La nueva Estrategia de Defensa Nacional de los Estados Unidos
- Ángel Rojo
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Por Ángel Rojo
La Estrategia de Defensa Nacional (EDN) presentada por la administración de Donald Trump tras su regreso al poder en enero de 2025 constituye mucho más que una simple actualización doctrinaria. Se trata de una redefinición profunda del modo en que Estados Unidos concibe la relación entre poder militar, política exterior, geografía estratégica e intereses nacionales. A diferencia de documentos previos, la EDN no busca articular un marco normativo universal ni presentarse como garante del orden liberal internacional, sino que adopta un enfoque abiertamente realista, jerárquico y selectivo.
El documento parte de una premisa central: el entorno estratégico internacional ha entrado en una fase de competencia estructural prolongada, caracterizada por la simultaneidad de amenazas, la erosión de la superioridad militar estadounidense y la creciente coordinación —formal o informal— entre actores revisionistas. En ese contexto, la EDN asume que los recursos son finitos y que la dispersión estratégica constituye un riesgo en sí mismo.
El objetivo de este artículo es analizar las principales novedades de la EDN.
Ruptura doctrinaria con la posguerra fría
Uno de los rasgos más distintivos de la EDN 2025 es su rechazo explícito del consenso estratégico de la posguerra fría. El documento cuestiona de manera directa el idealismo liberal, la noción de seguridad indivisible y la idea de que la proyección sostenida de poder estadounidense puede transformar estructuras políticas ajenas a bajo costo. Las experiencias de Irak, Afganistán y Libia son asumidas implícitamente como ejemplos de disociación entre objetivos políticos ambiciosos y medios estratégicos limitados.
Desde un punto de vista doctrinario, la EDN retoma una lógica clásica de correlación estricta entre fines, medios y vías. El poder militar deja de concebirse como una herramienta de gestión del orden global y pasa a ser un instrumento orientado a la defensa de intereses concretos, territorialmente definidos y jerarquizados. Esta aproximación se alinea más con tradiciones realistas de balance de poder que con la doctrina de primacía liberal dominante entre 1991 y 2016.
A diferencia de documentos anteriores, la EDN abandona deliberadamente el lenguaje de la “responsabilidad global” y evita equiparar amenazas periféricas con riesgos existenciales. Esta jerarquización explícita de amenazas —largamente evitada por razones diplomáticas— constituye una de las innovaciones conceptuales más relevantes del texto.

Defensa del territorio nacional como eje central
La EDN establece sin ambigüedades que la misión primordial de las fuerzas armadas es la defensa del territorio continental de Estados Unidos. Este énfasis supone una relectura del concepto de homeland defense, ampliándolo más allá de la disuasión nuclear clásica.
En primer lugar, el documento integra explícitamente la seguridad fronteriza dentro del marco de la defensa nacional. El apoyo militar al control de fronteras, la lucha contra la inmigración ilegal y el combate contra redes de narcotráfico —redefinidas como organizaciones narcoterroristas— rompe con la separación tradicional entre seguridad interior y defensa exterior. Doctrinariamente, esto implica una ampliación del concepto de amenaza estratégica hacia actores no estatales con capacidad de erosionar la cohesión interna.
En segundo lugar, la EDN introduce la denominada “Cúpula Dorada” como concepto integrador de defensa aérea y antimisil de alcance nacional. A diferencia de enfoques anteriores centrados casi exclusivamente en misiles balísticos, esta arquitectura incorpora amenazas hipersónicas, misiles de crucero avanzados y, de manera novedosa, sistemas aéreos no tripulados y enjambres. La defensa contra drones pasa así de ser un problema táctico a un desafío estratégico.
Finalmente, la modernización del arsenal nuclear se vincula no solo a la disuasión por castigo, sino también a la gestión de la escalada en un entorno nuclear multipolar. La EDN subraya que Estados Unidos no puede permitirse vulnerabilidades que habiliten formas de coerción nuclear limitada o chantaje estratégico.
El hemisferio occidental y la lógica de esferas de influencia
Otra de las grandes novedades del documento es la revalorización estratégica del hemisferio occidental. La EDN reconoce de forma explícita que Estados Unidos ha perdido influencia relativa en su entorno geográfico inmediato, permitiendo la penetración económica, tecnológica y en algunos casos militar de actores extrahemisféricos.
El texto introduce lo que puede interpretarse como un “corolario Trump” a la Doctrina Monroe. A diferencia de formulaciones anteriores, este enfoque no se limita a declaraciones políticas, sino que establece la disposición a emplear el poder militar para garantizar el acceso estadounidense a territorios considerados estratégicos, como Groenlandia, el Canal de Panamá y el Golfo de México (denominado Golfo de América por la administración de Trump).
Asimismo, se normaliza la posibilidad de operaciones unilaterales contra actores no estatales en el hemisferio, incluso sin el consentimiento pleno de los Estados afectados, si estos no cumplen con sus responsabilidades de control territorial. Desde una perspectiva geopolítica, este endurecimiento refleja una visión de suma cero respecto del control del entorno inmediato.

