Oleshky: Asedio, hambre y silencio en Europa

Por Ignacio Montes de Oca
Rusia está provocando una hambruna deliberada en Oleshky y miles de civiles ucranianos están bajo el doble riesgo de asedio y deportaciones.
La ciudad ucraniana de Oleshky, ubicada en la región de Jersón en la orilla oriental del río Dniéper, se encuentra en situación de catástrofe humanitaria extrema por un bloqueo total, riesgo inminente de hambruna y peligro constante de muerte. Esta localidad está bajo ocupación militar rusa desde los primeros días de la invasión a gran escala en febrero de 2022.
Antes del estallido del conflicto, Oleshky era una próspera comunidad vacacional que contaba con una población de aproximadamente 24.000 habitantes en su casco urbano y cerca de 40.000 en todo el distrito municipal. Sin embargo, tras los combates, la trágica inundación masiva provocada por la destrucción de la represa de Nueva Kajovka en 2023 y el actual cerco militar, la población civil se redujo drásticamente. De acuerdo con datos publicados por la BBC y confirmados por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania, actualmente solo quedan unos 2.000 civiles atrapados en la ciudad (en su mayoría ancianos y personas de movilidad reducida, incluyendo cerca de 50 niños) y unos 6.000 si se contabilizan los alrededores.
La situación de desabastecimiento es crítica. Como detalla un informe especial de la agencia de noticias DW en español, la ciudad cumplió más de 3 meses sin recibir suministros regulares de alimentos, dado que no entran provisiones por carretera desde finales de mayo de 2026. Los residentes se ven obligados a sobrevivir en condiciones inhumanas, recolectando plantas silvestres, hierbas y maleza del suelo, en un entorno completamente devastado que carece de servicios básicos como energía eléctrica, gas, agua potable y medicamentos esenciales.
A la escasez extrema se suma un peligro de seguridad intolerable. Los accesos y rutas de escape de Oleshky se encuentran fuertemente minados por Rusia, lo cual impide su abastecimiento. Paralelamente, drones FPV acechan constantemente las calles amenazando cualquier movimiento civil y convirtiendo la recolección de agua o comida en una actividad mortal.
Ante este panorama, el ejército ucraniano coordinó una operación de emergencia aérea utilizando más de 100 drones para lanzar 4 toneladas de comida en un centenar de puntos críticos de la ciudad. No obstante, las fuerzas de ocupación rusas atacaron el envío humanitario, confiscaron parte de los suministros y golpearon brutalmente a los civiles que intentaron recoger la ayuda, según denunciaron las autoridades regionales de Jersón en reportes recogidos por TVP World.
De acuerdo con los testimonios de los pobladores, los soldados rusos están arrestando a los que recogen la ayuda ucraniana y los están enviando a los “centros de filtración” que es el eufemismo para los campos de concentración y tortura operados por las fuerzas ocupantes.

Abogados y observadores internacionales, como el equipo jurídico de la Mobile Justice Team, confirmaron la existencia de al menos 20 centros de detención y tortura en la región de Jersón desde 2022 en adelante. La fiscalía regional de Jersón, documentó más de 2.020 casos de secuestros y desapariciones forzadas de civiles en las zonas ocupadas de ese oblast ucraniano. Organizaciones de derechos humanos hablan de unos 16.000 civiles ucranianos detenidos ilegalmente o desaparecidos en el conjunto de los territorios ocupados, no solo Jersón. Oleshky los vuelve a poner en el centro de las preocupaciones de Kyiv
El ministro de RREE de Ucrania, Andrii Sybiha, expuso formalmente esta crisis ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, acusando a Rusia de "matar de hambre deliberadamente" a la población y bloquear los intentos de evacuación coordinados con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Esta alerta fue respaldada por el Consejo Ucraniano de Iglesias y organizaciones religiosas mediante una solicitud de intervención internacional publicada por el Consejo Mundial de Iglesias.
El Kremlin desmintió las acusaciones. En declaraciones de su portavoz Dmitry Peskov el gobierno ruso reconoció la "situación crítica" de la zona, pero alegó que los ataques de las fuerzas ucranianas son los verdaderos responsables de destruir la infraestructura y bloquear el ingreso de los suministros de asistencia para los residentes.
Según testimonios documentados, el último supermercado que funcionaba de manera regular en Oleshky cerró en enero de 2026. La última aglomeración significativa de civiles en busca de comida registrada en la ciudad ocurrió el 5 de marzo, cuando un ataque directo de un dron ruso contra una fila de personas que esperaban raciones de pan causó la muerte instantánea de dos civiles e hirió gravemente a varios más, tal como se consigna en un reporte del ACNUDH / HRMMU.
