La guerra en Irán está costando demasiado y la falta de aliados, aún más
- Ignacio Montes de Oca
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Por Ignacio Montes de Oca
Trump afirmó que la guerra con Irán se ha terminado y que derrotó a su enemigo. No obstante, la crisis sigue adelante y ambos bloquean aun el paso por el Estrecho de Ormuz y el Golfo de Omán. La decisión de terminar la guerra se explica por un reporte lapidario del CSIS.
EEUU llegó a un punto de quiebre en su estrategia contra Irán. Ya destruyó sus fuerzas armadas y gran parte de su arsenal de misiles y lanzadores. Pero los últimos informes indican que los iraníes aún conservan una capacidad suficiente para lanzar hasta 1.000 proyectiles balísticos. Irán ocultó parte de sus sistemas en redes de túneles y cuevas, lo que dificulta considerablemente su localización y destrucción. CNN, citando fuentes de inteligencia, advirtió que los iraníes podrían haber conservado hasta la mitad de su capacidad de lanzamiento. Puede creerse o no a CNN, pero por precaución se debería tomar el escenario más pesimista y calcular la capacidad de EEUU en una eventual tercera ronda de combates a partir de ese dato. Veamos entonces el reporte de misiles usados que publicó el CSIS hace unas horas.

El cuadro solo refleja el gasto de munición de los EEUU. No contemplan los 803 misiles balísticos interceptados por los países del golfo, que a razón de un mínimo de dos Patriot por misil arrojan un mínimo de 1.600 adicionales. Es un cálculo conservador porque en ocasiones se usaron hasta 6 misiles e incluso se usaron contra drones. EEUU debe cubrir el faltante porque Irán conserva su capacidad de ataque y EEUU no puede dejar indefensos a sus aliados que dependen de los Patriot ante la falta de un sustituto. La situación es dramática en algunos casos, más aun porque Irán amenaza con reiniciar sus ataques luego del fracaso de las negociaciones en Islamabad. Kuwait usó el 75% de sus existencias de Patriot, Baherin el 87% y es probable que EAU y Arabia Saudita hayan usado la mitad.
En un cálculo rápido podemos estimar que el déficit urgente es de unos 2.800 Patriot en Medio Oriente. Lockheed Martin fabrica 550 misiles Pask 3 MSE al año en su planta de Camden, Arkansas. A ese ritmo, le va a llevar 4 años y medio solo para cubrir el faltante generado. La empresa alemana de defensa Rheinmetall comenzará a producir misiles Patriot, pero no se espera que salgan los primeros lotes hasta 2027 y las cantidades deberían ser aún mayores que las que fabrica EEUU para reducir la brecha. Y muchos de ellos deben ir a usuarios europeos. Es que hay que sumar otros 600 usados por Ucrania contra Rusia que Kyiv y los países europeos necesitan reponer de manera urgente y en este punto ya superamos las existencias de 2.300 de preguerra. De a poco comienza a entenderse la dimensión del problema que enfrenta Occidente. A esta altura queda claro que EEUU esperaba una operación de corta duración como la de Venezuela y con una resistencia mínima. La otra opción es que sabía la respuesta que iba a recibir y decidió perder casi la mitad de sus arsenales clave, lo cual no parece del todo razonable.

El problema está en la manta corta. EEUU retiró misiles THAAD de Corea del Sur y le avisó a Japón que iba a postergar la entrega de 400 misiles Tomahawk en el momento en que Tokio busca rearmarse ante el riesgo que percibe de una acción militar de China en toda la región. Al mismo tiempo los países bálticos y escandinavos denunciaron demoras en las entregas de misiles antiaéreos y otras municiones críticas de parte de EEUU. Desde Washington invocan el mismo motivo y es la prioridad de Medio Oriente y la necesidad de hacer frente a faltantes de munición.

