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Las Relaciones Exteriores de Chile en el actual contexto global

 

Las prioridades de política exterior de Chile son los Estados Unidos (potencia continental dominante del hemisferio occidental y de las Américas en particular), China (relaciones económicas), y los países vecinales.

 

Por Richard Kouyoumdjian – vicepresidente de Athenalab

 

Frente a la nueva realidad internacional marcada por la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América y su aplicación práctica en Venezuela, y las publicaciones posteriores de las estrategias de guerra y relaciones exteriores, las siguientes son reflexiones respecto tanto de lo que creo debiera ser la política exterior de Chile y aspectos que ésta debe considerar. Partiendo de lo macro a lo micro, y usando ejemplos reales de lo que ha ocurrido en enero del 2026, estas son:

La política exterior de los países normalmente obedece a los intereses nacionales, excepto cuando algunos se dan el lujo de seguir ideologías, y no lo que es importante a los países. No tenemos que buscar muy lejos ejemplos de esa conducta.

La lógica de la política exterior de un país es que siempre obedece a las realidades políticas locales. Los presidentes y los políticos saben que debe resonar con sus electores, más que hacer lógica o hacer lo que es mejor para el mundo. Es por ello por lo que a veces algunos persiguen imposibles épicos que le llaman política exterior basada en principios morales, con discursos que suenan bien bonitos, que gustan a quienes lo escuchan, pero que carecen de realismo y practicidad en el mundo actual. Está excelente tener principios, jugarse por ellos, pero al final debe ser el interés nacional la última consideración al tomar decisiones.

La política exterior de los Estados Unidos de América claramente busca protegerlos a ellos de lo que consideran amenazas a su seguridad e interés nacional.

Es en ese sentido, el objeto final de su estrategia de seguridad nacional es neutralizar a China de modo de que nunca sea una amenaza real para ellos, partiendo porque no tenga presencia estratégica en las Américas (caso Venezuela). La estrategia del departamento de guerra indica que los Estados Unidos sólo atenderá las amenazas principales, dejando el resto de los problemas a ser resueltos por quienes se vean más afectados. Ya no habrá más “free riding”, llegó la hora de asumir los costos de la defensa.

El embajador Brandon Judd ha sido muy claro de que su rol principal es proteger el interés y la seguridad nacional de su país y lo que ello implica. Obviamente no ven con buenos ojos la presencia China en sectores estratégicos tales como el monitoreo de satélites desde instalaciones en el norte de Chile.

Lo que digan o hagan países como Canadá o la UE es neutro para Chile. Son claramente amigos nuestros, pero en nuestra realidad de país chico en lo global, relevante en lo regional, que depende económicamente de China y del Asia, pero ubicado en las Américas, lo que al final nos importa, es lo que digan los Estados Unidos o China. El resto lamentablemente es música.



Navegar lo anterior muy posiblemente va a implicar buscar que China no tenga inversiones estratégicas en Chile, pero comerciando como siempre lo hemos hecho, ya que ese comercio ha demostrado ser de mutua beneficencia. No deberemos llamar la atención de unos u otros, simplemente aplicarnos a lo nuestro, asumiendo nuestras fortalezas y debilidades y, por sobre todo, nuestra realidad geográfica tricontinental, económica, militar y de seguridad.

Nada nos impide tener buenas relaciones con las potencias medias como las que integran la UE, mientras los Estados Unidos no considere que ello es algo inapropiado, pero se estima que no debiera ser un problema, que ese tipo de países invierta en Chile reemplazando la perdida de importancia de las inversiones chinas, la que sentirá, por razones obvias, que no es bienvenida en las Américas, desplazando sus inversiones a las áreas de influencia en donde tiene más poder y control, o como también lo puede ser África con sus riquezas minerales y de materias primas.