Reportes de residentes obtenidos por The Guardian, denuncian que patrullas de soldados rusos ingresan a los patios particulares para desenterrar y confiscar las pequeñas cosechas de autoconsumo como papas, cebollas y ajos o las reservas de alimentos en conserva que sostienen a los civiles.
Al mismo tiempo, Rusia se sigue negando a permitir un corredor humanitario para evacuar a la ciudad. Según reportes de monitoreo internacional recopilados por agencias como UNN, las comunidades vecinas de Hola Prystan, Stara Zburivka y Nova Zburivka enfrentan un patrón de aislamiento equivalente. Toda la franja ocupada de la región de Jersón comparte una situación similar.
El método no es nuevo. El caso de Mariúpol es el precedente más fuerte de esta táctica de sumisión por hambre. Durante 85 días de cerco de febrero a marzo de 2022, las fuerzas rusas cortaron por completo la electricidad, el agua corriente, el gas y las comunicaciones. También se usó ese método del desabastecimiento y la hambruna en Chernigov en marzo de 2022 y en el asedio de Sievierodonetsk y Lysychansk en mayo y junio de ese mismo año.
Si se quiere rastrear el origen de esta metodología se puede ir más atrás, al tiempo de la llegada de las tropas rusas a Siria. El bloqueo de Oleshky y Mariúpol responde a la doctrina militar de asedio perfeccionada por Rusia años antes durante su intervención en la guerra civil de Siria en lugares como Alepo o Guta Oriental, el cual consiste en encerrar una población, cortar los servicios vitales, denegar el paso a organizaciones como la Cruz Roja y bombardear los recursos internos para forzar una capitulación militar a expensas del hambre de los civiles. En este caso, no se trata de una rendición sino de sostener una presencia mínima de civiles para obstaculizar una contraofensiva ucraniana desde la orilla opuesta del Dnieper.

La importancia geopolítica y militar de Oleshky radica en su ubicación geográfica exacta como la principal puerta de entrada a la Crimea ocupada y su posición de control directo sobre la ribera oriental del río Dniéper, frente a la capital regional de Jersón. Por ser una parte activa del frente, el retener a la población en la ciudad, limita las opciones ucranianas a la hora de una ofensiva. De allí la idea de los “escudos humanos”.
Además, Oleshky está situada inmediatamente al sur del destruido Puente Antonivsky, la infraestructura clave que históricamente conectaba la ciudad de Jersón con el margen oriental. Quien controla esa ciudad, domina la cabeza de puente natural del río Dniéper. Para el ejército ruso, mantener esta posición es la única forma de evitar que las fuerzas ucranianas crucen el río a gran escala e instalen artillería pesada capaz de bombardear las rutas de suministro rusas en el sur.
Desde Oleshky nace la estratégica autopista M17, una de las principales arterias logísticas que corre directamente hacia el sur, conectando la región de Jersón con la península de Crimea a través del istmo de Perekop. Si Ucrania lograra recuperar Oleshky, tendría una vía directa y pavimentada para avanzar sus tropas y sistemas de misiles hacia las puertas de Crimea, el centro neurálgico del mando militar ruso en el Mar Negro.
La ciudad está rodeada por las Arenas de Oleshky, uno de los desiertos de arena más grandes de Europa. Este terreno semidesértico es extremadamente difícil para la maniobra de vehículos blindados pesados, lo que convierte a la ciudad en un bastión defensivo natural. Rusia utiliza Oleshky como una gigantesca posición de artillería fortificada desde donde bombardea diariamente la ciudad liberada de Jersón, ubicada a solo 10 kilómetros en la orilla opuesta, impidiendo que la capital regional recupere la normalidad económica o militar.
Si se comprende esta serie de factores estratégicos, es posible ordenar las piezas para entender el porqué del uso de escudos humanos de parte de las tropas rusas. Y la pieza que falta es la idea del terror como arma de control y sustitución demográfica en las zonas invadidas.
Rusia exhibe una brutalidad que funciona como ejemplo disciplinante para las otras zonas ocupadas en donde la resistencia a la ocupación es constante, salvo por pequeños grupos de pobladores pro-rusos. El uso forzado de documentación rusa en reemplazo de la ucraniana explica gran parte del problema actual. Tras la voladura de la represa de Nova Kajovka y la inundación consecuente, las fuerzas ocupantes impidieron la evacuación de las personas que no tuvieran pasaportes rusos. Fue el primer indicio de una política brutal hacia la población civil.
