y la falta de empleo para los jóvenes.

Alemania también registra manifestaciones. Unas 175,000 personas salieron a las calles en más de 15 ciudades como Núremberg, Essen, Fráncfort, Hannover y Berlín— convocadas por la Confederación Alemana de Sindicatos (DGB) para defender el estado del bienestar y rechazar los planes de recortes, e impuestos del gobierno del canciller Friedrich Merz. Además de las marchas sindicales y las protestas contra el avance de partidos de extrema derecha tras los resultados electorales en Sajonia-Anhalt, estudiantes marchan en Berlín contra la vuelta del servicio militar obligatorio.

En Grecia hay más movilizaciones. En Atenas y Tesalónica, estudiantes universitarios y sindicatos del sector público marchan hacia el Parlamento. Los manifestantes protestan contra la pérdida de poder adquisitivo debido al precio de los alimentos, la dificultad de los jóvenes para acceder a una vivienda y los planes del gobierno para permitir universidades privadas. Además, exigen la renovación de los convenios colectivos para aumentar los salarios frente a la inflación.

Agrupaciones de izquierda aprovechan el malestar en varios puntos de Europa para incluir consignas contra la ayuda económica y militar a Ucrania. Bajo el argumento de que los fondos públicos deben ir a la sanidad, la educación y la vivienda interna, estos grupos promueven la neutralidad. En los focos de protesta de Alemania, Italia y Bélgica se observan pancartas que responsabilizan a la OTAN por el conflicto y piden el fin de los subsidios militares a Kyiv, coincidiendo en este punto con los reclamos de sectores de extrema derecha.

Estas protestas no se originan en divisiones religiosas, tensiones étnicas ni responden a una sola parte del espectro político, sino que nacen de una base social transversal que incluye a estudiantes, sindicatos y ciudadanos comunes de diversas tendencias ideológicas unidos por el descontento económico.

Es importante aclarar este dato, porque las redes le están dando a algunos movimientos un carácter de reclamo religioso o ideológico para presentarlo como evidencia de una confabulación o de un inminente Armagedón que va a cambiar a los gobiernos por teocracias o soviets. Esos mensajes son efectivos para lograr vistas, pero no explican el escenario real que origina las protestas en sociedades tan diversas y de composiciones variadas.

El factor común de todas estas movilizaciones es el deterioro de las condiciones materiales de vida, centrado en el encarecimiento de la vivienda, la inflación y los recortes en los servicios públicos. En Francia y España, se dan en la proximidad de las elecciones. En cuatro de los siete países son posteriores a los anuncios de ajustes del gobierno. En cuatro por el costo de vida. En los siete los jóvenes son los protagonistas centrales.

En cinco de los siete países con protestas, la convocatoria oficial y la organización de las marchas están dominadas por sindicatos obreros y federaciones estudiantiles alineados con la izquierda o el espectro progresista, mientras que los dos países restantes se mantienen bajo dinámicas transversales o lideradas por la oposición civil.

Al juntar las quejas de los jóvenes, el precio de la vivienda y los recortes del Estado, los movimientos sociales alteran el panorama político. ¿hay injerencias externas? Lo único concreto es una denuncia del Consejo de la Unión Europea y el Parlamento Europeo que identificó a redes vinculadas con el Kremlin como la principal amenaza de interferencia extranjera. Esa estrategia se monta sobre algoritmos empáticos con ese propósito.

Las autoridades de inteligencia en Alemania y Francia señalan el uso de granjas de bots e inteligencia artificial para difundir noticias falsas que exacerban la indignación. El objetivo es introducir consignas contrarias a la OTAN y al apoyo militar a Ucrania dentro de las marchas estudiantiles y sindicales, buscando debilitar el consenso europeo respecto al conflicto bélico.



Esto no les resta valor a otros enfoques, pero previene sobre el otro gran contexto en el que algunas marchas tienen más efecto publicitario que otras y sobre los recortes de la información para anclar la opinión en torno a determinadas ideas.

Este escenario con tantas manifestaciones simultaneas muestra en definitiva el fracaso de diferentes partidos europeos para dirigir la frustración interna hacia cambios políticos de fondo, una crisis en los planes de austeridad de los gobiernos, y que la presión política contenida puede generar una inestabilidad en la que varios actores son a la vez gestores ocultos y posibles beneficiarios cuando la crisis se calme.

Pregunta al lector ¿cuántas de estas marchas vieron en sus cuentas hoy? Todas se dieron en paralelo.

Ce n'est pas seulement la France, mon ami…

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