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Alemania después del centro: política, poder militar y OTAN

hace 7 minutos
7 min de lectura

Por María Laura Fuentes

 

Las elecciones regionales del 20 de septiembre en Alemania dejaron un mapa político que difícilmente pueda explicarse como un giro hacia la derecha o izquierda. En Mecklenburg-Vorpommern, en el noreste del país, la AfD se convirtió en la fuerza más votada con el 38,2% de los votos, mientras la SPD consiguió el 35,5% y la CDU quedó excluida del Parlamento regional al no alcanzar el umbral del 5%, un hecho inédito para el partido desde la fundación de la República Federal en 1949. En Berlín, el resultado fue en dirección opuesta: Die Linke obtuvo el 25,7%, seguida por la CDU con el 18,8% y la AfD con el 16,3%.Mientras en una región avanza con fuerza la AfD, en la capital lo hace Die Linke. El contraste entre ambos estados revela un cambio en el sistema político alemán: los partidos que durante décadas ocuparon el centro pierden capacidad para concentrar el voto, mientras fuerzas situadas fuera de ese espacio amplían su representación.



Una nueva Alemania militar

El resultado adquiere relevancia porque Alemania está redefiniendo su papel en Europa. Durante décadas, su influencia se apoyó principalmente en su peso económico e industrial; la invasión rusa a Ucrania aceleró el giro hacia una mayor responsabilidad en materia de seguridad y defensa. Las elecciones se producen, por tanto, en un momento de profunda transformación de la política alemana y de su posición estratégica en el continente.Pocos días después del inicio de la invasión rusa, el entonces canciller Olaf Scholz utilizó el término Zeitenwende —“cambio de época”— para describir la ruptura que el conflicto suponía en el orden de seguridad europeo. En ese mismo discurso anunció un fondo especial de 100.000 millones de euros para la Bundeswehr (Fuerzas Armadas alemanas), dando inicio a una expansión de sus capacidades militares que no se veía desde el final de la Guerra Fría. La Zeitenwende no significó únicamente aumentar el presupuesto militar. Supuso modificar la concepción alemana de su propia seguridad: volver a colocar la defensa territorial y la capacidad militar en el centro de la planificación estratégica y asumir una mayor responsabilidad dentro de la OTAN.Cuatro años después, este cambio ya se refleja en los recursos destinados a la defensa. En 2026, Alemania eleva su presupuesto militar de 62.400 a 82.700 millones de euros, a los que se suman otros 25.500 millones procedentes del fondo especial para la Bundeswehr. El Gobierno prevé continuar incrementando el esfuerzo hasta destinar a la defensa el equivalente al 3,5% del PIB en 2029. La dimensión del cambio se entiende mejor al observar el contexto de la OTAN. En la cumbre de La Haya de 2025, los aliados acordaron elevar progresivamente la inversión en defensa y seguridad hasta el 5% del PIB en 2035. De ese porcentaje, al menos un 3,5% estará destinado a capacidades militares propiamente dichas, mientras que hasta un 1,5% podrá utilizarse en infraestructura, resiliencia y otras áreas vinculadas con la seguridad.Para Alemania, alcanzar esos objetivos significa mucho más que aumentar una partida presupuestaria. Implica reconstruir capacidades que requieren años de inversión: municiones, sistemas de defensa aérea, vehículos, aeronaves, infraestructura, personal y producción industrial. También supone ampliar la capacidad de su industria de defensa para responder a una demanda militar mucho mayor.El cambio, sin embargo, ya no se mide solamente en presupuestos. También puede observarse sobre el terreno.



Del centro de Europa al Báltico

La nueva orientación alemana ya tiene una dimensión concreta sobre el terreno. El 1° de abril de 2025, Alemania puso formalmente en servicio la Panzerbrigade 45 “Litauen”, cuya misión es contribuir a la defensa de Lituania. Su acto de constitución se realizó en Vilna el 22 de mayo de ese año y está previsto que alcance su plena capacidad operativa hacia finales de 2027, con alrededor de 4.800 militares y unos 200 empleados civiles.La brigada no constituye solamente un despliegue simbólico. Para 2027 contará con cinco batallones y estará integrada de forma permanente en la estructura del Ejército alemán. Dos de sus principales batallones de combate, el Panzergrenadierbataillon 122 y el Panzerbataillon 203, ya fueron formalmente subordinados a la brigada. A comienzos de 2026 también se incorporó la Multinational Battlegroup Lithuania, que constituye su tercer batallón de combate.La ubicación tiene una importancia estratégica evidente. Lituania limita con Bielorrusia y se encuentra junto al enclave ruso de Kaliningrado. Al sur está el corredor de Suwałki, la estrecha conexión terrestre entre Polonia y los Estados bálticos. En una eventual crisis militar, este espacio tendría una importancia particular porque constituye el vínculo terrestre entre los países bálticos y el resto del territorio aliado.La evolución también alcanza la estructura de mando de la Alianza. Desde el 1° de julio de 2026, el I Cuerpo Germano-Neerlandés asumió la conducción de las operaciones terrestres de la OTAN en Estonia y Letonia. La estructura puede llegar a dirigir fuerzas de hasta 50.000 efectivos y comparte la responsabilidad militar del Báltico con el Cuerpo Multinacional Noreste, encargado de Lituania y el noreste de Polonia.El mapa militar europeo muestra así una modificación sustancial del papel alemán. El país no sólo está aumentando su presupuesto de defensa: está desplegando fuerzas de combate de manera permanente, integrándolas en las estructuras aliadas y asumiendo responsabilidades de mando en una región considerada crítica para la defensa colectiva. Para una nación que durante décadas mantuvo una participación militar exterior mucho más limitada, se trata de una modificación sustancial de su postura estratégica.