El Centro de Resistencia Nacional denunció que las tropas rusas que controlaban los botes de rescate en la inundada Oleshky, se negaron explícitamente a evacuar a los residentes que no presentaban un pasaporte ruso, dejándolos atrapados en los techos de sus casas. Investigaciones ucranianas señalan que esto provocó ahogamientos masivos entre quienes se habían negado a tramitar el documento.
De hecho, sin esa documentación se impide la circulación de los civiles y por ende su huida de las zonas devastadas o de las que son zonas de combate. Esto explica que muchas veces haya poblaciones que no dejaron sus zonas de origen. No es necesariamente porque acepten la presencia de los invasores, en la mayor parte de las ocasiones no tienen otra alternativa que permanecer en sus hogares pese a rechazar la ocupación y tolerar las condiciones que se les imponen.
Los testimonios recopilados en el terreno por redes como UkraineWorld exhiben la letalidad de los patrullajes. Los soldados rusos realizan inspecciones nocturnas en los sótanos y viviendas exigiendo "documentos". Residentes locales relataron casos en los que, al mostrar únicamente el pasaporte ucraniano o negarse a iniciar el trámite del ruso, los ciudadanos eran golpeados, catalogados como espías, o directamente "desaparecidos" tras ser subidos a camiones militares.

En el caso específico de Oleshky, la poca comida que entregan los ocupantes se realiza bajo la condición de exigir pasaportes rusos. Lo mismo sucede con las medicinas o cuestiones tan simples como el obtener el permiso para enterrar a un familiar muerto. Y esto se repite en el resto de las zonas invadidas.
Según una investigación exhaustiva publicada por la organización internacional de justicia Global Rights Compliance y difundida por cadenas como Euronews, las autoridades de ocupación rusas aplican este filtro en toda la red hospitalaria de Jersón, Zaporiyia, Donetsk y Lugansk.
De acuerdo con la misma fuente, los civiles que conservan únicamente su documento de identidad ucraniano tienen prohibido el acceso a cirugías programadas, tratamientos oncológicos, diálisis o insulina. Los centros médicos exigen obligatoriamente el pasaporte de la Federación Rusa y el seguro médico estatal ruso (OMS) para abrir expedientes clínicos.
Los medicamentos que ingresan a las zonas ocupadas son monopolizados por las administraciones aliadas al Kremlin. Como se reportó en el caso específico de los hospitales en las cercanías de Oleshky, los pocos fármacos disponibles se reservan de forma prioritaria para el personal militar ruso y para aquellos civiles que ya completaron el proceso de obtención de documentos rusos.
Con estos datos es posible reconstruir las razones por las cuales Ucrania se niega a entregar territorios a Rusia, más allá de los impedimentos constitucionales que convierten esa cesión en un imposible. Oleshky es un caso testigo del destino que les espera a gran parte de los 3 a 3,5 millones de ucranianos atrapados en las zonas bajo ocupación rusa. Y también explica la huida masiva de 5,5 millones de ucranianos desde 2022 ante el avance ruso en esas regiones.
De allí la imprudencia o falta de información de quienes proponen paz por territorios, al omitir que una tregua no suspende los planes de rusificación forzada de las zonas ocupadas ni el sistema de represión a escala industrial que montó el Kremlin en ellas. O, si se prefiere, Oleshky es un recordatorio de un olvido deliberado de parte de los que anteponen cuestiones económicas e ideológicas a realidades de la ocupación que ocurren desde 2014 y se agudizaron desde 2022.
Es un método que está implícito en el modelo de ocupación instrumentado por el Kremlin y que, por último, propone un reemplazo demográfico. Mientras implementa hambrunas, deportaciones y desapariciones, se informó que Moscú planea la instalación de 114.000 ciudadanos rusos en Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón. El plan fue revelado por el diario económico ruso Vedomosti en base a documentos de la corporación estatal de desarrollo rusa VEB.RF y el Instituto Unificado de Planificación Espacial de Rusia.
Entre el asedio, la destrucción de la infraestructura por la invasión y el “filtrado”, Oleshky se redujo a un conjunto de ruinas en donde queda apenas un puñado de sobrevivientes amenazados por el riesgo real de morir de hambre.
Esto sucede en Europa, en el año 2026. Y es un aviso para el resto de los europeos de lo que puede suceder si no se entiende a tiempo que sucede en donde Rusia se asienta como invasor.



