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La guerra en Medio Oriente apunta a un estancamiento ruinoso: por qué los bloqueos pueden fracasar



Por Ignacio Montes de Oca


Trump apuesta a que Irán se rinda con un bloqueo a sus exportaciones petroleras. Pero los números indican que esa estrategia puede conducir a una prolongación de la crisis y no necesariamente es la clave para terminar con el régimen y su programa nuclear.


La idea central es que Irán colapsaría al agotarse su capacidad de almacenar petróleo y le daban entre 12 y 22 días a partir del aforo de sus depósitos en tierra. Esta estimación fue hecha el 26 de abril y antes de eso se hizo una predicción similar en marzo que le daba una semana. Irán producía 3,5 millones de barriles diarios (mbd) que se reducirá a 2,53 mdb por el bloqueo. Antes del cerco exportaban 1,85 mbd. Hoy solo puede remitir, en teoría, 567.000 barriles diarios por los puertos de Chabahar y Jask con el crudo que llega por el oleoducto de Goreh. Descontando el consumo interno de 1mdb y lo aun exportado, Irán debe almacenar otro 1 mdb diario y reducir su ritmo de extracción para no tener que frenar por completo los yacimientos, que es lo que conduce al colapso. Pero Irán encontró un modo de sumar capacidad de almacenaje.



En la isla de Kharg se ve un tránsito constante de buques y la aparición de buques de la flota fantasma que se consideraban fuera de servicio. Teherán está activando cada buque a su disposición para incrementar sus depósitos y ganar tiempo en la competencia que le propone Trump. La flota “fantasma” de Irán tiene entre 65 y 80 petroleros: 20 a 35 VLCC (Very Large Crude Carriers) con una capacidad de 2 millones de barriles, de 20 a 25 Suezmax con una capacidad de 1 millón y de 10 a 20 Aframax que pueden almacenar unos 700.000. vamos a los totales.



Suman entre 40 y 70 millones de barriles de los VLCC, 20 a 25 millones de los Suezmax y 7 a 14 millones de los Aframax. O sea, de 67 a 109 millones, lo cual arroja un tiempo de 67 a 109 días, que en teoría deberían añadirse a los 12 a 22 estimados que dispone en tierra firme. Otras fuentes calculan que dentro del bloqueo Irán cuenta con entre 4 y 7 VLCC con espacio disponible, de 5 a 8 Suezmax y de 6 a 10 Aframax. En este escenario podría almacenar entre 16 y 31 mbd y resulta en que en el peor de los casos agregan 2 a 4 semanas adicionales.

Con el nivel actual de producción tiene semanas o meses, de acuerdo con como administre la producción y, en cualquier caso, si el colapso depende de esa variable, hay crisis para rato y por ahora Irán no parece tener un punto débil a corto plazo en el almacenamiento de crudo. Por eso la marina de los EEUU está interceptando buques que navegan vacíos hacia Ormuz. Cada VLCC le da días extra a Irán y no necesariamente tiene que tratarse de buques iraníes. Cualquier capitán varado en la zona puede hacer un negocio convirtiéndose en depósito flotante.



EEUU no puede incautar esos barcos porque están dentro del Gofo Pérsico y, para hacerlo, antes su flota debería pasar por Ormuz y exponerse a una batalla con los misiles, drones y minas que Irán desea forjar y el paso de 33 km de ancho es el sitio ideal para generar tal escenario.

La otra opción es atacar esos buques de almacenamiento que tiene Irán. Suena lógico hasta que se recuerda que en 1991 Saddam Hussein derramó 11 millones de barriles en su salida de Kuwait, generó una catástrofe ambiental y dejó al emirato sin agua potable durante semanas.



Atacar a los buques depósito iraníes que guardan varias veces de esa cantidad de crudo estacionado en el Golfo Pérsico afectaría las tomas y filtros de las desalinizadoras que permiten que 70 millones de personas habiten en las ciudades de las coronas petroleras. En ese caso Irán no tendría que atacarlas, el daño correría por cuenta de EEUU y podría concentrarse en ejecutar su amenaza de atacar a las plantas y depósitos petroleros, gasíferos y refinerías tal como lo hizo en la primera fase de la guerra. Trump debe saber de ese riesgo.

