Un análisis de la captura de Nicolás Maduro y lo que puede venir para Venezuela
- Santiago Rivas
- hace 2 días
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Por Santiago Rivas
A un día de la captura del dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, podemos hacer un análisis preliminar de lo que esto significa. Como primer aspecto, la operación que hizo Estados Unidos era uno de los escenarios que habíamos planteado en octubre pasado, donde primero se suprimieron las defensas antiaéreas para luego realizar una operación con fuerzas especiales para eliminar a lo líderes del régimen, aunque en lugar de asesinar al líder se optó por capturarlo, para darle cierto grado de legalidad.
La incapacidad de Venezuela de hacer cualquier intento por impedir el ataque de Estados Unidos es algo que ya también habíamos planteado en varios artículos, como este de 2020. Tener armas (que además ya vimos que el armamento ruso no es tan bueno como la propaganda rusa venía diciendo) sirve de poco si se carece de entrenamiento, motivación y doctrina de empleo, lo cual era el caso de Venezuela desde hace muchos años. Es preciso saber identificar entre los “ejércitos de desfile” y los ejércitos con capacidades reales.
Por otro lado, la manera en que actuaron las fuerzas armadas de Estados Unidos y de Venezuela deja la clara impresión de que hubo un acuerdo de algún tipo con algún sector de las Fuerzas Armadas o del propio chavismo, sobre todo porque Estados Unidos no atacó ninguna de las principales bases aéreas donde se concentra la poca aviación de caza del país y la aviación venezolana no hizo ningún intento por poner en vuelo los aviones durante el ataque, aunque si despegaron aviones F-16 y Su-30 una vez finalizado el ataque. Estados Unidos sabía que esos aviones no iban a salir a volar y no les prestó atención, pero no estaban tan seguros de que las baterías antiaéreas en La Guaira, La Carlota e Higuerote se iban a mantener inactivas, por lo que fueron atacadas y eliminadas para asegurar el ingreso de los helicópteros.
Si bien es cierto que Maduro era un dictador y que era totalmente ilegítimo en el cargo, desde el derecho internacional la operación realizada por Estados Unidos no tiene sustento legal, por más que nos alegre que Maduro haya sido capturado. Ahora, siendo pragmáticos, la única forma de eliminar al chavismo es a través de acciones militares, lo cual justifica lo que hizo Estados Unidos.
Sin embargo, otro punto a tener en cuenta, a pesar de que ayer muchos festejaron la caída del chavismo, es que la operación no acabó con el gobierno chavista por ahora y que el poder ha pasado a Delcy Rodríguez, quien es mucho más peligrosa que Maduro, junto con su hermano Jorge, así como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, que son los verdaderos cerebros del poder chavista y quienes realmente manejan la estructura del narcotráfico venezolana. Mientras sigan ellos en el poder, poco habrá cambiado para los venezolanos.

Las declaraciones de Donald Trump sobre que Estados Unidos administrará el país hasta que se haga una transición, a la vez que restarle importancia a María Corina Machado, fueron algo que genera más dudas que certezas. Por un lado, no está claro cómo Estados Unidos podría administrar Venezuela, mientras que primero debería sacar del poder al chavismo, cosa que no está clara cómo va a hacerlo. Por otro lado, difícilmente los políticos estadounidenses comprendan la realidad interna de Venezuela como para poder administrar el país, por lo que sus posibilidades de éxito son casi nulas. Desconocer la importancia de María Corina Machado creo que pasa más por una cuestión personal que viene desde el primer gobierno de Trump pero que seguramente se haya incrementado cuando ella recibió el premio Nobel de la Paz, algo a lo que Trump aspira y que muy difícilmente alguna vez obtenga. Sin embargo, es cierto que Machado no tiene la capacidad para liderar una transición en Venezuela, algo que explicaré más abajo. Tampoco hizo referencia a Edmundo González, que es el presidente legítimo de Venezuela y que, si bien carece del carácter que se necesita para restablecer el orden en el país, podría participar en una transición legítima con el apoyo de Estados Unidos, además de que el equipo que rodea a ambos líderes venezolanos sí conoce la situación interna del país y la mentalidad y cultura venezolanas, algo fundamental.
Lo otro es la declaración de Trump de que ellos se harán cargo de la producción de petróleo, algo que tiene poco de legalidad y da la idea de que se apunta no a la liberación de Venezuela sino a hacer un negocio, tal como se ve en las propuestas que han hecho para resolver la guerra en Ucrania a cambio de recursos naturales y hacerse cargo de la reconstrucción del país.

