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  • Joao Paulo Moralez

La opción por los turbohélices de ataque

Ligero, fácil de operar y con poca sofisticación, esta categoría ha sido la opción utilizada por muchos países con bajos presupuestos de defensa para misiones de vigilancia en su espacio aéreo e incluso la intercepción de pequeños aviones en actividades ilegales.

En los últimos 30 años, varios países han resuelto conflictos armados internos o amenazas del exterior mediante el uso masivo de aviones de apoyo aéreo en lugar de cazas de tercera o cuarta generación.

En casi todos los ejemplos, como Afganistán, Angola, Colombia, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia, Irán, Iraq, Líbano, Libia, Malí, Mauritania, Nigeria, Perú, República Dominicana, Siria, Sri Lanka y otras naciones ubicadas en África, América Latina y Oriente Medio, utilizaron su flota de turbohélices como el Embraer EMB-312 Tucano, EMB-314 Super Tucano, FMA IA 58 Pucará, Pilatus PC-7, PC-9 y Rockwell OV-10 Bronco en varias acciones en las que incluso fueron alcanzados y hasta derribados por artillería antiaérea.

Hay muchas razones que llevan a los países a emplear esta categoría de monomotores o bimotores en combate.

Ecuador todavía opera una de las versiones más avanzadas del Super Tucano en el mundo. Foto: João Paulo Moralez

Las primeras iniciativas para el uso de aviones ligeros para misiones de ataque surgieron en la Guerra de Corea, con entrenadores T-6 Texan norteamericanos en apoyo de tropas de superficie rodeadas por el enemigo o que necesitaban avanzar con cobertura aérea.

Francia empleó el T-6, el T-28 y otros aviones en Argelia y en la Primera Guerra de Indochina e Irán también usó sus T-6 contra los kurdos en la década de 1960. De ese aprendizaje, de hecho, el país trabajó con su EMB-312 Tucano en misiones de contrainsurgencia en los años 90 y 2000.

Colombia hizo un amplio uso de su aviación de ataque, compuesta principalmente por los aviones OV-10 Bronco, Tucano y Cessna A-37 Dragonfly, contra la guerrilla en su propio territorio. A partir de 2006, el EMB-312 dio paso al Super Tucano, que continuó esta misión junto con otros tipos especializados en ataque.

FMA IA-58 Pucará entró en combate en Argentina, Colombia y Sri Lanka. Foto: Santiago Rivas

En Angola, el PC-9 y el Tucano fueron decisivos en la sangrienta guerra civil que duró de 1975 a 2002. Más recientemente, Mauritania emplea el Super Tucano para luchar contra los insurgentes, terroristas y contrabandistas de drogas y armas en el norte de su país. Lo mismo ha estado sucediendo en Malí, en Burkina Faso, y pronto irá a Nigeria, que utilizará su EMB-314 contra terroristas.

Ya sea monomotor o bimotor, los turbohélices tienen una serie de ventajas sobre los jets.

En general, las misiones de contrainsurgencia requieren plataformas más lentas y más robustas, con amplia autonomía para permanecer más tiempo en el objetivo y con una potencia de fuego considerable, como ametralladoras, cañones y cohetes. En muchos casos, un vector con esta arma es suficiente para apoyar a una tropa de superficie.

Por otro lado, estos aviones generalmente no son tan sofisticados, lo que resulta en un menor costo operativo, que oscila entre $ 1,000 y $ 1,500.

La simplicidad de mantenimiento y las reparaciones de combate también son atributos sobresalientes.

Debido a que son más simples, también necesitan poca infraestructura para operar, principalmente pistas más pequeñas y no preparadas. Con un equipo de seis militares es posible mantener dos aviones desde un aeródromo apartado, incluido el uso de bombas, cohetes y ametralladoras. Se necesitan pocas herramientas y apoyo en tierra en este caso, lo que permite completar al menos cuatro misiones ofensivas por día.


En la Fuerza Aerea Colombiana, el OV-10 Bronco desempeñó un papel importante en las misiones de contrainsurgencia. Foto: Santiago Rivas

Para muchos países, cuyo presupuesto de defensa es restringido y las amenazas no tienen el potencial y la necesidad del uso de aviones supersónicos y de superioridad aérea, este tipo de aviones de ataque terminan siendo el vector que garantiza la defensa aérea mediante la realización de misiones de control del espacio aéreo e intercepción de aviones ligeros utilizados para actividades ilegales. En el escenario actual, Afganistán, Burkina Faso, Líbano, Malí, Mauritania, Paraguay y República Dominicana son algunos de los muchos ejemplos de naciones que usan sus aviones de ataque para llevar a cabo misiones de defensa aérea.

Hoy en día, algunos modelos de aviones de ataque son más sofisticados, con aviónica y características que anteriormente solo se veían en los jets. Entre estos se encuentran una cabina digital, enlace de datos, compatibilidad para el uso de anteojos de visión nocturna, Head Up Display, Helmet Mounted Display, suite de guerra electrónica, comunicación encriptada e incluso cohetes y bombas guiadas y misiles. Algunas compañías también han ofrecido programas de actualización para estas flotas, adaptándolas con aviónica más moderna y extendiendo su vida operativa por otros 10 o 15 años.


El Tucano EMB-312 patrulló la frontera norte y oeste de 1993 a 2008 en Brasil, cuando fue reemplazado por el Super Tucano. Foto: João Paulo Moralez

En este caso, vale la pena mencionar el desempeño de las compañías privadas que brindan capacitación para agresores, combate de diferente performance o simulación de un escenario de conflicto con la presencia de Operaciones Aéreas Compuestas (COMAO). Estas compañías adquirieron grandes lotes de turbohélices que fueron desactivados por Francia y el Reino Unido, les realizaron modernizaciones y pusieron a volar a la flota en este tipo de entrenamiento.


Argentina utiliza el T-6C+ Texan II en el entrenamiento avanzado de sus pilotos militares. Foto: Santiago Rivas

Finalmente, para los países que tienen aviones de combate, estos turbohélices, nuevos o modernizados, también tienen la tarea de capacitar a futuros pilotos de combate en el país, dado que estas plataformas ya tienen sistemas y filosofía de funcionamiento muy similares. De manera simulada, a través de un software dedicado, es posible proyectar una pantalla de radar, activar sistemas de guerra electrónica, autoprotección y emplear armas.




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