Sin agua no solo se generaría una catástrofe humanitaria. Además, se generaría un corte en la producción de energía eléctrica, crudo y gas que acabaría con toda actividad industrial. Aquí se explica: https://www.pucara.org/post/trump-tambi%C3%A9n-bloquea-el-estrecho-de-ormuz-y-desata-una-serie-de-consecuencias-imprevisibles.



La mayor parte del crudo iraní se almacena en la costa cercana a Kharg. Un derrame en ese sitio afectaría a Kuwait, Arabia Saudita y Bahréin por las corrientes marinas. Además, podría paralizar el tráfico hacia la terminal saudí de Ras Tanura, el mayor puerto petrolero del mundo. El segundo fondeadero está frente a Bandar Abbas y Qeshm y bloquearía el paso por Ormuz y el tráfico por un tiempo indeterminado de los buques de todas las coronas petroleras y el de Iraq. El tercero está frente a la costa de Busher y el yacimiento de gas North Field / South Pars.

Irán posicionó sus depósitos flotantes de tal manera que se conviertan en una amenaza para el resto de las naciones ribereñas en caso de ser atacados o les compró inmunidad, de acuerdo con cómo quiera uno evaluar esa decisión. Y de paso acumula ganancias sin frenar la extracción. Mientras tanto, Irán perfecciona su amenaza con el cobro de peajes, que es una práctica que EEUU no pudo reprimir porque para hacerlo debería arrebatarle el control de Ormuz y eso es algo que solo puede lograrse tomando posesión efectiva de la costa iraní frente al paso.



Pero los ayatolas no dependen de ese ingreso para sobrevivir a un asedio. Sus ingresos están garantizados por un tiempo suficiente como para sostener su intransigencia y esto explica tanto su negativa para acudir a la segunda ronda de Islamabad como la negativa de EEUU para acudir. Es que la otra parte de la apuesta de la Casa Blanca es provocar la quiebra de Irán y tiene sentido porque si bloquea el paso de sus petroleros le niega el ingreso de divisas. Pero tampoco es así porque los iraníes tienen otra flota con petróleo flotando fuera del alcance de los EEUU. El inventario de crudo flotante de Irán está estimado entre 40 y 55 mdb. Una parte está en cargamentos en ruta a China o estacionados en aguas de soberanía china en donde la intercepción es un imposible para EEUU salvo que quieran iniciar una guerra con Pekin. Hay unos 25 a 35 mdb de crudo iraní en las aguas de Indonesia, Malasia y Singapur. Las que están en tránsito suman otros 10 a 15 mdb. Y hay otros 5 a 10 millones en terminales como la de Baniyas en Siria o en Venezuela y China, protegidos por contratos de prepago o de intercambio.



Los fondeaderos de Tanjung Bruas, Port Klang, Lumut, Kuantan y Batam en el Estrecho de Malaca se convirtieron en sitios de espera. Malasia es el principal punto de transferencias barco a barco y en donde se lo “rebautiza” como Malaysian Blend u Oman Blend antes de ir a China. Por motivos jurisdiccionales EEUU no puede incautar esa carga y al ser China el comprador casi exclusivo está más allá de las sanciones porque ese país se las pasa por el pigu. Hay que aclarar que China aumentó su reserva estratégica de petróleo a 1.397 mdb antes de la guerra. China consume 16,4 mdb por día, por lo que tiene para varios meses de consumo asegurados en sus reservas y el poder recibir el crudo iraní no le afecta de un modo dramático porque representa un 16% de sus importaciones y, por lo tanto, el seguir recibiéndolo es un acto meramente político. Ese apoyo político tiene una cifra. Considerando el precio actual del Brent en U$S 113 y el descuento de U$S 2,1 por cada barril, ese inventario flotante representa ingresos adicionales de hasta U$S 12.000 millones, con una ganancia bruta de entre U$S 4300 a 6.000 millones.



