El futuro de la Argentina tambiƩn se dirime en el mar
- Almirante Juan Carlos Romay
- hace 2 minutos
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A 212 aƱos del Combate Naval de Montevideo, la Armada Argentina enfrenta el desafĆo de controlar uno de los espacios marĆtimos mĆ”s extensos del planeta. Presencia, tecnologĆa y conciencia marĆtima para el ejercicio efectivo de la soberanĆa y el desarrollo nacional postergado.
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Por el Almirante Juan Carlos Romay - Jefe del Estado Mayor General de la Armada Argentina
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Introducción: una gesta que sigue vigente
Cada 17 de mayo, la Argentina recuerda un hecho que cambió su historia. En 1814, el Almirante Guillermo Brown derrotó a la flota realista en el Combate Naval de Montevideo y quebró el dominio espaƱol sobre el RĆo de la Plata. No fue solo una victoria militar: fue la prueba de que sin control del mar no hay independencia posible, y sin presencia naval sostenida no hay soberanĆa real.
Dos siglos despuĆ©s, esa lección sigue vigente. El AtlĆ”ntico Sur es una de las claves mĆ”s poderosas y menos aprovechadas para el desarrollo económico, social y cultural del paĆs, sin embargo, otros actores internacionales conscientes de esta potencialidad invierten gran cantidad de recursos en su aprovechamiento, ocupando espacios que nosotros no ocupamos.
Lo que ocurre a miles de kilómetros, en el Golfo PĆ©rsico o en el Mar Rojo, nos interpela directamente. No porque el conflicto vaya a trasladarse a nuestras costas, sino porque revela una verdad incómoda: las rutas marĆtimas globales son vulnerables. Esa vulnerabilidad afecta el precio del combustible, las cadenas logĆsticas, la disponibilidad de bienes y la seguridad energĆ©tica de naciones que, como la Argentina, dependen del ocĆ©ano para comerciar y crecer.
La vida y la grandeza de la RepĆŗblica Argentina dependen principalmente de su intercambio comercial. La cantidad de productos que importa y exporta nuestro paĆs asciende a miles de millones de pesos, y de ese movimiento comercial vive y prospera, directa e indirectamente, casi la totalidad de nuestros habitantes. Ese intercambio es en mĆ”s de un 90 % por vĆa marĆtima.
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La conciencia marĆtima como asignatura pendiente
El vicealmirante Segundo R. Storni fue quizĆ”s el argentino que mejor entendió esto. Dedicó su vida a forjar lo que llamaba "conciencia marĆtima": la capacidad de una sociedad para comprender la importancia del mar en su destino colectivo. A principios del siglo XX, cuando el paĆs miraba a Europa, pero daba la espalda a su propia costa, Storni escribió:Ā "El mar encierra para la Nación argentina los mĆ”s vitales problemas. El mar serĆ” el vĆnculo y el sostĆ©n de su fortuna y de su gloria".
Storni sabĆa que la Argentina con mĆ”s de 4.700 kilómetros de litoral, una Zona Económica Exclusiva de casi un millón de kilómetros cuadrados y una proyección natural hacia la AntĆ”rtida, posee uno de los espacios marĆtimos mĆ”s privilegiados del planeta. Pero advertĆa: sin estrategia, sin inversión y sin conciencia ciudadana, esa riqueza se pierde.
Hoy, esa advertencia es mĆ”s urgente que nunca. La tecnologĆa ha transformado los ocĆ©anos en espacios de vigilancia permanente y guerra electrónica. Y la ciberseguridad es clave: los buques, cada vez mĆ”s conectados, son vulnerables a ataques informĆ”ticos que pueden paralizar una flota sin disparar un tiro. Y en este contexto, los espacios marĆtimos constituyen hoy en dĆa escenarios geopolĆticos de cooperación, pero tambiĆ©n de competencia, entre las naciones.
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El mundo en 2026: tecnologĆa y tensión en los ocĆ©anos
El estrecho de Ormuz āpor donde pasa el 20% del petróleo mundialā es hoy escenario de tensiones entre Estados Unidos, Israel e IrĆ”n. Los ataques a buques mercantes y las interrupciones en el flujo de energĆa exponen la vulnerabilidad de las rutas marĆtimas globales y refuerzan el papel de las Armadas como garantes de la seguridad marĆtima, la soberanĆa y el intercambio económico internacional.
La amenaza al trĆ”fico marĆtimo, incluso sin un bloqueo formal, ya alcanza para presionar costos, seguros y plazos de transporte. Y Argentina no puede ignorarlo: cerca del 90% de nuestro comercio exterior viaja por mar. Lo que sucede hoy en Medio Oriente afecta el precio de los combustibles, la disponibilidad de insumos y la competitividad de nuestras exportaciones.