Un aspecto que muchos han planteado es que esta acción de Estados Unidos habilita a potencias como Rusia y China a hacer lo mismo, lo cual es muy curioso porque Rusia intentó hacer lo mismo el 24 de febrero de 2022, tratando de capturar o matar al presidente de Ucrania, solo que lo hizo a la manera rusa y fue obviamente con un resultado desastroso. Y China no necesita que Estados Unidos le de cierta legitimidad a sus intentos por ocupar Taiwán, lo hará cuando ellos consideren que estén preparados para hacerlo (creo que muy posiblemente sea este año o en 2027, pero casi con toda seguridad antes de 2030), independientemente de lo que piense, diga o haga Trump.
Además, la acción de Estados Unidos en Venezuela no significa un cambio en su actitud, sino más bien la vuelta a un modo de acción que en el siglo XX y comienzos del XXI fue más bien la norma, sea interviniendo de manera directa (tal vez la última vez fue con la invasión a Irak en 2003 para sacar a Saddam Hussein del poder) o indirecta (en Siria, Libia y otros estados, fomentando revoluciones, guerras civiles o golpes de estado). Esto tampoco es algo exclusivo de Estados Unidos, sino de todas las grandes potencias y en los últimos cien años fue algo común por los británicos, franceses, soviéticos, israelíes, chinos y otros.
A lo largo del siglo XX Estados Unidos intervino de manera directa de forma casi constante en los países de la región, en muchos casos con invasiones u ocupaciones, como fueron Cuba, República Dominicana, Haití, Nicaragua, Panamá, Honduras y Granada, así como intervenciones indirectas a través de patrocinar a ciertos grupos de poder para realizar golpes de estado o revoluciones, no siempre por motivos ideológicos, pero casi siempre por motivos económicos. Y esto se dio, desde 1950, a la par de las intervenciones indirectas de la Unión Soviética en la región patrocinando guerrillas y gobiernos comunistas, por lo que hoy Rusia, que intenta revivir el imperialismo soviético, también tiene una cultura de intervención en América Latina que data de varias décadas.
Ahora lo que vemos es solo una vuelta a los modos que las grandes potencias tuvieron a lo largo de casi toda su historia, a veces justificados, cuando se elimina un dictador, y otros no, cuando es solo oprimir o sacarle recursos al país intervenido, pero no es una novedad ni un gran cambio. Tal vez nos llame la atención porque miramos poco lo que sucede en otras partes del mundo como África y Asia y porque al chavismo se le permitió oprimir a los venezolanos por demasiado tiempo y solo se había actuado desde lo discursivo, sin lograr ningún efecto.
Es cierto que Estados Unidos hace ya algunos años que no entraba en un país para eliminar a su gobierno y que eso hoy puede ser tomado como una legitimación a lo que hace Rusia y que podría hacer China en Taiwán, pero estos países siempre han tenido claro que Estados Unidos, al igual que todas las grandes potencias, siempre hicieron este tipo de acciones cuando consideraron necesario.
Escenarios posibles
Hacia adelante es imposible prever qué va a pasar en Venezuela, pero lo que está claro es que, si bien el chavismo sigue en el poder, ha quedado profundamente debilitado porque quedó en evidencia no solo la incapacidad absoluta para defenderse ante una operación realizada por Estados Unidos, sino que les quedó claro que ninguno de sus aliados iba a ir en su ayuda. Rusia no tiene capacidad para hacerlo, como ya había quedado en evidencia con Irán, debido a que todo su poder está enfocado en sostener la invasión a Ucrania. Irán tampoco, ya que apenas puede intentar defenderse de los ataques de Israel y Estados Unidos en su territorio y además se suman las crecientes protestas contra el régimen. China está enfocada en Taiwán y no quiere aún enfrentarse a Estados Unidos de manera directa. Y el resto, como Cuba, Nicaragua o Corea del Norte, tienen ejércitos de desfile sin capacidad real.

Sin embargo, la realidad es que una caída abrupta del chavismo puede llevar al país a un caos absoluto. Si bien los altos mandos pueden negociar salvoconductos para escapar a países amigos, como Rusia o Cuba, los mandos medios e inferiores no, así como mucha gente que en todos estos años ha colaborado con la dictadura y que muy posiblemente deba soportar no solo la condena social, sino el ajuste de cuentas de quienes han sido sus víctimas. Todos ellos van a intentar sostener al chavismo como sea, o aceptar un cambio solo si es progresivo y poco doloroso para ellos.