China y la disuasión por negación
China es identificada sin ambigüedades como el principal desafío estratégico de largo plazo. No obstante, la EDN introduce un matiz doctrinario relevante: el objetivo no es la confrontación directa ni el cambio de régimen, sino impedir cualquier forma de dominación regional china en el Indopacífico.
La gran novedad reside en la adopción explícita de la disuasión por negación como eje central. En lugar de amenazar con represalias devastadoras, la estrategia busca negar a China la posibilidad de una victoria rápida o de hechos consumados, particularmente en escenarios como Taiwán. La construcción de una arquitectura defensiva robusta a lo largo de la Primera Cadena de Islas refleja esta lógica.
Este enfoque tiene profundas implicancias operativas: prioriza la resiliencia, la dispersión de fuerzas, la defensa aérea integrada y el uso intensivo de sistemas no tripulados y capacidades de ataque de precisión. Al mismo tiempo, la EDN combina este endurecimiento militar con la promoción de canales de comunicación directa para evitar errores de cálculo y escaladas no deseadas.
Europa: reparto de cargas y redefinición del compromiso
En el teatro europeo, la EDN introduce una distinción clara entre amenaza persistente y amenaza existencial. Rusia es caracterizada como un actor peligroso pero manejable, siempre que Europa asuma la responsabilidad principal de su defensa convencional.
La exigencia explícita de un nuevo estándar de gasto del 5 % del PIB —combinando defensa y seguridad— marca un punto de inflexión en el concepto de solidaridad aliada. Estados Unidos mantiene su compromiso con la OTAN, pero deja claro que su foco estratégico se desplaza hacia el Indopacífico y que Europa debe liderar tanto su propia defensa como el apoyo a Ucrania.
Oriente Medio: empoderar aliados, minimizar presencia directa
En Oriente Medio, la EDN se apoya en operaciones recientes para demostrar la capacidad decisiva de la Fuerza Conjunta. La destrucción del programa nuclear iraní y el debilitamiento del llamado “Eje de la Resistencia” son presentados como pruebas de credibilidad.
La novedad estratégica radica en el énfasis en empoderar a aliados regionales, especialmente Israel y los socios del Golfo, para que asuman un rol más activo en su propia defensa. Estados Unidos se reserva la capacidad de intervención decisiva, pero evita compromisos prolongados.
Este enfoque reduce costos estratégicos y limita la exposición directa, al tiempo que refuerza la arquitectura regional de seguridad bajo liderazgo indirecto estadounidense.

Corea del Norte y la amenaza nuclear directa
La EDN introduce un tono más grave respecto a Corea del Norte, destacando su capacidad creciente para amenazar directamente el territorio continental de Estados Unidos. A diferencia de etapas anteriores, la RPDC deja de ser vista solo como un problema regional.
Esto refuerza la centralidad de la disuasión nuclear y de las defensas antimisiles, y justifica una mayor coordinación con Corea del Sur y Japón, no solo en clave regional sino también estratégica global.
La simultaneidad como problema estructural
Una de las aportaciones conceptuales más importantes del documento es el reconocimiento explícito del riesgo de conflictos simultáneos en múltiples teatros. La EDN asume que adversarios podrían coordinarse u operar de forma oportunista.
La respuesta a este desafío no es una expansión ilimitada del esfuerzo estadounidense, sino una redistribución de cargas. Las alianzas se conciben como multiplicadores de poder, no como dependencias. Esta lógica atraviesa todo el documento y redefine el valor estratégico de los socios.
Base industrial de defensa y economía de guerra
Quizás una de las novedades más estructurales sea la centralidad otorgada a la base industrial de defensa. La EDN la presenta como un factor decisivo equivalente al campo de batalla.
La reindustrialización, la eliminación de trabas regulatorias, la adopción de inteligencia artificial y la producción a gran escala aparecen como condiciones indispensables para sostener la disuasión. Además, se promueve una integración industrial con aliados que incentive su rearme y refuerce la capacidad colectiva.

Comparación con EDN anteriores (2018–2022–2025)
La EDN de 2018, también bajo la presidencia de Trump, marcó el abandono del contraterrorismo como prioridad exclusiva y el retorno a la competencia entre grandes potencias. Sin embargo, mantenía aún un lenguaje de primacía global y un compromiso amplio con múltiples teatros.
La EDN de 2022, bajo la administración Biden, profundizó la competencia con China y Rusia, pero lo hizo desde un marco normativo liberal, enfatizando alianzas, valores compartidos y defensa del orden internacional basado en reglas.
La EDN de 2025 rompe con ambas aproximaciones. Conserva la centralidad de China, pero abandona el universalismo normativo y reduce el compromiso geográfico. Introduce una jerarquización explícita de amenazas, prioriza el territorio nacional y adopta una lógica de reparto de cargas mucho más exigente.
Conclusiones
La Estrategia de Defensa Nacional bajo la administración Trump representa un giro estratégico profundo. Prioriza sin complejos los intereses nacionales, jerarquiza amenazas, exige mayor responsabilidad a los aliados y revaloriza el poder militar como herramienta central de la política exterior.
Sus principales novedades —defensa del territorio nacional, disuasión por negación frente a China, reparto de cargas radicalizado y revitalización industrial— configuran un modelo coherente, aunque polémico. Más allá de valoraciones ideológicas, la EDN ofrece una hoja de ruta clara para entender cómo Estados Unidos pretende competir, disuadir y, si es necesario, combatir en un mundo cada vez más inestable.
En definitiva, el documento abandona el idealismo utópico y adopta un realismo inflexible, con la convicción de que solo desde una posición de fuerza puede construirse una paz duradera.