Pero hay una segunda lección, mĆ”s sutil y mĆ”s importante: el control del mar ya no se define por quiĆ©n tiene mĆ”s buques, sino por quiĆ©n entiende mejor lo que ocurre en el agua. Hoy se combinan drones, misiles de precisión, guerra electrónica y manipulación de identidades. Los buques militares y civiles poseen hoy la capacidad para explorar el mar, extraer recursos vivos y no vivos, realizar relevamientos del fondo marino en nuestros espacios marĆtimos jurisdiccionales afectando directamente nuestra seguridad y defensa sin poder ser detectados a tiempo. La tecnologĆa permite la suplantación de identidad, y solo es posible su detección, localización e identificación si se cuentan con avanzados medios para realizar la tarea.
El desafĆo ya no es solo detectar, sino sostener el control en el tiempo y el espacio. Y eso exige un sistema integrado de conocimiento del entorno marĆtimo.
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El desafĆo argentino: controlar lo inmenso
Los espacios jurisdiccionales marĆtimos no solo son vastos: son estratĆ©gicamente crĆticos para la defensa, seguridad, economĆa, bienestar y desarrollo de la RepĆŗblica. En sus aguas convergen recursos de alto valor āpesca, energĆa, mineralesā, rutas globales e intereses internacionales en expansión. A diario buques extranjeros operan en el lĆmite de nuestra Zona Económica Exclusiva, poniendo a prueba las capacidades de la Armada Argentina para el control del mar.
Durante aƱos, la respuesta fue simple: detectar, hacer presencia y actuar. Ese enfoque quedó obsoleto. Hoy debemos pasar de la vigilancia alĀ conocimientoĀ del entorno marĆtimo. No basta saber quiĆ©n estĆ” en el mar; hay que comprender sus patrones de comportamiento, sus lógicas y sus vĆnculos.
Eso se llama "conciencia situacional marĆtima" y exige integración: de sensores, plataformas, bases de datos, organismos del Estado y actores privados. Sin información integrada, no hay control real.
En un entorno dinĆ”mico, el valor no estĆ” solo en reaccionar, sino en anticipar. Y la anticipación surge del anĆ”lisis de la información. Pero ninguna arquitectura de información reemplaza una premisa bĆ”sica: el mar se controla estando en el mar. AllĆ, la Armada Argentina cumple un rol insustituible con sus buques y aeronaves de vigilancia marĆtima: despliegue en zonas crĆticas, presencia prolongada, interceptación, control in situ y alerta estratĆ©gica nacional.
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Disuasión y presencia silenciosa
Hay una dimensión menos visible y profundamente estratégica: la disuasión. El concepto de "flota en potencia" es simple pero poderoso: la existencia de capacidades navales condiciona el comportamiento de otros actores, incluso sin contacto directo. Cuando un buque extranjero militar, mercante o pesquero sabe que la Armada Argentina estÔ presente, y posee las capacidades para actuar, modifica sus decisiones. La Armada no solo actúa: influye. Y esa influencia es parte del equilibrio en el AtlÔntico Sur.
La vigilancia electrónica es indispensable, pero no alcanza para suplir la presencia fĆsica. La experiencia demuestra que embarcaciones de todo tipo manipulan transpondedores, suplantan identidades o las clonan. Solo la presencia fĆsica de la Armada Argentina permite cumplir con un efecto disuasorio en pos de garantizar la defensa de los intereses nacionales en los espacios marĆtimos jurisdiccionales.
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Inversión, industria y tecnologĆa: los tres ejes del poder naval desde Brown al Siglo XXI.
A lo largo de los siglos y del estudio de los conflictos en el mar, tres ejes materiales se repiten en forma sostenida. El Almirante Brown hace mĆ”s de doscientos aƱos vivió en reiteradas oportunidades la carencia de una polĆtica naval que necesita ser resuelta, y hoy, debido no solo al avance de la tecnologĆa sino tambiĆ©n a la dinĆ”mica internacional de los Ćŗltimos aƱos, su resolución es mĆ”s acuciante.
Primera: inversión previsible y sostenida.Ā Las Armadas son muy sensibles a la discontinuidad presupuestaria. Un buque sin mantenimiento pierde disponibilidad. Un sistema de armas sin actualización queda obsoleto. Un stock crĆtico sin reposición deja a la Fuerza sin respuesta. La preparación para escenarios complejos exige estabilidad y planificación de largo plazo.
Segunda: fortalecer la base industrial de Defensa.Ā En un mundo con sanciones, restricciones tecnológicas y cadenas de suministro inestables, depender demasiado de proveedores externos amplĆa vulnerabilidades y reduce la libertad de acción. Mantener, reparar y eventualmente producir medios navales en el paĆs no es un lujo: es autonomĆa estratĆ©gica.
