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Tiro aire-aire a pura destreza

Por Luis Briatore*




¿Dónde hacemos puntería?

Tirarle a un blanco en movimiento, que simula ser un avión, no es para nada fácil de lograr. Lo más parecido que los genios de la aeronáutica bélica pudieron inventar para práctica de tiro fue el disparo a un blanco aéreo remolcado. Para ello se emplea una manga o blanco bandera, que está confeccionado de un material resistente a los impactos y a la alta velocidad. Este paño gigante es remolcado por un avión, llamado en la jerga aeronáutica gaucha como “manguero”.

En la mayoría de los casos se trata de un paño rectangular bien alargado, que varía las dimensiones de acuerdo al sistema de blanco utilizado. Por lo general, mide entre 10 a 15 metros de largo, con una altura aproximada de 3 metros. El color es blanco como todo blanco de tiro, y, en algunos casos, se pinta un círculo negro en parte central.

Para que se mantenga bien estabilizado verticalmente, el paño o manga dispone de un mástil metálico con un lastre en la parte inferior.

Desde esta pieza metálica se extiende la manga con forma de una bandera rectangular bien alargada, en la que se practica puntería con munición de ejercicio, intercalada con trazante.

Existen sistemas más modernos, que utilizan un mástil que genera un lóbulo coincidente con el tamaño del blanco, y, al pasar un proyectil por este espacio, un contador de impactos ubicado en el panel de instrumentos del avión manguero acusa la cantidad de proyectiles pasan por dicho espacio.



Debutando en una exigente disciplina

Mi primera experiencia en tiro aire-aire, siendo un joven proyecto de cazador como cursante de la Escuela de Caza, fue todo un desafío, que con el correr de las horas se transformó en algo excitante, y hasta competitivo, ya que todos queríamos ser el tirador con más puntería.

Con el piper (punto lumínico reflejado en el visor de la mira que indica donde van los proyectiles) en el comienzo de la manga, presionábamos la cola del disparador. Fuerza ejercida con el dedo índice derecho sobre una medialuna de metal ubicada en la palanca de comandos. Acción llevada a cabo solo por milésimas de segundo.

Aquel día, el sonido de las ametralladoras del Morane Saulnier penetraba el cuerpo por completo, y un aroma casi imperceptible a pólvora aceleraba el flujo de adrenalina, creando un ambiente en la cabina único, dándome la bienvenida al excitante mundo del tiro aire-aire.

Lo más importante en el momento de tirar sucedía en el punto de mayor concentración del circuito. Tres requisitos eran necesarios para tener la posibilidad de pegar en un MS-760 Paris, los que debían coincidir en simultáneo cuando el piper comenzaba a recorrer el blanco en una diagonal descendente:

1. Velocidad de tiro adecuada, unos 250 nudos.

2. La distancia correcta para que la trayectoria de ambas ametralladoras coincidiera en un mismo punto de puntería, en este caso la manga, a unos 300 metros.

3. Aplicar al momento de tiro ente 2,2 y 2,5 “g”.

Conjunto de requisitos que, para reunirlos en un mismo momento, requerían de un pilotaje y técnica de vuelo depurada, características combinadas con una buena dosis de destreza, al igual que sucede con un ave de rapaz al momento de atacar la presa elegida.



El avión manguero

La manga estaba remolcada por otro Morane, configurado con tanques de puntera, los que permitían darle una mayor autonomía y recibir dos escuadrillas de tiro por turno de vuelo.

El paño blanco mantenía una unión al avión manguero mediante un cable de acero.

Con la nariz y punteras pintadas de un color naranja, era muy fácil verlo sobre el mar, además, en el caso que un avión de la escuadrilla lo perdiera de vista, disponía de un dispositivo de generación fumígena, sistema de gran ayuda para visualizar al blanco.

El F-86F Sabre utilizaba en esta práctica también a un Morane Saulnier MS 760 Paris, como remolcador del blanco.

En el caso del Mirage, el avión manguero era otro M-IIIE o M-5 Finger, que portaba en la estación ventral una barquilla eyectable que contenía a la manga y soga reforzada, sistema de origen francés, marca Secapem.

La manga se lanzaba mediante la acción de un cartucho pirotécnico y la sujeción del blanco al avión se efectuaba a través de una soga flexible de alta resistencia, de unos 300 metros de largo.



Despliegue de la manga a cargo de la autoridad máxima

En el caso del Morane, el avión manguero desplegaba la manga sobre el mar en el momento que llegaba la primer Escuadrilla al circuito de tiro.