El premier Carney cuando habla en Davos hace un discurso en que reconoce la nueva realidad, pero sus soluciones y llamado a la acción de las potencias medias, son más retoricas que prácticas, inaplicables, como la realidad le demostró a los pocos días, cuando se le indicó que si firmaba un acuerdo comercial con China los aranceles de los Estados Unidos serían del 100%. Después de eso, Carney en silencio.

Siguiendo con el premier Carney como ejemplo, cuando le habla a su electorado como lo hizo a propósito de los aranceles, busca establecer algún tipo de asociación de potencias medias del tipo no alineadas con la UE, el Reino Unido y países de ese orden. Sabe que es difícil hacerlo, porque al final del día dependen todos de sus relaciones con los Estados Unidos o China, las súper potencias del momento.

Los ejemplos abundan de cómo ceden las potencias medias ante los Estados Unidos. Canadá, Brasil, México, Colombia, el Reino Unido, la UE y otros más todos han terminado cediendo ante el presidente Trump. Lo hacen tratando de guardar las apariencias y buscando aparecer fuertes, pero al final todos ceden. Nadie resiste las presiones de las acciones económicas del tipo aranceles. La economía siempre manda y paga.

En el intertanto China aprovecha el tiempo, preparando su consolidación en su esfera de influencia. Lo mismo hacen los rusos. Los europeos comienzan a ver que puede haber opciones para ellos como un cuarto sector de influencia por descarte, pero para hacerlo saben que tienen que pagar y que no será gratis. La OTAN dejó de existir, ya no tiene propósito y objetivos. Los canadienses lamentablemente están perdidos, en la práctica al igual que Groenlandia, la cercanía física con Estados Unidos tiene beneficios, pero grandes costos cuando se busca el camino propio. Ucrania luego va a tener que asumir su realidad. Es sólo cosa de tiempo. No veo a los Estados Unidos saliendo a su rescate y los europeos sólo están dispuestos a colocar financiamiento y armas, pero no tropas en el terreno.



Dada la realidad global, se estima que las prioridades de política exterior de Chile son los Estados Unidos (potencia continental dominante del hemisferio occidental y de las Américas en particular), China (relaciones económicas), y los países vecinales, tanto por ser vecinos, lo que siempre es importante, como por temas económicos y la inseguridad que nos afecta por igual. Una relación más profunda con la Argentina es algo que debemos buscar, superando los problemas del pasado, pero entendiendo que hay temas limítrofes y marítimos que debemos resolver adecuadamente. Con el Perú hay que esperar cómo se dan las elecciones del 2026, y con Bolivia no debemos acelerar el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas. Una cosa es ayudar a la recuperación de la economía de Bolivia, entendiendo que no es neutro para el norte de Chile lo que allá ocurra, y otra es pensar que los bolivianos van a ceder en sus pretensiones de soberanía, acceso al Pacífico y recuperación de Antofagasta, todos temas usados por los políticos para generar unidad en un país altamente desunido. Ni el más popular de los presidentes de Bolivia va a rescribir la Constitución, aceptando las realidades posteriores a la Guerra del Pacífico. Hacerlo sería un suicidio político inmediato.

Pero más importante aún es tener una Cancillería y diplomáticos que nos permita jugar exitosamente en el escenario antes descrito. Una que entienda que cosas como el multilateralismo son medios y no fines, que lo que guía la política exterior es el interés nacional, que ellos son uno de los instrumentos del poder nacional, y parte fundamental del sistema de seguridad nacional, y que deben trabajar juntos y unidos a la Defensa Nacional y la Seguridad Publica por un Chile más seguro, soberano y próspero.

Para finalizar, si no lo han hecho, recomiendo leer la trilogía de documentos estratégicos de Estados Unidos, partiendo por la Estrategia de Seguridad Nacional, la del Departamento de Guerra, y la de su Cancillería. Todas alineadas y consistentes, de una claridad absoluta, no dejando dudas de la voluntad del presidente Trump en lo que a estas materias se refiere. Materias en que cuenta con el apoyo de su Secretario de Estado y Asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio. En caso de recibir una llamada de él, se recomienda contestar.


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