Tercera: innovación tecnológica.Ā La guerra entre Rusia y Ucrania en el dominio marĆtimo del Mar Negro, y el conflicto en el Golfo PĆ©rsico lo dejaron claro: la superioridad militar ya no depende solo de plataformas complejas, sino de la integración entre sensores, armamentos innovadores, sistemas autónomos, guerra electrónica y protección cibernĆ©tica. Drones y misiles de precisión pueden producir efectos estratĆ©gicos a bajo costo. Las unidades tripuladas siguen siendo insustituibles, pero deben operar integradas con medios no tripulados y con un comando y control robusto.
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El mar como oportunidad de desarrollo
El conflicto en Medio Oriente tambiĆ©n puso el foco en la vulnerabilidad de las infraestructuras crĆticas en el mar: plataformas de hidrocarburos, terminales portuarias, cables submarinos, gasoductos. Su interrupción puede generar daƱos económicos y sociales devastadores.
En la Argentina, la proyección energĆ©tica hacia el AtlĆ”ntico Sur y la potencial explotación de nuevas fronteras como la Cuenca Argentina Norte exigen presencia, vigilancia y capacidad de respuesta rĆ”pida. La ausencia de monitoreo permanente es una vulnerabilidad seria para la soberanĆa y el desarrollo. La experiencia internacional muestra que la falta de control sobre estas infraestructuras es rĆ”pidamente explotada por actores ilegales o potencias con intereses divergentes.
La estrategia marĆtima argentina actual busca orientar todos los elementos del poder nacional vinculados al mar: defensa, economĆa, ambiente y ciencia. La Armada no estĆ” sola. La vigilancia y el control requieren la articulación con otros organismos del Estado, la ciencia, el sector privado y la sociedad civil.
Storni lo expuso de manera inequĆvoca:Ā "La polĆtica naval es, ante todo, una polĆtica nacional". No puede depender de vaivenes partidarios ni de urgencias fiscales de corto plazo. La seguridad marĆtima es un bien pĆŗblico que demanda polĆticas de Estado sostenidas.
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Conducción estratĆ©gica y voluntad polĆtica
La estrategia identifica cinco condiciones necesarias: medios, aptitudes, autoridad, marco legal y voluntad polĆtica. Si alguna falla, el sistema pierde coherencia, y en el mar eso se traduce rĆ”pidamente en pĆ©rdida de control.
No es posible vigilar ni controlar los espacios jurisdiccionales marĆtimos sin la presencia activa de la Armada Argentina. El desafĆo es enorme. No se trata solo de defender recursos, sino de sostener la soberanĆa en un espacio donde la ausencia āmĆ”s que la presenciaā puede definir el resultado.
La Armada Argentina, institución bicentenaria del Estado Nacional ha sido la punta de lanza de la defensa de los intereses argentinos en el mar. Desde el Almirante Brown, Espora, Rosales en nuestra guerra de la Independencia, pasando por el Coronel Murature en la Guerra de la Triple Alianza, o las expediciones para la defensa de la soberanĆa en el Sur por parte del Comodoro Py y el Comandante Luis Piedrabuena, en la AntĆ”rtida desde Sobral e IrĆzar, pasando por nuestros caĆdos en la Guerra de Malvinas, o la pĆ©rdida de nuestros tripulantes de la Torpedera āRosalesā, el Rastreador āFournierā, el Remolcador āGuaranĆā y el Submarino ARA āSan Juanā. Todos ellos son testimonios del mĆ”ximo compromiso y las vidas ofrendadas por el personal de la Armada ArgentinaĀ en pos de ser los custodios de los intereses nacionales en el mar, tarea que hoy y siempre marca el norte de la Institución.
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Conclusión: El legado que nos convoca
Este 17 de mayo, al conmemorar la victoria de Brown en Montevideo, preguntémonos qué estamos haciendo hoy para estar a la altura de aquel legado. No es nostalgia: es entender que la historia no es sólo memoria del pasado, sino una brújula que orienta nuestro futuro.
La Armada Argentina, dotada de hombres y mujeres altamente capacitados y con profunda vocación de servir a la Patria en y desde el mar, mantiene vivo ese compromiso en cada patrullaje de nuestros espacios marĆtimos, en cada navegación y vuelo de vigilancia, en cada operación en zonas costeras y ribereƱas, en cada acción de bĆŗsqueda y rescate. Pero el mar no es Ćŗnicamente de la Armada. Por el contrario, los espacios marĆtimos de jurisdicción e interĆ©s nacional son de todos los argentinos. De allĆ que la necesidad de conocer, proteger y emplear el mar para el desarrollo de nuestro paĆs debe constituir una aspiración compartida por toda la sociedad y, como consecuencia de ello, demandar acciones de gobierno perdurables para el sostenimiento de un poder naval con las capacidades adecuadas para proveer a la Defensa Nacional.
Es nuestra decisión, como lo advirtió Storni hace mĆ”s de un siglo, dar frente al mar ya que Ć©ste es el vĆnculo y sostĆ©n de nuestra fortuna y de nuestra gloria.