El avión Líder de la Escuadrilla, al momento de extenderla, se colocaba lateral al avión manguero, verificando que la extensión fuese correcta.

En el Mirage el procedimiento era diferente. La manga se extendía pocos minutos luego del despegue. El despliegue del blanco tenía lugar sobre la calle de rodaje y frente a la torre de vuelo, a la vista de todos los que estábamos en tierra.

Una vez confirmada la manga extendida y bien parada, el avión manguero colocaba rumbo al circuito de tiro.



Tipos de circuitos controlados por una única autoridad

Los circuitos en Morane y Sabre tenían la forma de un hipódromo en el que intervenían cuatro aviones. El Mirage utilizaba un circuito totalmente distinto, de forma circular, y mucho más complicado para hacer puntería, con un máximo de tres aviones en circuito.

El “Director de Tiro”, es la autoridad máxima de esta excitante disciplina. Su rol principal es mantener la seguridad en el circuito, pudiendo aplicar diferentes tipos de penalidades a los tiradores cuando cometen alguna infracción o falta. Otra de las tareas del Director es la de orientar al avión que no tiene a vista la manga, además se ordenar mediante diferentes instrucciones la posición adecuada de cada avión en circuito.



¿Cómo identificamos los impactos de cada Piloto?

La única manera de poder determinar quién es el dueño de cada impacto es mediante un color adherido a la cabeza del proyectil, que, al pasar por el tejido del blanco lo marca con claridad. Por esta razón, la munición es pintada en la punta con un color diferente para cada avión, detalle que los pilotos deben observar al leer la carpeta de la aeronave antes de partir, aunque el armero a cargo del avión les recuerda el color antes de subirse a la cabina.

Finalizado el tiro y lanzada la manga al costado de la calle de rodaje, ésta es recuperada por los armeros, encargados de transportarla hacia un lugar determinado de la plataforma de estacionamiento de aviones destinado al conteo final. Allí el paño blanco se extiende por completo en el piso, donde mediante un procedimiento de relevamiento de impactos bien cazador, se identifica perfectamente quien es el autor de cada impacto.

Al finalizar la campaña de tiro, el cómputo de la sumatoria de impactos permitirá determinar quién fue el piloto de mejor puntería.

Con un buen asado y entrega de premios finaliza cada campaña de tiro, agregando otra tradición más a las tantas que forman parte de los usos y costumbres de la aviación de caza.

Cada día estamos incorporando algún nuevo conocimiento, muy útil al momento de intentar volar con nuestra frondosa imaginación cualquiera de estos tres aviones.




* Luis Alberto Briatore nació en la ciudad de San Fernando (Buenos Aires) en el año 1960.

Egresó como Alférez y Aviador militar de la Escuela de Aviación de la Fuerza Aérea Argentina en 1981 (Promoción XLVII) y como Piloto de Combate de la Escuela de Caza en 1982. Fue Instructor de vuelo en la Escuela de Caza y en aviones Mirage y T-33 Silver Star (Bolivia).

A lo largo de su carrera en la Fuerza Aérea Argentina tripuló entrenadores Mentor B45 y MS-760 Paris, aviones de combate F-86F Sabre, Mirage IIIC, IIIEA y 5A Mara ocupando distintos cargos operativos, tales como Jefe de Escuadrón Instrucción X (Mirage 5 Mara/Mirage biplazas) en la VI Brigada Aérea y Jefe del Grupo 3 de Ataque en la III Brigada Aérea.

En el extranjero voló Mirage IIIEE como Jefe de Escuadrilla e Instructor en el Ala 111 del Ejército del Aire (Valencia, España) y T-33 Silver Star como Instructor de Vuelo en el Grupo Aéreo de Caza 32 y Asesor Académico en el Colegio Militar de Aviación en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia).

Su experiencia de vuelo incluye 3.300 horas de vuelo en reactores y 200 horas en aviones convencionales.

Es también Licenciado en Sistemas Aéreos y Aeroespaciales del Instituto Universitario Aeronáutico (Córdoba, Argentina) y Master en Dirección de Empresas de la Universidad del Salvador.

Tras su pase a retiro en el año 2014, se dedicó a la Instrucción en aviones convencionales PA-11 Cub y PA-12 Super Cub en el Aeroclub Tandil (Buenos Aires) y el Aeroclub Isla de Ibicuy (Entre Ríos) y en el año 2018 se empleó como Piloto de LJ-60 XR – operando desde Aeroparque Jorge Newbery.


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