En 2025 Irán tuvo un ingreso total de U$S 37.800 millones por exportaciones de petróleo, que mensualizados dan unos U$S 3150 millones. La ganancia potencial del inventario flotante representa más de un mes de ingresos o casi dos en el escenario más negativo para Teherán. Luego hay que abrir el foco y ver qué otros ingresos tiene Irán según la OEC, para encontrar otros U$S 13.000 millones generados por exportaciones, como U$S 1.800 millones por polímeros, U$S 1.130 millones por hierro y acero, U$S 1,050 millones por productos químicos orgánicos, U$S 360 millones por fertilizantes, U$S 616 millones por aluminios, U$S 770 millones por frutas y nueces comestibles y U$S 644 millones en cobres, y así hasta totalizar 4 de cada 10 dólares que recibe Irán. El petróleo no representa un flanco tan débil como el caso venezolano.



Por otra parte, las sanciones son ruinosas para Irán, pero hay que tener en cuenta que entre 2018 y 2022, las sanciones de Occidente no rompieron al régimen, pese a la caída del 80% de su producción petrolera. En 2018 las exportaciones no petroleras representaban el 25% del total. Parte de esas exportaciones, como las siderúrgicas y petroquímicas, fueron dañadas por los ataques de EEUU e Israel, pero aun así puede generar ingresos y no tiene impedimentos, porque el bloqueo de la armada estadunidense es sobre los productos petroleros incluyendo los refinados.

Pakistán decidió ayudar a Irán y abrió 6 corredores viales para agilizar el intercambio y evitar el asedio completo a su vecino. Esas rutas conducen a China, que compra el 33,4% de los productos iraníes. Las que conducen a Turquía, su segundo socio con el 18.4%, siguen abiertas. Pakistán es el tercer mercado externo iraní (9%) y le siguen india (8%) y Azerbaiyán (4,8%). Esas rutas continúan intactas, como las que van a Rusia por el Caspio. El 40% de las exportaciones iraníes siguen fluyendo y el problema de Teherán es la producción, no la demanda.



Es importante sacar el foco de la cuestión del bloqueo petrolero porque esa es la base de la estrategia de Trump para poner de rodillas a Irán y sacarle concesiones como la reapertura irrestricta de Ormuz o que acepte finalizar el capítulo militar de su programa nuclear. Si no funciona el bloqueo entonces Irán mantendrá el bloqueo de Ormuz, EEUU deberá sostener en el tiempo el del Golfo de Omán y entonces llegamos a una situación que puede extenderse por semanas y meses. Es la conclusión lógica a la que conducen los datos duros. Los países del Golfo ya atraviesan una situación inédita por la caída de fondos. Incluso Arabia Saudita, que encontró una salida por Yandu y EAU por Fujairah, están ganando mucho menos que antes de la guerra por la imposibilidad de exportar otros productos o embarcar menos crudo.



El tiempo corre más en contra de Qatar, que tiene frenadas las exportaciones de petróleo y Kuwait y Bahréin siguen esperando que se abra el Estrecho para reanudar sus exportaciones de crudo y de otros bienes que sostienen a sus economías. El tiempo es su mayor urgencia. Luego está el problema a nivel global y es el agotamiento de las reservas que hasta ahora cubrieron el faltante de los 10 a 14 mbd de Medio Oriente. Hasta ahora se consumieron 290 mdb de reservas en todo el mundo. La Agencia Internacional de Energía prometió liberar 400 mdb. EEUU ya liberó 180 mdb, Japón 60 mdb, Corea del Sur 35 mdb y Alemania y Francia liberaron alrededor de 45 mdb. El problema es que esos depósitos, al revés de los iraníes, no se están llenando y el plazo teórico de agotamiento de las reservas está entre los 40 o 50 días.

Luego hay que ver país por país quien soporta mejor la carestía. La UE calcula que le quedan 5 meses de suministro, tras ordenar medidas de reducción de la demanda. Corea del Sur tiene 110 días de suministro y Japón 200, pero la regla general en los países no productores es grave.



EEUU liberó a Rusia de las sanciones, pero la UE las mantuvo y Ucrania aplicó las suyas. El 2° productor global de petróleo redujo su flujo de crudo de 4,07 mbd a 2,32 mbd y las exportaciones marítimas cayeron en 2 mdb por los ataques a las terminales en los mares Negro y Báltico. Los ataques ucranianos a las refinerías disminuyeron su capacidad de procesamiento en 440.00 barriles diarios y obligaron a cerrar la exportación de gasolina hasta el 31 de julio. Por el lado ruso tampoco hay un alivio para los mercados globales, que ahora ajustan sus cinturones.