En el campo de batalla, el agotamiento de las existencias de misiles de largo alcance obligó a usar munición menos sofisticada y a acercarse a los blancos a alturas más riesgosas. El derribo del F-15E usando probablemente un MANPADS sea la consecuencia más visible de esa decisión. Rusia y China encontraron en Irán una lija para desgastar las bases militares de la alianza occidental. Trump le da un grano más grueso a esa lima con sus peleítas de baja calidad contra sus aliados tradicionales recortando la ayuda a Ucrania o amenazándoles en Groenlandia.

El problema es la última ventana del cuadro. El tiempo es una y otra vez la herramienta preferida del Eje, más aun si cuentan con la ayuda de los atolondrados. Trump culpó a Zelensky, a Biden, a Obama y por poco a Britney Spears por los faltantes de misiles en EEUU. En un mundo racional EEUU estaría invocando la capacidad productiva conjunta propia y de sus aliados para rellenar y aumentar sus arsenales. Pero el artofdil, el ballroom, el líder que nunca se equivoca y estos europeos que son todos wokes y débiles. Putin, Mojtaba y Xi, sonríen.

Rusia le aporta tecnología y un refuerzo de drones a Irán y ambos usan a China como retaguardia industrial. Se le suma Corea del Norte y juntos hacen lo que Occidente debería hacer y es actuar como una coalición que se sostiene en las capacidades mutuas. Rusia, por ejemplo, desgasta los arsenales de Patriot y de otros sistemas antiaéreos occidentales en Ucrania con decenas de miles de drones de diseño iraní. China ayuda a la producción en escala y el pequeño Kim colabora con misiles. Irán, ahora ayuda al desgaste.

Ucrania el ofreció a EEUU fabricar los Patriot pero aún sigue esperando las licencias, Europa quiere aportar, pero EEUU bloquea su independencia de producción que a la vez los reforzaría por motivos que tienen más que ver con las carencias afectivas de Trump que con la geoestrategia. En diciembre de 2025, el subsecretario de estado Christopher Landau les dijo a los ministros europeos que no debían “dejar fuera a la industria estadounidense” del programa de rearme europeo. Su jefe, Marco Rubio, hizo una advertencia similar a los países bálticos el 25 de marzo. De todos modos, el programa de rearme europeo sigue adelante junto con el desacople de EEUU. Los europeos entienden que la dependencia les genera un problema y que en un mundo cada vez más conflictivo los deja fuera de un negocio global de U$S 693.000 millones anuales.

El problema está planteado: EEUU gastó una parte crucial de su arsenal en un mes de guerra y su industria militar no puede satisfacer a sus fuerzas armadas y al mismo tiempo a sus clientes que tienen urgencias de igual grado, como Ucrania y Europa respecto a las apetencias rusas. Vamos a los números. De acuerdo con el SIPRI de Estocolmo, EEUU vendió el 42% de todas las armas comerciadas en el mundo entre 2021 y 2025. Europa es su mejor cliente con el 38% de las compras. Le sigue Medio Oriente con un 33%. Francia es el segundo exportador con el 9.8% global. Según el SIPRI, “Casi la mitad de las armas transferidas a los estados europeos procedían de Estados Unidos (48 %), seguido de Alemania (7,1 %) y Francia (6,2 %)”. El reclamo de Trump para que sigan comprando y no fabriquen sus armas protege un negocio de U$S 381.000 millones en 2025. Pero si Trump no quiere que Europa desarrolle su industria militar y expanda la oferta de armas de Occidente, la capacidad de defensa del conjunto seguirá limitada a lo que EEUU pudiera crecer en su producción. Estamos hablando de un proceso que puede llevar años para concretarse.

En la guerra fría había un gran frente, ahora hay dos y un tercero en latencia y Trump, en lugar de agrandar la oferta militar industrial, prefiere ordenarles a los europeos que le compren a él y no desarrollen su propia base industrial y esperen a que llegue el Amazon con su pedido en 2030. El gasto de armamento en Medio Oriente expuso de una manera brutal el problema de este planteo porque además creó una indefensión en tanto el Pentágono termine de resolver sus problemas de stocks de misiles y armas de precisión. En el lado opuesto, hacen cálculos.