Para eso se necesita un gobierno de transición que conozca a todos los niveles del chavismo y pueda ir negociando con ellos una cesión del poder más o menos ordenada, para lo cual Delcy Rodríguez puede ser útil, ya que conoce a fondo este esquema y tiene el respeto de todos los niveles hacia abajo del chavismo, así como el carácter para hacerse respetar. Sin embargo, también es posible que ella intente dilatar al máximo un proceso de transición o, directamente evitarlo, a la vez que es posible que se busque ir a un “chavismo light”, en donde se amplíen las libertades y se produzcan grandes cambios, pero se mantenga la estructura de gobierno.
En esto pesará la presión que haga Estados Unidos y también el pueblo venezolano, que es el gran beneficiado del cambio y hasta ahora ha sido más bien un espectador. Esto podría llevar a que en unos meses puedan ir sumándose tanto Edmundo González como María Corina Machado al proceso y llevar en algún momento a una transmisión del poder. Es preciso que los líderes opositores venezolanos entiendan que no pueden presionar por un cambio absoluto en el corto plazo, porque llevaría a la resistencia de toda la estructura chavista, que además tiene una fuerte presencia en quienes tienen el monopolio de la violencia, como son las Fuerzas Armadas y de Seguridad, lo cual podría llevar a un enfrentamiento armado y, eventualmente, a una guerra civil.
Actualmente, en dichas fuerzas se puede dividir entre los que son adictos al régimen, los que se oponen en silencio y los oportunistas que se acomodarán a quien gobierne. Dentro de los adictos, algunos buscarán negociar y permanecer y otros saben que no tienen opción más que irse o enfrentar la cárcel o ser asesinados.
Sin embargo, hay otro factor a tener en cuenta y es el peso que hoy tienen los cárteles de narcotraficantes y demás organizaciones criminales que manejan la explotación minera y de otros recursos naturales, además de muchas otras actividades ilegales en Venezuela, las cuales además tienen amplia relación con la narcoguerrilla colombiana, como el ELN y las FARC, que también operan con libertad en territorio venezolano.
Esto hace pensar que una Venezuela post-chavismo podría convertirse en algo parecido a la Colombia actual, donde gran parte del territorio está en manos de la narcoguerrilla y el gobierno solo tiene control en una parte del territorio. Al igual que en Colombia y que Sendero Luminoso en Perú, esos grupos criminales que hoy forman parte del chavismo podrían intentar ampararse en un paraguas ideológico para justificar sus acciones ilegales.
Venezuela, dentro de un proceso de transición, deberá depurar sus Fuerzas Armadas y de Seguridad, especialmente la Guardia Nacional y el servicio de inteligencia (SEBIN), que son adictos al régimen. Eso significa que, por un período de tiempo, el poder de dichas fuerzas quedará muy disminuido y posiblemente algunas fuerzas deban ser prácticamente eliminadas, lo que reducirá notablemente la capacidad del estado de brindar seguridad, favoreciendo a los grupos criminales. También es posible que el personal de esas fuerzas que está más ligado al chavismo y que ha participado más en los crímenes de la dictadura, se sume a los grupos criminales para evitar la captura y seguir gozando de los beneficios de la actividad ilegal.
También hay que tener claro que Venezuela sigue estando en la ruta de la droga que sale de Colombia, mayor productor de cocaína del mundo, y a no tanta distancia de Perú, segundo mayor productor, por lo que es de esperar que la presencia de narcotraficantes se mantenga aún con los esfuerzos de Estados Unidos para seguir destruyendo embarcaciones en el Caribe.
Otro factor a tener en cuenta es el impacto directo que esto tendrá en las dictaduras de Cuba y Nicaragua, pero especialmente la primera, que depende absolutamente de la ayuda venezolana para sobrevivir, algo que ahora va a perder, por lo que esto puede abrir la puerta al fin de la dictadura comunista en la isla luego de 67 años y que los cubanos puedan aspirar a vivir en libertad de una vez. También debilita la posición de la izquierda en Colombia, tanto de su presidente Gustavo Petro, gran defensor de la dictadura chavista, como de la narcoguerrilla que por años gozó de un santuario y una ruta para sacar la droga en Venezuela.
Así, aunque hoy no se puede anticipar qué puede pasar en el futuro en Venezuela, está claro que cualquier salida del chavismo será un proceso largo y doloroso y que posiblemente lleve a muchos años en donde se deba lidiar con grupos criminales poderosos. Además, para una salida más ordenada, no habrá opción más que negociar con muchos de los mandos altos y medios para que vayan entregando el poder a cambio de algo. Las soluciones extremas a veces son las más justas, pero no siempre son las soluciones posibles.