Eslovenia fue el primer país de la UE en racionar la gasolina, limitando a los conductores privados a 50 litros por semana y a 200 litros para empresas y agricultores. Filipinas ordenó una semana laboral de 4 días para empleados gubernamentales para reducir el uso de transportes públicos. Tailandia y Vietnam sugieren el trabajo remoto, limitarse a los viajes necesarios y mantener el aire acondicionado a 26°. Nueva Zelanda buscará introducir los “días sin auto”, Corea del Sur puso un programa de precios máximos para la gasolina y restringió el uso de autos estatales. China prohibió las exportaciones de combustibles tras el aumento del 20% en la gasolina y Tailandia prohibió la salida de petróleo salvo a Camboya y Laos, en donde se refina y regresa como combustibles. Las señales de una crisis sistémica se extienden en todo el planeta.


Desde el 29 de febrero el faltante de Medio Oriente se cubrió con reservas a la espera de una resolución del conflicto. Pero en la medida que se dilata la crisis se empieza a agotar el crudo ahorrado y los precios del petróleo y los refinados suben para indicar la inquietud del mercado.

Se suele decir que EEUU o Trump está haciendo un gran negocio con esta situación y sugerir que es una jugada brillante porque controlaría el mercado con sus exportaciones. La realidad es que exporta 6 mdb y está lejos de poder cubrir el faltante generado por el bloqueo de Ormuz. En todo caso, el aumento del barril Brent repercute en el mercado doméstico de EEUU, que experimentó una suba del precio promedio del galón de combustible de U$S 2,98 a U$S 4,17 y esta suba alimenta el aumento de la inflación y el malestar con el gobierno en un año electoral. La disputa entre EEUU e Irán para ver quien aguanta más al juego del bloqueo impacta de una manera desproporcionada en el resto de los países. El FMI estima que en el escenario más severo por una crisis continuada la inflación global podría subir hasta el 6%. Hay otras alarmas. El Banco Mundial prevé un aumento del 24% en los precios de la energía y del 31% en los fertilizantes en 2026, lo que encarecerá drásticamente la producción de alimentos. Esto sumará inflación local y global, con una producción menor por la falta de fertilizantes suficientes.

Volviendo a EEUU y su mercado “inmune” a los vaivenes del Brent, el IPC de marzo saltó al 3,3% interanual –desde el 2,4% en febrero-, impulsado por un alza del 21,2% en el precio de la gasolina. El precio nacional promedio del diésel subió un 42% desde el inicio de la guerra. El precio minorista global de los combustibles creció un 38% desde febrero. En la UE un 24% en promedio. Algunos países han registrado picos extremos: en Filipinas la gasolina saltó más de un 50% y en Nigeria un 49%. Estos son solo algunos de los efectos que está trayendo la crisis en Ormuz.



Por eso es importante analizar hasta donde puede funcionar la apuesta de Trump, que busca la claudicación iraní por medio del bloqueo y la asfixia económica. Si son días, semanas o meses la diferencia es brutal para el resto del mundo, que espera una solución para antes de ayer. Pero, con las cifras a la vista, al parecer de aquí a un mes puede que Trump y Jamenei sigan jugando al juego de ver quién pestañea primero. Ambos tienen resto y la certeza de que no pueden doblegar a su adversario por medios militares. El daño es mutuo y, por encima de todo, ajeno.

Por ahora el mundo puede hacer poco para resolver el duelo entre los intransigentes. China, Rusia y otros aliados de Irán están encantados con el juego, porque lo que no ganan por las ganancias extraordinarias lo soportan por haber tomado las previsiones para capear el temporal. Del lado de Trump, los que eran sus aliados ya fueron desautorizados como consejeros al no sumarse a la aventura que decidió emprender sin consultarles. Pueden presionar públicamente, pero el presidente de los EEUU no tiene oídos para quienes considera traidores. Es así que el escenario plantea un Mes de la Marmota o más, en el que EEUU e Irán se seguirán amenazando y bloqueando. Detrás de ellos, como un juego de artificios demencial, los precios suben y estallan para terminar de armar una escenografía acorde al nivel de locura del momento.

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