China envió a Irán perclorato para que fabrique más misiles. Cada uno de ellos consumirá al menos 2 Patriot o Thaad. Y entre todos los tipos de misiles balísticos podrían sumar hasta 8.000 proyectiles. 16.000 posibles objetivos. El modelo de angurria armamentística es demencial. Se puede plantear la solución de destruir ese arsenal antes que ser lanzado; es una idea genial hasta que se vuelve a la tabla y se recuerda que no solo se generó un faltante de misiles antiaéreos. También de misiles de crucero y armas de precisión usadas más allá de lo previsto.

Irán es un enemigo a escala pequeña en relación con China. Si una guerra de mes y medio consumió esta proporción del arsenal de los EEUU, hay que ver cuánto tiempo podría aguantar EEUU frene a China sabiendo que de aquí a 5 años no se volverán a los mínimos de febrero de 2026.
Ahora sumemos la demanda de dos frentes simultáneos – Medio Oriente y Ucrania – para luego pensar qué sucedería si hay que sumarle uno en Taiwán o con otro aliado de los EEUU que necesitara ser defendido de una China que decida aprovechar la oportunidad que se le presenta. Recordemos las cifras. Mas de mil Patriot usados por EEUU y otros 1.600 por los países petroleros, al menos. Y otros 600 por Ucrania. Entre 190 y 290 THAAD que deben sumar además entre 100 y 150 usados por EEUU para defender a Israel en la Guerra de los 12 Días. El conflicto con Irán no está resuelto y en el improbable caso de que no haya más ataques, de todos modos, hay que recargar los lanzadores. Por la experiencia aprendida, habrá que reforzar también los que podrían hacerle frente a China con las estimaciones de gasto actualizadas.
Es imposible saber cuántos misiles tiene exactamente China, pero por una regla de proporciones debería tener más que Irán, además de una fuerza aérea muy numerosa que aumenta la proyección de gastos en el hipotético caso que decidiera abrir otro frente a EEUU.
EEUU no tiene un panorama fácil si el Eje decidiera abrir tres frentes simultáneos. O un cuarto, porque el dictador de bolsillo en Pyongyang es otro candidato para actuar con oportunismo. El problema está en la tabla de gastos que vimos antes, el desastre más allá de sus márgenes. Mientras tanto Pekín y Moscú siguen su tarea de erosión del arsenal y Occidente partiéndose en facciones. Trump debiera ser avisado del riesgo en que ha metido a los EEUU y a sus aliados europeos y petroleros. Y a los que tienen disputas pendientes con China. O con Corea del Sur.
Es por eso que el problema inmediato y urgente es reponer el material gastado y el de fondo es darle fin a la estupidísima idea de fragmentar a Occidente y que EEUU siga aplastando cualquier brote de la industria militar europea o de cualquiera de sus aliados a lo largo del mundo.
Vamos al último problema que plantea la intención de Trump de monopolizar el mercado de armas: el precio. La guerra de bajo costo que planteó Irán no es nueva, ya la había exportado a Rusia al venderle el diseño de sus Shahed. Gastar U$S 40.000 por dron es sentido común puro. Al repetirse la experiencia en Medio Oriente el asunto quedó más claro: usar un Patriot de U$S 3,9 millones para derribarlo es como arar un campo con un Lamborghini. O dos o tres llegado el caso. Sin alternativas inmediatas, lo que se tiene a mano es igual de caro en medio de un ataque.
Un misil aire-aire Sidewinder cuesta U$S 85.000 por unidad, un AIM-120 unos U$S 100.000. La hora de vuelo de un caza F-15 ronda los U$S 30.000 y la de un F-35 los U$S 40.000. Aunque llegan tarde, EEUU podría ofrecer los drones anti drones Merops, que cuestan U$S 15.000.
Si dejamos la esfera estadounidense y buscamos el costo de un dron anti-drones ucraniano como el P1-SUN de la empresa ucraniana SkyFall, tenemos una alternativa cuyo coste es de U$S 1.000 a U$S 4.000 y que además cuenta hasta marzo con un historial de derribo de más de 1.500 drones Shahed. Lo mismo sucede con el misil antiaéreo alemán Iris-T con un costo individual de U$S 630.000 y que, si bien no sirve para hacerle frente a los misiles balísticos, puede aliviar la tarea frente a los de crucero o los drones en blancos de alto valor. Son las reglas del mercado: a mayor oferta, menor precio. Para expandir la oferta y bajar los precios deben haber más actores y modelos. Seguir la competencia con Europa, Corea del Sur o Japón para que no produzcan por su cuenta y sigan dependiendo de EEUU va en el sentido inverso a la gravedad de los escenarios que se van planteando. Esa es una posible salida al dilema que se le presenta a EEUU y que obliga a Trump a dictaminar un alto el fuego unilateral que tiene mucho que ver con el agotamiento de su capacidad o voluntad para seguir consumiendo su arsenal de armas críticas por otro mes.