Rusia vuelve al centro del debate

La transformación militar alemana ocurre mientras se reabre dentro del país el debate sobre la relación con Rusia. La AfD mantiene una postura diferente a la del Gobierno federal respecto de Ucrania, las sanciones y la relación energética con Moscú. En su programa federal de 2025, el partido propuso levantar las sanciones contra Rusia, restablecer el comercio sin restricciones y reparar las tuberías de Nord Stream. También sostiene que la OTAN debe limitarse a su función defensiva y rechaza la creación de un ejército europeo.Estas propuestas no constituyen la política oficial del Gobierno alemán: la AfD no forma parte del Ejecutivo federal y la política exterior y de seguridad alemana continúa enmarcada por los compromisos asumidos con la OTAN y la Unión Europea. Sin embargo, su crecimiento electoral da mayor visibilidad a estas posiciones y vuelve a colocar en el debate cuestiones que habían quedado relegadas.La energía es uno de los ejemplos más sensibles. Desde los años 70, Alemania construyó una relación energética cada vez más profunda con la Unión Soviética y, posteriormente, con Rusia. El gas ruso se convirtió en un componente importante del modelo industrial alemán, mientras distintos gobiernos alemanes sostenían que la interdependencia económica podía contribuir a estabilizar las relaciones políticas. La invasión rusa a Ucrania quebró esa premisa y convirtió la dependencia energética en una cuestión de seguridad nacional.Por eso, discutir una eventual recuperación de los vínculos energéticos con Moscú no supone solamente hablar de precios o de abastecimiento. También implica preguntarse hasta qué punto Europa puede volver a depender energéticamente de un país con el que mantiene un conflicto estratégico.La cuestión ya tiene una dimensión política concreta. Según Reuters, dirigentes de la AfD y el enviado económico ruso Kirill Dmitriev preparan una posible reunión para 2027, condicionada a un eventual acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania, en la que se discutiría, entre otros asuntos, la posibilidad de recuperar el suministro de gas ruso. La iniciativa no representa la posición del Gobierno alemán, pero muestra que la relación energética con Moscú ha vuelto a formar parte del debate político alemán.



El desafío de sostener el rearme

Las elecciones federales de febrero de 2025 dejaron un Bundestag (Parlamento Federal) más fragmentado: la CDU/CSU obtuvo 208 escaños, la AfD 152, la SPD 120, los Verdes 85 y Die Linke 64. La CDU/CSU necesitó formar una coalición con la SPD para gobernar. Esta composición es relevante porque el rearme alemán requiere decisiones políticas y financieras que deben mantenerse durante varios años.En marzo de 2025, antes de que se constituyera el nuevo Bundestag, el Parlamento aprobó una reforma constitucional que flexibilizó las reglas de endeudamiento para determinados gastos de defensa y creó además un fondo especial de 500.000 millones de euros para infraestructura y transformación climática. La medida amplió el margen financiero del Estado precisamente cuando Alemania comenzaba a asumir compromisos militares de mayor escala.Una brigada permanente en Lituania, nuevos sistemas de armas, municiones, infraestructura y una mayor capacidad industrial requieren inversiones y contratos plurianuales. Convertir ese esfuerzo financiero en capacidades militares permanentes dependerá de decisiones que deberán mantenerse durante años.



El nuevo peso de Alemania

Alemania es la principal economía de la Unión Europea y ocupa un lugar cada vez más relevante en la defensa del continente. Su transformación militar tiene efectos sobre la industria europea de defensa, las cadenas de suministro, la producción de municiones, la infraestructura militar y la distribución de responsabilidades dentro de la OTAN.Esta evolución coincide además con una redefinición del papel europeo dentro de la Alianza. Los aliados europeos y Canadá están asumiendo una mayor responsabilidad por la defensa convencional de Europa, mientras Alemania ya aporta una brigada blindada permanente en Lituania y nuevas funciones de mando en el Báltico. El propio secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha señalado a Alemania como uno de los actores centrales de este cambio.El desafío ya no es solamente cuánto puede invertir Alemania en defensa, sino si podrá transformar ese esfuerzo económico e industrial en capacidades militares sostenibles mediante un consenso político suficiente para mantener ese rumbo durante los próximos años. El país intenta así transformar su peso económico en capacidad estratégica al mismo tiempo que cambia el sistema político encargado de sostener esa transformación. Para Europa, estará en juego cuánto puede aportar a una defensa continental con mayores responsabilidades. Para la OTAN, cuánto de esa capacidad podrá integrarse de forma permanente en la defensa colectiva.Pero el alcance de este cambio no se medirá únicamente en el volumen del gasto, en el número de soldados o en la cantidad de equipamiento adquirido. También dependerá de algo menos tangible: la capacidad de Alemania para construir un nuevo consenso sobre el lugar que quiere ocupar en Europa y sobre las responsabilidades que está dispuesta a asumir.Porque, en última instancia, el debate no gira solamente en torno a cuánto debe gastar Alemania en defensa, sino a qué tipo de potencia quiere ser y hasta dónde está preparada para asumir las consecuencias de ese cambio. En un país cuyo peso internacional estuvo durante décadas asociado principalmente a su economía, la cuestión militar vuelve a ocupar un lugar central. Y lo hace precisamente cuando su escenario político atraviesa una profunda reconfiguración.

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