Hay otros motivos, como el impacto económico en la economía de EEUU, el rechazo electoral y la imposibilidad de controlar la escalada. Pero en el plano militar, la realidad de un arsenal que se vació mucho más rápido de lo esperado es un factor que debe haber sido determinante. Pensemos que no se trata solo de la defensa de sus bases sino de la realidad de una situación de vulnerabilidad de sus aliados que ante una nueva ronda de ataques llegase el momento en el que pueden quedarse sin medios propios y ajenos para defender sus activos económicos.
Al mismo tiempo, la caída en el número de armas de precisión impuso una realidad y es que una vez agotadas y hasta poder reponerlas habrá que realizar más misiones y ataques más riesgosos para conseguir resultados similares a los obtenidos en las 13.000 misiones previas. Todo se reduce a las matemáticas militares y a cronometrar los tiempos de la producción. En donde unos y otros no concilien, hay un problema. Si además se deprime la capacidad de generar una respuesta cooperativa como lo hace el adversario, entonces estamos al horno con papas.
Hay que avisarle a Trump que castigar a sus socios de la OTAN o amenazar con invadirlos está en la dirección opuesta a la solución a sus problemas. Tampoco sirve planear una venganza cargada de acné por no acudir cuando los llamó para que ataquen también a Irán o para abrir Ormuz. El argumento está en las cifras del SIPRI. EEUU está lejos de ser el proveedor monopólico de las armas y su sistema industrial no alcanza para sostener los gastos de una guerra moderna. Menos aún para llevar adelante una y seguir abasteciendo a sus aliados. Basta, Donald, ya está. Van a pasar al menos 4,2 años hasta recuperar el arsenal utilizado. En ese lapso hay una debilidad militar que se vuelve política y estratégica porque la tarea no fue completada. Son U$S 16 a 24 mil millones y es solo una fracción de lo que costó hasta ahora una guerra inconclusa.
Perder la mitad de los proyectiles clave para la defensa aérea es un problema grave y crea una ventana de debilidad alarmante. Afrontar que destruir a un adversario tercermundista devoró una parte preocupante de las armas de precisión también debería prender las alertas. Ucrania lo mostró ante Rusia, el tamaño no importa. Lo que sí importa es el modo de uso. Un mes y medio después Ormuz sigue cerrado, el uranio enriquecido no aparece, los misiles aun apuntan y el régimen de los ayatolas se permite un plantón en Islamabad. En serio, ya está.
La pista de que algo está realmente mal es la decisión de Trump de declararse ganador y negarse a un nuevo round militar contra Irán. No ganó ni perdió, hizo tablas. Si no queda claro luego de este artículo, sugiero ir a ver la tabla de gastos en misiles para entender a qué me refiero.
